Experimento accidental

Recientemente tuve oportunidad de experimentar, de forma accidental, el prejuicio que sufren algunas víctimas de abuso doméstico, esta es mi historia.

A principios de diciembre viajé a Panamá, país que considero mi segunda patria. La última noche en Panamá salí a cenar con dos de mis mejores amigas a un restaurante en el Casco Viejo. Yo había quedado de reunirme posteriormente con otras amigas.

El clima era perfecto, ya se sentía la brisa de verano y por tal motivo nos encontrábamos en la parte trasera del restaurante, en una agradable terraza al aire libre. El restaurante estaba lleno.

Pedí un Uber para que me fuera a buscar, y a los pocos minutos recibí un mensaje del conductor indicándome que no encontraba el restaurante. Al final lo cancelé (penalidad de US $ 2.00), y pedí otro. Este no demoró en llegar ni cinco minutos.

Ingresé al restaurante rumbo a la salida, el interior de este estaba menos iluminado que la terraza. El Uber me esperaba afuera. En ese momento me estrellé contra algo y reboté, no tuve tiempo de procesar lo que sucedía, quedé petrificada y sentí un dolor intenso en la frente. Bajé la cabeza y goterones de sangre comenzaron a caer al piso… ¡me había estrellado contra un vidrio!

El vidrio era grande (de piso a techo), en esa área habitualmente hay mesas, pero por la alta demanda para el exterior del restaurante, las habían movido. El restaurante en su interior tiene una iluminación tenue, al parecer todo eso influyó en que yo no viera el vidrio. Debo de aclarar que no había consumido bebidas alcohólicas, simplemente no vi el vidrio y este no estaba señalizado.

Se canceló el Uber y yo cancelé mi reunión con mis otras amigas. Si he de creer en las señales, las señales eran evidentes. Yo no tenía que ir a ningún lado esa noche, como diría mi abuela, «no hay que buscarle tres pies al gato».

En el restaurante me llevaron hielo y café molido para detener la hemorragia. Me ofrecieron llamar una ambulancia y mis amigas ofrecieron llevarme al hospital, pero en realidad me sentía bien y la hemorragia paró. Tuve una pequeña laceración justo en la ceja y esta me lo cubría, no había necesidad de suturar la herida, era pequeña, pero la sangre es escandalosa. Hubo un momento que entre las carcajadas por lo ocurrido se me llenaron los ojos de lágrimas, ¿dolor, humillación?, no lo sé.

Camino a casa de mi amiga, fuimos a una farmacia para comprar un desinflamatorio, podía sentir inflamada la parte de la ceja.

Cuándo pedí el desinflamatorio el dependiente me preguntó para qué lo necesitaba y que síntomas tenía. Cuando le expliqué, inmediatamente me vio al rostro y me observó con una cara que me costó descifrar, ¿curiosidad?, ¿incredulidad?, ¿desprecio?, no lo sé.

A la mañana siguiente amanecí con el párpado superior morado y con mucha hinchazón en el ojo.

Evolución de la inflamación a través de los días. La imagen superior izquierda es a la las pocas horas, la inferior derecha es a los seis días.

Mi avión salía por la noche, así que aún tenía todo el día por delante. Mi amiga me llevó a hacer algunos mandados y compras. Me puse unos anteojos de sol para evitar las miradas. Sin embargo en los momentos en los cuales no los tenía puestos, la gente se me quedaba viendo con cara de desprecio y comentaban entre sí, a medida que transcurría el día, el ojo se me veía más hinchado y morado, y la inflamación seguía bajando.

Lo curioso es que nadie se acercó a preguntar que me había sucedido. Muchas mujeres me mantuvieron la mirada, retándome. La sensación fue horrible. Estaba siendo juzgada por haber sufrido un accidente.

Al final decidí comprar unos parches oculares para cubrirme el ojo a la hora de viajar. Bastante había tenido con las miradas de las personas para exponerme a lo mismo con el personal del aeropuerto y migración.

El cambio de actitud de las personas fue impresionante, me volteaban a ver pero si yo los sorprendía viéndome, bajaban la mirada avergonzados, y si podían intentaban ayudarme. ¿Por qué? ¿Es vergonzoso observar a una mujer con un parche en ojo, pero al mismo tiempo te avergüenzan y juzgan por tener un ojo morado e inflamado?

Al llegar a Guatemala sucedió lo mismo. Si salía con el parche eran miradas de lástima y si salía sin este, eran miradas juzgándome por ser tan tonta y haberme dejado «golpear».  ¡Inclusive personas muy cercanas a mí me preguntaron si de verdad no me había pegado nadie!

Lo irónico del caso, es que he escuchado testimonios de mujeres que han sido víctimas de abuso y no las golpeaban en el rostro, los golpes eran en partes no visibles.

A medida que pasaban los días la inflamación crecía y el ojo se veía peor. Gracias a mucha árnica, en diez días ya podía salir a la calle sin cubrirme el ojo.

La reacción de los hombres al verme con el ojo morado fue, en su mayoría, mucho mejor que la de las mujeres. Estos sonreían tímidamente y se mostraban serviciales o me ignoraban por completo, aunque no faltó el que me vio con cara de «pobre infeliz».

¿Qué nos pasa como sociedad? ¿Es más fácil juzgar que preguntar? Evidentemente lo es, y pude experimentarlo en carne propia. Si crees que una mujer sufrió abuso en vez de juzgarla, sería mejor que le ofrecieras ayuda.  Y sobre todo, sería bueno no apresurar las conclusiones ya que, como en mi caso, pudo haber sido un simple accidente.

Por último, es importante que los vidrios estén bien señalizados. Yo fui muy afortunada.

 

 

Una voz en Navidad

Ella se identifica con los «millennials» y se siente orgullosa de ser una de ellos.

Aprendió a vivir al máximo sin importar el pasado ni el futuro, —Lo que importa es el hoy —se decía.

Vivía bajo esa premisa y disfrutaba presumir con el mundo su glamorosa vida compartiendo fotografías en las redes sociales, hasta que se endeudó hasta el cuello y no podía cubrir sus deudas. Hacía algunos meses que había renunciado a su trabajo porque se cansó de su jefe, de los horarios y los reglamentos de la empresa y se convirtió en «freelancer».

Al verse tan endeudada tuvo que tomar medidas drásticas para evitar problemas legales.

Llamó a su padre llorando para que le enviara dinero, —así es al inicio papá. Cuando consiga más clientes las cosas van a cambiar, es el precio de ser independiente, —le dijo.  Su padre que la conoce bien, le envió menos la mitad de lo que le había solicitado.

Como hacen algunos jóvenes que son autodidactas, buscó libros de educación financiera y los leyó todos. Hizo un plan de acción que incluía dejar de comer comida sin gluten, porque esta es más costosa que la que tiene gluten. En realidad no es intolerante al gluten, pero en todas partes decían que es dañino para la salud, así que ella había dejado de comer alimentos con gluten. Canceló su membresía en el gimnasio y se compró una bicicleta. Dejó de salir con sus amigos para evitar gastar en fiestas y comidas. Dejó de comprar ropa y zapatos que no necesitaba y comenzó a cocinar en casa.

Cuando sus amigos la invitaban siempre ponía como excusa alguna reunión con un cliente o un trabajo atrasado que tenía que entregar. Sus amigos pensaron que se había enredado con un algún tipo casado que la estaba manteniendo, ya que no podían explicar de otra forma su ausencia.

Pero es el siglo XXI y ella seguía en comunicación con todos sus amigos y familia, chateaba por WhatsApp, por el Messenger de Facebook y hasta por Instagram.  Para mantenerse en forma iba en bicicleta a todas partes y frecuentaba un parque que quedaba lejos de su casa y se sentaba a leer en alguna banca y observar a las personas pasar. Durante el verano aprovechó para tomar alguna clase gratuita de yoga que ofrecían en el parque. Inclusive se detenía a ver a los ancianos jugar al ajedrez. Para ganar más dinero comenzó a prestar sus servicios de diseño en una plataforma global y comenzó a tener clientes provenientes de varios rincones del planeta.

Como la mayoría del dinero que recibía se le iba en pagar los abonos a la deuda, pagar la renta y los servicios de su pequeño departamento, le quedaba muy poco dinero para comprar comida. Modificó sus hábitos y aprendió a valorar el dinero. Finalmente ponía atención al precio de los alimentos en los anaqueles y, por lo general, compraba lo más económico o buscaba las ofertas.

Poco a poco su situación financiera fue mejorando. Había logrado ahorrar un poco de dinero y podía darse uno que otro gusto a la hora de comprar los alimentos en el supermercado.

Cuando llegó diciembre, decidió no ir a casa para no tener que comprar regalos para su familia. También se ausentó de todas las fiestas y reuniones con sus amigos y así no gastar dinero innecesario.

El veintitrés de diciembre sus amigas más cercanas se reunirían a comer y decidió a última hora llamarlas para ver dónde se encontraban y reunirse con ellas.

Marcó el teléfono y en pocos segundos respondió su amiga, —¡¿En dónde te habías metido?! ¿Vienes a cenar?, Estamos en el restaurante de Manolo, ¡hola! ¡hola! ¿me escuchas? —preguntó su amiga al no escuchar respuesta.

Ella lloraba amargamente, cuando trató de responder se dio cuenta que hacía mucho, quizá meses que no había cruzado palabra con nadie. La voz no le respondía, le salía ronca, imperceptible. Finalmente logró responder entre sollozos, —¡Qué gusto me da escucharte! Tengo muchísimas ganas de verlas —y continuó llorando.

—¿Estás bien? ¿te pasa algo? ¿te dejó ese infeliz que te ha tenido secuestrada de tus amistades, verdad? ¿regresó con la mujer?, dime dónde estás y vamos a buscarte —respondió su amiga preocupada.

Ella soltó una carcajada entre las lágrimas, —no, no me pasa nada y no he terminado con nadie. ¿De dónde sacaste que yo tenía un novio? Su voz comenzaba a salir de forma normal. En realidad no podré acompañarlas, iré a casa a pasar las navidades con mi familia. Pero regresaré después del Día de Reyes y nos reuniremos, ¿de acuerdo? ¡Tengo mucho que contarte! —le dijo antes de colgar el teléfono.

Lloró, lloró y lloró desconsoladamente. ¿Cuándo había sido la última vez que había hablado con alguien? Quizá hace un par de meses cuando llevo a reparar su bicicleta. Pero no fue una conversación, solamente cruzó un par de palabras.  Hacía meses que no se sentaba a conversar con nadie. Las redes sociales le habían dado la sensación de no estar sola, pero lo estaba.

Cuando llegó al día siguiente a casa, su padre abrió la puerta y quedó atónito al verla. —Pensé que no vendrías, ¿Te quedaste sin dinero nuevamente? —dijo.

Ella lo abrazó y sonrió, —Para nada papá, ya casi pagué todas mis deudas y estoy comenzando a ahorrar un poco de dinero. Sólo quería verlos y pasar las navidades con ustedes.

El padre tomo su pequeña maleta y la dejó entrar. Ella le dijo —¿Cuéntame la historia del día que conociste a mamá?. Él la miró aún más sorprendido, —¡Pero si tú y tu hermano dicen que les he contado esa historia un centenar de veces! ¿Para qué quieres escucharla nuevamente? —preguntó.

—Sólo quiero escuchar tu voz en Navidad, dame una copa de vino y me cuentas nuevamente la historia, ¿vale?

 

 

Evolución

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De niño solía ser muy miedoso. La abuela tenía por costumbre contarnos todo tipo de historias y leyendas de terror. Mi hermano mayor se las llevaba de valiente, pero yo sabía que por las noches dormía con un rosario debajo de la almohada.

Yo le tenía miedo a los hombres lobo, a los vampiros, a la llorona, a la mujer de blanco, y sobre todo, ¡a las gárgolas! Lo reconozco, es un miedo poco común, pero tiene una explicación. Cierta noche papá se encontraba viendo una película en la cual tomaban vida, y durante años tuve pesadillas con ellas.

Luego llegó la adolescencia. Esa época en la que nos volvemos temerarios, y creemos que somos invencibles. Le perdí el miedo a todo, o más bien eso aparentaba. En realidad temía no ser aceptado por mi grupo de amigos y que la chica de mis sueños me rechazara. ¡La juventud!

Al llegar a la edad adulta tenía miedo de estudiar la carrera equivocada, no conseguir el trabajo de mis sueños y no conocer a mi alma gemela. Mi compañera de aventuras en la vida.

Hoy tengo casi cuarenta años y nunca pensé podría llegar a tener tanto miedo.

Temo por mi hija cuando leo en las noticias que secuestraron a una niña de doce años, y cuando descubren a una red de trata de blancas.

Temo cuando leo que los fundamentalistas islámicos han cometido otro crimen, otro atentado. Temo por mi hijo cuando veo lo que sucedió en Bataclan, ¿Podrán los jóvenes ir a un concierto y no temer por su vida?

Tengo miedo a fracasar. Temo no obtener ese ascenso en el trabajo, y que mi mujer me deje por un hombre que no se esté quedando calvo y que sea un profesional exitoso.

Temo ser un mal padre y que mis hijos no sean felices. Me da miedo consentirlos demasiado y que crezcan siendo unos buenos para nada. Pero a su vez, temo ser demasiado estricto  y que de mayores resientan que no fui afectuoso con ellos.

¡Temo decir lo que pienso! Si digo que mi jefe es un cretino, que lo es, dirán que le tengo envidia.

Temo decir que el estado debe proveer salud y educación, porque dirán que soy un socialista o un progre. Temo decir que el estado no está para mantener holgazanes y que los sindicatos son corruptos, porque dirán que soy un fascista de derechas.

Temo decir que estoy orgulloso de ser hombre porque me dirán homofóbico y machista.

Temo decir la verdad porque dirán que soy poco cortés.

Temo quedarme sin empleo y no poder mantener a mi familia. Deseo ser un emprendedor, pero tengo miedo a fracasar.

Hoy desearía temerle a los vampiros, a la llorona y a los castigos de mamá. A ese monstruo que sale debajo de la cama por la noche y a dormir con las luces apagadas.

Supongo que en unos años le tendré miedo a la muerte, a morir solo y a perder a mis seres queridos. A descubrir en el recuento de la vida que fracasé y qué no hice aquellas cosas que tanto anhelé.

El miedo es parte de la vida. El miedo evoluciona, el miedo cambia, como cambia la vida misma.

El ser humano que no tenga miedo, no es humano. Pero al miedo debemos obsérvalo de cerca como se observa a un a un enemigo y aprender a llevarlo a nuestro lado como a un buen amigo.

Segunda oportunidad

Segunda oportunidad

Llegué temprano a la cena, algo poco usual para mí, prefiero llegar tarde y así tener una excusa para socializar con menos personas y quedarme menos tiempo. ¿Por qué lo hago? Hace rato que dejé de darle importancia a los eventos sociales. Sin embargo hoy no podía ni quería faltar, llegué temprano. Mi amigo Pablo está celebrando que le diagnosticaron el cáncer en remisión. Le conozco desde que éramos adolescentes y sé lo difícil que ha sido esta etapa. Tienes cuarenta años, te sientes en la cima de la vida y de repente te dicen que tu vida está por terminar. Te das cuenta que no verás crecer a tus hijos. No puedo y ni quiero imaginar lo que se siente. Pero Pablo es un luchador, y como buen luchador, no se rindió. Así que llegué a celebrar.

Me encontraba con la mujer de Pablo en la cocina, cuando le vi llegar. En realidad me sorprendí un poco, jamás pensé que le vería, pero era obvio ahora que lo pienso. Él es muy amigo de Pablo. Terminé de ayudarla a decorar unas bandejas y salimos al salón, y ahí fue cuando me vio.

Su rostro se iluminó, abrió la boca y soltó una carcajada, para salir corriendo a abrazarme. ¡Esa mirada!, la genuina felicidad que alguien expresa cuando está feliz de verte y ha sido una sorpresa encontrarte. El frío distante que me caracteriza se disolvió, y una felicidad inexplicable se apoderó de mí. En ese momento olvidamos al resto de las personas, tomamos cada uno una copa de vino y nos sentamos a conversar. Como era una cena íntima entre amigos, nadie lo vio mal, nadie juzgó. Creo que todos podían sentir nuestra felicidad y se contagiaron de ella.

Hablamos de todo y de nada. Cuando una persona puede leer tu mirada y ver a través de tu alma las palabras sobran. Me contó sobre un cambio profesional que decidió hacer y el riesgo que había tomado. Pude notar que estaba realizándose profesionalmente, y sentir la certeza de un hombre que está destinado al éxito. Cuando le conté de mi loco proyecto me sorprendió la cantidad de conocimiento que tenía de la materia. Sabía perfectamente de lo que hablaba. No tuve que explicar nada, la conversación fluyó por horas. No tuve que justificarme, pude ser yo misma y emocionarme como una niña al hablar con él.

Él y yo nos conocemos desde muy jóvenes. Nos conocimos por casualidad y la vida se encarga de reencontrarnos una y otra vez. Nunca he necesitado preguntar cuándo lo volveré a ver, porque sé que le volveré a ver.

Jamás pasó nada romántico entre nosotros, aunque siempre ha habido atracción, amistad, cariño, respeto mutuo y sobre todo una admiración muy grande, ninguno dio ese primer paso, esa primera aproximación. Yo me casé y luego me divorcié. Él se casó con una francesa y tiene una niña maravillosa. Sé que no es feliz, esa noche me preguntó —¿Cómo se sabe cuándo es el momento oportuno de divorciarse?, me encogí de hombros —El momento nunca es oportuno, sólo se sabe que ha llegado el momento, le dije.

Por supuesto que él es un caballero y jamás entraría en detalles sobre la relación con su esposa, pero su mirada lo dijo todo. Además sé de sus problemas conyugales por su hermana, con quien tengo una bonita amistad y nos vemos al menos un par de veces al año. Su esposa no es feliz en este país, y él ama demasiado este país para marcharse. La verdad no la culpo, pero al mismo tiempo es la decisión que ella tomó al momento que dijo «sí, acepto».

El encuentro de esa noche marcó mi vida, ya me había dado por vencida. Ya no buscaba el amor. El haber hablado con él, alguien que te comprende y está en la misma sintonía, alguien que no te juzga y que conoce tus defectos, alguien que sabes que de verdad siente aprecio por ti y no una simple lujuria u obsesión temporal. Me hizo añorar, desear, soñar.  Cuando llegas a los cuarenta años comienzas a tomar conciencia de la fragilidad de tu existencia y lo efímero que es tu paso por la vida. Sabes que llegaste a la cúspide, y ahora comienza el descenso.  

Siempre desee una segunda oportunidad en el amor, sin embargo ahora comprendo que la segunda oportunidad consiste en abrir la mente y el corazón para permitir que las oportunidades lleguen.

Llegó la hora de marcharse y nos despedimos con un abrazo, con la certeza que volveremos a encontrarnos.

Y así como termina esta noche de verano, con un viento frío que nos alerta que el otoño se aproxima, así mismo nos recuerda, que aunque estemos en el verano de la vida, el otoño está cada vez más próximo.

Nancy Reagan 1921 – 2016

 

Nancy Reagan

Como mujer, me siento obligada a rendir tributo a esta gran Dama, sí «Dama» con mayúscula.

Es triste ver que las nuevas generaciones y las que se auto denominan «feministas», han optado por ignorar el legado que nos ha dejado esta extraordinaria mujer.

Q.E.P.D. Nancy Reagan, viuda del expresidente norteamericano Ronald Reagan.

Una mujer admirable en todos los sentidos, nació en 1921, graduada del Girls Latin School, una prestigiosa escuela de Chicago, obtuvo su título universitario en el Smith College de Massachusetts. Luego inicia su carrera como actriz.

En 1952 contrae matrimonio con Ronald Reagan, matrimonio que duraría 52 años, hasta la muerte de él, en el 2004. Nancy Reagan fue una mujer completa, graduada universitaria, actriz, madre, y ex primera dama de los Estados Unidos.

Se distinguió por su elegancia y belleza, una mujer que no se dejó encasillar por los estereotipos de su época y que vivió al máximo.

Jamás sacrificó su feminidad, y supo convertirse en un líder al lado de su marido. Su mayor iniciativa fue la campaña «Di no a las drogas», y posteriormente se convirtió en activista en la lucha contra el Alzheimer.

Sin lugar a dudas hoy hemos perdido a uno de los grandes legados que nos dejó el siglo XX.

«Una mujer es como una bolsa de té: no se puede decir lo fuerte que es, hasta que se pone en agua caliente» —Nancy Reagan, ex primera dama de los Estados Unidos

La fobia

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Era una fría mañana de invierno, en esos lugares donde no cae la nieve, pero el frío es intenso, y cala los huesos.

La madre se levantó como todos los días, a preparar el desayuno, y el almuerzo que su hijo debía llevar a la escuela.

Eran las 6 de la mañana, era una mañana oscura sin un solo rayo de sol que alumbrara. El viento soplaba con intensidad. La madre se ajustó el suéter, había mucho frío. Ella deseaba con todas sus fuerzas tomarse un café, pero eso debía esperar. La comida del chico era la prioridad.

Encendió la luz de la cocina y se enfocó en su tarea.

Todo iba bien, la rutina era la de siempre. De repente la madre notó que los gatos estaban muy ansiosos observando por la puerta de vidrio que daba al patio trasero.

Ahí pudo ver al perro que jugaba con una mariposa nocturna, negra como la noche y del tamaño de un pájaro pequeño. —¡Qué desagradable!— pensó la madre. La piel se le erizó y una sensación eléctrica le recorrió la espalda. Las mariposas nocturnas eran el único animal que le desagradaba, al punto de ser una fobia. Durante unas vacaciones de verano en la playa, había sacado de casa a una pequeña culebra que había entrado a la casa que alquilaban. Luego de sacarla, la había matado sin ningún problema. Pero las mariposas nocturnas la paralizaban. Las de color poseían una extraña fascinación, le atraían. Mas no estás. Estas eran negras, dejaban a su paso un polvo negro desagradable y su cuerpo era el de un gusano con alas.

Como hipnotizada siguió observado la escena, mientras la sartén se calentaba para preparar el huevo frito del desayuno.

La vista la horrorizaba, pero al igual que los gatos, no podía dejar de observar. El insecto parecía muerto, todo iba bien. El cachorro iba ganando, de repente el animal voló y se posó sobre la cara del perro. El perro se asustó y soltó un chillido, en ese momento se orinó, se movió unos pasos hacia atrás y defecó del miedo.

Era tan ridículo todo, que entre el miedo, no pudo evitar soltar una carcajada, los gatos a su lado comenzaron a hacer ruidos extraños y ansiaban salir. Ella sabía que ellos eran la solución para matar a la mariposa; ellos no la dejarían con vida. Sin embargo, se corría el riesgo de que la subieran a su habitación y se la presentarán como un regalo. Se le erizaron los vellos solo de pensar el pánico que le produciría encontrar a un insecto tan desagradable en su cama. Decidió dejar las cosas así. Ya bajaría su hijo a darle de comer al perro, y le pediría que matara a la mariposa y se deshiciera de ella.

La sartén ya estaba caliente, seguía nerviosa y no podía evitarlo. No hay nada más terrible que enfrentarse con una fobia. Lo peor es que nadie más lo comprende. Cada fobia es tan distinta e irracional, que no tiene explicación para el resto de las personas. Cascó el huevo, lo hizo con demasiada fuerza y la yema se quebró. —¡Qué desastre!— exclamó la madre, —¡Ni los huevos saldrán bien esta mañana— dijo en voz alta. Cascó el segundo y este cayó bien en la sartén.

Prosiguió por servir el café del chico en la mesa, el zumo de naranja y el pan tostado, que por estar distraída con lo que sucedía afuera, ya se había pasado de tostado.

En ese momento llegó el chico, sacó la taza medidora y le sirvió la ración de comida al perro.
El perro era su obligación, y él era muy responsable.

La madre le dio una bolsa plástica de esas que dan en el supermercado, unas toallas de papel, y le dijo, —¿ves esa mariposa?, cerciórate que esté muerta y la metes en la bolsa—, el chico asintió, para él eso no representaba ningún problema.

La madre decidió sacar a los gatos de la cocina y cerró la puerta, algo le decía que la cosas podían salir mal y no quería tenerlos cerca, solo empeorarían todo.
El chico le sirvió la comida al perro en el plato, tiro las toallas de papel sobre la mariposa moribunda y la pisó. El viento soplaba con intensidad, se comenzaban a formar pequeños remolinos. El cuerpo sin vida de la mariposa salió volando y se posó sobre el orín del perro.

Eso fue demasiado para el chico, la madre observaba con horror, sabía que a partir de este momento, nada saldría bien.

El chico se puso furioso, con esos cambios de humor tan frecuentes en los adolescentes. En un momento era el hijo condescendiente, dispuesto a prestarle apoyo a la madre, al siguiente, se puso furioso. Comenzó a lamentarse de lo injusta que era su vida. A gritos le dijo a la madre que le pasara otra bolsa y más papel. La madre le pasó lo que él solicitaba, sólo quería acabar con eso y seguir con el día normal.

Recordó el huevo y corrió a la estufa para apagar el fuego. El huevo tenía muy mala pinta, una yema medio quebrada, la otra entera pero la clara estaba demasiado frita.

Mientras tanto el chico comenzó a sentir más asco y la nueva bolsa plástica voló sobre las heces del perro. Eso ya no tenía compostura, el chico gritaba como desenfrenado. La madre se imaginaba lo que los vecinos podrían estar pensando. Tan solo un pequeño muro dividía los dos patios traseros.

La madre sacó otra bolsa y más papel, el chico ya no pensaba ni actuaba racionalmente. El viento se acrecentaba y las bolsas comenzaron a volar en forma de remolino, una se estrelló contra el rostro del chico, este gritaba. La madre estaba paralizada, para ella no era un problema salir, recoger las bolsas y limpiar el excremento, el problema era la maldita mariposa. El miedo era más fuerte que ella. Sabía que el insecto estaba muerto, pero imaginar que saldría volando por el viento y que le podía caer encima la paralizaba. Tampoco le agradaba la idea de tener que meterla en la bolsa.

La madre siguió pasándole al chico bolsas y toallas de papel. El patio era un caos, el perro corría feliz y trataba de alcanzar las bolsas como si fuese un juego. El chico cada vez perdía más la paciencia, y comenzó a decir palabras soeces. La madre observa la escena, y no podía dejar de reír ante lo ridículo de la situación. Pero el miedo la paralizaba y no podía actuar.

De repente escuchó en la calle al hombre que recoge la basura, salió corriendo a buscarlo y le pidió ayuda. El hombre desconcertado accedió, y pronto tenía todo bajo control. Todas las bolsas, pedazos de papel y la mariposa negra se encontraban dentro de una bolsa de basura.

La madre le ofreció una taza de café en agradecimiento, pero el hombre no aceptó, y salió corriendo de esa casa de locos. —¡Qué ridículo debe de ser todo esto para un extraño!— pensó la madre.

El chico entro gritando y diciendo que debería de cambiarse y bañarse nuevamente antes de ir a la escuela. La madre lo envió a lavarse las manos y el rostro. Le explicó que no había tiempo si quería llegar a tiempo a la escuela. Le sirvió el desayuno.

Los huevos daban asco, por los nervios cuando volteo el huevo sobre el plato, este cayó de cabeza y la única yema que quedaba entera, se rompió y la misma se esparció por el plato.

El chico se sentó a la mesa y observó el desayuno que habitualmente parecía sacado de una revista de gastronomía, y hoy parecía sacado de un cuento de terror. Perdió el apetito. Se bebió el zumo de naranja y se levantó de la mesa. La madre no podía reñirlo por no comer, ella tampoco se lo hubiese comido.

La madre le preparó un emparedado para el almuerzo.

Él tomó sus cosas y salió de la casa, la madre lo llamó, había olvidado el suéter. A él no le importó, el chico prefería el frío, a tener que regresar a casa.

Y de esta forma el chico se marchó. Frustrado y molesto por lo ocurrido. Sintiéndose sucio y a la vez humillado de no haber sido capaz de manejar la situación. Pero todo era culpa de su madre.

La madre se preparó una taza de café y se quedó pensativa analizando la situación. Su hijo era un chico de ciudad, todo le daba asco. —¿Qué clase de hombre estoy criando?— se preguntó. Definitivamente no es el estereotipo del «hombre» que podrá brindar ayuda a una mujer, a un anciano o a un niño, en una situación similar. ¿Qué hacer?

Su hijo, un chico de ciudad, acostumbrado a los aparatos electrónicos y la buena vida. Con una inteligencia muy alta, pero que sólo funcionaría en un mundo intelectual.

Ella se juzgaba a sí misma, y se sentía completamente inútil. Había caído presa del pánico por una estúpida fobia. Ella sabía lo ridículo que era. Pero no podía controlarlo, una fobia es una fobia.

Al final el café estaba helado, no había bebido ni un solo trago, pero no podía apartarse de sus pensamientos.

La dama de oro y La tabla esmeralda

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Rara vez recomiendo en conjunto, un libro y una película que considero merecen ser vistos. Sobre todo cuando la película no está basada en el libro, o no tienen mayor relación, pero en este caso las historias se complementan, sin ser la misma historia.

Ambas obras abordan el tema de la restitución del patrimonio a quienes les fue arrebatado durante la Segunda Guerra Mundial.

La Película es «La dama de oro» está basada en una historia real. Trata la historia de una mujer judía, Maria Altmann, que huye de Viena durante la ocupación Nazi, salvando así su vida, pero dejando todo atrás.

Después de sesenta años decide emprender un viaje para exigir el patrimonio que los nazis le robaron a su familia. Entre lo que se encuentra una importante obra de Gustav Klim, el “Retrato de Adele Bloch-Baauer I” (quien era su tía).

Esta obra representa para los Austriacos, lo que la Mona Lisa representa para los franceses. El film es una batalla legal para restituir los derechos de propiedad de la obra. Nos muestra la astucia de un joven abogado que logra encontrar una oportunidad legal y la utiliza brillantemente.

La película nos regresa a esos duros años cuando comenzaban las persecuciones en contra de los judíos en Viena, y las injusticias cometidas. La película tiene su brillantez, en no presentar lo sangriento de lo que fue el holocausto sino una historia paralela, pero no menos real, y no por eso menos trágica, de lo que sucedió. Gran actuación de Helen Mirren (una de mis actrices favoritas), y Ryan Reynolds.

El libro «La tabla Esmeralda» de Carla Montero es una obra de ficción que se maneja en dos temporalidades. La época actual y la Segunda Guerra Mundial, para ser precisos la ocupación alemana en Francia y la lucha de la resistencia francesa por la liberación.

Durante la época actual conocemos a Ana, una historiadora de arte del museo Del Prado. Ana accede investigar el paradero de un cuadro que desaparecido durante la Segunda Guerra Mundial, y que es atribuido a Giorgione, un enigmático pintor del Renacimiento. En la búsqueda, ella descubre algunos datos relevantes de la familia que era propietaria del cuadro. Una familia judía que fue enviada a los campos de concentración por los alemanes y quienes fueron desposeídos de todo, incluyendo su colección de obras de arte.

Como les mencioné, el libro también se desarrolla en el pasado, así que llegamos a conocer a la hija del propietario del cuadro y su historia. El libro me encanto en este período. La historia de la ocupación alemana en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, y la lucha de la resistencia francesa.  Los personajes son sólidos y dan la sensación de ser reales. Sara Bahuer y el comandante de las SS, Georg von Bergheim, son fascinantes. La historia de ellos no quiero mencionarla, ¡léanla! Esa parte del libro es mi favorita.

Ana, la heroína de la historia contemporánea es insufrible y considero que la época actual es un relleno para la historia central, que sucede durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque es en el presente donde conocemos todas las intrigas, una dosis de espionaje y sociedades ocultas, me parece que es una obra que se pudo contar sin necesidad de estos personajes. Pero estoy segura de que habrá quien la disfrute. El amigo gay de Ana es encantador y su personaje es refrescante. El doctor Alain Arnoux de la Universidad de la Sorbona, es un personaje mucho más complejo e interesante, así como lo es su historia; no así la desesperante Ana. Me dio mucho gusto leer a Carla Montero y conocer su obra.

Tabla Esmeralda

Lo que no les puedo negar es que tanto el libro como la película, nos enseñan una pequeña parte de lo que sucedió en esa época. La frialdad con la que los Nazis se adueñaban de las posesiones de los judíos y opositores. Y la realidad sobre el debate de la restitución de los derechos de propiedad, por lo que les fue robado a las víctimas del Holocausto, y en ambos casos vemos el arte, como tema central.

El libro merece ser leído y la película ser vista. Ambos se pueden abordar también desde el punto de vista del derecho de propiedad y el derecho de posesión.

Si leen el libro, ven la película o mejor aún ambos, ¡no olviden dejarme saber sus comentarios!

¡Gracias por tanta bondad!

Las cosas más sencillas y los detalles más inesperados son aquellos que nos hacen inmensamente felices.

Hoy recibí por correo un frasco con arena de la playa Le bois plage en Ré, Francia y unos caramelos de mantequilla y sal, que me los envió una de mis más queridas amigas, Ludy.

Arena Ludy

Se preguntarán, ¿por qué arena? Bueno además de libros colecciono arena de diferentes lugares del mundo. Y para mí esos granitos de arena son uno de los obsequios más hermosos y preciados que he recibido.

Cuando visité Xela con la Ciudad de los Libros hace un par de meses, llegó una chica encantadora que no tenía el gusto de conocer en persona (más que por mi página de Facebook). Ella se llama Melany, y me obsequió una libreta del monumento a la Marimba y un libro de poemas de Vania Vargas (que es una autora guatemalteca nacida en Quetzaltenango).

Libreta Melany
Recuerdo que me quedé sin palabras. Fue un gesto maravilloso e inesperado que no olvidaré mientras viva.
¡Melany! En la libreta estoy tomando todos los apuntes de los archivos históricos para la novela que estoy escribiendo. ¡Infinitas gracias!

Y por último, mi gran y querido amigo Tom Coppinger, autor norteamericano que reside en Irlanda, me regaló de forma inesperada una taza de uno de mis ídolos literarios, Edgar Allan Poe.

Taza Poe

Es increíble cómo estos pequeños gestos y detalles nos pueden hacer tan felices. Y cómo personas con las cuales no convivimos el día a día, pueden hacer un impacto positivo en nuestras vidas.

También tengo que mencionar a todos aquellos que de forma cibernética me acompañan todos los días, siguiendo mis publicaciones y haciéndome crecer como persona. Dejando un comentario, una crítica o una broma. ¡Gracias por estar ahí!

En mi vida he recibido muchas bendiciones y tengo la fortuna de contar con muy buenos amigos, que enriquecen mi vida diariamente.

Pero son estos pequeños gestos, los que me hacen aterrizar de las distracciones del día a día y darme cuenta que el mundo está lleno de personas bondadosas.

Para mí unos granitos de arena, unos caramelos de mantequilla, un libro de poemas, una libreta de apuntes, un comentario amable o una taza, valen más que un lingote oro.

Es el tiempo, la dedicación, y el cariño de las personas que me los han obsequiado lo que les otorga el valor. Y como el valor es algo subjetivo, hoy me siento millonaria, con mis preciadas posesiones.

No me siento merecedora de tanto cariño, pero lo recibo con eterna gratitud.

La gratitud es la memoria del corazón. –Jean Baptiste Massieu

1 de septiembre de 2015, el pueblo de Guatemala se reivindicó de su apatía 

Hoy 1 de septiembre, es un día histórico para Guatemala. Por primera vez en la historia de nuestro país se le retira la inmunidad al Presidente de la República, Otto Pérez Molina. Y no solo eso, por primera vez los diputados sintieron una verdadera presión por parte del pueblo, escucharon el clamor popular y cumplieron con la voluntad de la ciudadanía.

Los 132 diputados presentes votaron a favor; no dejo de pensar que lo hicieron por temor al la reacción del pueblo. Los habíamos dejado por mucho tiempo hacer su voluntad. Nos habíamos dividido y la clase política había sido la gran ganadora, y hacían lo que deseaban.

Eso se terminó, y me ilusiona pensar que una nueva era, en donde el ciudadano participará activamente en la toma de decisiones, se avecina.

Faltan pocos días para las elecciones, no les puedo decir por quien votar, pero los insto a analizar y razonar su voto. No dejen que las pasiones le ganen a su razón, tomen una decisión, fría y pensante.

Conozcan a sus candidatos antes de darles el voto, escuchen argumentos a favor y en contra para formarse un criterio objetivo.

Pero nunca olviden que hoy 1 de septiembre del 2015, los ciudadanos guatemaltecos nos reivindicamos de nuestra apatía política

Amor en tiempos modernos y una historia de amor del pasado

Amor en tiempos modernos y una historia de amor del pasado

En todas las culturas y civilizaciones que han habitado este planeta, encontramos historias de amor, desamor y pasión.

El amor y la pasión han sido responsables de guerras, conquistas, inventos y descubrimientos. El amor es parte de la vida del ser humano.

Es maravilloso tener una pareja a quien amar y con quien compartir la vida. Especialmente hoy en día, que en la gran mayoría de culturas existe libertad para elegir una pareja.

Sin embargo, es ahora donde hay un mayor número de solteros. ¿Porqué?

En estados unidos el 43 % de las personas arriba de 19 años es soltera y esas cifras van en aumento. En Colombia el 84 % de los niños nace de madres solteras.

Cada día conozco no solo más personas divorciadas, sino más solteros arriba de 40 años que nunca se han casado. ¿Por qué?

Las razones varían y van desde miedo al compromiso, comodidad, falta de solvencia económica, mala suerte en el amor, etc. Cada persona es un mundo y cada persona tiene razones distintas por las cuales esta soltero. Sin embargo, también ha aumentado el numero de lugares para conocer parejas por métodos no convencionales. Existen sitios y redes sociales especializados para que personas se conozcan por internet, aplicaciones para el teléfono, etc.

Hace unos días me puse a pensar que en este tiempo es muy fácil ser soltero y vivir solo. En realidad pocas veces estamos completamente solos, vivimos conectados a la red y siempre hay alguien con quien conversar o con quien pelear (¡Sí! Estoy convencida que hay personas que solo utilizan las redes sociales para descargar sus frustraciones con otros). Esto hace que la soledad sea más “tolerable”.  Hace tan solo 20 años las cosas no eran así. Llegabas a casa y la soledad era palpable. Hoy seguimos igual de solos, pero tenemos una sensación de estar acompañados, porque en cierta medida, lo estamos.

La cultura también ha cambiado, las mujeres nos hemos liberado de tal forma que un hombre ya no tiene que entablar un compromiso con una mujer para tener una relación intima con ella. Cada día conozco más mujeres que trabajan para mantener al hombre holgazán que tienen a su lado y darle todos los gustos, con tal de que no las abandone. Siempre hay personas que necesitan tener a otra a su lado para sentirse validadas.

Muchos hombres también están consientes que si son exitosos (sin importar su apariencia), siempre habrá alguna mujer interesada en hacerles compañía.

¿Dónde esta el romance, el amor propio, la conquista? Todo eso parece pertenecer al pasado. Las personas ya no se esmeran en el cortejo y cuando ven que eres soltero, piensan que estas desesperado por conseguir una pareja.

Voy a hablar de algunas experiencias personales.

Me molesta muchísimo cuando un hombre se me aproxima y lo primero que hace es comenzar a hablar mal de su ex mujer (o ex novia). ¡Yo también soy una ex mujer y no hablo mal de mi ex pareja! Normalmente cuando un hombre hace eso, pierdo el interés al instante. Creo que hay un lugar y un momento para cada cosa, si estas en una relación estable, es más que deseable conocer el pasado de tu pareja. Pero no me interesa conocer el pasado emocional de alguien que acabo de conocer.

Otra pregunta que me molesta que me hagan es ¿Cuántos hijos tienes? Tengo solo un hijo, y puedo ver el cambio de expresión en los hombres cuando saben que solo tengo uno. Pasan de la tensión de hacer la pregunta a estar relajados al escuchar la respuesta. ¿Y si tuviera cuatro? ¿El numero de hijos te hace menos elegible o deseable? Al parecer sí. Si bien hay algunas mujeres que solo buscan a un hombre para que las mantenga, la gran mayoría de mujeres son autosuficientes para hacerle frente a sus responsabilidades.

Pareciera que los hombres de mi edad solo están interesados en salir con chicas de 20 años, por tal motivo los hombres que muestran interés en mi son 10 o 20 años mayores que yo. Es curioso, pero entre más viejos, más torpes a la hora de intentar enamorar a una mujer.

Las tres cosas más absurdas que me han dicho:

  • Asistí a la presentación de un libro y conocí a un compañero de la Universidad de mi hermano. El hombre se plantó a mi lado y tomo una actitud posesiva. Comenzó a hablar de sus grandezas y fortuna y de cómo le había quitado la custodia de sus hijas a su ex mujer ¡Alerta ROJA! Comencé a platicar con uno de mis amigos que estaba presente, entonces me dijo: “¡He esperado por usted 50 años, puedo esperar un poco más para que me preste atención!”. ¡Por favor! ¿Podemos ser un poco menos cursis?
  • ¿Recuerda que estaba comprometido e iba a casarme? ¡Mi novia me dejó! ¡Mi vida cambió de la noche a la mañana! ¿Recuerda que me había dicho que podría ser mi paño de lagrimas?”Aún me da risa recordarme de esto — ¿De dónde saco que yo había ofrecido ser su paño de lágrimas? ¿Cómo se le ocurre que yo estaría interesada en ser un paño de lágrimas? ¡Eso es no tener amor propio! Para empeorar las cosas, este individuo me lo dijo durante una entrevista de trabajo (él estaba aplicando para un puesto de trabajo y yo estaba en compañía del otro entrevistador). Cualquier persona que me conoce bien, sabrá que para paño de lágrimas no sirvo, soy demasiado honesta y pragmática. Si quieren que los consuelen, soy la persona equivocada. ¡Que línea más mala! Claro que a muchos hombres les funciona, porque alunas mujeres consideran que consolar a los hombres es su misión en esta vida.
  • Estoy en el cumpleaños de un amigo, cuando se me acerca un hombre y me dice: “Usted es igual a mi tercera esposa”, se podrán imaginar mi cara de sorpresa, es lo último que me imaginé que alguien me podría decir. Me mantuve en silencio y deje escapar una leve sonrisa, honestamente no sabía ni que decir. Él prosiguió: “En serio, es sorprendente el parecido, son iguales”, y así continuó, hasta que le pregunté con curiosidad: “¿Como se llama su tercera esposa?”. Él me respondió: “¡No se! ¿Cómo se llama usted?”. He de confesar que esto es lo más ingeniosos que me han dicho. El hombre era encantador y obviamente era un descarado (descubrí que su segunda esposa lo acompañaba esa noche), pero era un individuo muy agradable para conversar. Me preguntó porque yo no me había vuelto a casar y le respondí con toda honestidad, que no había conocido a la persona correcta, a un buen hombre. Y él me respondió: “¡Usted no necesita un buen hombre, necesita un hombre con dinero!”.

Soy una romántica empedernida, creo que Julio César se enamoró verdaderamente de Cleopatra y encontró en ella su igual. Mis novelas de amor favoritas son El manantial de Ayn Rand y Jane Eyre de Charlotte Brontë. Pero eso tampoco significa que me moleste estar sola, soy feliz en mi estado actual y solo aceptaré el amor de un hombre que sea mi par y me haga crecer como persona. Recobrar mi libertad me costó mucho (pueden leer acá lo que escribí con relación al divorcio) y disfruto mi soledad.  Agradezco a la tecnología que hace que mis días transcurran en la “compañía” de personas maravillosas a quienes tengo el privilegio de llamar amigos, sin embargo no cabe duda que cada día es más complicado encontrar el amor.

Una historia de amor del pasado:

Escuchando una charla en TED de la antropóloga Helen Fisher, descubrí esta historia de amor sobre Tikal que no podía dejar de compartir con ustedes.

“En la jungla de Guatemala, en Tikal (Mutul), está erigido un templo que fue construido por el más grande Rey Sol, de la mayor ciudad-estado, de la mayor civilización de América, los Mayas. Su nombre era Hasaw Cha’an Kawiil**. Medía más de 1.80 metros de altura. Vivió hasta sus 80 años y fue enterrado debajo del Templo I conocido como el Gran Jaguar, en el año 720 D.C. 

Las inscripciones Mayas proclaman que él estaba profundamente enamorado de su esposa la reina Doce Macaw.  De manera que construyó un templo en su honor, frente al de él. El Templo II o Templo de las Máscaras.

Cada primavera y otoño, exactamente en el equinoccio, el sol se levanta detrás del Templo I y baña de manera perfecta el templo de ella con la sombra del suyo. Y cuando el sol se acuesta detrás del templo de ella en la tarde, baña perfectamente el templo de él con la sombra del de ella. Después de 1,300 años estos dos amantes todavía se tocan y besan desde sus tumbas”.

Fotografía de © Antonio Quinzan www.viajesyfotografia.com

Fotografía de © Antonio Quinzan
www.viajesyfotografia.com

¡Esto es amor!

Agradezco a Antonio Quinzan, fotógrafo profesional y autor del prestigioso blog de viajes www.viajesyfotografia.com por haberme permitido utilizar esta fotografía que plasma la magia de los Templos I y II de Tikal.  Puenden ver la imagen original acá.

**Algunos escriben su nombre como Jasaw.

*** Si desean ampliar la historia de amor de Rey Hasaw y su esposa la Reina Macaw, les recomiendo leer el blog de Gabi Romano.

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