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  • Matronalia —Kalendís Martiis—

    Matronalia —Kalendís Martiis—

    El diez de mayo celebramos el Día de la Madre, para muchos esta celebración tiene sus orígenes en la festividad católica de la Virgen de la Concepción. En Panamá, por ejemplo, se celebra el 8 de diciembre en honor a la Virgen. En el siglo XVII, en Inglaterra, se celebraba una misa en honor a la Virgen y se le denominaba «Domingo de las Madres», posterior a la misa los hijos partían a sus casas a entregarles regalos a sus madres, el día era de asueto para que quienes trabajaban pudieran visitar a sus progenitoras. La festividad moderna como la conocemos hoy en día nace en Estados Unidos, haciéndose oficial en 1914.

    Como sabemos, los católicos tomaron muchas festividades que ellos consideraban como paganas que estaban muy enraizadas en los pueblos y las adaptaron a la religión católica. Por lo que El día de las Madres tiene probablemente sus orígenes en la Antigua Roma.

    En Roma se celebraba el 1 de marzo la «fiesta de las mujeres». Esta conmemoraba el rapto de las sabinas. En los primeros días de Roma, había escasez de mujeres, por lo que el rey Rómulo ordenó que cada ciudadano raptara a una mujer del pueblo vecino, los sabinos, y que se casara con ella. Años más tarde los sabinos marcharon hacia Roma para rescatar a sus hijas. Pero estas cuando vieron que sus padres y sus maridos iban a enfrentarse, se interpusieron entre estos junto a sus hijos para impedir el combate. En conmemoración de este episodio se establecieron las «Matronalia».  «Los ritos incluían plegarias de los hombres en favor de sus matrimonios —pro conservatione coniugii — y regalos a las mujeres, así como que aquellas fueran las que sirvieran la comida a sus esclavos, igual que los amos lo hacían en las saturnalia de diciembre.» 

    En el año 375 a. C. las mujeres romanas dedicaron un templo a Juno Lucina, «la que da luz»en el monte Esquilino para asegurar su presencia y protección durante los partos. Este nuevo templo supuso un desarrollo aun mayor de las matronalia. Un año en la Antigua Roma por Néstor F. Marqués.

     Si bien podemos considerar a los romanos como machistas bajo los estándares modernos, estos le dieron un lugar especial a sus mujeres y no se puede comparar con el trato que le daban los griegos, quienes consideraban a las mujeres como seres inferiores y las mantenían recluidas dentro de la casa. Las mujeres romanas, por el contrario, podían educarse hasta los doce años y si sus padres o maridos lo permitían, estas podían continuar su educación a través de los preceptores.

    La virtud de las mujeres romanas se puede resumir en el epitafio: casta fuit, domum seruauit, lanam fecit (fue casta, tuvo cuidado de la casa e hiló lana)”.  Pero la verdad es que las mujeres romanas tenían un papel mucho más importante. Ellas eran las encargadas de la casa y las guardianas de las llaves de esta, estaban a cargo de los esclavos y compartían junto a sus maridos la educación de sus hijos. Acompañaban a sus maridos a los actos públicos y no tenían que estar recluidas en habitaciones separadas a los hombres como sucedió en muchas culturas, y como le sucede hoy en día a muchas mujeres musulmanas. Cuando sus maridos iban a la guerra o estaban de viaje, se hacían cargo de los negocios e inclusive se sabe de matronas que heredaron de sus padres o maridos negocios y se hicieron cargo de estos.

    Entre las mujeres romanas más destacadas y que han sobrevivido al paso de los años podemos mencionar a: Livia Drusa, se casó con el joven César Octaviano quien se convertiría en el Emperador Augusto, su matrimonio duró 52 años. Es considerada como la perfecta matrona y se convirtió en un ejemplo a seguir por todas las mujeres romanas. Mujeres como Cornelia, Aurelia, Gala Placida, Julia Domna, Hipatia, son un claro ejemplo del el coraje y la determinación de la mujer romana, además de haber jugado papeles determinantes en la historia de Roma. También tenemos a las famosas abogadas, tres mujeres romanas que ejercieron la abogacía, Amesia Sentia, Caya Afrania y Hortensia.

    La agenda hembrista nos quiere hacer crecer que a lo largo de la historia la mujer sólo sufrió maltratos y vejaciones. Que nuestro papel fue siempre el de esclavas dominadas por los maridos, y sí, en muchos casos sí fue así. Pero la verdad no es blanco y negro, hay matices de grises y las mujeres romanas son el vivo ejemplo de ello. Si bien es cierto que la edad media fue un momento oscuro para las mujeres, estas se reivindican en el siglo XVI que fue dominado por mujeres de la talla de Isabel de Castilla, Ana Bolena, Margarita Tudor, Catalina de Médici, Ana de Francia, Margarita de Austria y muchas otras. ¡Feliz matronalia!

     

    En estas imágenes pueden observar a quienes son conocidas como las «Chicas en Bikini o Bikini Girls», cuyos mosaicos se encuentran en la Villa Romana del Casale en Sicilia, Italia y que son patrimonio mundial de la UNESCO. Estas jóvenes romanas estaban practicando ejercicios en lo que se conoce como «strophium» (la banda con la que se cubrían los senos).

    Imagen de Livia vía La Estampa  | Imagen de las chicas en Bikini vía Tesori Italiani

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 11 de mayo de 2018. Puede ver el original acá.

  • Experimento accidental

    Experimento accidental

    Recientemente tuve oportunidad de experimentar, de forma accidental, el prejuicio que sufren algunas víctimas de abuso doméstico, esta es mi historia.

    A principios de diciembre viajé a Panamá, país que considero mi segunda patria. La última noche en Panamá salí a cenar con dos de mis mejores amigas a un restaurante en el Casco Viejo. Yo había quedado de reunirme posteriormente con otras amigas.

    El clima era perfecto, ya se sentía la brisa de verano y por tal motivo nos encontrábamos en la parte trasera del restaurante, en una agradable terraza al aire libre. El restaurante estaba lleno.

    Pedí un Uber para que me fuera a buscar, y a los pocos minutos recibí un mensaje del conductor indicándome que no encontraba el restaurante. Al final lo cancelé (penalidad de US $ 2.00), y pedí otro. Este no demoró en llegar ni cinco minutos.

    Ingresé al restaurante rumbo a la salida, el interior de este estaba menos iluminado que la terraza. El Uber me esperaba afuera. En ese momento me estrellé contra algo y reboté, no tuve tiempo de procesar lo que sucedía, quedé petrificada y sentí un dolor intenso en la frente. Bajé la cabeza y goterones de sangre comenzaron a caer al piso… ¡me había estrellado contra un vidrio!

    El vidrio era grande (de piso a techo), en esa área habitualmente hay mesas, pero por la alta demanda para el exterior del restaurante, las habían movido. El restaurante en su interior tiene una iluminación tenue, al parecer todo eso influyó en que yo no viera el vidrio. Debo de aclarar que no había consumido bebidas alcohólicas, simplemente no vi el vidrio y este no estaba señalizado.

    Se canceló el Uber y yo cancelé mi reunión con mis otras amigas. Si he de creer en las señales, las señales eran evidentes. Yo no tenía que ir a ningún lado esa noche, como diría mi abuela, «no hay que buscarle tres pies al gato».

    En el restaurante me llevaron hielo y café molido para detener la hemorragia. Me ofrecieron llamar una ambulancia y mis amigas ofrecieron llevarme al hospital, pero en realidad me sentía bien y la hemorragia paró. Tuve una pequeña laceración justo en la ceja y esta me lo cubría, no había necesidad de suturar la herida, era pequeña, pero la sangre es escandalosa. Hubo un momento que entre las carcajadas por lo ocurrido se me llenaron los ojos de lágrimas, ¿dolor, humillación?, no lo sé.

    Camino a casa de mi amiga, fuimos a una farmacia para comprar un desinflamatorio, podía sentir inflamada la parte de la ceja.

    Cuándo pedí el desinflamatorio el dependiente me preguntó para qué lo necesitaba y que síntomas tenía. Cuando le expliqué, inmediatamente me vio al rostro y me observó con una cara que me costó descifrar, ¿curiosidad?, ¿incredulidad?, ¿desprecio?, no lo sé.

    A la mañana siguiente amanecí con el párpado superior morado y con mucha hinchazón en el ojo.

    Evolución de la inflamación a través de los días. La imagen superior izquierda es a la las pocas horas, la inferior derecha es a los seis días.

    Mi avión salía por la noche, así que aún tenía todo el día por delante. Mi amiga me llevó a hacer algunos mandados y compras. Me puse unos anteojos de sol para evitar las miradas. Sin embargo en los momentos en los cuales no los tenía puestos, la gente se me quedaba viendo con cara de desprecio y comentaban entre sí, a medida que transcurría el día, el ojo se me veía más hinchado y morado, y la inflamación seguía bajando.

    Lo curioso es que nadie se acercó a preguntar que me había sucedido. Muchas mujeres me mantuvieron la mirada, retándome. La sensación fue horrible. Estaba siendo juzgada por haber sufrido un accidente.

    Al final decidí comprar unos parches oculares para cubrirme el ojo a la hora de viajar. Bastante había tenido con las miradas de las personas para exponerme a lo mismo con el personal del aeropuerto y migración.

    El cambio de actitud de las personas fue impresionante, me volteaban a ver pero si yo los sorprendía viéndome, bajaban la mirada avergonzados, y si podían intentaban ayudarme. ¿Por qué? ¿Es vergonzoso observar a una mujer con un parche en ojo, pero al mismo tiempo te avergüenzan y juzgan por tener un ojo morado e inflamado?

    Al llegar a Guatemala sucedió lo mismo. Si salía con el parche eran miradas de lástima y si salía sin este, eran miradas juzgándome por ser tan tonta y haberme dejado «golpear».  ¡Inclusive personas muy cercanas a mí me preguntaron si de verdad no me había pegado nadie!

    Lo irónico del caso, es que he escuchado testimonios de mujeres que han sido víctimas de abuso y no las golpeaban en el rostro, los golpes eran en partes no visibles.

    A medida que pasaban los días la inflamación crecía y el ojo se veía peor. Gracias a mucha árnica, en diez días ya podía salir a la calle sin cubrirme el ojo.

    La reacción de los hombres al verme con el ojo morado fue, en su mayoría, mucho mejor que la de las mujeres. Estos sonreían tímidamente y se mostraban serviciales o me ignoraban por completo, aunque no faltó el que me vio con cara de «pobre infeliz».

    ¿Qué nos pasa como sociedad? ¿Es más fácil juzgar que preguntar? Evidentemente lo es, y pude experimentarlo en carne propia. Si crees que una mujer sufrió abuso en vez de juzgarla, sería mejor que le ofrecieras ayuda.  Y sobre todo, sería bueno no apresurar las conclusiones ya que, como en mi caso, pudo haber sido un simple accidente.

    Por último, es importante que los vidrios estén bien señalizados. Yo fui muy afortunada.

     

     

  • Nancy Reagan 1921 –  2016

    Nancy Reagan 1921 – 2016

    Como mujer, me siento obligada a rendir tributo a esta gran Dama, sí «Dama» con mayúscula.

    Es triste ver que las nuevas generaciones y las que se auto denominan «feministas», han optado por ignorar el legado que nos ha dejado esta extraordinaria mujer.

    Q.E.P.D. Nancy Reagan, viuda del expresidente norteamericano Ronald Reagan.

    Una mujer admirable en todos los sentidos, nació en 1921, graduada del Girls Latin School, una prestigiosa escuela de Chicago, obtuvo su título universitario en el Smith College de Massachusetts. Luego inicia su carrera como actriz.

    En 1952 contrae matrimonio con Ronald Reagan, matrimonio que duraría 52 años, hasta la muerte de él, en el 2004. Nancy Reagan fue una mujer completa, graduada universitaria, actriz, madre, y ex primera dama de los Estados Unidos.

    Se distinguió por su elegancia y belleza, una mujer que no se dejó encasillar por los estereotipos de su época y que vivió al máximo.

    Jamás sacrificó su feminidad, y supo convertirse en un líder al lado de su marido. Su mayor iniciativa fue la campaña «Di no a las drogas», y posteriormente se convirtió en activista en la lucha contra el Alzheimer.

    Sin lugar a dudas hoy hemos perdido a uno de los grandes legados que nos dejó el siglo XX.

    «Una mujer es como una bolsa de té: no se puede decir lo fuerte que es, hasta que se pone en agua caliente» —Nancy Reagan, ex primera dama de los Estados Unidos