Categoría: Política

  • Doce años después

    Doce años después

    Llegó el tan ansiado para unos y tan temido para otros, 3 de septiembre. Desde hace poco más de un año, cuando el presidente Morales anunció que no renovaría el mandato de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala —CICIG—, no faltaron las celebraciones, las denuncias, los amparos, el enojo, el desamparo y la euforia. Sentimientos tan opuestos y encontrados, como en el estado en que deja a la sociedad guatemalteca esta comisión luego de doce años en nuestro país. 

    Muchos periodistas, analistas, juristas y tecnócratas se darán a la tarea de analizar el desempeño de la comisión y por ello no los voy a aburrir escribiendo cosas que personas más versadas y conocedoras que yo, ya han dicho o lo estarán por decir.

    Sin embargo, si quisiera hacer énfasis en el desgaste moral que deja en la sociedad guatemalteca. Sea cual sea la postura, tanto de apoyo como de desaprobación de la comisión, nos está dejando desgastados, consumidos y divididos. ¿Cómo, por qué? ¿No fue acaso en el 2015 que nos unimos todos en la plaza bajo una misma consigna? ¡No más corrupción! 

    ¿Por qué hoy entonces hay un ambiente de fatiga, cansancio, desgaste? Porque, así como la comisión nos abrió los ojos para ver la corrupción y el alcance que esta tiene en nuestra sociedad, nos hizo poner los ojos sobre la misma CICIG y darnos cuenta de que «no todo lo que brilla es oro». La comisión que fue creada para combatir la corrupción y la impunidad terminó siendo corrupta e impune, tanto o más que aquellos que decía combatir y todo esto sucedió ante la mirada vigilante de la sociedad, ¡La ironía! 

    No todos lo aceptan y no todos quieren reconocerlo, esto se debe a la división y fractura social que causó. Cuando un ente que debe de ser objetivo e independiente se politiza y toma partido como sucedió con la CICIG, es difícil encontrar un punto medio, pues siempre habrá víctimas de sus acciones, así como otros que se sienten amparados y protegidos.

    Los últimos cuatro años de la comisión los sentí de forma personal como una batalla en las trincheras. Disentir y cuestionar el trabajo de la comisión se convirtió en sinónimo de apoyar la corrupción, ¿por qué? Es el deber ciudadano cuestionar y estar vigilante, es algo que la misma comisión nos enseñó, obviamente nunca esperaron que, con sus desaciertos, la sociedad que había aprendido a abrir los ojos volcara su mirada hacia ellos. El peor error de quienes crearon la CICIG fue crear un ente que no tuviera fiscalización y que por esto mismo, en sus últimos años le rindiera culto a la personalidad del comisionado Iván Velásquez, quién gracias a su ego y falta de visión es el responsable de que la comisión se vaya hoy de nuestro país. 

    Algo positivo que nos deja la CICIG es el hecho que sí hubo gente que se pensó intocable y le tocó enfrentar a la justicia. Nunca habíamos visto caer un gobierno por corrupción y eso nos enseñó a ser vigilantes. Esa vigilancia creó en nosotros una consciencia real del alcance que tenía la corrupción en nuestro país. Nos ha hecho ver en los procesos, que un caso mal planteado y sin pruebas suficientes no nos lleva a ningún lado. También nos hizo ver las injusticias que se pueden cometer en nombre de la justicia. Y que quien manda a fin de cuentas es el pueblo, por eso considero una falacia quienes dicen que la mayoría de la población aprueba la labor de la comisión, si así fuese, hoy no se estarían yendo. Pero ellos mismos nos abrieron los ojos y fue por partes iguales, vemos los errores del gobierno y los suyos propios. 

    A la CICIG no debemos verla como un capítulo que se cierra, sino más bien como un libro que termina. Hay demasiada división, sangre, injusticias, vejaciones como para querer escribir otro capítulo. Debemos cerrarlo por el bien de nuestro país y escribir uno nuevo, en el que quizás, sí prevalezca la justicia, el imperio de la ley y el estado de derecho a la hora de combatir la corrupción y la impunidad. 

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 3 de septiembre de 2019. Puede ver el original acá.

  • ¿Hubo fraude?

    ¿Hubo fraude?

    No, por supuesto que no hubo fraude en las urnas y me parece una irresponsabilidad como muchos lo están insinuando. Sin embargo, no podemos negar que existieron muchas irregularidades y errores debidos a la incompetencia del Tribunal Supremo Electoral.

    Recuerden que ya hemos hablado de cómo funciona la teoría del rumor, solo se necesita de un hecho falso que parezca creíble y que contenga ciertos elementos de verdad, como en este caso, y entonces gritan ¡fraude!, sin tan siquiera analizarlo.  

    Definitivamente hay inconsistencias en la forma en que fueron digitadas algunas actas, más no en la digitalización y para eso es necesario comprender ambos conceptos. Un ser humano digita los números de forma manual lo cual no está libre del error humano, los invito a ponerse a digitar una fuerte cantidad de números a ver si no cometen ningún error. Lo segundo es la digitalización de las actas por medio de un escáner o fotografía del acta original, ahí no hay pierde es una copia fehaciente.  

    Ahora bien, de lo que he podido observar de estas inconsistencias es que hay mesas en las que por ejemplo un partido en el acta tenía 70 votos y les habían digitado 7, definitivamente hay 63 votos de diferencia, que no es poca cosa para una mesa, pero es un número pequeño en el contexto global. De más está decir que se le deben acreditar sus 63 votos faltantes. En otros casos, por el contrario, tenían 2 votos en el acta y les digitaron 20, es lo mismo, tienen 18 votos de más que deben restarlos. Pero cuando vemos el número de denuncias por este tipo de irregularidades no alcanzan una masa crítica como para decir que hubo fraude y no alteran el resultado final de los comicios. No me mal entiendan, esto sí podría generar cambios en alcaldías y diputaciones, pero no en los resultados a presidente y vicepresidente de la república.

    La ley establece el procedimiento para las impugnaciones e inclusive son sujeto de amparo. Hay un caso que sucedió en las elecciones del 2011 en Huehuetenango, en donde se impugnaron los resultados y aunque la ley establece un plazo de 5 días, este llevó más de un año en resolverse. El Ganador había sido Alejandro López del Partido Patriota y Walter Félix de la URNG interpuso una impugnación y amparos. Finalmente, alrededor de un año después es removido de la curul Alejandro López y toma posesión Walter Félix. Como ven la impugnación deja un proceso abierto que puede durar meses e inclusive años.

    El TSE está obligado a darle trámite a todas y cada una de estas impugnaciones y nosotros estamos en nuestro derecho a exigirlas.

    Ahora bien, yo si me atrevo a afirmar que acá se dio una estrategia al mejor estilo de los Baby Boomers, de la cual tanto los de la generación X como los millennials caímos en la trampa.

    Esta estrategia comienza a gestarse en los inicios del Siglo 21, cuando en el año 2003 la UNE se hace visible en su primera participación en la contienda al participar en la segunda vuelta electoral. Convirtiéndose esta en la primera vez que llegaría a la segunda vuelta y, que en los últimos 5 procesos electorales ha llegado 4 veces, algo verdaderamente sorprendente para un país como Guatemala. La UNE se consolida como una institución estratégica y disciplinada. Desde ese entonces ha ganado una elección presidencial en el 2007, y mayoría parlamentaria y de alcaldías con la única excepción en el año 2011, cuando el Partido Patriota organiza una mejor maquinaria y estructura política territorial, venciéndolos en las urnas.

    Es en ese momento cuando la UNE encuentra su mayor obstáculo y se produce el desmembramiento de sus 38 diputados que recurren al transfuguismo y queda con tan solo 8 diputados. Se dan cuenta sus dirigentes que era el momento de hacer algo, su estructura política se quebró y reagruparse sería complicado. Es así como encuentran a su mejor aliado para lograr sus objetivos, la CICIG. De esta forma se inicia una cruzada de persecución a sus oponentes políticos. Porque en la mayoría de los casos la verdadera razón no fue la lucha contra la corrupción, porque si así fuera, algunos miembros de la UNE debieron ser de los primeros en desfilar por la Torre de Tribunales, y, a todos nos queda claro que niños de primera comunión precisamente no son, sin embargo, se libraron de ser capturados y sindicados en procesos.

    En el 2015 arranca la cruzada contra la corrupción, liderada por Iván Velásquez y Thelma Aldana, la cual da como resultado una alianza entre ellos y la UNE, una alianza efectiva más no duradera. Es así como la UNE logra aprobar las unas reformas Ad hoc a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, que permiten que ellos sean los únicos en crecer, puesto que sus mayores y principales oponentes políticos, habían sido destruidos. Respaldan las reformas Constitucionales y regalan una reforma al MP que blinda a Thelma Aldana. Pero como ninguna alianza de ese tipo dura para siempre, se da una traición y acusan a Sandra Torres. Y así llegamos al día de hoy, la UNE obtuvo una victoria arrasadora en las alcaldías, el congreso y se garantiza su ingreso a una segunda vuelta electoral. Mientras tanto, algunos pobres desesperados gritan ¡Fraude electoral!, más no lo existe, hay errores e inconsistencias debido a la incapacidad del TSE. Pero aceptemos que la UNE fue más astuta que la misma CICIG y sus operadores, gracias a una estrategia bien planeada en la que supieron esperar sin comer ansias y, hoy ganan mayoría en el Congreso con sus más de 50 diputados.

    ¡Despierten! Esa fue la estrategia que llevó a la UNE a la victoria, no es un burdo robo de votos ni la alteración de actas y mucho menos un evento de hackers cibernéticos, el “fraude” si podemos llamarle de esa forma ha sido legal y muchos de los políticos que  hoy se sienten afectados y gritan ¡fraude!, fueron partícipes del hecho cuando aprobaron las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos y no hicieron nada, no dijeron nada, y nada podemos hacer el día de hoy. En los próximos 4 años las agrupaciones y partidos políticos deberán aprender la lección, reagruparse, reformarse para poder hacerle frente a una UNE más sólida y fortalecida.

    Por su parte el TSE cuyas actuaciones han sido vergonzosas, sería bueno que haga uso del artículo Artículo 64 del decreto 26-2016, reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos que le adiciona al artículo 256 Bis del Decreto Número 1-85 de la Asamblea Nacional Constituyente, Ley Electoral y de Partidos Políticos, la Comisión de Actualización y Modernización Electoral, «cuyo objetivo es evaluar el proceso electoral finalizado y de ser necesario, presentar propuestas de reformas que fueren procedentes a la presente Ley. Las organizaciones sociales, académicas y políticas, podrán presentar sus propuestas a la Comisión. El Tribunal Supremo Electoral, de ser procedente presentará la correspondiente iniciativa de ley, ante el Congreso de la República, quien tendrá que conocer de las mismas previo a finalizar el primer período ordinario de la nueva legislatura.»

    Y esta vez, por favor si seamos vigilantes a las reformas, exijámoslas y no esperemos a que se den resultados que no nos favorecen para gritar «fraude», ya que como ha quedado expuesto esto no ha sido un fraude si no una estrategia política bien orquestada que nos ha dejado de manos atadas.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 22 de junio de 2019. Puede ver el original acá.

  • ¿Esperanza o deseo?

    ¿Esperanza o deseo?

    Se aproximan las elecciones y no sabemos con certeza quienes estarán en la papeleta para las elecciones generales, las cortes deberán decidir en los próximos días. Algunos consideran esta una decisión injusta y que deben ser las urnas quienes decidan. Pero las leyes del país existen y están para cumplirse, estas leyes nos gusten o no, serán las que depurarán la lista de candidatos que optarán a los cargos de elección popular.

    Hablemos entonces de nuestra actitud, porque somos los votantes quienes debemos decidir quién dirigirá el destino de nuestro país por los próximos cuatro años. Es común escuchar a las personas decir que esperan que suceda algo, en este caso particular estamos esperando que el próximo presidente de la república sea un ungido y con los atributos de MacGyver. Evidentemente y luego de ver la lista de candidatos debe quedarnos claro que no será ni lo uno ni lo otro. Será un ciudadano común y corriente que esperamos, sea la persona correcta. Bastiat decía que solemos atribuirles a las gobernantes cualidades casi divinas y no nos damos cuenta de que son personas al igual que nosotros, con las mismas cualidades, virtudes y defectos de cualquier ser humano. El llegar al poder no los convierte en seres especiales, siguen siendo humanos. Pero bueno, ya me puse a divagar, retomemos el tema. La palabra esperanza  que tanto utilizamos proviene del verbo esperar, por lo tanto, si seguimos esperanzados de que el próximo presidente de la república hará algo, vamos a seguir esperando y nada va a suceder.

    En vista de lo anterior, ¿será mejor que deseemos que el próximo presidente de la república sea alguien que hará algo por nuestro país? ¿Se preguntarán entonces cuál es la diferencia entre esperanza y deseo? Les incluyo las definiciones de la Real Academia Española.

    Esperanza:

    Der. de esperar.

    1. f. Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea.

    2. f. Mat. Valor medio de una variable aleatoria o de una distribución de probabilidad.

    3. f. Rel. En el cristianismo, virtud teologal por la que se espera que Dios otorgue los bienes que ha prometido.

    Hasta aquí todo bien, el problema es que es un derivado de esperar y creo que todos tenemos claro lo que significa esperar. Y el problema principal radica en la virtud teológica que se le atribuye y lo considero correcto teológicamente hablando porque es un dogma de fe, pero para efectos prácticos no nos podemos sentar a esperar que un milagro ocurra, debemos tomar una acción y ahí es en dónde entra en juego la palabra deseo.

    Deseo:

    Del lat. desidium.

    1. m. Movimiento afectivo hacia algo que se apetece.

    2. m. Acción y efecto de desear.

    Aquí ya vamos mejorando, al menos deseo implica una acción, un movimiento. Muchos hemos deseado cosas y con nuestro trabajo y esfuerzo lo obtuvimos. Deseo no tiene cualidades teológicas, sino prácticas, por lo tanto, no esperamos que milagrosamente se de un cambio si no hacemos nada para lograrlo. Aún así no hay que perder de vista que deriva del latín desidium y este significa en el Latín Clásico,ociosidad y pereza. Que enredo, ¿verdad?

    Bueno, llegamos entonces a la encrucijada, ¿esperanza o deseo?Si bien considero que es mejor desear que esperar, quizás sea mejor querer que en Guatemala se de un cambio. Y esto es porque la palabra querer, entre sus múltiples acepciones significa: tener la voluntad o determinación de ejecutar algo, resolver, determinar, pretender intentar o procurar. Todas ellas palabras activas que no dejan al tiempo que las cosas cambien.

    Seamos conscientes de que para que las cosas mejoren se necesita tiempo, trabajo, esfuerzo y de que todos nos convirtamos en agentes de cambio. Y para lograrlo, ya dejemos de esperar al ungido y preguntémosles a los candidatos, ¿cómo? harán las cosas que están prometiendo. También debemos exigir que nos digan quienes conformarán sus gabinetes de gobierno, esto odian decirlo los candidatos porque con tal de obtener favores ya les han ofrecido el mismo cargo a tres personas distintas, pero es nuestra obligación exigir esos nombres y tenemos derecho a saberlo antes de ir a las urnas. Más que nunca debemos razonar el voto y exigirle a los candidatos que nos den soluciones a los problemas que acosan al país y no pensamientos inspirados en deseo.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 5 de abril de 2019. Puede ver el original acá.

  • Los vicarios de la lucha contra la corrupción

    Los vicarios de la lucha contra la corrupción

    Así como lo escuchan, hay un grupo de “vicarios” atacando a todo aquel que no apoye abiertamente a la candidata Thelma Aldana. Todo aquel que cuestione, disienta, critique o tan siquiera dude, es acusado de “corrupto”por este grupo de achichincles. Si disentir, cuestionar, criticar y dudar me hacen corrupta, pues debo decirlo que a mucha honra. Me alegro de no pertenecer a la manada de militantes y fanáticos que pretenden silenciar al resto de guatemaltecos. Es más, como ciudadanos tenemos la obligación de cuestionar y por supuesto que no solo a ella, sino a todos y cada uno de los candidatos que se van a presentar a las elecciones generales, sea cual sea el cargo al que aspiren.

    Esto ha ido evolucionando y escalando, tomando matices cada vez más preocupantes. Al inicio llamaban “netcenter”a cualquiera que no opinara como ellos, al punto que la palabra perdió valor porque las mismas personas se dieron cuenta que no era más que un burdo peyorativo para tratar de silenciarlos y restarle mérito a sus opiniones. Sin embargo, como la única fortaleza de su candidata es la bandera de la lucha contra la corrupción, ahora lo han convertido en un eslogan de campaña, anticipada, por cierto, y han comenzado a llamar corruptoa todo aquel no esté de dispuesto a sumarse a sus filas o que no diga amén a todo lo que ellos dicen, cual monigote. Tristemente la lucha contra la corrupción está siendo prostituida y el peligro es que deje de tener la connotación correcta y la palabra corrupto deje de ser una acusación seria, puesto que acusan de corrupto a cualquiera, sin tener bases o fundamentos sólidos, pues como ya lo indiqué anteriormente, disentir, cuestionar, criticar y dudar se ha convertido en sinónimo de corrupto. Y como dato curioso los individuos que se dedican a imponer sus ideas a través de insultos y peyorativos son los verdaderos “netcenters”. 

    El TSE en su intento de evitar la campaña anticipada y el abuso dentro del período de campaña, consiguió que cada candidato tenga sólo 12 vallas y que no abran la boca, pero en su lugar se desató un ataque visceral y espurio de todos contra todos. ¿Era ese su objetivo? 

    El fin de semana pasada un periodista perdió el glamur porque su nombre había aparecido en un mapeo político, cuando le preguntaron, acertadamente, ¿qué diferencia había entre ese mapeo y otros que han realizado distintos medios y personas?, no supo responder con precisión. Claro, la respuesta era simple pero engorrosa, en uno apareció él y en el otro quienes piensan distinto a él, ergo este es un engaño los otros no. Considero que era un cuestionamiento válido, sin embargo, se lanzaron cual gavilanes hambrientos detrás de su presa en contra de quienes cuestionaron y ¿adivinen qué? Al final la conclusión de estos vicarios fue que eran corruptos, ¿qué pruebas tienen de que una persona que hace una simple pregunta es corrupta? Es más, ¿porqué habría de serlo? Corruptos son estos vicarios que pretenden imponer su pensamiento porque eso es inmoral, y también es una forma de corrupción con escuela de los mejores regímenes totalitarios en donde acusan de crímenes a sus detractores, aunque sean inocentes y no tengan pruebas, y quien recurre a prácticas tan viles puede ser capaz de cualquier cosa.

    La oposición es sana y esta no debe ser silenciada. 

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 8 de febrero de 2019. Puede ver el original acá.

  • ¿Y si nos dejan en paz?

    ¿Y si nos dejan en paz?

    Los últimos días han sido particularmente intensos en temas de coyuntura nacional y aunque a estas alturas ya deberíamos de estar acostumbrados, la intensidad sólo va en aumento. Desde el 2015 no hemos tenido tregua y los últimos 18 meses han estado particularmente intensos, ¿llegará el día en que las preocupaciones y las necesidades de nuestro país puedan ser discutidas sin intereses políticos y partidistas de por medio? Yo ya estoy cansada, estoy cansada de tanta división, tanto odio, tanta fanfarronería, tanto oportunismo y sobre todo de tanta hipocresía. 

    En el 2015 los guatemaltecos nos unimos por una causa común, la lucha contra la corrupción. Reclamamos la plaza y alzamos nuestras voces, quienes lo vivimos recordamos la unión, la armonía, la pasión que nos unió. El sábado pasado se convocó a una manifestación por las mismas causas y recibió muy poco eco, ¿por qué? Considero que la causa que nos unió en el 2015 sigue tan viva como en ese entonces, tristemente quienes en su momento nos convocaron, o sea personas sin vínculos partidarios e ideológicos, hoy han perdido la credibilidad. Utilizaron la lucha contra la corrupción como un estandarte que han politizado y nos creyeron tontos, pensaron que no nos daríamos cuenta de sus artimañas y manipulaciones. Prostituyeron la plaza, además, muchos hemos sido testigos de los abusos, las injusticias y las ilegalidades que se han cometido en nombre de esta causa. No hay nada peor que la soberbia y esta los ha cegado, se han creído poseedores de la verdad absoluta y si bien los guatemaltecos seguimos hastiados de la corrupción ellos olvidaron las raíces, la idiosincrasia y sobre todo la esencia de este pueblo trabajador. 

    ¿Creen que el padre que se ha quedado desempleado le preocupa a cuantos corruptos más van a meter a la cárcel? A ese padre a esas alturas ya le pasó la euforia del 2015 y lo que le preocupa es cómo alimentar a sus hijos. Escucha a los mismos repetir las mismas cosas, pero no ve cambios, sigue desempleado, vive la delincuencia, la falta de medicinas en los hospitales y le trae sin cuidado la conferencia de prensa del Ministerio Público y la CICIG en donde exponen a los sindicados a una condena mediática, pero los tribunales aún no dictan sentencias. Ese padre se pregunta por qué no capturan al extorsionista y al marero o por qué no obligan a los maestros a cumplir los días reglamentarios de clases porque sus hijos se están quedando atrás y el maestro se la pasa asistiendo a las marchas convocadas por Joviel. 

    En el interior las preocupaciones son tan diversas como sus habitantes, la corrupción que les preocupa es la del alcalde que vive como rey a expensas de la comuna, las carreteras que están deterioradas, la falta de agua potable, y hasta la lluvia que puede afectar sus cosechas. Esos padres sueñan con que sus hijos se vengan a la capital para que puedan tener mejores oportunidades o bien están juntando dinero para realizar la travesía hacia los Estados Unidos en busca de un futuro mejor. ¿En serio creen que a ese guatemalteco le preocupa si Iván Velásquez se larga o se queda? A ustedes les preocupa que se vaya o que se quede para mantener el status quo. 

    Y hablando de Iván Velásquez, el gran responsable de esta crisis gracias a su arrogancia y prepotencia. Un verdadero líder sabe en qué momento hacerse a un lado y dejar el trabajo a otros, la manera en la que se aferra al cargo es sospechosa, ¿tan bueno es el hueso que no lo quiere soltar? ¿No se da cuenta que a la fuerza ni el agua es buena? ¿O acaso cree que sin él la CICG va a fracasar? Y eso es peor aún, porque si el éxito o fracaso de la CICIG depende de su presencia, significa que los esfuerzos han sido en vano y él no ha sabido hacer bien su trabajo. 

    El presidente Morales mantiene su postura y el secretario Pompeo habla ahora de una CICIG reformada, al resto no nos resta más que seguir adelante y soñar con el día en que nos dejen en paz y dejemos ser los peones de la partida de ajedrez de los intereses internacionales. 

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 7 de septiembre de 2018. Puede ver el original acá.

  • Los virtuosos

    Los virtuosos

    En las últimas semanas he notado el resurgimiento de los virtuosos que, a falta de tener una fanaticada, salen ellos mismos a enumerar su lista de virtudes en potestad de su ideología, valores y creencias. Asumo que el fenómeno irá en aumento a medida que se aproximen las elecciones. Comencemos por definir qué es la virtud, según el diccionario de la RAE la virtud es: «la disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza. Integridad de ánimo y bondad de vida. Acción virtuosa o recto modo de proceder».

    Los virtuosos proliferan en épocas grises como la actual, cuando ya los extremos se demonizan y comienzan los analistas de costumbre a condenar la radicalización de los extremos ideológicos —posturas que estos mismos ayudaron a radicalizar y que hasta hace poco defendían—, y hoy se tornan cual paladines de la justicia para hablar de las virtudes del grupo al cual representan.

    No olvidemos que más de una tiranía ha nacido en nombre de estas «virtudes», aquel que las predica por lo general las usa como como una herramienta de poder para poner a todos los ciudadanos en cadenas, a excepción de quien supuestamente las posee.

    Es fácil apelar a la virtud y a la moral para obtener votos, ¿quién no desea un mundo mejor? Y qué mejor que entregarle la responsabilidad a alguien virtuoso, ¿no? Sin embargo, un país no se gobierna con virtuosos, se gobierna con gente capaz que sepa lo que está haciendo, a menos que el “virtuoso” sea una excepción y sepa lo que hace.

    Me atrevo a decir que la contienda está cantada, veremos una campaña electoral cual película de Marvel, cargada de virtuosísimos superhéroes, en donde el debate electoral lo dominarán las virtudes de los candidatos y obviamente atacarán al que carezca de ellas. Quien se oponga, se encontrará del lado oscuro, el Thanos de la política nacional, sediento de poder. Nuestra triste realidad es que en la gran mayoría de políticos se parecen más a Thanos o en el mejor de los casos a Sauron, si en vez de Marvel hacemos la analogía con Tolkien.

    Una cosa es hablar de la virtud y otra muy distinta es actuar conforme a ella y esto prácticamente describe a la mayoría de los demagogos, que se venden como figuras angelicales y mesiánicas. Ahora bien, no desestimemos el valor de los políticos carentes de virtudes y carismáticos, Alfonso Portillo, condenado por corrupción y que no mató a uno sino a dos, —sus palabras no las mías—, es altamente popular. Aunque no veo a ninguno con esas características perfilándose como candidato para las próximas elecciones. Me da la impresión de que la lucha del bien contra el mal o corrupción versus lucha anticorrupción, será lo que defina la agenda política como ha sido hasta ahora, por supuesto puedo estar equivocada.

    Quiero aclarar que no estoy en contra de que un político virtuoso nos gobierne, pero me parece poco probable que esto suceda, como ya lo expresé, prefiero a un político capaz. De nada sirve tener a un “virtuoso” a cargo del gobierno que no sabe ni dónde está parado y con la cabeza llena de ideales que no podrá ejecutar o peor aún a una “virtuosa” rodeada de los mismos corruptos y vividores de siempre.

    No caigamos en el juego de las virtudes, exijamos planes de gobierno concretos y realistas, políticas públicas puntuales, porque si nos perdemos en esa lucha abstracta del bien contra el mal vamos a terminar en lo mismo, es más, sospechen y cuestionen a todo aquel que se presente como un virtuoso, una persona virtuosa no presume de ello, simplemente lo es y se le conoce como tal.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 24 de agosto de 2018. Puede ver el original acá.

  • De tiranos y autocensura

    De tiranos y autocensura

    Estamos viviendo en una sociedad en la que predominan los tiranos, tiranos que agreden y censuran a cualquiera que no opine como ellos y no cumpla su agenda política. Cualquier individuo que cuestiona o disiente es linchado por las masas, por lo que muchos cansados de estas peleas infructuosas y sin sentido, han decidido autocensurarse.  Y esto último lo veo como algo terrible, como un cáncer para nuestra sociedad, una sociedad es libre cuando los individuos pueden expresar libremente sus opiniones y sin temor a hacerlo.

    Antes, el temor era al estado, ese “ser supremo” que no acepta la crítica, aunque no nos engañemos, Nicaragua y Venezuela son un claro ejemplo de que ese Estado que censura aún está latente. Sin embargo, hoy estamos rodeados de tiranos, la tiranía de las masas, y eso me trajo a la mente el libro «El fin y los medios» (1937), de Aldous Huxley. En este libro, Huxley plantea cómo los individuos son capaces de obtener lo que ellos creen que es lo correcto por medios verdaderamente abominables. La censura es deseada para evitar que opiniones disidentes sean escuchadas por otras personas ya que representan un peligro para estos dogmáticos, pero al hacerlo estamos perdiendo la oportunidad de conocer la realidad de las cosas y Huxley a ese respecto nos dice:

     «No es menos importante enseñarles a los niños a examinar todas las personificaciones, todas las metáforas, todas las abstracciones que encontrasen en los artículos que leyesen o en los discursos que escuchasen. Deben aprender a traducir todas esas palabras desprovistas de contenido en términos que se refieran a la realidad concreta contemporánea».

    Porque sólo así podremos conocer esa realidad concreta contemporánea que nos rodea. La tecnología permite que podamos acceder a todo el conocimiento que queramos y conocer las opiniones de prácticamente cualquier individuo, pero nuestra escala de valores peligra al abrirse a otras ideas. Por lo que la gran mayoría prefiere escuchar solo a aquellos que piensan como ellos o a quienes reafirman sus creencias, esto por lo general lo observamos en las corrientes totalitarias de índole, político, religioso o social, veamos que dice Huxley:

    «Para satisfacer sus ansias de significación y de valores, las gentes se inclinan hacia doctrinas como el nacionalismo, el fascismo, o el comunismo revolucionario. Filosófica y científicamente, estas doctrinas son absurdas, pero para las masas de todas las comunidades tienen este gran mérito: atribuirle todo el significado y el valor que le han sido quitados al mundo como un todo». 

    Estados Unidos es un claro ejemplo, muchos estadounidenses aún no superan la victoria del presidente Trump. Lo culpan por cualquier cosa y creen que está destruyendo a su país, pero olvidan que hay otro grupo de estadounidenses, igual de numeroso, que opina exactamente lo contrario. Esa censura o autocensura, nos hace perder la percepción de esa realidad concreta contemporánea a la que se refiere Huxley, ¡la realidad!

    Y en Guatemala está sucediendo exactamente lo mismo. Estas personas que buscan la censura descubrirán en las urnas nuestra realidad concreta contemporánea y luego nos tocará al resto escuchar los lamentos de quienes no quisieron escuchar las señales a su alrededor. Desconfíen y niéguense a aceptar a cualquiera que pretenda censurar a otro, sea a base de coerción o de insultos, esta persona no busca nuestro bienestar, busca obtener su objetivo y qué mejor forma de lograrlo que en una sociedad que carece de la información necesaria para tomar sus propias decisiones.

    Para terminar y como nota curiosa, Huxley conoció nuestro país, y «en su libro de viajes de 1934 Más allá de la Bahía de México, Aldous Huxley comparó el Lago Atitlán de Guatemala con el Lago de Como en Italia. El cuerpo de agua italiano, escribió, «toca el límite de lo permisivamente pintoresco». Atitlán, sin embargo, «es Como con el embellecimiento adicional de varios volcanes inmensos. Es realmente demasiado bueno»».

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 15 de junio de 2018. Puede ver el original acá.

  • En busca de la objetividad y la verdad

    En busca de la objetividad y la verdad

    En lo que va del año he leído dos libros que me han hecho meditar mucho sobre el tema de la objetividad y la verdad. En ambos casos los autores lograron narrar períodos históricos complicados sin darnos una versión parcializada de los hechos, se limitan a narrar la historia como a cada personaje le tocó vivirla, cada cual, con una visión, una vivencia, un pasado y hasta una idiosincrasia distinta. Uno de ellos es «Los lunes en el Ritz» de la escritora española Nerea Riesco, que narra el inicio de la guerra civil española a través de los empleados y clientes del hotel Ritz de Madrid, y el segundo es «Patria» de Fernando Aramburu, que narra el conflicto entre ETA y el gobierno español a través de dos familias vascas. Lo que Riesco y Aramburu logran son relatos objetivos y humanos que de una forma magistral despolitizan, pero humanizan períodos históricos de alta trascendencia política.

    ¿Se puede hablar verdaderamente de objetividad? Es una pregunta complicada, en principio sí y es algo deseable. Sin embargo, nos encontramos ante el dilema de que por más objetivos de deseemos ser, nuestras emociones, creencias e inclusive vivencias nos harán indudablemente subjetivos. Aún así dentro de esa subjetividad la verdad sólo se hará presente al ser honestos con nosotros mismos y comprender que no somos poseedores de la verdad absoluta. ¿Existe entonces una verdad absoluta? Ese pareciera ser el Santo Grial que buscan todos, poseer esa verdad absoluta sobre los hechos. Sin embargo, para llegar a una aproximación más certera de la verdad, debemos comenzar por la honestidad y tristemente esa es la carencia más grande de quienes buscan politizar la historia en Guatemala.

    Hablemos de un tema que ha salido a la luz, los niños víctimas del conflicto armado. Por ser niños es un tema muy sensible y delicado. La izquierda ha integrado a su agenda política a los cinco mil niños desaparecidos durante el conflicto armado, ellos obviamente culpan de esa desaparición al ejército. Pero, ¿qué sucedió con los niños que la guerrilla reclutó y utilizó durante el conflicto armado?

    https://twitter.com/Guatemula/status/999258309327716352

    Lo menciono porque ha llegado a mis manos el libro titulado “Child Soldiers: From Recruitment to Reintegration”, editato por Alpaslan Özerdem y Sukanya Podder. El capítulo quinto de la Parte II, está dedicado a las «Niñas soldados de Guatemala». Según este, dentro del marco de los acuerdos de paz en 1996, la URNG elaboró una encuesta entre sus militantes, y esta reveló que muchos de sus miembros eran aún muy jóvenes, inclusive después de 15 o 20 años de servicio activo en la guerrilla. Luego de llevarse a cabo una serie de entrevistas con excombatientes que se habían integrado de niños, se estableció que la guerrilla reclutaba a los menores a partir de los doce años. Entre los 12 y los 16 años, los niños eran dejados en sus aldeas y comunidades como vigilantes, como espías que debían reportar cualquier movimiento del ejército, exponiéndolos a ser descubiertos y a convertirse en víctimas de la violencia. Niños utilizados como soplones para traicionar a miembros de su comunidad. A partir de los 16 años ya podían convertirse en combatientes. Sí, niños y niñas a partir de los 16 años en combate activo dentro de las filas de la guerrilla ¿Es correcto reclutar a menores de edad para luego convertirlos en víctimas y mártires? El estudio revela que muchos de estos niños llegaban a la guerrilla buscando ayuda luego de haber sufrido pérdidas familiares y violencia derivada del conflicto armado, pero la guerrilla en vez de crear zonas exclusivas de resguardo y protección para estos menores, lo que hacía era enfilarlos y utilizarlos como vigilantes y combatientes, ¿les parece eso correcto, ético, moral, justo? ¡Por supuesto que no! Y ahora este grupo viene a hablar de los cinco mil niños desaparecidos como si ellos no compartieran culpa. Se supone que la lucha armada nace porque se buscaba una sociedad más igual y más justa, ¿dónde quedan esos principios cuando se utilizan niños como instrumentos de guerra? Organizaciones como Human Rights Watch y UNICEF entre otros, alertan y condenan el uso de menores en las guerras, una práctica inhumana con consecuencias y secuelas graves e inclusive mortales, para los menores.

    Con esto, lo que deseo es evidenciar que la verdad es muy compleja y que la única forma en la que se va a terminar con la polarización en Guatemala es que se reconozca la verdad de forma objetiva y con honestidad. Esto es una tarea titánica en nuestro país, porque la mayoría solo busca tener la razón en vez de llegar a la verdad. Pero nosotros como ciudadanos debemos de buscar y exigir la objetividad como un instrumento para llegar a la verdad y desenmascarar a quienes nos desean manipular.

    Y, por último, si les gusta leer les recomiendo los libros antes mencionados.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 25 de mayo de 2018. Puede ver el original acá.

  • Taparle el ojo al macho

    Taparle el ojo al macho

    El 17 de mayo se llevó a cabo el foro-conversatorio: «Trabajo doméstico de mujeres indígenas en Guatemala, la interseccionalidad de las discriminaciones por clase, sexo y etnia», presentado por la Organización Internacional del Trabajo —OIT— y CARE

    Vamos por partes, para comenzar la última parte del título del conversatorio «interseccionalidad de las discriminaciones por clase, sexo y etnia», nos deja ver que lo último que les preocupa es el trabajo, es un foro sobre la discriminación. ¿Tiene eso algo de malo? Por supuesto que no, pero me molesta que mezclen una cosa con la otra. Claro que hay discriminación en el trabajo, pero el hecho de que se enfoquen exclusivamente en el trabajo de la mujer indígena ya de por sí está discriminando al resto de la población del país, comenzando por los hombres indígenas. Es más, me atrevería a decir que el hombre indígena con relación al trabajo doméstico sufre más discriminación que la mujer indígena. ¿Cuántos de ustedes contratarían a un hombre indígena para el trabajo doméstico en casa? De por sí a una mujer le da aprensión recibir a un trabajador en su casa, sea indígena o no. ¿Cuántas mujeres no nos sentimos intranquilas cuando llega un desconocido a casa, sea el electricista, el técnico del cable, un albañil, etc.? Se podría decir que eso ya es una discriminación y es lo más normal del mundo, es un instinto de preservación al estar alerta ante la presencia de un extraño.

     

    Segundo, el evento identificó como la causa y el origen de esta discriminación al patriarcado y la herencia colonial ¡seguimos culpando a los españoles que se fueron de acá hace 196 años! Sin embargo, se les pasó por alto el factor cultural de las comunidades indígenas —porque ojo, el foro-conversatorio era exclusivamente sobre las mujeres indígenas—, ya que son ellos mismos los que discriminan y denigran a la mujer indígena. Quienes las condenan a una vida de servilismo, son sus propios padres y su comunidad. Pero como en este país hablar mal de los grupos indígenas te convierte automáticamente en un racista, entonces nadie dice nada y les dejan pasar esas prácticas aberrantes como lo son el matrimonio infantil. El año pasado, Estéfany Pérez Miranda, de 15 años, originaria de Joyabaj, Quiché, denunció como los matrimonios son acordados entre las partes cuando las niñas tienen entre 4 y 5 años y que cuando cumplen los 14 o 15 años y son consideradas en capacidad de casarse y tener hijos se llevan a cabo los matrimonios. Si bien la ley prohibió desde agosto del año pasado los matrimonios a menores de 18 años, eso no significa que no sigan ocurriendo en la práctica, simplemente ahora las menores y sus hijos menores quedan desprotegidas ante la ley. Y el problema no es la ley, son sus prácticas «ancestrales» de las cuales los españoles tampoco son culpables. Y recordemos también que muchas de las menores que buscan trabajo como domésticas, son enviadas a las ciudades por sus propios padres. 

    Tercero, por lo tanto, el foro-conversatorio debió centrarse en la educación y la capacitación de la mujer indígena, que es a mi criterio la raíz del problema. Si la mujer indígena estudia y se capacita querrá optar a mejores oportunidades de trabajo y no tendrá que ser una empleada doméstica. Esto es una verdad para todas las mujeres en nuestro país. Tristemente, Guatemala es el segundo país de la región con peor educación para las niñas. Las niñas en nuestro país estudian menos que los niños. Muchas niñas deben de trabajar desde muy temprana edad, ayudar en el hogar y cuidar de sus hermanos. Sumado a eso, está el alto índice de matrimonios infantiles y de embarazos. Es aterrador pensar que las niñas que logran superar estos obstáculos con la esperanza de salir del círculo de la pobreza reciben una educación deficiente. 

     

    Estas mujeres trabajan como domésticas porque no están capacitadas para hacer nada más, es una triste realidad. Por supuesto que las condiciones deben mejorar, pero no van a mejorar mientras sean las mismas familias las que envían a sus hijas menores a trabajar exponiéndolas al abuso y a condiciones de trabajo poco deseables. Si se pretende equiparar el salario, las empleadas deben estar capacitadas, si es a eso a lo que van a dedicarse, pero muchas de ellas llegan a sus trabajos sin tan siquiera saber como limpiar de forma adecuada y no digamos realizar tareas más específicas y complejas. 

    Nuevamente, quiero recalcar que es este es un problema de educación. Me parece que hay más racismo y discriminación en el hecho de que no puedan ser educadas para poder optar a un mejor empleo y, por ende, a mejores condiciones de vida. Estos “foros” solo pretenden «taparle el ojo la macho», para buscar culpables en vez de solucionar el problema desde la raíz y justificar la ratificación del Convenio 189.  

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 18 de mayo de 2018. Puede ver el original acá.

     

  • Yo, la víctima

    Yo, la víctima

    Ser una víctima está de moda, crear víctimas aún más. El victimismo se ha convertido en la herramienta política de nuestros días. Alcanzamos más poder en la medida que victimizamos a las personas que mejor sirven a nuestros intereses políticos. Tener coraje y ser valiente está mal visto, es más útil ser una víctima.

    Son muchos los que han escrito sobre la victimización, esta se ha convertido en una epidemia en nuestros días. El criminal y el asesino son víctimas de la sociedad, el violador es víctima del abuso que sufrió o de las enfermedades mentales que padece, el pobre es víctima del hambre y la ignorancia, el niño malcriado es víctima del divorcio de los padres o de la hiperactividad, etc., y al final del día las verdaderas víctimas son olvidadas o quedan rezagadas. No les queda otra alternativa que no sea la de aceptar su papel de víctimas.

    En pocas palabras la joven que ha sido violada por un pandillero tendrá que aceptar que, si bien ella fue abusada sexualmente, eso se debe a que el pandillero es una víctima de la sociedad, ¿se dan cuenta la irracionalidad de todo esto? Pero lo escuchamos a diario, lo vemos a diario.

    La agenda de lo políticamente correcto busca precisamente eso, crear una tiranía por medio de la «benevolencia» y olvidan que lo que debe prevalecer es la verdad y la justicia.

    Nos hemos enfocado en justificar las intenciones de las personas y nos olvidamos de que lo que realmente debe importarnos son las acciones. La comisión de un delito ha pasado a segundo plano y ahora la sociedad solo desea saber ¿por qué? y de preferencia etiquetar al criminal como víctima y diagnosticarle algún tipo de trastorno mental si sus acciones no pueden ser justificadas con su entorno social. Pobre de aquel que tenga la osadía de cuestionar a la «víctima», porque inmediatamente es tachado de ser un ser despiadado que no tiene compasión hacia sus semejantes y carece de empatía, por ende, de humanidad. Pero olvidamos que la maldad humana existe, sí como lo leen, existe. Para muchos aceptar la maldad humana es difícil, ya que lo identificamos con una concepción arcaica o una visión religiosa del bien y el mal (Dios y el Diablo), no me refiero a eso, me refiero a la verdadera maldad humana, aquella que no admite justificación, simplemente es.

    Hace algunos años leí el libro del psiquiatra estadounidense M. Scott Peck titulado: “People of The Lie˝, (Gente de la mentira). Y es quizá uno de los libros más impactantes y aterradores que he leído. Y no porque contenga nada terrorífico en el sentido literario, es aterrador porque deja al descubierto a la verdadera maldad humana. Al inicio del libro el autor dice que un psiquiatra debe abstenerse de emitir juicios de valor, sin embargo, indica que se siente obligado a hacerlo y afirma que la maldad humana existe. En el libro nos narra una serie de experiencias que tuvo con pacientes a lo largo de su carrera como psiquiatra y lo peor de todo, es que es fácil para el lector identificar a personas y situaciones similares. La maldad humana dice, no la encontramos en las cárceles, la encontramos en individuos funcionales que cometen actos de maldad que tienen ramificaciones aún mayores que sí dispararan y asesinaran a un grupo de personas. Estas personas siempre esconden sus acciones detrás de la intención. —¡No fue mi intención hacerlo! —exclaman.

    Peck hace la distinción entre enfermedades emocionales o mentales y la maldad. No descarta que hay padecimientos mentales que llevan a individuos a cometer actos de maldad. Describe la maldad como una «ignorancia militante». Están obsesionados con mantener una imagen de honorabilidad que no admite ser cuestionada y por lo general escogen muy bien a sus víctimas. Son individuos queridos por la mayoría y respetados en su comunidad. Sus víctimas son percibidas como personas paranoicas o demasiado sensibles. Estos individuos suelen llegar a alcanzar posiciones de poder y liderazgo en la sociedad.

    El libro de Peck fue publicado en 1983, cuando él lo escribió no podía ni imaginarse en lo que la sociedad se convertiría. Somos una sociedad que vive de la imagen y de la percepción, una sociedad que justifica los actos criminales con tal de alcanzar fines políticos. Cada año un mayor número de personas salen del anonimato para alcanzar sus 5 minutos de fama en las redes sociales, haciendo casi cualquier cosa para obtenerla. Por lo tanto, el peso de la opinión pública —aunque sea el mismo puñado de individuos que trata de dirigir la agenda política—, es muy importante. Y harán lo que sea para no caer en desgracia ante estos ídolos de papel, lo que está generando una tiranía de opinión que no admite cuestionamiento y nos estamos convirtiendo en una sociedad que victimiza los actos criminales. Aprendamos a tener coraje de decir lo que pensamos, disentir no es un delito, por el contrario, es uno de los pilares de una sociedad sana y libre.

    Por lo tanto, si no están de acuerdo con lo que he escrito, recuerden que yo también soy una víctima de la sociedad heteropatriarcal opresora de derecha militarista en la que crecí y no me pueden cuestionar, al contrario, espero su empatía y por supuesto sus comentarios deben ser positivos y alentadores, —sarcasmo—.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 13 de abril de 2018. Puede ver el original acá.