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  • La muerte del significado

    La muerte del significado

    El lenguaje ha jugado un papel primordial en nuestra evolución como especie. La capacidad de convertir símbolos en lenguaje y transmitirlos. El lenguaje continuó evolucionando hasta el nacimiento del lenguaje escrito. Gracias a que nuestros antepasados nos transmitieron su conocimiento, pudimos seguir evolucionando sin tener que volver a repetir las mismas experiencias. Otro avance se da con la llegada de la imprenta. Lo que hasta entonces había sido una ardua tarea de copiar de forma manual los libros, gracias a esta, se pudieron reproducir y difundir a gran escala. Y con la llegada de la era digital, el conocimiento está al alcance de todos.

    Cuando la Real Academia Española, RAE se fundó en 1713, nace con el propósito de «fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza». Con esto pretendían que el castellano de Cervantes pudiese ser leído siempre.  Y sí, el castellano ha evolucionado y hay palabras que han caído en desuso, sin embargo, cualquiera puede leer una copia original de El Quijote y comprenderla, si su vocabulario es lo suficientemente amplio.

    Es por ello que el significado real y objetivo de las palabras es importante. Por ejemplo, un gallo es un ave. También hay un tipo de pez que tiene una aleta dorsal en forma de cresta que se llama gallo. Y así se le llama a un hombre fuerte, valiente. Pero por consenso general, un gallo es un ave. La simbología le da al gallo el significado de amanecer, renacer. Pero como la gran mayoría de personas no se comunica de forma simbólica, concentrémonos en el significado objetivo de las palabras.

    Por lo tanto, yo no puedo jugar a cambiarle el significado a las palabras a mi gusto y gracia, simplemente porque me siento ofendida por la connotación que yo creo que esa palabra tiene, o por la connotación que yo le he dado. ¡La fastidiosa tendencia mundial de la corrección política!

    Esta semana un reconocido comunicador, se ofendió por el uso de la palabra «traje típico». ¿Cómo se supone entonces que debo llamarle? ¿En qué momento llamar al traje típico, «típico» se volvió un asunto de racismo y discriminación? ¿Se ofenderá el dulce típico, si le llamo «dulce típico»?

    Considero que esto ya raya en lo absurdo. La lengua no nació para acomodarse a las agendas políticas de sus hablantes. Nació con el objetivo de poder comunicarnos y transmitir nuestro conocimiento. Es imposible predecir la intencionalidad de alguien cuando utiliza una palabra. Es más, si es un verdadero conocedor de nuestro idioma, podrá insultarnos sin que nos demos cuenta. Como dijo Javier Benegas, «La sociedad parece haber roto completamente con el pasado, ya no es capaz de proporcional al individuo una red con un significado común… Lo que cuenta es que cada uno pueda construir una imagen del mundo que le haga sentirse bien». ¿A dónde vamos a ir a parar si cada cual le da el significado que le dé la gana a las palabras? Veo imposible que como sociedad lleguemos a algún entendimiento de esta forma.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 28 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • Comunicación & ¡Oops!

    Comunicación & ¡Oops!

    «Hay hay dos maneras de vencer la crueldad de nuestro entorno: podemos ser más fuertes o podemos ser más inteligentes, elegimos lo último». John Medina, Brain Rules.

    Esta es la forma en la que el ser humano evolucionó. Judy DeLoache de la Universidad de Virginia, identificó la función cerebral que se conoce como el razonamiento simbólico.  Nuestros ancestros evolutivos como indica Medina, no tuvieron que volver a caer en la misma arena movediza, porque podían comunicárselo a los otros, inclusive aprendieron a poner señales. Gracias a las diversas manifestaciones del lenguaje podemos extraer una gran cantidad de conocimiento sin tener que experimentarlo personalmente. Y es esta la gran diferencia que existe entre el hombre, el gorila, el gato, la ballena, etc.; aprendimos a transmitir nuestros conocimientos a las siguientes generaciones, lo que nos situó a la cabeza de la cadena evolutiva, a pesar de ser una de las especies más débiles.

    Parte de esta función cerebral es la comunicación verbal que desarrollamos a través del lenguaje. Estoy convencida de que mi cerebro no evolucionó correctamente o tiene algún defecto en esa área, me explico.  Comparo el proceso de comunicación con la terapia intravenosa  (venoclisis):  Hay un recipiente que contiene los fluídos (en este caso, información, el cerebro), ésta es enviada a la boca por medio de un conducto (un canal) y para regular la velocidad y la cantidad de fluído (palabras) existe lo que se conoce como cámara de goteo y es ésta precisamente, la que estoy segura que no me funciona correctamente.

    Yo pienso rápido, hablo rápido;  así me comunico.  He querido pensar que se debe a mi signo zodiacal Géminis, que según los astrólogos su astro regente es Mercurio (los Griegos le conocían como Hermes), y puede moverse a altas velocidades.  A diferencia de un Tauro, que necesita tiempo para procesar la información;  una de las diferencias por las cuales ambos signos pueden desesperarse mutuamente. Como buen Géminis puedo absorber grandes cantidades de conocimiento e información rápidamente, por lo que me resulta lógico comunicarlo igual de rápido… Sin embargo, como no creo en la Astrología, descarté esa teoría y acepté que simplemente mi “cámara de goteo” no funciona como debiera y la información sale de mi boca sin regulación.

    ¿Ustedes se preguntaran qué hay de malo en esto? Creo que  el principal problema radica en que una gran mayoría de gente dice valorar la honestidad, pero en la práctica resulta ser falso y me causa problemas constantemente. Seamos honestos, la verdad puede ser difícil de aceptar.  He llegado a pensar que estoy rodeada de gente masoquista, porque me siguen preguntando qué opino de esto o aquello y se molestan con mis respuestas. Mi jefe es uno de ellos, cuando me pregunta sobre algún tema, y como mi cámara de goteo no funciona como debiera, fluyen los datos sin control, saliendo todo aquello que se me cruza por la cabeza, incluyendo información no solicitada. Y me vuelvo a preguntar, si no quieren una respuesta honesta, mejor no deberían preguntarme. Con los años, madurez, golpes y malas experiencias, logré detectar este problema, y trato de no responder o hacerlo de forma ambigua, que pueda prestarse a la interpretación que cada cual le quiera dar.

    Esta es una de las razones por las cuales no comprendo el arte Abstracto: tienes que interpretar los sentimientos del artista, en contraposición al Realista, que lo que ves, es lo que está representado.  Honestamente carezco de paciencia, y en muchos casos de tiempo o interés, para ponerme a interpretar lo que el artista quiso representar. Las pocas veces que lo he intentado, he fallado terriblemente. Yo veo una bolsa plástica negra con un palo de madera, ¿Y me dicen que el autor quiso representar con esto la lucha intelectual de la Revolución Francesa? O esas manchas de colores, que para mí no significan más que un ataque de ira de algún niño en posesión de un lienzo y pinturas. ¿Y resulta que es la alegría de una madre que acaba de dar a luz a su primogénito? Me disculpo públicamente, pero no lo comprendo.

    Para mí, arte es el David de Miguel Ángel, o las pinturas de Van Gogh, que si bien son estilos diferentes, no hay duda de que es un florero con Girasoles o una Noche Estrellada.

    Gracias a la Neurociencia, hoy podemos valorar la comunicación y el razonamiento simbólico como una de las claves primordiales de la evolución del hombre primitivo al actual. Sin embargo, considero que en la gran mayoría de los casos debemos aprender a regular la cantidad de información o la forma en que la expresamos, sobre todo en las redes sociales, situaciones laborales y personales. Tomen el consejo de esta experta en la materia y aprendan como seres humanos evolucionados, de los errores ajenos, o sea, los míos.

    En la fotografía que aparece abajo, fuí fotografiada por el talentoso André Schrei en mis diferentes etapas de meter la pata, comunicación, racionalización y ¡Oops!