Etiqueta: libertad de expresión

  • Atrévete a pensar

    Atrévete a pensar

    Es imposible no ofender al expresar lo que pensamos porque en la medida que nos expresamos libremente corremos el riesgo de ofender, sobre todo si estamos buscando la verdad. Cuando discutimos un tema por el cual tenemos pasión, los ánimos se suben. Cuando pensamos y lo expresamos, ofendemos. La otra opción para no ofender, como bien indica Jordan Peterson, es no pensar y eso tampoco es una opción. Por eso es que se trata de imponer la corrección política, la cual se puede definir como la «imposición de la sensibilidad sobre la verdad» —Bill Maher. Nos sentimos moralmente superiores al hacerlo sin importar que eso nos aleje de la verdad. Estamos creando una sociedad demasiado sensible, expresar la verdad se considera irrespetuoso e insensible. Hemos llegado al punto en que la mentira y el engaño son preferibles a la verdad.

    Tristemente se genera un linchamiento público a quien se atreve a decir lo que piensa. Si por ejemplo yo digo que la CICIG se está convirtiendo en un ente corrupto y nefasto para la institucionalidad del país, me saltan encima los defensores y se me acusa de estar a favor de la corrupción. Pongamos otro ejemplo, si critico al gobierno y la ineptitud de nuestro mandatario, se me acusa de socialista y de ser una vendida. ¿No han pensado que se puede y es válido estar en contra de la arbitrariedad y el abuso de poder por parte de la CICIG y al mismo tiempo estar a favor de la lucha contra la corrupción, y tener el suficiente sentido común para darse cuenta de que el presidente es un incapaz? Puede que tenga o no razón, pero eso es lo que pienso y no tengo que acomodar mis ideas para satisfacer a la mayoría. Por lo tanto, vivimos en una sociedad en la que «tenemos libertad de expresión mas no libertad de pensamiento», como bien lo articuló recientemente el rapero Kanye West.

    https://twitter.com/kanyewest/status/988122800459104256?s=21

    De qué nos sirve tanta libertad de expresión a través de las redes sociales si debemos seguir las reglas de lo que establece el status quo y lo políticamente correcto dictado por grupos de activistas con agendas propias que distan de ser unos angelitos que velan por el bien común. Lo que realmente son es un grupo de buitres esperando recibir su presa o más bien esperando llegar al poder. ¿Se dan cuenta de que están ejerciendo sobre nosotros una tiranía de la opinión? Día tras día vemos a más periodistas, comunicadores y analistas enfilarse en la agenda con tal de aparecer en «la foto», y ser considerados miembros de esa élite moralmente superior. Nos imponen sus mentiras como verdades utilizando el chantaje moral puesto que no es un delito —aún—, expresar lo que se piensa.

    La verdad molesta y la verdad incomoda, pero no por ello voy a censurarla. Estamos creando una sociedad de personas que se ofenden por cualquier cosa y que se victimizan con tal de evadir la responsabilidad de sus actos. Una sociedad de individuos débiles que son fácilmente manipulados. Es una generación de «copia y pega», porque es más fácil repetir como un loro lo que dicen otros, que pensar por sí mismo y formarse un criterio. Pensar se ha convertido en un acto temerario.

    ¿Eres valiente? ¡Atrévete a pensar y a defender tu libertad de pensar y decirlo con libertad!

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 27 de abril de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¿Libre emisión del pensamiento o terrorismo?

    ¿Libre emisión del pensamiento o terrorismo?

    El año pasado escribí en este espacio sobre el proyecto de ley 5254, «Ley de ciberdelincuencia». Hoy deseo hablarles o más bien alertarlos, sobre el proyecto de ley 5239, «Ley contra actos terroristas». La cual pretende llamar terrorista a prácticamente cualquier ciudadano que haga ejercicio a su derecho a la libre emisión del pensamiento.

    En noviembre, cuando esta iniciativa fue presentada, una agrupación campesina se manifestó al respecto, porque dicha ley también llama terroristas a quienes bloquean las carreteras, pero el tema pasó prácticamente desapercibido por la población. Esta semana me hicieron llegar la iniciativa de ley, y es realmente preocupante.  Les copio de forma textual el artículo 24 del proyecto de ley, el subrayado es mío.

    «Articulo 24. Terrorismo cibernético o Ciberterrorismo. Comete este delito quien, con fines económicos, políticos, religiosos, ideológicos, militares, y/o cualquier otro utilice los medios de comunicación, informática, tecnologías de información, electrónica o similar con el objeto de generar, infundir temor, causar alarma, intimidar a la población, o compeler a un Estado o Gobierno u organismo nacional o internacional, causando con ello una violación a la libre voluntad de las personas, será sancionado con prisión de diez a quince años.

     Si con esta acción se intercepta, trasfiere, desvía, causa daño, inutiliza o destruye equipos, programas e información contenida en los mismos será sancionado con pena de prisión de quince a treinta años.

     En la misma forma será sancionado quien programe, distribuya, comercie o tenga en su poder programas encaminados producir los efectos a que se refiere el párrafo anterior.»

    La definición de ciberterrorismo según Wikipedia es la siguiente: «El ciberterrorismo o terrorismo electrónico es el uso de medio de tecnologías de información, comunicación, informática, electrónica o similar con el propósito de generar terror o miedo generalizado en una población, clase dirigente o gobierno, causando con ello una violación a la libre voluntad de las personas. Los fines pueden ser económicos, políticos, o religiosos principalmente».

    Como podrán ver nuestros legisladores, en su definición de «ciberterrorismo», no hicieron más que copiar, y medio editar la definición de Wikipedia. Sin embargo, según esta definición habría primero que definir lo que significa, «generar, infundir temor, causar alarma, intimidar a la población, o compeler a un Estado o Gobierno u organismo nacional o internacional». Ya que para mí esa definición es tan general, que podría convertirse en una herramienta contra la libre expresión del pensamiento. En este país, todos los días sale más de algún analista político a atemorizar a la población, con sus predicciones y análisis políticos, ¿Es eso un acto terrorista? ¡No! Simplemente el analista está ejerciendo su derecho a la libre expresión del pensamiento. ¿Son todos aquellos que critican al Congreso de la República, al MP o a la CICIG terroristas? ¡Por supuesto que no!

    Encontré esta otra definición de Teresa Gil, la cual me parece más acertada: «El ciberterrorismo es la ejecución de un ataque sorpresa por parte de un grupo (o persona) terrorista, extranjero subnacional, con objetivo político, utilizando tecnología informática e Internet para desactivar las infraestructuras electrónicas y físicas de una nación, provocando de este modo la pérdida de servicios críticos, como energía eléctrica, sistemas de emergencia telefónica, sistemas bancarios, Internet y otros muchos». Como podrán ver, hay un abismo entre ambas definiciones. Debemos estar vigilantes y atentos, ya que, si nos descuidamos, corremos el riesgo de convertirnos en terroristas por el simple hecho de opinar y disentir, si a alguien se le ocurre acusarnos de causar terror a los demás al ejercer nuestro derecho a la libre emisión del pensamiento.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 2 de febrero de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¿Tiene límites la comunicación y la libertad de expresión?

    ¿Tiene límites la comunicación y la libertad de expresión?

    Hace unas semanas se hizo pública una imagen de la comediante Kathy Griffin, en la que sostiene en la mano una cabeza decapitada, del presidente estadounidense, Donald Trump. La imagen fue ofensiva para muchos, además de ser de mal gusto.

    Respeto del derecho de Griffin de estar en contra del presidente de los Estados Unidos, y defiendo su derecho a expresarse libremente. Pero otra cosa muy distinta, es exceder ese límite.Se preguntarán ustedes, ¿cuál es el límite? El límite es una línea divisoria muy sutil y poco perceptible. Ese límite lo dicta el sentido común y la razón.

    Es correcto y hasta sano que en una sociedad existan críticas a sus gobernantes y a su forma de gobierno, pero otra muy distinta es llevar esa crítica a extremos que no logran absolutamente nada positivo. Es más, la comediante que era co-presentadora del espectáculo de Año Nuevo, de la cadena de noticias CNN fue despedida, debido a esta fotografía.

    En publicidad es importante llamar la atención, pero no llevada a extremos.

    Es un hecho que si se vive de la vida pública es bueno que ser mencionado con frecuencia, en principio no importa si hablan bien o mal, lo importante es ser mencionado. Las celebridades y los artistas recurren a este método para llamar la atención y para ello generan comportamientos y conductas que dan de qué hablar. El problema es que muchos exceden ese límite y pierden el respeto de su audiencia y se convierten en una caricatura de ellos mismos. Sin embargo, en el mundo del espectáculo nada es duradero ni permanente.

    La comunicación es eficaz cuando nuestro mensaje llega a ser captado, entendido y difundido por quienes son los receptores del mismo. Conductas extremas de ese tipo son como una llamarada de fuego que se extingue rápidamente. «Llamaradas de tusa» como decimos en buen chapín. Fuera de dañar la reputación y credibilidad de la persona, no tienen un impacto a largo plazo.

    En Guatemala es más frecuente que los políticos y los generadores de opinión recurran a esta forma barata de llamar la atención, que los artistas y celebridades. Y digo barata, porque es fácil crear controversia y dar de qué hablar. Lo difícil en nuestro medio es difundir el mensaje y ganarse el respeto y la admiración de los demás.

    El problema es que políticos y generadores de opinión no se han dado cuenta que a un artista es fácil perdonarlo y olvidar, mientras que de ellos esperamos una conducta profesional y ética. ¿No son ellos de quienes dependemos para gobernar el país y estar bien informados?

    La conducta de esta comediante unió a defensores y detractores del presidente Trump al reconocer que este había sido un extremo que no debe ser permitido. Por supuesto que no faltó el que intentó defenderla, argumentando que el pastor extremista, Terry Jones, había ahorcado y quemado una figura del expresidente Obama. Que existan antecedentes de ese tipo de conductas, no justifica las mismas. Es incorrecto en ambos casos.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 2 de junio de 2017. Puede ver el original acá. 

    © Kathy Griffin Donald Trump beheaded head; Photo by Tyler Shields.