Etiqueta: Política

  • Los virtuosos

    Los virtuosos

    En las últimas semanas he notado el resurgimiento de los virtuosos que, a falta de tener una fanaticada, salen ellos mismos a enumerar su lista de virtudes en potestad de su ideología, valores y creencias. Asumo que el fenómeno irá en aumento a medida que se aproximen las elecciones. Comencemos por definir qué es la virtud, según el diccionario de la RAE la virtud es: «la disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza. Integridad de ánimo y bondad de vida. Acción virtuosa o recto modo de proceder».

    Los virtuosos proliferan en épocas grises como la actual, cuando ya los extremos se demonizan y comienzan los analistas de costumbre a condenar la radicalización de los extremos ideológicos —posturas que estos mismos ayudaron a radicalizar y que hasta hace poco defendían—, y hoy se tornan cual paladines de la justicia para hablar de las virtudes del grupo al cual representan.

    No olvidemos que más de una tiranía ha nacido en nombre de estas «virtudes», aquel que las predica por lo general las usa como como una herramienta de poder para poner a todos los ciudadanos en cadenas, a excepción de quien supuestamente las posee.

    Es fácil apelar a la virtud y a la moral para obtener votos, ¿quién no desea un mundo mejor? Y qué mejor que entregarle la responsabilidad a alguien virtuoso, ¿no? Sin embargo, un país no se gobierna con virtuosos, se gobierna con gente capaz que sepa lo que está haciendo, a menos que el “virtuoso” sea una excepción y sepa lo que hace.

    Me atrevo a decir que la contienda está cantada, veremos una campaña electoral cual película de Marvel, cargada de virtuosísimos superhéroes, en donde el debate electoral lo dominarán las virtudes de los candidatos y obviamente atacarán al que carezca de ellas. Quien se oponga, se encontrará del lado oscuro, el Thanos de la política nacional, sediento de poder. Nuestra triste realidad es que en la gran mayoría de políticos se parecen más a Thanos o en el mejor de los casos a Sauron, si en vez de Marvel hacemos la analogía con Tolkien.

    Una cosa es hablar de la virtud y otra muy distinta es actuar conforme a ella y esto prácticamente describe a la mayoría de los demagogos, que se venden como figuras angelicales y mesiánicas. Ahora bien, no desestimemos el valor de los políticos carentes de virtudes y carismáticos, Alfonso Portillo, condenado por corrupción y que no mató a uno sino a dos, —sus palabras no las mías—, es altamente popular. Aunque no veo a ninguno con esas características perfilándose como candidato para las próximas elecciones. Me da la impresión de que la lucha del bien contra el mal o corrupción versus lucha anticorrupción, será lo que defina la agenda política como ha sido hasta ahora, por supuesto puedo estar equivocada.

    Quiero aclarar que no estoy en contra de que un político virtuoso nos gobierne, pero me parece poco probable que esto suceda, como ya lo expresé, prefiero a un político capaz. De nada sirve tener a un “virtuoso” a cargo del gobierno que no sabe ni dónde está parado y con la cabeza llena de ideales que no podrá ejecutar o peor aún a una “virtuosa” rodeada de los mismos corruptos y vividores de siempre.

    No caigamos en el juego de las virtudes, exijamos planes de gobierno concretos y realistas, políticas públicas puntuales, porque si nos perdemos en esa lucha abstracta del bien contra el mal vamos a terminar en lo mismo, es más, sospechen y cuestionen a todo aquel que se presente como un virtuoso, una persona virtuosa no presume de ello, simplemente lo es y se le conoce como tal.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 24 de agosto de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¿Qué está pasando?

    ¿Qué está pasando?

    Nuestro país está completamente dividido y hay tantas facciones que desean hacerse del poder que es difícil saber lo que en realidad sucede. La guerra por la desinformación ha alcanzando niveles irracionales, por lo que es muy distinguir entre lo que es verdad y lo que es manipulación. Por ejemplo, si circula el rumor de que el presidente va a pedir la expulsión de la CICIG y al mismo tiempo circulará el rumor de que se está fraguando un golpe de estado técnico contra el presidente Morales. Salen ambos grupos a gritar golpe de estado, y al final no pasa absolutamente nada. No eran más que rumores por parte de unos y otros.

    Hoy tenemos una nueva Fiscal General, la era de Thelma Aldana termina e inicia la de Consuelo Porras. La mayoría nos preguntamos, ¿qué va a suceder? Los comentarios que he escuchado sobre ella y su equipo son favorables. Todos esperamos que continúe la lucha contra la impunidad, pero más que nada, esperamos que actúe con apego a las leyes del país, al estado de derecho, a la Constitución Política de la República, y que actúe con equidad sin prestarse a juegos y presiones políticas.

    Tan pronto se dio el anuncio de su nombramiento, comenzaron a circular las opiniones encontradas, unos la felicitaban mientras que otros ya la llamaban la «fiscal de la impunidad». ¿Qué les pasa? Podemos darle al menos el beneficio de la duda, esperar un poco para poder ver cómo será su mandado y que acciones tomará antes de comenzar con las opiniones. Con esto no quiero decir que no estemos facultados para opinar. Pero una cosa muy distinta es opinar y otra aseverar, y el problema es que acá se la pasan aseverando demasiadas cosas, las cuales en su mayoría han terminado siendo falsas, creando caos y confusión entre la población.

    Versa el refrán «cuando el río truena, piedras lleva», por lo que no dudo que exista algo detrás de los rumores, tristemente la línea divisoria entre la verdad y la manipulación se hace cada día más delgada y cuesta mucho saber lo que está sucediendo. Lo más triste es ver como muchos individuos y analistas que tienen sobre sus hombros la responsabilidad de ser objetivos se prestan a un juego tan sucio.  Justo ayer comparaba los comentarios de varios de ellos y están prácticamente calcados los unos de los otros, todos enfocados en la misma agenda y en la misma dirección. Y son estos manipuladores de la verdad los primeros que salen a hablar de libertad de expresión y no dudan en llamar «netcenter», a quien opine lo contrario o a quienes los cuestionan.

    ¡Basta ya! Aprendamos a opinar aclarando que es una opinión, no aseveremos nada a menos que estemos completamente seguros de que es verdad y, sobre todo, no nos prestemos a propagar rumores. Bien podríamos dejar de compartir todo lo que nos llega por WhatsApp, analizarlo y leerlo con calma antes de que lo demos por un hecho. El problema principal de los rumores es que pueden desencadenar verdaderas crisis políticas, sociales y económicas. En una sociedad como la nuestra que atraviesa una grave crisis que no hemos sido capaces de superar, somos un blanco fácil de estos rumores que son generados para sembrar caos y manipularnos, obteniendo así el resultado deseado.

    La responsabilidad de preservar la verdad de la información es de cada uno de nosotros, aprendamos a discernir entre la verdad, una opinión y una manipulación, pero, sobre todo, no nos prestemos a ese juego burdo de quienes manipulan la opinión para conseguir sus propios fines porque sino nunca sabremos con certeza, qué está pasando.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 4 de mayo de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¡Un poco de congruencia!

    ¡Un poco de congruencia!

    Los últimos días han demostrado la poca congruencia que existe en nuestro país. La congruencia crea consistencia y esta a su vez, credibilidad y confianza. ¿Qué es la congruencia? La palabra congruencia deriva del latín congruentia, y según el diccionario es la «coherencia o relación lógica que se establece entre dos o más cosas».

    En el ámbito personal, una persona congruente es aquella que vive y actúa según su escala personal de valores y creencias. Hay una relación entre lo que se piensa, se dice, se hace y se siente. Lo contrario de llevar una vida congruente es lo que se conoce psicológicamente como «Disonancia Cognitiva», y «hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias».

    Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que la mayoría de personas no le dan importancia a la congruencia. Es importante tener presente que la congruencia no es algo que necesariamente genera un beneficio a la sociedad, es un beneficio altamente personal y tampoco está relacionado con la moral. Un asesino puede ser congruente consigo mismo ya que vive según su escala de valores y creencias, por más distorsionadas que estas sean.

    Siento un desconsuelo muy grande al ver cómo algunos individuos en nuestra sociedad han demostrado carecer por completo de congruencia. —No voy a entrar a juzgar la moralidad, la ética y los valores, intentaré mantenerme en el ámbito de la congruencia—.

    No es posible que personas que hasta hace poco criticaban abiertamente a otras por su condición, privilegios y estatus, ahora los reciban con los brazos abiertos tan solo porque sus agendas e intereses coinciden en este momento. —De quienes cambian de bandera y estandarte a su conveniencia, no me voy a tomar la molestia de hablar, estos ya han quedado evidenciados y será la historia y quien los juzgue—.

    Aun así, no deja de asombrarme como alguien que hasta hace poco «luchaba» o más bien criticaba todo lo que estos representan, hoy se sienta a su lado y los recibe con camaradería. ¡Es verdaderamente patético! ¿Tan grande es su necesidad de aceptación? Eso significa que la crítica nunca fue en contra de lo que estos individuos representan, por el contrario, fue una crítica motivada por la envidia. Criticaban por el hecho de no estar en su posición y no pertenecer a su cúpula. Esas alimañas, porque no tengo otra palabra para denominarlos jamás los verán a su altura y ustedes nunca serán sus pares, es bastante ingenuo pensar lo contrario.

    ¿Qué credibilidad pueden tener de ahora en adelante quienes estuvieron dispuestos a pactar con aquellos que representan todo lo que dicen repudiar? ¿Es eso congruente? La otra alternativa es que no hayan sido más que unos charlatanes y es ahora cuando están actuando con congruencia. Y, por lo tanto, nos toca a nosotros cuestionarnos todo lo que estos bufones han dicho y expresado hasta el momento, y darnos cuenta de que hemos vivido engañados.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 3 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

     

  • La moral

    La moral

    Hablar de moral es complicado, ¿qué es la moral?, ¿qué determina la moral?, ¿es objetiva o subjetiva? Es un tema que ha ocupado a filósofos y pensadores a lo largo de la historia.  Se define como moral a una «disciplina filosófica que estudia el comportamiento humano en cuanto al bien y el mal. Y también al conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad».

    La moral es muy difícil de juzgar, y el derecho juzga las acciones no las intenciones. Evidentemente la infracción de normas morales, en muchos casos, tiene como resultado que se cometa un delito penado por la ley. En el caso de los matrimonios infantiles, es bastante claro. En algunas culturas es algo aceptado, pero para la mayoría es una inmoralidad casar a un menor de edad con un adulto, y constituye un delito.

    Todos hablamos de la moral y me atrevería a decir que la mayoría hemos juzgado acciones inmorales. Pongamos el ejemplo de la persona que comete una infidelidad a su pareja, eso es considerado un acto inmoral para quienes se han comprometido a llevar una relación monogámica. ¿Qué sucede si la pareja lo sabe y lo acepta por temor a perder a su pareja? ¿No creen ustedes que aceptarlo, esa actitud pasiva es de igual forma un acto inmoral? Al no hacer nada aceptamos implícitamente la inmoralidad. Es lo mismo cuando vemos que el vecino se está robando el cable y no lo reportamos, para no «meternos en problemas» con los vecinos. O cuando un compañero de trabajo se roba insumos de oficina y nos hacemos de la vista gorda. Esa «no acción» da un consentimiento tácito. Es muy fácil llamar inmoral y delincuente a alguien, pero ese no actuar nos convierte en cómplices de la inmoralidad e inclusive de un delito, si no es denunciado. Esto se ve mucho en casos de abuso sexual a menores y no lo digo por el menor, sino por los adultos a su cargo.

    Cité los ejemplos anteriores, porque es muy fácil darnos baños de pureza, pero en realidad son muy pocos quienes actúan acorde a sus principios morales y denuncian estos hechos. Y en una sociedad como la nuestra, dónde se aplauden este tipo de conductas inmorales, es un tema aún más complejo. La pareja víctima de la infidelidad dirá que acepta la situación o no dice nada porque no quiere perder a su pareja o la estabilidad, o que lo hace por amor, por su hogar, o sus hijos, etc. Y es comprensible, pero lastimosamente eso es consentir un acto inmoral, por más víctima que se sienta de la situación.  La gran mayoría finge demencia ante estas situaciones, —si me hago el tonto, el que no tengo conocimiento, es más fácil librarme de las consecuencias—, piensan.

    Y de esta forma llegamos a los actos de corrupción, de los cuales, si los aceptamos y nos volvemos partícipes, somos tan inmorales y corruptos como quienes los cometen.

    Por lo tanto, la próxima vez que decida quedarse callado, aceptar y no actuar, al menos reflexione y sea consciente de que es usted un inmoral y un cómplice.

    Imagen cortesía de Ryan McGuire.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 11 de agosto de 2017. Puede ver el original acá.

  • Patria

    Patria

    El diccionario de la Real Academia Española, define «patria» como: 1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. 2. f. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido. En Guatemala, da la impresión que el único significado que se aplica a nuestra «patria», es el segundo.

    Cada día la división se hace más sensible, el ambiente está tan denso que se podría cortar con una daga. Hay crisis en todos los sectores, muchos piden a gritos una refundación del Estado de Guatemala. A mí esto último se me hace un poco irónico, ya que para que exista un estado primero debe haber una patria integrada por, «vínculos jurídicos, históricos y afectivos». Lo que termina convirtiéndose en un círculo vicioso del cual, cada vez me siento más pesimista que podamos salir.

    ¿Por qué es esto? Difícil decirlo con certeza, estoy segura de que cada cual tendrá una teoría distinta, les diré la mía. Tristemente en este país cada grupo o sector sólo busca su propio beneficio. Se llenan la boca de palabras bonitas y se golpean el pecho pidiendo unidad nacional, cuando son los primeros en crear divisiones. Piden igualdad, pero tienen un concepto muy particular de la igualdad. Desean una igualdad excluyente. Piden una reivindicación por las injusticias cometidas hacia su grupo, sin darse cuenta de que muchas de las cosas que solicitan traerán como consecuencia, que se cometan injusticias en contra de otros.  Los mercantilistas son iguales, se agrupan y agremian, hacen seminarios, foros y demás, solicitando que este país se unifique, pero no dan el primer paso que sería renunciar a sus beneficios. ¿Y por qué habrían de hacerlo? ¿Acaso los otros grupos harán lo mismo? ¡Por supuesto que no!, acá falta voluntad política real. La guerrilla firmó la paz, pero no dejan la persecución, resarcimiento le llaman. ¿Para cuándo creen ustedes que terminaremos con eso y podremos seguir adelante? Yo no digo que no se hayan cometido injusticias y no haya víctimas verdaderas. Pero cada día se evidencia más que lo único que buscan es venganza. Y no es lo mismo justicia que venganza.

    La injerencia extranjera es la guinda del pastel ¿Qué tanto les importa Guatemala? ¿Nunca se lo han preguntado? No es que seamos un país rico en recursos naturales que ellos quieran explotar. Tampoco nos colonizaron para decir que están expiando culpas. Claro que tenemos una ubicación privilegiada y tener el control sobre nuestro país es un tema geopolítico. Pero, para poder tener control geopolítico necesitan estabilidad y gracias a su injerencia, estamos bien lejos de lograrla.

    Ojalá llegara el día en que tengamos una verdadera patria y seamos todos guatemaltecos, representantes de un país unido por tantas cosas bellas que tenemos en común. Un pasado del cual nos sintamos orgullosos, un futuro que todos ayudemos a forjar. Un país que deje por un lado las etiquetas. Por ahora pareciera que lo que nos une, es la división y el conflicto.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 4 de agosto de 2017. Puede ver el original acá.

  • La pubertad política

    La pubertad política

    El pasado 27 de junio se anunció en los medios de comunicación la nominación del guatemalteco americano, Luis Arreaga como embajador de los Estados Unidos en nuestro país. Las reacciones en las redes sociales y medios de comunicación no se hicieron esperar.

    La derecha se mostró complacida por la salida del embajador Robinson (aunque, el cambio ya se esperaba), y se mostró entusiasta y positiva por el nombramiento de Arreaga. Por su parte la izquierda también celebró el nombramiento, aduciendo que Arreaga continuará con la agenda política del embajador Robinson.

    En lo personal no se me escapa la ironía de que, en pleno Siglo XXI, para ser exactos, el año 2017, estemos celebrando el colonialismo y la carencia total de soberanía. Sin embargo, no falta el que casi a diario sale culpando a los españoles y a la conquista por todos nuestros males. ¿Se han dado cuenta que los españoles se fueron hace casi 200 años? Ellos no son responsables de lo que hemos hecho y lo que ha sucedido desde entonces. Sin embargo, acá causa furor el nombramiento de un embajador extranjero con total injerencia sobre el territorio nacional. También me parece irónico que, quienes fueron en un principio los defensores de esa «soberanía», sean hoy quienes celebren la injerencia extranjera. «¡Mi Presidente Todd!», se les escucha decir. ¿Dónde queda el orgullo de haber sacado de Guatemala a la United Fruit Company? El Ferrocarril murió con su partida, así como muchos puestos y oportunidades de trabajo. Pero son ellos quienes celebran el nombramiento del nuevo embajador y su posible agenda política. Una agenda política que no conoceremos hasta que tome posesión de su cargo. Ambos grupos han querido leer entre líneas lo que se sabe del nuevo embajador, y cada cual ha sacado conjeturas, a su conveniencia. Considero oportuno convertirse en un observador prudente, no vaya a ser que luego tengan que tragarse sus propias palabras, y recuerden que el Internet no olvida.

    Hace algunos años leí el libro «Bananas, How the United Fruit Company Shaped the World» del escritor Peter Chapman, el libro no me gustó por su falta de objetividad. Pero para quienes incongruentemente defienden la injerencia hoy, y critican la de aquel entonces, les recomiendo su lectura. En lo personal, considero una hipocresía que celebremos de esta forma la injerencia de otro Estado, pero critiquemos lo que hicieron los españoles y la Frutera en su momento. Sin embargo, la diferencia radica en que hoy la injerencia de ese Estado, favorece los intereses de sus defensores, mientras que ni los españoles ni la Frutera lo hicieron. Entonces, el tema no es de soberanía ni de sacar adelante a Guatemala, porque si así fuera, la United Fruit Company nunca debió partir. Es un tema de acomodar intereses personales y agendas políticas.

    Guatemala me recuerda al adolescente que quiere independencia, pero no tiene la madurez para serlo. Seamos honestos, en casi 200 años de vida independiente, aún nos encontramos en plena pubertad política.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 30 de junio de 2017. Puede ver el original acá.

  • Congruencia

    Congruencia - www.carminavaldizan.com
    Congruencia – www.carminavaldizan.com

     

    La palabra congruencia deriva del latín congruentia, y según el diccionario es la “coherencia o relación lógica que se establece entre dos o más cosas”.

     En el ámbito personal, una persona congruente es aquella que vive y actúa según su escala personal de valores y creencias. Hay una relación entre lo que se piensa, se dice, se hace y se siente.

    Lo contrario de llevar una vida congruente es lo que se conoce psicológicamente como “Disonancia Cognitiva”, y “hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias” [1]

    ¿Por qué es importante ser congruente?  Porque solo de esta forma lograremos ser felices y viviremos en armonía con nosotros mismos, así de simple.

    Desgraciadamente vivimos en una sociedad donde la mayoría de personas no le dan importancia a la congruencia. Es importante tener presente que la congruencia no es algo que necesariamente genera un beneficio a la sociedad, es un beneficio altamente personal. La congruencia tampoco es necesariamente moral. Un asesino puede ser congruente consigo mismo, ya que vive según sus valores y creencias.

    Otro ejemplo sería el de la persona que es altamente religiosa, y lleva una vida con las exigencias y rigor que su religión le exige. Sin embargo, podría ser una persona inflexible, con poca tolerancia y que no acepta a las personas que no actúan, piensan o son como ella. Por lo tanto genera pensamientos, sentimientos y reacciones adversas en contra de estas personas que no comparten sus creencias. Esta persona, por más que rece, y siga todos los ritos relacionados con su religión, le será difícil alcanzar la paz consigo misma y no está siendo congruente con lo que deberían de ser los valores de una persona practicante.**

    Aquí se me viene a la mente la canción de Ricardo Arjona “Jesus es Verbo no Sustantivo”, que dice en una de sus estrofas: “De mi barrio la mas religiosa era doña Carlota hablaba de amor al prójimo y me pincho cien pelotas”

    Sería congruente, si en vez de sentir rencor o adversidad hacia estas personas que no son como él o ella, practicara las enseñanzas de su fé, y simplemente las aceptara tal y como son.  Si desea ayudarles, podría hacerlo elevando sus oraciones o enviando pensamientos positivos de amor y respeto hacia ellos.

    Por supuesto no puedo dejar de lado a los políticos, estos son los seres más incongruentes que conozco, y no se quedan atrás los votantes que año tras año se creen las promesas electorales para luego sentirse defraudados.

    Muchos hemos criticado la hipocresía de de la política estadounidense. Los Estados Unidos es una sociedad altamente liberal, donde el consumo de la marihuana, el aborto y el matrimonio homosexual son permitidos en varios Estados, temas que aún son un tabú en una sociedad como la nuestra.

    Sin embargo, los políticos en Estados Unidos deben comportarse con total honorabilidad o son obligados a renunciar a sus cargos, y pedir disculpas públicamente cuando son descubiertos en actos de corrupción, teniendo relaciones extramatrimoniales etc.

    ¿Por qué? ¿Serán unos hipócritas que manejan el doble estándar? La respuesta debería de ser sí y no. Claro que hay un doble estándar, pero también es un acto congruente, porque no podemos confiar en una persona que sea incongruente consigo misma. Si te has vendido ante el electorado como una persona íntegra y honorable más vale que lo seas y actúes de conformidad. Esa incongruencia genera una falta de credibilidad y sobre todo falta de confianza. Adicionalmente el electorado no debe de ser necesariamente congruente para exigir congruencia de sus gobernantes. Recordemos que que hay una diferencia entre lo que es esfera pública y esfera privada. El político pertenece a la esfera pública y esta sujeto al escrutinio.

    Volviendo a nuestro entorno, somos incongruentes porque esperamos tener un país mejor, ¡Una Guatemala mejor! pero votamos por el político más fanfarrón que obviamente no va a cumplir sus promesas electorales. Lo sabemos, pero igual “queremos creer”. Estamos siendo incongruentes, porque no estamos actuando acorde con lo que pensamos, queremos y sabemos.

    Decidí escribir sobre la congruencia porque últimamente me he visto rodeada de situaciones que me han hecho meditar mucho sobre este tema, tanto en situaciones laborales como personales.

    He visto amigos que desean una relación de pareja estable y feliz con una persona que sea su par. Como diría Ayn Rand, tu par es la representación física de tu escala de principios y valores en otra persona, “cuando el amor es una integración consciente de razón y emoción, de mente y de valores, entonces y solo entonces es la mayor recompensa en la vida de un  hombre”.[2]

    Desgraciadamente muchos la sacrifican por miedo a la soledad, y se ven envueltos en relaciones que carecen de congruencia.

    Lo que les puedo decir con total honestidad es que nunca he sido más feliz que en aquellos momentos en los que logro tener total congruencia entre lo que deseo, anhelo, siento y creo y hago.

    Desgraciadamente, es un estado difícil de mantener, pero debería ser nuestro ideal máximo si deseamos alcanzar nuestros sueños, paz interior y felicidad.

    [1] http://es.wikipedia.org/wiki/Disonancia_cognitiva

    [2] Ayn Rand El Manifiesto Romántico 1966

    ** En este ejemplo me refiero a los valores y principios del cristianismo.

    *** Gracias Marta Yolanda, Majo, Gloria, Diego y Santiago por sus valiosos aportes, gracias a ustedes mi vida es más congruente.