Etiqueta: Guatemala

  • Ancestrales

    Ancestrales

    Hace unos días grupos de izquierda quisieron usar la carta del racismo con acusaciones falsas para cancelarnos a mí y a mis compañeros de Pulso Republicano de la opinión pública. 

    Es verdad que yo comparé la palabra ancestral con Neandertal, mas no indígena con Neandertal como lo han querido hacer ver. 

    Bajo mi punto de vista es erróneo y hasta peyorativo referirnos a los pueblos indígenas, como “ancestrales”, me explico. 

    La cultura Maya es ancestral, así como lo son las ruinas de sus templos y ciudades, no así quienes conforman hoy los pueblos indígenas de Guatemala. Ellos son personas vivas, no son un pasado “ancestral”, son el presente. 

    Es cada vez más frecuente que les denomine como,“pueblos ancestrales”. Hay personas que se refieren a ellos como “los ancestrales”, lo que me parece a mí, despectivo. ¿Son los indígenas ancestrales? ¡No! Son comunidades actuales con necesidades actuales y sí, con una historia milenaria. Pero lo ancestral es su historia y su cultura, no los guatemaltecos que conforman hoy estas comunidades. 

    No sé con exactitud cuándo comenzaron a llamarles o llamarse así, en la Constitución se les reconoce como pueblos indígenas. Revisando la legislación internacional, tanto en el Convenio 169 de la OIT y en referencias del Banco Mundial también se les llama pueblos indígenas y tribales, no ancestrales, ¿a qué se debe el cambio?, ¿por qué?

    ¿Lo harían para reconocer su historia y su legado? Estoy de acuerdo en que eso es importante, pero para eso se enseña la historia y se continúa con las tradiciones culturales para preservarlas. No se logra nada poniendo etiquetas. 

    Mi argumento es que al llamar ancestrales a los indígenas, se les degrada, ¿por qué? Porque la palabra ancestral se refiere a algo muy lejano y remoto en el tiempo. Ellos no pertenecen al pasado, son parte delpresente y futuro, y no de un pasado lejano, somos todos guatemaltecos. Quizás es por ello que no logramos construir los puentes que se necesitan para que trabajemos todos juntos y forjar la identidad y unidad de país que tanto necesitamos. 

    Me da la impresión de que algunos hasta consideran que es romántico y heróico, mantenerlos rezagados y congelados en el tiempo, como si en vez de personas, los  “pueblos ancestrales” fueran ruinas que no pueden alterarse, solo preservarse. Y olvidan que, como toda civilización humana, el dinamismo, el cambio y el progreso son o deberían de ser, la constante.  

    ¿Por qué no cuestionamos y debatimos esto? No puedo creer que solo a mi se me ocurra cuestionarlo en un arrebato, que lo fue, en un programa radial. ¿Por qué no hablamos de la importancia del significado de las palabras? 

    Las palabras son importantes y por ello la batalla cultural, se está llevado a cabo también en el lenguaje. Existe una apropiación de palabras y alteraciones en su significado original para ideologizarlas e instrumentalizarlas con fines políticos. ¿Es este un ejemplo de ello? 

    No puedo terminar sin reafirmar lo que expresé en la radio, cada cual es libre de decidir cómo desea ser llamado, y lo respeto. Simplemente a mí me parece incorrecto y despectivo que se use ancestral para referirse a los pueblos indígenas, como si su valor sólo fuera histórico y simbólico, como si los pueblos indígenas no estuvieran hoy entre nosotros y no fueran parte del presente de nuestra nación.

    Para escuchar la versión audio, publicado en El Siglo pueden acceder a este enlace.

  • Doce años después

    Doce años después

    Llegó el tan ansiado para unos y tan temido para otros, 3 de septiembre. Desde hace poco más de un año, cuando el presidente Morales anunció que no renovaría el mandato de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala —CICIG—, no faltaron las celebraciones, las denuncias, los amparos, el enojo, el desamparo y la euforia. Sentimientos tan opuestos y encontrados, como en el estado en que deja a la sociedad guatemalteca esta comisión luego de doce años en nuestro país. 

    Muchos periodistas, analistas, juristas y tecnócratas se darán a la tarea de analizar el desempeño de la comisión y por ello no los voy a aburrir escribiendo cosas que personas más versadas y conocedoras que yo, ya han dicho o lo estarán por decir.

    Sin embargo, si quisiera hacer énfasis en el desgaste moral que deja en la sociedad guatemalteca. Sea cual sea la postura, tanto de apoyo como de desaprobación de la comisión, nos está dejando desgastados, consumidos y divididos. ¿Cómo, por qué? ¿No fue acaso en el 2015 que nos unimos todos en la plaza bajo una misma consigna? ¡No más corrupción! 

    ¿Por qué hoy entonces hay un ambiente de fatiga, cansancio, desgaste? Porque, así como la comisión nos abrió los ojos para ver la corrupción y el alcance que esta tiene en nuestra sociedad, nos hizo poner los ojos sobre la misma CICIG y darnos cuenta de que «no todo lo que brilla es oro». La comisión que fue creada para combatir la corrupción y la impunidad terminó siendo corrupta e impune, tanto o más que aquellos que decía combatir y todo esto sucedió ante la mirada vigilante de la sociedad, ¡La ironía! 

    No todos lo aceptan y no todos quieren reconocerlo, esto se debe a la división y fractura social que causó. Cuando un ente que debe de ser objetivo e independiente se politiza y toma partido como sucedió con la CICIG, es difícil encontrar un punto medio, pues siempre habrá víctimas de sus acciones, así como otros que se sienten amparados y protegidos.

    Los últimos cuatro años de la comisión los sentí de forma personal como una batalla en las trincheras. Disentir y cuestionar el trabajo de la comisión se convirtió en sinónimo de apoyar la corrupción, ¿por qué? Es el deber ciudadano cuestionar y estar vigilante, es algo que la misma comisión nos enseñó, obviamente nunca esperaron que, con sus desaciertos, la sociedad que había aprendido a abrir los ojos volcara su mirada hacia ellos. El peor error de quienes crearon la CICIG fue crear un ente que no tuviera fiscalización y que por esto mismo, en sus últimos años le rindiera culto a la personalidad del comisionado Iván Velásquez, quién gracias a su ego y falta de visión es el responsable de que la comisión se vaya hoy de nuestro país. 

    Algo positivo que nos deja la CICIG es el hecho que sí hubo gente que se pensó intocable y le tocó enfrentar a la justicia. Nunca habíamos visto caer un gobierno por corrupción y eso nos enseñó a ser vigilantes. Esa vigilancia creó en nosotros una consciencia real del alcance que tenía la corrupción en nuestro país. Nos ha hecho ver en los procesos, que un caso mal planteado y sin pruebas suficientes no nos lleva a ningún lado. También nos hizo ver las injusticias que se pueden cometer en nombre de la justicia. Y que quien manda a fin de cuentas es el pueblo, por eso considero una falacia quienes dicen que la mayoría de la población aprueba la labor de la comisión, si así fuese, hoy no se estarían yendo. Pero ellos mismos nos abrieron los ojos y fue por partes iguales, vemos los errores del gobierno y los suyos propios. 

    A la CICIG no debemos verla como un capítulo que se cierra, sino más bien como un libro que termina. Hay demasiada división, sangre, injusticias, vejaciones como para querer escribir otro capítulo. Debemos cerrarlo por el bien de nuestro país y escribir uno nuevo, en el que quizás, sí prevalezca la justicia, el imperio de la ley y el estado de derecho a la hora de combatir la corrupción y la impunidad. 

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 3 de septiembre de 2019. Puede ver el original acá.

  • ¿Hubo fraude?

    ¿Hubo fraude?

    No, por supuesto que no hubo fraude en las urnas y me parece una irresponsabilidad como muchos lo están insinuando. Sin embargo, no podemos negar que existieron muchas irregularidades y errores debidos a la incompetencia del Tribunal Supremo Electoral.

    Recuerden que ya hemos hablado de cómo funciona la teoría del rumor, solo se necesita de un hecho falso que parezca creíble y que contenga ciertos elementos de verdad, como en este caso, y entonces gritan ¡fraude!, sin tan siquiera analizarlo.  

    Definitivamente hay inconsistencias en la forma en que fueron digitadas algunas actas, más no en la digitalización y para eso es necesario comprender ambos conceptos. Un ser humano digita los números de forma manual lo cual no está libre del error humano, los invito a ponerse a digitar una fuerte cantidad de números a ver si no cometen ningún error. Lo segundo es la digitalización de las actas por medio de un escáner o fotografía del acta original, ahí no hay pierde es una copia fehaciente.  

    Ahora bien, de lo que he podido observar de estas inconsistencias es que hay mesas en las que por ejemplo un partido en el acta tenía 70 votos y les habían digitado 7, definitivamente hay 63 votos de diferencia, que no es poca cosa para una mesa, pero es un número pequeño en el contexto global. De más está decir que se le deben acreditar sus 63 votos faltantes. En otros casos, por el contrario, tenían 2 votos en el acta y les digitaron 20, es lo mismo, tienen 18 votos de más que deben restarlos. Pero cuando vemos el número de denuncias por este tipo de irregularidades no alcanzan una masa crítica como para decir que hubo fraude y no alteran el resultado final de los comicios. No me mal entiendan, esto sí podría generar cambios en alcaldías y diputaciones, pero no en los resultados a presidente y vicepresidente de la república.

    La ley establece el procedimiento para las impugnaciones e inclusive son sujeto de amparo. Hay un caso que sucedió en las elecciones del 2011 en Huehuetenango, en donde se impugnaron los resultados y aunque la ley establece un plazo de 5 días, este llevó más de un año en resolverse. El Ganador había sido Alejandro López del Partido Patriota y Walter Félix de la URNG interpuso una impugnación y amparos. Finalmente, alrededor de un año después es removido de la curul Alejandro López y toma posesión Walter Félix. Como ven la impugnación deja un proceso abierto que puede durar meses e inclusive años.

    El TSE está obligado a darle trámite a todas y cada una de estas impugnaciones y nosotros estamos en nuestro derecho a exigirlas.

    Ahora bien, yo si me atrevo a afirmar que acá se dio una estrategia al mejor estilo de los Baby Boomers, de la cual tanto los de la generación X como los millennials caímos en la trampa.

    Esta estrategia comienza a gestarse en los inicios del Siglo 21, cuando en el año 2003 la UNE se hace visible en su primera participación en la contienda al participar en la segunda vuelta electoral. Convirtiéndose esta en la primera vez que llegaría a la segunda vuelta y, que en los últimos 5 procesos electorales ha llegado 4 veces, algo verdaderamente sorprendente para un país como Guatemala. La UNE se consolida como una institución estratégica y disciplinada. Desde ese entonces ha ganado una elección presidencial en el 2007, y mayoría parlamentaria y de alcaldías con la única excepción en el año 2011, cuando el Partido Patriota organiza una mejor maquinaria y estructura política territorial, venciéndolos en las urnas.

    Es en ese momento cuando la UNE encuentra su mayor obstáculo y se produce el desmembramiento de sus 38 diputados que recurren al transfuguismo y queda con tan solo 8 diputados. Se dan cuenta sus dirigentes que era el momento de hacer algo, su estructura política se quebró y reagruparse sería complicado. Es así como encuentran a su mejor aliado para lograr sus objetivos, la CICIG. De esta forma se inicia una cruzada de persecución a sus oponentes políticos. Porque en la mayoría de los casos la verdadera razón no fue la lucha contra la corrupción, porque si así fuera, algunos miembros de la UNE debieron ser de los primeros en desfilar por la Torre de Tribunales, y, a todos nos queda claro que niños de primera comunión precisamente no son, sin embargo, se libraron de ser capturados y sindicados en procesos.

    En el 2015 arranca la cruzada contra la corrupción, liderada por Iván Velásquez y Thelma Aldana, la cual da como resultado una alianza entre ellos y la UNE, una alianza efectiva más no duradera. Es así como la UNE logra aprobar las unas reformas Ad hoc a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, que permiten que ellos sean los únicos en crecer, puesto que sus mayores y principales oponentes políticos, habían sido destruidos. Respaldan las reformas Constitucionales y regalan una reforma al MP que blinda a Thelma Aldana. Pero como ninguna alianza de ese tipo dura para siempre, se da una traición y acusan a Sandra Torres. Y así llegamos al día de hoy, la UNE obtuvo una victoria arrasadora en las alcaldías, el congreso y se garantiza su ingreso a una segunda vuelta electoral. Mientras tanto, algunos pobres desesperados gritan ¡Fraude electoral!, más no lo existe, hay errores e inconsistencias debido a la incapacidad del TSE. Pero aceptemos que la UNE fue más astuta que la misma CICIG y sus operadores, gracias a una estrategia bien planeada en la que supieron esperar sin comer ansias y, hoy ganan mayoría en el Congreso con sus más de 50 diputados.

    ¡Despierten! Esa fue la estrategia que llevó a la UNE a la victoria, no es un burdo robo de votos ni la alteración de actas y mucho menos un evento de hackers cibernéticos, el “fraude” si podemos llamarle de esa forma ha sido legal y muchos de los políticos que  hoy se sienten afectados y gritan ¡fraude!, fueron partícipes del hecho cuando aprobaron las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos y no hicieron nada, no dijeron nada, y nada podemos hacer el día de hoy. En los próximos 4 años las agrupaciones y partidos políticos deberán aprender la lección, reagruparse, reformarse para poder hacerle frente a una UNE más sólida y fortalecida.

    Por su parte el TSE cuyas actuaciones han sido vergonzosas, sería bueno que haga uso del artículo Artículo 64 del decreto 26-2016, reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos que le adiciona al artículo 256 Bis del Decreto Número 1-85 de la Asamblea Nacional Constituyente, Ley Electoral y de Partidos Políticos, la Comisión de Actualización y Modernización Electoral, «cuyo objetivo es evaluar el proceso electoral finalizado y de ser necesario, presentar propuestas de reformas que fueren procedentes a la presente Ley. Las organizaciones sociales, académicas y políticas, podrán presentar sus propuestas a la Comisión. El Tribunal Supremo Electoral, de ser procedente presentará la correspondiente iniciativa de ley, ante el Congreso de la República, quien tendrá que conocer de las mismas previo a finalizar el primer período ordinario de la nueva legislatura.»

    Y esta vez, por favor si seamos vigilantes a las reformas, exijámoslas y no esperemos a que se den resultados que no nos favorecen para gritar «fraude», ya que como ha quedado expuesto esto no ha sido un fraude si no una estrategia política bien orquestada que nos ha dejado de manos atadas.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 22 de junio de 2019. Puede ver el original acá.

  • ¿Y si nos dejan en paz?

    ¿Y si nos dejan en paz?

    Los últimos días han sido particularmente intensos en temas de coyuntura nacional y aunque a estas alturas ya deberíamos de estar acostumbrados, la intensidad sólo va en aumento. Desde el 2015 no hemos tenido tregua y los últimos 18 meses han estado particularmente intensos, ¿llegará el día en que las preocupaciones y las necesidades de nuestro país puedan ser discutidas sin intereses políticos y partidistas de por medio? Yo ya estoy cansada, estoy cansada de tanta división, tanto odio, tanta fanfarronería, tanto oportunismo y sobre todo de tanta hipocresía. 

    En el 2015 los guatemaltecos nos unimos por una causa común, la lucha contra la corrupción. Reclamamos la plaza y alzamos nuestras voces, quienes lo vivimos recordamos la unión, la armonía, la pasión que nos unió. El sábado pasado se convocó a una manifestación por las mismas causas y recibió muy poco eco, ¿por qué? Considero que la causa que nos unió en el 2015 sigue tan viva como en ese entonces, tristemente quienes en su momento nos convocaron, o sea personas sin vínculos partidarios e ideológicos, hoy han perdido la credibilidad. Utilizaron la lucha contra la corrupción como un estandarte que han politizado y nos creyeron tontos, pensaron que no nos daríamos cuenta de sus artimañas y manipulaciones. Prostituyeron la plaza, además, muchos hemos sido testigos de los abusos, las injusticias y las ilegalidades que se han cometido en nombre de esta causa. No hay nada peor que la soberbia y esta los ha cegado, se han creído poseedores de la verdad absoluta y si bien los guatemaltecos seguimos hastiados de la corrupción ellos olvidaron las raíces, la idiosincrasia y sobre todo la esencia de este pueblo trabajador. 

    ¿Creen que el padre que se ha quedado desempleado le preocupa a cuantos corruptos más van a meter a la cárcel? A ese padre a esas alturas ya le pasó la euforia del 2015 y lo que le preocupa es cómo alimentar a sus hijos. Escucha a los mismos repetir las mismas cosas, pero no ve cambios, sigue desempleado, vive la delincuencia, la falta de medicinas en los hospitales y le trae sin cuidado la conferencia de prensa del Ministerio Público y la CICIG en donde exponen a los sindicados a una condena mediática, pero los tribunales aún no dictan sentencias. Ese padre se pregunta por qué no capturan al extorsionista y al marero o por qué no obligan a los maestros a cumplir los días reglamentarios de clases porque sus hijos se están quedando atrás y el maestro se la pasa asistiendo a las marchas convocadas por Joviel. 

    En el interior las preocupaciones son tan diversas como sus habitantes, la corrupción que les preocupa es la del alcalde que vive como rey a expensas de la comuna, las carreteras que están deterioradas, la falta de agua potable, y hasta la lluvia que puede afectar sus cosechas. Esos padres sueñan con que sus hijos se vengan a la capital para que puedan tener mejores oportunidades o bien están juntando dinero para realizar la travesía hacia los Estados Unidos en busca de un futuro mejor. ¿En serio creen que a ese guatemalteco le preocupa si Iván Velásquez se larga o se queda? A ustedes les preocupa que se vaya o que se quede para mantener el status quo. 

    Y hablando de Iván Velásquez, el gran responsable de esta crisis gracias a su arrogancia y prepotencia. Un verdadero líder sabe en qué momento hacerse a un lado y dejar el trabajo a otros, la manera en la que se aferra al cargo es sospechosa, ¿tan bueno es el hueso que no lo quiere soltar? ¿No se da cuenta que a la fuerza ni el agua es buena? ¿O acaso cree que sin él la CICG va a fracasar? Y eso es peor aún, porque si el éxito o fracaso de la CICIG depende de su presencia, significa que los esfuerzos han sido en vano y él no ha sabido hacer bien su trabajo. 

    El presidente Morales mantiene su postura y el secretario Pompeo habla ahora de una CICIG reformada, al resto no nos resta más que seguir adelante y soñar con el día en que nos dejen en paz y dejemos ser los peones de la partida de ajedrez de los intereses internacionales. 

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 7 de septiembre de 2018. Puede ver el original acá.

  • Los virtuosos

    Los virtuosos

    En las últimas semanas he notado el resurgimiento de los virtuosos que, a falta de tener una fanaticada, salen ellos mismos a enumerar su lista de virtudes en potestad de su ideología, valores y creencias. Asumo que el fenómeno irá en aumento a medida que se aproximen las elecciones. Comencemos por definir qué es la virtud, según el diccionario de la RAE la virtud es: «la disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza. Integridad de ánimo y bondad de vida. Acción virtuosa o recto modo de proceder».

    Los virtuosos proliferan en épocas grises como la actual, cuando ya los extremos se demonizan y comienzan los analistas de costumbre a condenar la radicalización de los extremos ideológicos —posturas que estos mismos ayudaron a radicalizar y que hasta hace poco defendían—, y hoy se tornan cual paladines de la justicia para hablar de las virtudes del grupo al cual representan.

    No olvidemos que más de una tiranía ha nacido en nombre de estas «virtudes», aquel que las predica por lo general las usa como como una herramienta de poder para poner a todos los ciudadanos en cadenas, a excepción de quien supuestamente las posee.

    Es fácil apelar a la virtud y a la moral para obtener votos, ¿quién no desea un mundo mejor? Y qué mejor que entregarle la responsabilidad a alguien virtuoso, ¿no? Sin embargo, un país no se gobierna con virtuosos, se gobierna con gente capaz que sepa lo que está haciendo, a menos que el “virtuoso” sea una excepción y sepa lo que hace.

    Me atrevo a decir que la contienda está cantada, veremos una campaña electoral cual película de Marvel, cargada de virtuosísimos superhéroes, en donde el debate electoral lo dominarán las virtudes de los candidatos y obviamente atacarán al que carezca de ellas. Quien se oponga, se encontrará del lado oscuro, el Thanos de la política nacional, sediento de poder. Nuestra triste realidad es que en la gran mayoría de políticos se parecen más a Thanos o en el mejor de los casos a Sauron, si en vez de Marvel hacemos la analogía con Tolkien.

    Una cosa es hablar de la virtud y otra muy distinta es actuar conforme a ella y esto prácticamente describe a la mayoría de los demagogos, que se venden como figuras angelicales y mesiánicas. Ahora bien, no desestimemos el valor de los políticos carentes de virtudes y carismáticos, Alfonso Portillo, condenado por corrupción y que no mató a uno sino a dos, —sus palabras no las mías—, es altamente popular. Aunque no veo a ninguno con esas características perfilándose como candidato para las próximas elecciones. Me da la impresión de que la lucha del bien contra el mal o corrupción versus lucha anticorrupción, será lo que defina la agenda política como ha sido hasta ahora, por supuesto puedo estar equivocada.

    Quiero aclarar que no estoy en contra de que un político virtuoso nos gobierne, pero me parece poco probable que esto suceda, como ya lo expresé, prefiero a un político capaz. De nada sirve tener a un “virtuoso” a cargo del gobierno que no sabe ni dónde está parado y con la cabeza llena de ideales que no podrá ejecutar o peor aún a una “virtuosa” rodeada de los mismos corruptos y vividores de siempre.

    No caigamos en el juego de las virtudes, exijamos planes de gobierno concretos y realistas, políticas públicas puntuales, porque si nos perdemos en esa lucha abstracta del bien contra el mal vamos a terminar en lo mismo, es más, sospechen y cuestionen a todo aquel que se presente como un virtuoso, una persona virtuosa no presume de ello, simplemente lo es y se le conoce como tal.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 24 de agosto de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¡Un poco de congruencia!

    ¡Un poco de congruencia!

    Los últimos días han demostrado la poca congruencia que existe en nuestro país. La congruencia crea consistencia y esta a su vez, credibilidad y confianza. ¿Qué es la congruencia? La palabra congruencia deriva del latín congruentia, y según el diccionario es la «coherencia o relación lógica que se establece entre dos o más cosas».

    En el ámbito personal, una persona congruente es aquella que vive y actúa según su escala personal de valores y creencias. Hay una relación entre lo que se piensa, se dice, se hace y se siente. Lo contrario de llevar una vida congruente es lo que se conoce psicológicamente como «Disonancia Cognitiva», y «hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias».

    Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que la mayoría de personas no le dan importancia a la congruencia. Es importante tener presente que la congruencia no es algo que necesariamente genera un beneficio a la sociedad, es un beneficio altamente personal y tampoco está relacionado con la moral. Un asesino puede ser congruente consigo mismo ya que vive según su escala de valores y creencias, por más distorsionadas que estas sean.

    Siento un desconsuelo muy grande al ver cómo algunos individuos en nuestra sociedad han demostrado carecer por completo de congruencia. —No voy a entrar a juzgar la moralidad, la ética y los valores, intentaré mantenerme en el ámbito de la congruencia—.

    No es posible que personas que hasta hace poco criticaban abiertamente a otras por su condición, privilegios y estatus, ahora los reciban con los brazos abiertos tan solo porque sus agendas e intereses coinciden en este momento. —De quienes cambian de bandera y estandarte a su conveniencia, no me voy a tomar la molestia de hablar, estos ya han quedado evidenciados y será la historia y quien los juzgue—.

    Aun así, no deja de asombrarme como alguien que hasta hace poco «luchaba» o más bien criticaba todo lo que estos representan, hoy se sienta a su lado y los recibe con camaradería. ¡Es verdaderamente patético! ¿Tan grande es su necesidad de aceptación? Eso significa que la crítica nunca fue en contra de lo que estos individuos representan, por el contrario, fue una crítica motivada por la envidia. Criticaban por el hecho de no estar en su posición y no pertenecer a su cúpula. Esas alimañas, porque no tengo otra palabra para denominarlos jamás los verán a su altura y ustedes nunca serán sus pares, es bastante ingenuo pensar lo contrario.

    ¿Qué credibilidad pueden tener de ahora en adelante quienes estuvieron dispuestos a pactar con aquellos que representan todo lo que dicen repudiar? ¿Es eso congruente? La otra alternativa es que no hayan sido más que unos charlatanes y es ahora cuando están actuando con congruencia. Y, por lo tanto, nos toca a nosotros cuestionarnos todo lo que estos bufones han dicho y expresado hasta el momento, y darnos cuenta de que hemos vivido engañados.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 3 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

     

  • La moral

    La moral

    Hablar de moral es complicado, ¿qué es la moral?, ¿qué determina la moral?, ¿es objetiva o subjetiva? Es un tema que ha ocupado a filósofos y pensadores a lo largo de la historia.  Se define como moral a una «disciplina filosófica que estudia el comportamiento humano en cuanto al bien y el mal. Y también al conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad».

    La moral es muy difícil de juzgar, y el derecho juzga las acciones no las intenciones. Evidentemente la infracción de normas morales, en muchos casos, tiene como resultado que se cometa un delito penado por la ley. En el caso de los matrimonios infantiles, es bastante claro. En algunas culturas es algo aceptado, pero para la mayoría es una inmoralidad casar a un menor de edad con un adulto, y constituye un delito.

    Todos hablamos de la moral y me atrevería a decir que la mayoría hemos juzgado acciones inmorales. Pongamos el ejemplo de la persona que comete una infidelidad a su pareja, eso es considerado un acto inmoral para quienes se han comprometido a llevar una relación monogámica. ¿Qué sucede si la pareja lo sabe y lo acepta por temor a perder a su pareja? ¿No creen ustedes que aceptarlo, esa actitud pasiva es de igual forma un acto inmoral? Al no hacer nada aceptamos implícitamente la inmoralidad. Es lo mismo cuando vemos que el vecino se está robando el cable y no lo reportamos, para no «meternos en problemas» con los vecinos. O cuando un compañero de trabajo se roba insumos de oficina y nos hacemos de la vista gorda. Esa «no acción» da un consentimiento tácito. Es muy fácil llamar inmoral y delincuente a alguien, pero ese no actuar nos convierte en cómplices de la inmoralidad e inclusive de un delito, si no es denunciado. Esto se ve mucho en casos de abuso sexual a menores y no lo digo por el menor, sino por los adultos a su cargo.

    Cité los ejemplos anteriores, porque es muy fácil darnos baños de pureza, pero en realidad son muy pocos quienes actúan acorde a sus principios morales y denuncian estos hechos. Y en una sociedad como la nuestra, dónde se aplauden este tipo de conductas inmorales, es un tema aún más complejo. La pareja víctima de la infidelidad dirá que acepta la situación o no dice nada porque no quiere perder a su pareja o la estabilidad, o que lo hace por amor, por su hogar, o sus hijos, etc. Y es comprensible, pero lastimosamente eso es consentir un acto inmoral, por más víctima que se sienta de la situación.  La gran mayoría finge demencia ante estas situaciones, —si me hago el tonto, el que no tengo conocimiento, es más fácil librarme de las consecuencias—, piensan.

    Y de esta forma llegamos a los actos de corrupción, de los cuales, si los aceptamos y nos volvemos partícipes, somos tan inmorales y corruptos como quienes los cometen.

    Por lo tanto, la próxima vez que decida quedarse callado, aceptar y no actuar, al menos reflexione y sea consciente de que es usted un inmoral y un cómplice.

    Imagen cortesía de Ryan McGuire.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 11 de agosto de 2017. Puede ver el original acá.

  • Las redes sociales y los guatemaltecos

    Las redes sociales y los guatemaltecos

    Guatemala es un país pobre, esto no es novedad. Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), la pobreza afecta a un 59.3 % de la población, lo cual es alarmante. Por otro lado, el estudio que realizó el diario El PAÍS por medio el Instituto para la Integración de América Latina (INTAL), dependiente del BID, y la Corporación Latinobarómetro, indica que el 44 % de los guatemaltecos tiene acceso a redes sociales, en su mayoría WhatsApp y Facebook.

    Otro dato interesante que reveló el estudio es que en Latinoamérica el 81% de los jóvenes menores de 24 años están conectados a Facebook, mientras que sólo un 10 % de las personas mayores de 65 años lo están. No cabe duda y todos somos testigos de la penetración que tiene en nuestro país el uso de las redes sociales, inclusive para personas que viven en extrema pobreza. Lo que estos números arrojan, de forma simplificada, es que las personas dejan de comer por utilizar las redes sociales, y por ello el alcance de las mismas es relevante.

    Hay quienes creen que el país se arregla y se decide en Twitter y este estudio nos da la respuesta, ¡no! Tan solo un 13 % en de los usuarios en Latinoamérica utiliza esa red social, siendo Facebook la favorita con un 54 %, seguida por WhatsApp con un 52%.

    Muchos de los perfiles más vocales en Twitter pasan de forma casi desapercibida en Facebook, ¿por qué? Twitter acepta cuentas anónimas que utilizan todo tipo de pseudónimos o nombres falsos y eso los escuda detrás de una imagen que les permite decir cuánto les da la gana, sin afrontar las consecuencias. Por el contrario, Facebook incentiva a que las personas utilicen sus nombres reales, y penaliza a quienes no utilizan su verdadera identidad. Por lo tanto, muchas de estas personas que de forma tan «valiente», atacan y dicen casi cualquier cosa en Twitter, en Facebook se comportan y se manejan en algunos casos, con un perfil bajo y recatado. Saben que su conducta o comentarios podría traerles consecuencias directas. Para tener un perfil público en Facebook, es obligatorio que haya un perfil personal responsable, por lo que cualquier falta o infracción de la página, Facebook sabe quién está detrás. Eso no significa que en Facebook no existan los perfiles falsos, ¡vaya que los hay! Pero cualquiera puede denunciarlos y Facebook los bloquea solicitándoles que comprueben su identidad. En Twitter este procedimiento es mucho más difícil.

    Que la penetración de Facebook sea tan alta tampoco es garantía de que el mensaje llegue exitosamente a una masa crítica. Facebook tiene un complicado sistema de algoritmos que impide que la información llegue a todos los usuarios. La información que se comparte de forma privada en los perfiles, no tiene trascendencia alguna más que en el círculo cercano al usuario. Qué no es poca cosa, pero tampoco tiene la magnitud que muchos quisieran. Lo que es innegable, es que el guatemalteco está conectado con el mundo y ya no es tan fácil manipularlo.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 14 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • La pubertad política

    La pubertad política

    El pasado 27 de junio se anunció en los medios de comunicación la nominación del guatemalteco americano, Luis Arreaga como embajador de los Estados Unidos en nuestro país. Las reacciones en las redes sociales y medios de comunicación no se hicieron esperar.

    La derecha se mostró complacida por la salida del embajador Robinson (aunque, el cambio ya se esperaba), y se mostró entusiasta y positiva por el nombramiento de Arreaga. Por su parte la izquierda también celebró el nombramiento, aduciendo que Arreaga continuará con la agenda política del embajador Robinson.

    En lo personal no se me escapa la ironía de que, en pleno Siglo XXI, para ser exactos, el año 2017, estemos celebrando el colonialismo y la carencia total de soberanía. Sin embargo, no falta el que casi a diario sale culpando a los españoles y a la conquista por todos nuestros males. ¿Se han dado cuenta que los españoles se fueron hace casi 200 años? Ellos no son responsables de lo que hemos hecho y lo que ha sucedido desde entonces. Sin embargo, acá causa furor el nombramiento de un embajador extranjero con total injerencia sobre el territorio nacional. También me parece irónico que, quienes fueron en un principio los defensores de esa «soberanía», sean hoy quienes celebren la injerencia extranjera. «¡Mi Presidente Todd!», se les escucha decir. ¿Dónde queda el orgullo de haber sacado de Guatemala a la United Fruit Company? El Ferrocarril murió con su partida, así como muchos puestos y oportunidades de trabajo. Pero son ellos quienes celebran el nombramiento del nuevo embajador y su posible agenda política. Una agenda política que no conoceremos hasta que tome posesión de su cargo. Ambos grupos han querido leer entre líneas lo que se sabe del nuevo embajador, y cada cual ha sacado conjeturas, a su conveniencia. Considero oportuno convertirse en un observador prudente, no vaya a ser que luego tengan que tragarse sus propias palabras, y recuerden que el Internet no olvida.

    Hace algunos años leí el libro «Bananas, How the United Fruit Company Shaped the World» del escritor Peter Chapman, el libro no me gustó por su falta de objetividad. Pero para quienes incongruentemente defienden la injerencia hoy, y critican la de aquel entonces, les recomiendo su lectura. En lo personal, considero una hipocresía que celebremos de esta forma la injerencia de otro Estado, pero critiquemos lo que hicieron los españoles y la Frutera en su momento. Sin embargo, la diferencia radica en que hoy la injerencia de ese Estado, favorece los intereses de sus defensores, mientras que ni los españoles ni la Frutera lo hicieron. Entonces, el tema no es de soberanía ni de sacar adelante a Guatemala, porque si así fuera, la United Fruit Company nunca debió partir. Es un tema de acomodar intereses personales y agendas políticas.

    Guatemala me recuerda al adolescente que quiere independencia, pero no tiene la madurez para serlo. Seamos honestos, en casi 200 años de vida independiente, aún nos encontramos en plena pubertad política.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 30 de junio de 2017. Puede ver el original acá.

  • La persona correcta

    La persona correcta

    En países como Guatemala, en el que abundan los bienintencionados que desean hacer cambios profundos, he notado un común denominador, «¡Yo conozco a la persona correcta!».

    Evidentemente sin ciudadanos capaces es imposible llevar a cabo ningún cambio, pero no podemos obsesionarnos con la persona correcta. Los humanos no somos perfectos, miles de veces hemos visto ejemplos de buenos individuos, capaces y con buenas intenciones, que luego de llegar al poder se convierten en monstruos y tiranos. Y en el mejor de los casos, no logran hacer nada de lo que prometieron que harían antes de llegar al poder.

    Para hacer las cosas bien, no solo se necesita tener capacidad y buenas intenciones, se necesita liderazgo, visión, capacidad de delegar, rodearse de un buen equipo y, sobre todo, humildad para reconocer los errores. Como bien dice el dicho, «El camino al infierno está plagado de buenas intenciones». Si con buenas intenciones se cambiara el mundo, seguramente ya seríamos un mundo mejor, la mayoría de personas que conozco tienen buenas intenciones.

    Lo preocupante es ver como esas personas bienintencionadas no dudarían ni un minuto en acabar con las pocas instituciones que aún nos quedan en este país, con tal de llevar al poder «la persona correcta». Y esto sucede en ambos lados de la esfera política nacional. Están obsesionados por que gobierne a la persona correcta.

    Nadie en su sano juicio puede negar que se necesitan reformas y cambios integrales. Y evidentemente mejor liderazgo, pero cambiando la cabeza no se soluciona nada si tenemos un cuerpo débil y enfermo.

    El problema de hablar de instituciones, es que es un tema abstracto. A la buena persona la conozco, me han hablado de él, he almorzado con ella, es amiga de mi hermana, era el mejor de la clase, etc. A la buena institución, la gran mayoría de guatemaltecos no tenemos la capacidad de reconocerla hasta que necesitamos de ella. La buena institución es aquella que garantiza que las cosas funcionarán, independientemente de quién sea la persona correcta.

    El principal problema que se da al buscar a esta persona, es que cada uno de nosotros tenemos una idea distinta de lo que significa ser «la persona correcta». Para una persona enferma y sin recursos será quien le ayude a pagar sus gastos médicos, sin importar que esa persona sea un narcotraficante. Para una persona de izquierda será quien acabe de una vez por todas con el ejército y cuadruplique los impuestos a los empresarios. Para un mercantilista será quien le otorgue más privilegios a él y a sus amigos, para un conservador será quien prohíba la homosexualidad. Para un libertario, será quien reduzca el tamaño del estado, y así sucesivamente. Estos ejemplos, si bien un poco radicales, son tan sólo una mínima muestra de lo que para cada uno de nosotros significa ser la persona correcta. Por lo tanto, que tal si dejamos de buscar a esa persona y nos concentramos en hacer cambios estructurales e institucionales, que no dependan de la persona que llegue al poder.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 16 de junio de 2017. Puede ver el original acá.