Categoría: Sociedad

  • ¿Criminales o víctimas?

    ¿Criminales o víctimas?

    ¿Hasta cuándo vamos a continuar victimizando a los criminales? Luego del atentado en la zona 7 capitalina de un bus de la ruta 32 en el que una mujer de 19 años detonó un artefacto de fabricación casera, se clasificó el acto como una acción terrorista. A lo que muchos “expertos y opinionistas” salieron a condenar, aduciendo que la mujer no cometió un acto terrorista, sino que es más bien una víctima de la sociedad.  Comencemos entonces por definir lo que es el terrorismo, según el diccionario de la RAE «terrorismo es: 1. Dominación por el terror. 2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. 3. m Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.». 

    Como pueden ver, el atentado del pasado lunes 21 clasifica dentro de la definición de terrorismo, de eso no hay duda y quien lo niegue sólo busca manipular la verdad. Esta mujer es una terrorista que cometió una acción terrorista. Continuemos, ni bien había sucedido el lamentable hecho, cuando los paladines de la justicia social saltaron a defender a la criminal, aduciendo que ella es el producto de la pobreza y el abandono en el que se le tiene a nuestra juventud, producto de la desigualdad, la falta de oportunidades y la migración. Si bien es cierto y no podemos negar que la gran mayoría de nuestros jóvenes son pobres y este país no les brinda oportunidades para superarse, es una mentira y un acto demagógico despreciable aseverar semejante disparate. Como indicaba un usuario de Twitter, según datos de CEPAL, el 70.5 % de los guatemaltecos son pobres. Les pregunto, ¿son el 70.5 % de los guatemaltecos, criminales, mareros, asesinos? La respuesta es ¡No! Los criminales representan una pequeña facción de la sociedad y estos comentarios son un insulto a los millones de guatemaltecos honestos y honrados que se ganan la vida de forma decente, y que además son las principales víctimas de estos criminales. La pobreza no es sinónimo de criminalidad y me quedo sin palabras decorosas para no caer en la vulgaridad y decirle a estos cretinos populistas lo que opino de su falta de ética al manipular un hecho delictivo y convertir en víctima a una asesina sin escrúpulos. La mujer tiene 19 años, edad suficiente para discernir entre el bien y el mal. 

    Ahora quisiera tomar el resto del espacio que tengo en este diario para honrar la memoria del niño Ángel Ariel Escalante Pérez, de 12 años, quien fue lanzado por supuestos mareros del puente Belice, por no acatar la orden de asesinar a un piloto en junio del 2015. ¿Se les olvidó acaso la historia de este valiente guatemalteco, que a sus escasos 12 años prefirió morir antes de asesinar a un piloto? ¿Qué clase de mensaje estamos enviándole a nuestra juventud al victimizar a un asesino y manchar la memoria de un verdadero héroe que, en vez de ser olvidado, debería de ser el estandarte de la lucha contra las maras? No, no hay derecho y quisiera que todos recordasen este nombre, Ángel Ariel Escalante Pérez, este niño héroe que, a su escasa edad, no solo supo discernir el bien del mal, sino que fue capaz de sacrificar su vida por la de un piloto de bus que probablemente no conocía. 

    ¡Basta ya de victimizar a los criminales solo para dar discursos demagógicos! Claro que tenemos que crear oportunidades para reducir la pobreza y brindar oportunidades de desarrollo a todos los guatemaltecos, pero eso no lo vamos a lograr victimizando a los criminales. Tengan un poco de vergüenza, los guatemaltecos honestos, que somos la mayoría nos merecemos un poco de respeto. 

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 25 de enero de 2019. Puede ver el original acá.

  • ¿Y si nos dejan en paz?

    ¿Y si nos dejan en paz?

    Los últimos días han sido particularmente intensos en temas de coyuntura nacional y aunque a estas alturas ya deberíamos de estar acostumbrados, la intensidad sólo va en aumento. Desde el 2015 no hemos tenido tregua y los últimos 18 meses han estado particularmente intensos, ¿llegará el día en que las preocupaciones y las necesidades de nuestro país puedan ser discutidas sin intereses políticos y partidistas de por medio? Yo ya estoy cansada, estoy cansada de tanta división, tanto odio, tanta fanfarronería, tanto oportunismo y sobre todo de tanta hipocresía. 

    En el 2015 los guatemaltecos nos unimos por una causa común, la lucha contra la corrupción. Reclamamos la plaza y alzamos nuestras voces, quienes lo vivimos recordamos la unión, la armonía, la pasión que nos unió. El sábado pasado se convocó a una manifestación por las mismas causas y recibió muy poco eco, ¿por qué? Considero que la causa que nos unió en el 2015 sigue tan viva como en ese entonces, tristemente quienes en su momento nos convocaron, o sea personas sin vínculos partidarios e ideológicos, hoy han perdido la credibilidad. Utilizaron la lucha contra la corrupción como un estandarte que han politizado y nos creyeron tontos, pensaron que no nos daríamos cuenta de sus artimañas y manipulaciones. Prostituyeron la plaza, además, muchos hemos sido testigos de los abusos, las injusticias y las ilegalidades que se han cometido en nombre de esta causa. No hay nada peor que la soberbia y esta los ha cegado, se han creído poseedores de la verdad absoluta y si bien los guatemaltecos seguimos hastiados de la corrupción ellos olvidaron las raíces, la idiosincrasia y sobre todo la esencia de este pueblo trabajador. 

    ¿Creen que el padre que se ha quedado desempleado le preocupa a cuantos corruptos más van a meter a la cárcel? A ese padre a esas alturas ya le pasó la euforia del 2015 y lo que le preocupa es cómo alimentar a sus hijos. Escucha a los mismos repetir las mismas cosas, pero no ve cambios, sigue desempleado, vive la delincuencia, la falta de medicinas en los hospitales y le trae sin cuidado la conferencia de prensa del Ministerio Público y la CICIG en donde exponen a los sindicados a una condena mediática, pero los tribunales aún no dictan sentencias. Ese padre se pregunta por qué no capturan al extorsionista y al marero o por qué no obligan a los maestros a cumplir los días reglamentarios de clases porque sus hijos se están quedando atrás y el maestro se la pasa asistiendo a las marchas convocadas por Joviel. 

    En el interior las preocupaciones son tan diversas como sus habitantes, la corrupción que les preocupa es la del alcalde que vive como rey a expensas de la comuna, las carreteras que están deterioradas, la falta de agua potable, y hasta la lluvia que puede afectar sus cosechas. Esos padres sueñan con que sus hijos se vengan a la capital para que puedan tener mejores oportunidades o bien están juntando dinero para realizar la travesía hacia los Estados Unidos en busca de un futuro mejor. ¿En serio creen que a ese guatemalteco le preocupa si Iván Velásquez se larga o se queda? A ustedes les preocupa que se vaya o que se quede para mantener el status quo. 

    Y hablando de Iván Velásquez, el gran responsable de esta crisis gracias a su arrogancia y prepotencia. Un verdadero líder sabe en qué momento hacerse a un lado y dejar el trabajo a otros, la manera en la que se aferra al cargo es sospechosa, ¿tan bueno es el hueso que no lo quiere soltar? ¿No se da cuenta que a la fuerza ni el agua es buena? ¿O acaso cree que sin él la CICG va a fracasar? Y eso es peor aún, porque si el éxito o fracaso de la CICIG depende de su presencia, significa que los esfuerzos han sido en vano y él no ha sabido hacer bien su trabajo. 

    El presidente Morales mantiene su postura y el secretario Pompeo habla ahora de una CICIG reformada, al resto no nos resta más que seguir adelante y soñar con el día en que nos dejen en paz y dejemos ser los peones de la partida de ajedrez de los intereses internacionales. 

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 7 de septiembre de 2018. Puede ver el original acá.

  • Los virtuosos

    Los virtuosos

    En las últimas semanas he notado el resurgimiento de los virtuosos que, a falta de tener una fanaticada, salen ellos mismos a enumerar su lista de virtudes en potestad de su ideología, valores y creencias. Asumo que el fenómeno irá en aumento a medida que se aproximen las elecciones. Comencemos por definir qué es la virtud, según el diccionario de la RAE la virtud es: «la disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza. Integridad de ánimo y bondad de vida. Acción virtuosa o recto modo de proceder».

    Los virtuosos proliferan en épocas grises como la actual, cuando ya los extremos se demonizan y comienzan los analistas de costumbre a condenar la radicalización de los extremos ideológicos —posturas que estos mismos ayudaron a radicalizar y que hasta hace poco defendían—, y hoy se tornan cual paladines de la justicia para hablar de las virtudes del grupo al cual representan.

    No olvidemos que más de una tiranía ha nacido en nombre de estas «virtudes», aquel que las predica por lo general las usa como como una herramienta de poder para poner a todos los ciudadanos en cadenas, a excepción de quien supuestamente las posee.

    Es fácil apelar a la virtud y a la moral para obtener votos, ¿quién no desea un mundo mejor? Y qué mejor que entregarle la responsabilidad a alguien virtuoso, ¿no? Sin embargo, un país no se gobierna con virtuosos, se gobierna con gente capaz que sepa lo que está haciendo, a menos que el “virtuoso” sea una excepción y sepa lo que hace.

    Me atrevo a decir que la contienda está cantada, veremos una campaña electoral cual película de Marvel, cargada de virtuosísimos superhéroes, en donde el debate electoral lo dominarán las virtudes de los candidatos y obviamente atacarán al que carezca de ellas. Quien se oponga, se encontrará del lado oscuro, el Thanos de la política nacional, sediento de poder. Nuestra triste realidad es que en la gran mayoría de políticos se parecen más a Thanos o en el mejor de los casos a Sauron, si en vez de Marvel hacemos la analogía con Tolkien.

    Una cosa es hablar de la virtud y otra muy distinta es actuar conforme a ella y esto prácticamente describe a la mayoría de los demagogos, que se venden como figuras angelicales y mesiánicas. Ahora bien, no desestimemos el valor de los políticos carentes de virtudes y carismáticos, Alfonso Portillo, condenado por corrupción y que no mató a uno sino a dos, —sus palabras no las mías—, es altamente popular. Aunque no veo a ninguno con esas características perfilándose como candidato para las próximas elecciones. Me da la impresión de que la lucha del bien contra el mal o corrupción versus lucha anticorrupción, será lo que defina la agenda política como ha sido hasta ahora, por supuesto puedo estar equivocada.

    Quiero aclarar que no estoy en contra de que un político virtuoso nos gobierne, pero me parece poco probable que esto suceda, como ya lo expresé, prefiero a un político capaz. De nada sirve tener a un “virtuoso” a cargo del gobierno que no sabe ni dónde está parado y con la cabeza llena de ideales que no podrá ejecutar o peor aún a una “virtuosa” rodeada de los mismos corruptos y vividores de siempre.

    No caigamos en el juego de las virtudes, exijamos planes de gobierno concretos y realistas, políticas públicas puntuales, porque si nos perdemos en esa lucha abstracta del bien contra el mal vamos a terminar en lo mismo, es más, sospechen y cuestionen a todo aquel que se presente como un virtuoso, una persona virtuosa no presume de ello, simplemente lo es y se le conoce como tal.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 24 de agosto de 2018. Puede ver el original acá.

  • De tiranos y autocensura

    De tiranos y autocensura

    Estamos viviendo en una sociedad en la que predominan los tiranos, tiranos que agreden y censuran a cualquiera que no opine como ellos y no cumpla su agenda política. Cualquier individuo que cuestiona o disiente es linchado por las masas, por lo que muchos cansados de estas peleas infructuosas y sin sentido, han decidido autocensurarse.  Y esto último lo veo como algo terrible, como un cáncer para nuestra sociedad, una sociedad es libre cuando los individuos pueden expresar libremente sus opiniones y sin temor a hacerlo.

    Antes, el temor era al estado, ese “ser supremo” que no acepta la crítica, aunque no nos engañemos, Nicaragua y Venezuela son un claro ejemplo de que ese Estado que censura aún está latente. Sin embargo, hoy estamos rodeados de tiranos, la tiranía de las masas, y eso me trajo a la mente el libro «El fin y los medios» (1937), de Aldous Huxley. En este libro, Huxley plantea cómo los individuos son capaces de obtener lo que ellos creen que es lo correcto por medios verdaderamente abominables. La censura es deseada para evitar que opiniones disidentes sean escuchadas por otras personas ya que representan un peligro para estos dogmáticos, pero al hacerlo estamos perdiendo la oportunidad de conocer la realidad de las cosas y Huxley a ese respecto nos dice:

     «No es menos importante enseñarles a los niños a examinar todas las personificaciones, todas las metáforas, todas las abstracciones que encontrasen en los artículos que leyesen o en los discursos que escuchasen. Deben aprender a traducir todas esas palabras desprovistas de contenido en términos que se refieran a la realidad concreta contemporánea».

    Porque sólo así podremos conocer esa realidad concreta contemporánea que nos rodea. La tecnología permite que podamos acceder a todo el conocimiento que queramos y conocer las opiniones de prácticamente cualquier individuo, pero nuestra escala de valores peligra al abrirse a otras ideas. Por lo que la gran mayoría prefiere escuchar solo a aquellos que piensan como ellos o a quienes reafirman sus creencias, esto por lo general lo observamos en las corrientes totalitarias de índole, político, religioso o social, veamos que dice Huxley:

    «Para satisfacer sus ansias de significación y de valores, las gentes se inclinan hacia doctrinas como el nacionalismo, el fascismo, o el comunismo revolucionario. Filosófica y científicamente, estas doctrinas son absurdas, pero para las masas de todas las comunidades tienen este gran mérito: atribuirle todo el significado y el valor que le han sido quitados al mundo como un todo». 

    Estados Unidos es un claro ejemplo, muchos estadounidenses aún no superan la victoria del presidente Trump. Lo culpan por cualquier cosa y creen que está destruyendo a su país, pero olvidan que hay otro grupo de estadounidenses, igual de numeroso, que opina exactamente lo contrario. Esa censura o autocensura, nos hace perder la percepción de esa realidad concreta contemporánea a la que se refiere Huxley, ¡la realidad!

    Y en Guatemala está sucediendo exactamente lo mismo. Estas personas que buscan la censura descubrirán en las urnas nuestra realidad concreta contemporánea y luego nos tocará al resto escuchar los lamentos de quienes no quisieron escuchar las señales a su alrededor. Desconfíen y niéguense a aceptar a cualquiera que pretenda censurar a otro, sea a base de coerción o de insultos, esta persona no busca nuestro bienestar, busca obtener su objetivo y qué mejor forma de lograrlo que en una sociedad que carece de la información necesaria para tomar sus propias decisiones.

    Para terminar y como nota curiosa, Huxley conoció nuestro país, y «en su libro de viajes de 1934 Más allá de la Bahía de México, Aldous Huxley comparó el Lago Atitlán de Guatemala con el Lago de Como en Italia. El cuerpo de agua italiano, escribió, «toca el límite de lo permisivamente pintoresco». Atitlán, sin embargo, «es Como con el embellecimiento adicional de varios volcanes inmensos. Es realmente demasiado bueno»».

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 15 de junio de 2018. Puede ver el original acá.

  • Lo mejor de nosotros, lo peor de nosotros

    Lo mejor de nosotros, lo peor de nosotros

    La tragedia que provocó la erupción del Volcán de Fuego propició que diéramos lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Comencemos por lo positivo, porque no cabe duda de que el Volcán de Fuego nos trajo mucho más que muerte y destrucción. Para comenzar nos trajo esperanza y hermandad. Esta tragedia sacó a relucir el lado más maravilloso de los de guatemaltecos, una solidaridad absoluta hacia las víctimas de esta terrible catástrofe.

    Los ciudadanos nos dispusimos ayudar a nuestros hermanos, ha sido hermoso y esperanzador ver cómo se han intentado cubrir todas las necesidades de los damnificados, además de alimentos, medicamentos, artículos de limpieza y aseo personal, se ha pensado en todo, terapia y actividades lúdicas para los niños, peluqueros, psicólogos, la lista es interminable. Ya hay personas organizándose para construir viviendas para los afectados. No se puede dejar de sentir orgullo en esta patria que nos vio nacer, en su gente maravillosa. Y no podemos olvidar el trabajo heroico del ejército, de los bomberos, de la policía y demás cuerpos de socorro y de rescate que han trabajado conjuntamente por largas jornadas rescatando a los sobrevivientes, cuidando de los enfermos y buscando a los desaparecidos.

    Es terrible contrastar toda esta bondad con la avaricia, la maldad, la ambición y el oportunismo que también generó esta tragedia. Es vergonzoso como muchos están aprovechándose de la desgracia ajena para cumplir sus fines y agendas políticas, ¿se puede ser más bajo, más vil, más ruin? No es posible que en pos de una tragedia nos tengamos que aguantar la lucha de egos para ver quién brilla más. Los dimes y diretes que van y vienen, la cacería de brujas buscando culpables. Con esto no quiero decir que se exima de responsabilidad a quienes se les encuentre responsables de alguna falta u omisión, pero otra cosa muy distinta es buscar protagonismo y convertir una tragedia en una excusa para dividirnos y buscar un beneficio propio.

    Quiero pensar que es la primera Guatemala la que va a prevalecer, la que nos permite dar lo mejor de nosotros mismos. Por último, deseo compartir con ustedes el inicio del libro «Historia de dos ciudades» de Charles Dickens, que fue publicado por primera vez en 1859, porque sentí que sus palabras eran las más adecuadas para describir el momento que vivimos.

    «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.»

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 8 de junio de 2018. Puede ver el original acá.

    Si deseas conocer más sobre la vida de Dickens te recomiendo leer, «La mujer invisible».

  • Prejuicios y percepción

    Prejuicios y percepción

    Imagina la siguiente escena: en el gimnasio de un colegio un grupo de adolescentes se encuentran tomadas de la mano y en actitud de oración. Las niñas son todas blancas y a su lado, en la misma fila se encuentra una jovencita indígena en una actitud similar, pero a ella nadie la está tomando de la mano. ¿Qué pensarías de esa imagen? ¿Cómo te haría sentir? Estoy convencida de que un buen número de personas se molestaría y acusaría a las niñas blancas de ser racistas, ¡¿cómo es posible que no tomen la mano de la niña por ser indígena?! A fin de cuentas, estamos viendo la imagen, ¿no? En la imagen se ve claramente que la niña está aislada y nadie la está tomando de la mano. ¡Terrible! ¡Guatemala es un país de racistas!

    ¿Qué pensarías sí te digo que esto sucedió no en Guatemala, sino en los Estados Unidos? La fotografía de un grupo de jovencitas blancas tomadas de la mano, al lado a una de raza negra que no estaba siendo tomada de la mano desató una ola de ataques en contra de la escuela y de la comunidad. En una escuela en la que hace tan solo un par de semanas, un estudiante de 17 años disparó contra alumnos y profesores, asesinando a 10 y dejando heridos a otros 13.

    Luego de que la NBA publicara la fotografía los usuarios de las redes preguntaron indignados por qué nadie tomaba la mano de la niña de color y comenzaron los ataques. No se tomaron la molestia de preguntar ¿por qué?, hasta que la madre de la niña aclaró que en primera instancia la foto había sido cortada y que al lado de su hija se encontraban otras niñas que no estaban tomándose de las manos y que había sido su hija quien había decidido no tomarse de las manos, ya que se encontraba muy afectada por todo lo sucedido. Como es parte del coro y aún tenían que cantar el himno, sentía que si lo hacía comenzaría a llorar y no quería hacerlo antes de cantar, ella decidió no hacerlo. Una explicación lógica, que de no ser por la que la madre de la niña es blanca y desató otra serie de cuestionamientos y ataques injustificados, hubiese sido perfectamente válida. Hubo quienes cuestionaron si la madre al ser «blanca y privilegiada»sería la persona adecuada para explicar el racismo a su hija. ¡Es su hija adoptiva! Una actitud racista seguramente le afectaría tanto a ella como a la niña. ¿Es requisito para ser un buen padre ser de la misma raza que el hijo? ¡No, y afirmar lo contrario es racismo puro y duro! ¿No pudo acaso ser la niña negra la racista y no querer tomar la mano de sus compañeras? Digo, puede suceder, ¿por qué no? ¿Acaso solo los blancos pueden ser racistas?

    Puse al inicio el ejemplo de Guatemala para sensibilizarnos y ponernos en contexto, porque acá cada día se ven más este tipo de ataques por situaciones similares. Sin ir muy lejos, el otro día en redes un usuario comentó que vosear a un indígena mayor era racismo. ¿Qué pasa si un joven indígena vosea a una señora mayor no indígena? ¿será también racismo o ahí no aplica por que la persona es no indígena? ¿Existe acaso algún mandamiento en contra del racismo que verse, «no vosearás a una persona mayor»? ¿No será acaso una simple regla de educación? ¿Por qué tiene que ser considerado como racismo?

    Estas situaciones muchas veces no reflejan otra cosa más que nuestros propios prejuicios y una mala percepción de una situación. Si yo creo que todas las personas pelirrojas son mentirosas, evidentemente cuando vea algo que lo sugiera pensaré que me está dando la razón y que reafirma mis creencias. Pero la gran mayoría de veces las cosas son mucho más complejas que eso y hay una historia detrás, como lo fue en el caso de la fotografía de las jovencitas de la escuela en Texas.

    Es triste ver como en algunos casos personas que están luchando por la igualdad y la justicia hacen más mal que bien.

    No podemos ver racismo y discriminación en todas partes, no podemos ver ataques en todas partes. Detengámonos por un momento a analizar las cosas, no le creamos solo a las imágenes que nos presentan y a las cosas que nos dicen los demás, ya que como en este caso, pueden estar a medias dejando por un lado la otra mitad de la historia, una parte importante que nos puede ayudar a discernir la verdad y a ver las cosas con otros ojos. Con esto no quiero decir que el racismo y la discriminación no existan, por supuesto que sí, pero no podemos pensar que todo tiene una motivación racista y quizás no sea más que un reflejo de nuestros propios prejuicios y de una percepción errónea. Y los prejuicios son tan nocivos para una sociedad como lo son el racismo y la discriminación.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 1 de junio de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¿Qué está pasando?

    ¿Qué está pasando?

    Nuestro país está completamente dividido y hay tantas facciones que desean hacerse del poder que es difícil saber lo que en realidad sucede. La guerra por la desinformación ha alcanzando niveles irracionales, por lo que es muy distinguir entre lo que es verdad y lo que es manipulación. Por ejemplo, si circula el rumor de que el presidente va a pedir la expulsión de la CICIG y al mismo tiempo circulará el rumor de que se está fraguando un golpe de estado técnico contra el presidente Morales. Salen ambos grupos a gritar golpe de estado, y al final no pasa absolutamente nada. No eran más que rumores por parte de unos y otros.

    Hoy tenemos una nueva Fiscal General, la era de Thelma Aldana termina e inicia la de Consuelo Porras. La mayoría nos preguntamos, ¿qué va a suceder? Los comentarios que he escuchado sobre ella y su equipo son favorables. Todos esperamos que continúe la lucha contra la impunidad, pero más que nada, esperamos que actúe con apego a las leyes del país, al estado de derecho, a la Constitución Política de la República, y que actúe con equidad sin prestarse a juegos y presiones políticas.

    Tan pronto se dio el anuncio de su nombramiento, comenzaron a circular las opiniones encontradas, unos la felicitaban mientras que otros ya la llamaban la «fiscal de la impunidad». ¿Qué les pasa? Podemos darle al menos el beneficio de la duda, esperar un poco para poder ver cómo será su mandado y que acciones tomará antes de comenzar con las opiniones. Con esto no quiero decir que no estemos facultados para opinar. Pero una cosa muy distinta es opinar y otra aseverar, y el problema es que acá se la pasan aseverando demasiadas cosas, las cuales en su mayoría han terminado siendo falsas, creando caos y confusión entre la población.

    Versa el refrán «cuando el río truena, piedras lleva», por lo que no dudo que exista algo detrás de los rumores, tristemente la línea divisoria entre la verdad y la manipulación se hace cada día más delgada y cuesta mucho saber lo que está sucediendo. Lo más triste es ver como muchos individuos y analistas que tienen sobre sus hombros la responsabilidad de ser objetivos se prestan a un juego tan sucio.  Justo ayer comparaba los comentarios de varios de ellos y están prácticamente calcados los unos de los otros, todos enfocados en la misma agenda y en la misma dirección. Y son estos manipuladores de la verdad los primeros que salen a hablar de libertad de expresión y no dudan en llamar «netcenter», a quien opine lo contrario o a quienes los cuestionan.

    ¡Basta ya! Aprendamos a opinar aclarando que es una opinión, no aseveremos nada a menos que estemos completamente seguros de que es verdad y, sobre todo, no nos prestemos a propagar rumores. Bien podríamos dejar de compartir todo lo que nos llega por WhatsApp, analizarlo y leerlo con calma antes de que lo demos por un hecho. El problema principal de los rumores es que pueden desencadenar verdaderas crisis políticas, sociales y económicas. En una sociedad como la nuestra que atraviesa una grave crisis que no hemos sido capaces de superar, somos un blanco fácil de estos rumores que son generados para sembrar caos y manipularnos, obteniendo así el resultado deseado.

    La responsabilidad de preservar la verdad de la información es de cada uno de nosotros, aprendamos a discernir entre la verdad, una opinión y una manipulación, pero, sobre todo, no nos prestemos a ese juego burdo de quienes manipulan la opinión para conseguir sus propios fines porque sino nunca sabremos con certeza, qué está pasando.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 4 de mayo de 2018. Puede ver el original acá.

  • Atrévete a pensar

    Atrévete a pensar

    Es imposible no ofender al expresar lo que pensamos porque en la medida que nos expresamos libremente corremos el riesgo de ofender, sobre todo si estamos buscando la verdad. Cuando discutimos un tema por el cual tenemos pasión, los ánimos se suben. Cuando pensamos y lo expresamos, ofendemos. La otra opción para no ofender, como bien indica Jordan Peterson, es no pensar y eso tampoco es una opción. Por eso es que se trata de imponer la corrección política, la cual se puede definir como la «imposición de la sensibilidad sobre la verdad» —Bill Maher. Nos sentimos moralmente superiores al hacerlo sin importar que eso nos aleje de la verdad. Estamos creando una sociedad demasiado sensible, expresar la verdad se considera irrespetuoso e insensible. Hemos llegado al punto en que la mentira y el engaño son preferibles a la verdad.

    Tristemente se genera un linchamiento público a quien se atreve a decir lo que piensa. Si por ejemplo yo digo que la CICIG se está convirtiendo en un ente corrupto y nefasto para la institucionalidad del país, me saltan encima los defensores y se me acusa de estar a favor de la corrupción. Pongamos otro ejemplo, si critico al gobierno y la ineptitud de nuestro mandatario, se me acusa de socialista y de ser una vendida. ¿No han pensado que se puede y es válido estar en contra de la arbitrariedad y el abuso de poder por parte de la CICIG y al mismo tiempo estar a favor de la lucha contra la corrupción, y tener el suficiente sentido común para darse cuenta de que el presidente es un incapaz? Puede que tenga o no razón, pero eso es lo que pienso y no tengo que acomodar mis ideas para satisfacer a la mayoría. Por lo tanto, vivimos en una sociedad en la que «tenemos libertad de expresión mas no libertad de pensamiento», como bien lo articuló recientemente el rapero Kanye West.

    https://twitter.com/kanyewest/status/988122800459104256?s=21

    De qué nos sirve tanta libertad de expresión a través de las redes sociales si debemos seguir las reglas de lo que establece el status quo y lo políticamente correcto dictado por grupos de activistas con agendas propias que distan de ser unos angelitos que velan por el bien común. Lo que realmente son es un grupo de buitres esperando recibir su presa o más bien esperando llegar al poder. ¿Se dan cuenta de que están ejerciendo sobre nosotros una tiranía de la opinión? Día tras día vemos a más periodistas, comunicadores y analistas enfilarse en la agenda con tal de aparecer en «la foto», y ser considerados miembros de esa élite moralmente superior. Nos imponen sus mentiras como verdades utilizando el chantaje moral puesto que no es un delito —aún—, expresar lo que se piensa.

    La verdad molesta y la verdad incomoda, pero no por ello voy a censurarla. Estamos creando una sociedad de personas que se ofenden por cualquier cosa y que se victimizan con tal de evadir la responsabilidad de sus actos. Una sociedad de individuos débiles que son fácilmente manipulados. Es una generación de «copia y pega», porque es más fácil repetir como un loro lo que dicen otros, que pensar por sí mismo y formarse un criterio. Pensar se ha convertido en un acto temerario.

    ¿Eres valiente? ¡Atrévete a pensar y a defender tu libertad de pensar y decirlo con libertad!

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 27 de abril de 2018. Puede ver el original acá.

  • Recordemos la historia

    Recordemos la historia

    ¿Por qué es importante aprender historia? Para el Doctor en Historia Moderna, David García Hernán, «aprender historia es relevante porque una sociedad que no conoce la Historia es una sociedad amnésica y, desde el punto de vista antropológico, por ello una sociedad muerta o condenada a desaparecer. La historia permite algo fundamental que muchas veces se toma en cuenta con demasiada ligereza: conocernos mejor a nosotros mismos. Sin ese conocimiento el presente sería un caos, y no digamos las disposiciones para encarar el futuro. Aunque la Historia no se repite (siempre hay algunos elementos nuevos en los procesos que los hacen diferentes de los anteriores), no cabe duda de que, conociéndola, estamos mejor preparados (sin necesidad de ser adivinos, lo que no entra en los objetivos de la Historiografía) para afrontar o prevenir los problemas del futuro».

    Guatemala es una sociedad que olvida la historia, los jóvenes se aburren de ella y con razón, hay muy pocos profesores capacitados para impartir esta cátedra. Los textos son manipulados para cubrir la agenda política impuesta, y en la mayoría de las familias no se habla de ella, es casi un tabú. Seguimos culpando por nuestras desgracias a los españoles que conquistaron América y que tienen casi 200 años de haberse marchado, seguimos buscando víctimas del conflicto armado y la estrategia de estos que siguen sembrando conflicto no es recordar, es crear división y odio que bien podría llevarnos a otro conflicto similar o peor.Y lo más sorprendente es que la mayoría de los jóvenes no tiene la menor idea de lo que sucedió hace veinte años. Lo que es más alarmante, muchos adultos parecen haberlo olvidado.

    En ese sentido los judíos nos llevan una gran ventaja, ellos no olvidan la historia, la transmiten de forma oral en sus familias. La razón porque sobreviven hoy día, y más fuertes que nunca a pesar de que han sido perseguidos a lo largo de la historia, es porque mantienen vivas sus tradiciones, sus costumbres y recuerdan su historia. Mucha gente los critica, pero tratemos de dejar a un lado las opiniones negativas que se puedan tener en su contra y enfoquémonos en cómo han sabido preservar su cultura, su religión y su historia a través de los siglos a pesar de haber estado a punto de ser exterminados en repetidas ocasiones. Muy simple, la familia. —Y con esto no quiero que se lancen los conservadores y los religiosos a dar sermones sobre la familia perfecta bajo su óptica, porque no hablo de eso—.

    Les pongo un ejemplo, esta semana vi un video de un judío polaco sobreviviente del holocausto. Es un video familiar que grabó uno de los nietos en un viaje a Polonia, el resto de la familia es estadounidense. Sin embargo, el abuelo quiso llevar a sus hijos y nietos a un lugar que le trae muchos recuerdos dolorosos para que ellos no olviden y sepan lo que él vivió y cómo sobrevivió. Hubo dos partes del video que me impactaron y contrastan entre sí. En la primera, el abuelo los lleva al lugar en donde los nazis asesinaron a sus padres. Es una fosa común, les dispararon, nunca llegaron a los campos de concentración. De por sí es algo muy emotivo para «Poppy», como le llaman de cariño sus nietos, y él aprovecha en medio del dolor para pedirles que por favor cuando él ya no esté lleven alguna vez a sus hijos para que conozcan lo que sucedió y le rindan respeto a sus abuelos. Él no les pide que odien a nadie, sólo les pide que transmitan sus memorias y recuerden lo sucedido, además de honrar a sus bisabuelos. Es algo tan simple y tan profundo a la vez. ¿Cuántas veces en nuestras familias hemos experimentado esa continuidad, ese orgullo de nuestras raíces por más dolorosas que sean, de recordar a nuestros ancestros? Y hablo de una remembranza privada dentro del núcleo familiar que nos haga sentirnos orgullosos de lo que somos y de dónde venimos.

    Esto hace un contraste muy grande cuando Poppy le pregunta a varios niños polacos si ellos sabían lo que sucedió en Polonia, lo que le sucedió a los judíos, y estos niños responden que no lo sabían. ¿Cómo es posible que no sepan? Se estima que alrededor de 3 millones de judíos polacos murieron en el holocausto, sin embargo, otros 3 millones de polacos no judíos también fueron víctimas de la Segunda Guerra Mundial, estas víctimas fallecieron en la represión inicial, las muertes civiles de la guerra, la oposición y resistencia, grupos minoritarios que fueron asesinados también en campos de concentración, aunque no fuesen judíos y las víctimas de la posterior ocupación Soviética. ¿Por qué esos niños polacos no conocen su historia? ¿Por qué tratar de ocultar un pasado oscuro, sobre todo si ellos también fueron víctimas? No es el caso de Alemania por supuesto, ellos si se han encargado de recordar ese pasado. Aún así, no ha sido de la misma forma que lo hacen los judíos, y es algo que debemos de reconocer y admirar.

     

    Tampoco tratemos de imponer una historia unificada porque cada cual vivió lo que le tocó vivir, y en eso consiste la riqueza de la historia, en darnos cuenta de que una nación tiene más de una historia, no solo la que nos conviene para poder cobrar algún tipo de reivindicación o para lograr determinado fin. Tomemos un momento para hablar con nuestros hijos, para transmitirles nuestro legado y que se sientan orgullosos de quienes son, y sobre todo que recuerden la historia.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 20 de abril de 2018. Puede ver el original acá.

    Visite este enlace para la entrevista completa al Doctor David García Hernán.

  • Yo, la víctima

    Yo, la víctima

    Ser una víctima está de moda, crear víctimas aún más. El victimismo se ha convertido en la herramienta política de nuestros días. Alcanzamos más poder en la medida que victimizamos a las personas que mejor sirven a nuestros intereses políticos. Tener coraje y ser valiente está mal visto, es más útil ser una víctima.

    Son muchos los que han escrito sobre la victimización, esta se ha convertido en una epidemia en nuestros días. El criminal y el asesino son víctimas de la sociedad, el violador es víctima del abuso que sufrió o de las enfermedades mentales que padece, el pobre es víctima del hambre y la ignorancia, el niño malcriado es víctima del divorcio de los padres o de la hiperactividad, etc., y al final del día las verdaderas víctimas son olvidadas o quedan rezagadas. No les queda otra alternativa que no sea la de aceptar su papel de víctimas.

    En pocas palabras la joven que ha sido violada por un pandillero tendrá que aceptar que, si bien ella fue abusada sexualmente, eso se debe a que el pandillero es una víctima de la sociedad, ¿se dan cuenta la irracionalidad de todo esto? Pero lo escuchamos a diario, lo vemos a diario.

    La agenda de lo políticamente correcto busca precisamente eso, crear una tiranía por medio de la «benevolencia» y olvidan que lo que debe prevalecer es la verdad y la justicia.

    Nos hemos enfocado en justificar las intenciones de las personas y nos olvidamos de que lo que realmente debe importarnos son las acciones. La comisión de un delito ha pasado a segundo plano y ahora la sociedad solo desea saber ¿por qué? y de preferencia etiquetar al criminal como víctima y diagnosticarle algún tipo de trastorno mental si sus acciones no pueden ser justificadas con su entorno social. Pobre de aquel que tenga la osadía de cuestionar a la «víctima», porque inmediatamente es tachado de ser un ser despiadado que no tiene compasión hacia sus semejantes y carece de empatía, por ende, de humanidad. Pero olvidamos que la maldad humana existe, sí como lo leen, existe. Para muchos aceptar la maldad humana es difícil, ya que lo identificamos con una concepción arcaica o una visión religiosa del bien y el mal (Dios y el Diablo), no me refiero a eso, me refiero a la verdadera maldad humana, aquella que no admite justificación, simplemente es.

    Hace algunos años leí el libro del psiquiatra estadounidense M. Scott Peck titulado: “People of The Lie˝, (Gente de la mentira). Y es quizá uno de los libros más impactantes y aterradores que he leído. Y no porque contenga nada terrorífico en el sentido literario, es aterrador porque deja al descubierto a la verdadera maldad humana. Al inicio del libro el autor dice que un psiquiatra debe abstenerse de emitir juicios de valor, sin embargo, indica que se siente obligado a hacerlo y afirma que la maldad humana existe. En el libro nos narra una serie de experiencias que tuvo con pacientes a lo largo de su carrera como psiquiatra y lo peor de todo, es que es fácil para el lector identificar a personas y situaciones similares. La maldad humana dice, no la encontramos en las cárceles, la encontramos en individuos funcionales que cometen actos de maldad que tienen ramificaciones aún mayores que sí dispararan y asesinaran a un grupo de personas. Estas personas siempre esconden sus acciones detrás de la intención. —¡No fue mi intención hacerlo! —exclaman.

    Peck hace la distinción entre enfermedades emocionales o mentales y la maldad. No descarta que hay padecimientos mentales que llevan a individuos a cometer actos de maldad. Describe la maldad como una «ignorancia militante». Están obsesionados con mantener una imagen de honorabilidad que no admite ser cuestionada y por lo general escogen muy bien a sus víctimas. Son individuos queridos por la mayoría y respetados en su comunidad. Sus víctimas son percibidas como personas paranoicas o demasiado sensibles. Estos individuos suelen llegar a alcanzar posiciones de poder y liderazgo en la sociedad.

    El libro de Peck fue publicado en 1983, cuando él lo escribió no podía ni imaginarse en lo que la sociedad se convertiría. Somos una sociedad que vive de la imagen y de la percepción, una sociedad que justifica los actos criminales con tal de alcanzar fines políticos. Cada año un mayor número de personas salen del anonimato para alcanzar sus 5 minutos de fama en las redes sociales, haciendo casi cualquier cosa para obtenerla. Por lo tanto, el peso de la opinión pública —aunque sea el mismo puñado de individuos que trata de dirigir la agenda política—, es muy importante. Y harán lo que sea para no caer en desgracia ante estos ídolos de papel, lo que está generando una tiranía de opinión que no admite cuestionamiento y nos estamos convirtiendo en una sociedad que victimiza los actos criminales. Aprendamos a tener coraje de decir lo que pensamos, disentir no es un delito, por el contrario, es uno de los pilares de una sociedad sana y libre.

    Por lo tanto, si no están de acuerdo con lo que he escrito, recuerden que yo también soy una víctima de la sociedad heteropatriarcal opresora de derecha militarista en la que crecí y no me pueden cuestionar, al contrario, espero su empatía y por supuesto sus comentarios deben ser positivos y alentadores, —sarcasmo—.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 13 de abril de 2018. Puede ver el original acá.