Etiqueta: Libros

  • De tiranos y autocensura

    De tiranos y autocensura

    Estamos viviendo en una sociedad en la que predominan los tiranos, tiranos que agreden y censuran a cualquiera que no opine como ellos y no cumpla su agenda política. Cualquier individuo que cuestiona o disiente es linchado por las masas, por lo que muchos cansados de estas peleas infructuosas y sin sentido, han decidido autocensurarse.  Y esto último lo veo como algo terrible, como un cáncer para nuestra sociedad, una sociedad es libre cuando los individuos pueden expresar libremente sus opiniones y sin temor a hacerlo.

    Antes, el temor era al estado, ese “ser supremo” que no acepta la crítica, aunque no nos engañemos, Nicaragua y Venezuela son un claro ejemplo de que ese Estado que censura aún está latente. Sin embargo, hoy estamos rodeados de tiranos, la tiranía de las masas, y eso me trajo a la mente el libro «El fin y los medios» (1937), de Aldous Huxley. En este libro, Huxley plantea cómo los individuos son capaces de obtener lo que ellos creen que es lo correcto por medios verdaderamente abominables. La censura es deseada para evitar que opiniones disidentes sean escuchadas por otras personas ya que representan un peligro para estos dogmáticos, pero al hacerlo estamos perdiendo la oportunidad de conocer la realidad de las cosas y Huxley a ese respecto nos dice:

     «No es menos importante enseñarles a los niños a examinar todas las personificaciones, todas las metáforas, todas las abstracciones que encontrasen en los artículos que leyesen o en los discursos que escuchasen. Deben aprender a traducir todas esas palabras desprovistas de contenido en términos que se refieran a la realidad concreta contemporánea».

    Porque sólo así podremos conocer esa realidad concreta contemporánea que nos rodea. La tecnología permite que podamos acceder a todo el conocimiento que queramos y conocer las opiniones de prácticamente cualquier individuo, pero nuestra escala de valores peligra al abrirse a otras ideas. Por lo que la gran mayoría prefiere escuchar solo a aquellos que piensan como ellos o a quienes reafirman sus creencias, esto por lo general lo observamos en las corrientes totalitarias de índole, político, religioso o social, veamos que dice Huxley:

    «Para satisfacer sus ansias de significación y de valores, las gentes se inclinan hacia doctrinas como el nacionalismo, el fascismo, o el comunismo revolucionario. Filosófica y científicamente, estas doctrinas son absurdas, pero para las masas de todas las comunidades tienen este gran mérito: atribuirle todo el significado y el valor que le han sido quitados al mundo como un todo». 

    Estados Unidos es un claro ejemplo, muchos estadounidenses aún no superan la victoria del presidente Trump. Lo culpan por cualquier cosa y creen que está destruyendo a su país, pero olvidan que hay otro grupo de estadounidenses, igual de numeroso, que opina exactamente lo contrario. Esa censura o autocensura, nos hace perder la percepción de esa realidad concreta contemporánea a la que se refiere Huxley, ¡la realidad!

    Y en Guatemala está sucediendo exactamente lo mismo. Estas personas que buscan la censura descubrirán en las urnas nuestra realidad concreta contemporánea y luego nos tocará al resto escuchar los lamentos de quienes no quisieron escuchar las señales a su alrededor. Desconfíen y niéguense a aceptar a cualquiera que pretenda censurar a otro, sea a base de coerción o de insultos, esta persona no busca nuestro bienestar, busca obtener su objetivo y qué mejor forma de lograrlo que en una sociedad que carece de la información necesaria para tomar sus propias decisiones.

    Para terminar y como nota curiosa, Huxley conoció nuestro país, y «en su libro de viajes de 1934 Más allá de la Bahía de México, Aldous Huxley comparó el Lago Atitlán de Guatemala con el Lago de Como en Italia. El cuerpo de agua italiano, escribió, «toca el límite de lo permisivamente pintoresco». Atitlán, sin embargo, «es Como con el embellecimiento adicional de varios volcanes inmensos. Es realmente demasiado bueno»».

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 15 de junio de 2018. Puede ver el original acá.

  • En busca de la objetividad y la verdad

    En busca de la objetividad y la verdad

    En lo que va del año he leído dos libros que me han hecho meditar mucho sobre el tema de la objetividad y la verdad. En ambos casos los autores lograron narrar períodos históricos complicados sin darnos una versión parcializada de los hechos, se limitan a narrar la historia como a cada personaje le tocó vivirla, cada cual, con una visión, una vivencia, un pasado y hasta una idiosincrasia distinta. Uno de ellos es «Los lunes en el Ritz» de la escritora española Nerea Riesco, que narra el inicio de la guerra civil española a través de los empleados y clientes del hotel Ritz de Madrid, y el segundo es «Patria» de Fernando Aramburu, que narra el conflicto entre ETA y el gobierno español a través de dos familias vascas. Lo que Riesco y Aramburu logran son relatos objetivos y humanos que de una forma magistral despolitizan, pero humanizan períodos históricos de alta trascendencia política.

    ¿Se puede hablar verdaderamente de objetividad? Es una pregunta complicada, en principio sí y es algo deseable. Sin embargo, nos encontramos ante el dilema de que por más objetivos de deseemos ser, nuestras emociones, creencias e inclusive vivencias nos harán indudablemente subjetivos. Aún así dentro de esa subjetividad la verdad sólo se hará presente al ser honestos con nosotros mismos y comprender que no somos poseedores de la verdad absoluta. ¿Existe entonces una verdad absoluta? Ese pareciera ser el Santo Grial que buscan todos, poseer esa verdad absoluta sobre los hechos. Sin embargo, para llegar a una aproximación más certera de la verdad, debemos comenzar por la honestidad y tristemente esa es la carencia más grande de quienes buscan politizar la historia en Guatemala.

    Hablemos de un tema que ha salido a la luz, los niños víctimas del conflicto armado. Por ser niños es un tema muy sensible y delicado. La izquierda ha integrado a su agenda política a los cinco mil niños desaparecidos durante el conflicto armado, ellos obviamente culpan de esa desaparición al ejército. Pero, ¿qué sucedió con los niños que la guerrilla reclutó y utilizó durante el conflicto armado?

    https://twitter.com/Guatemula/status/999258309327716352

    Lo menciono porque ha llegado a mis manos el libro titulado “Child Soldiers: From Recruitment to Reintegration”, editato por Alpaslan Özerdem y Sukanya Podder. El capítulo quinto de la Parte II, está dedicado a las «Niñas soldados de Guatemala». Según este, dentro del marco de los acuerdos de paz en 1996, la URNG elaboró una encuesta entre sus militantes, y esta reveló que muchos de sus miembros eran aún muy jóvenes, inclusive después de 15 o 20 años de servicio activo en la guerrilla. Luego de llevarse a cabo una serie de entrevistas con excombatientes que se habían integrado de niños, se estableció que la guerrilla reclutaba a los menores a partir de los doce años. Entre los 12 y los 16 años, los niños eran dejados en sus aldeas y comunidades como vigilantes, como espías que debían reportar cualquier movimiento del ejército, exponiéndolos a ser descubiertos y a convertirse en víctimas de la violencia. Niños utilizados como soplones para traicionar a miembros de su comunidad. A partir de los 16 años ya podían convertirse en combatientes. Sí, niños y niñas a partir de los 16 años en combate activo dentro de las filas de la guerrilla ¿Es correcto reclutar a menores de edad para luego convertirlos en víctimas y mártires? El estudio revela que muchos de estos niños llegaban a la guerrilla buscando ayuda luego de haber sufrido pérdidas familiares y violencia derivada del conflicto armado, pero la guerrilla en vez de crear zonas exclusivas de resguardo y protección para estos menores, lo que hacía era enfilarlos y utilizarlos como vigilantes y combatientes, ¿les parece eso correcto, ético, moral, justo? ¡Por supuesto que no! Y ahora este grupo viene a hablar de los cinco mil niños desaparecidos como si ellos no compartieran culpa. Se supone que la lucha armada nace porque se buscaba una sociedad más igual y más justa, ¿dónde quedan esos principios cuando se utilizan niños como instrumentos de guerra? Organizaciones como Human Rights Watch y UNICEF entre otros, alertan y condenan el uso de menores en las guerras, una práctica inhumana con consecuencias y secuelas graves e inclusive mortales, para los menores.

    Con esto, lo que deseo es evidenciar que la verdad es muy compleja y que la única forma en la que se va a terminar con la polarización en Guatemala es que se reconozca la verdad de forma objetiva y con honestidad. Esto es una tarea titánica en nuestro país, porque la mayoría solo busca tener la razón en vez de llegar a la verdad. Pero nosotros como ciudadanos debemos de buscar y exigir la objetividad como un instrumento para llegar a la verdad y desenmascarar a quienes nos desean manipular.

    Y, por último, si les gusta leer les recomiendo los libros antes mencionados.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 25 de mayo de 2018. Puede ver el original acá.

  • El hombre mediocre y las redes sociales

    El hombre mediocre y las redes sociales

    El sociólogo y médico italo-argentino, José Ingenieros, escribió en 1913 la obra titulada, «El hombre mediocre»El hombre mediocre para Ingenieros es aquel que, «es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente». Otra de las características del hombre mediocre es la envidia, a la cual le tenemos que sumar, la arrogancia, la ignorancia y la soberbia. ¿Les suena familiar? Estoy segura de que esa descripción les recordará al menos a un par de personas, sino más.

    Últimamente he estado bastante alejada de las redes sociales, y me he enfocado en la literatura y la historia. ¿Por qué? Porque todos necesitamos tomarnos un descanso de la mediocridad, sobre todo porque en las redes sociales el hombre mediocre inventa agresiones para justificar su mediocridad, y las últimas semanas han estado plagadas de agresiones en ambos lados del espectro.

    El hombre mediocre inventa agresiones para justificar su mediocridad

    En Estados Unidos, los usuarios de redes sociales han manifestado sentimientos similares, y según lo recientemente publicado por Statista, el 59% de los usuarios podría prescindir del uso de ellas. A esto debemos sumarle la baja en la teleaudiencia que tuvieron eventos populares para los estadounidenses, como lo son los premios Globo de Oro, los Grammy y los mismos Oscar, reportando estos últimos, la audiencia más baja registrada de los últimos años.

    Muchos atribuyen estas bajas al aumento de los servicios de distribución digital de contenido multimedia por medio del Internet, —streaming—. Otros, lo atribuyen a la politización de estos programas. Los televidentes disfrutan de estos espectáculos para entretenerse no para escuchar hablar de política. Para mí que es una mezcla de ambos, y uno complementa al otro. Esté o no de acuerdo con sus puntos de vista, llega el momento que cualquiera se cansa de escuchar lo mismo, una y otra y otra vez. Si a eso le sumamos la facilidad de ver cualquier película o serie por medio de Netflix, o cualquier otro servicio, evidentemente la audiencia pierde el interés en estos programas que solían dominar los ratings de audiencia. Adicional a esto, creo que estos premios no han sabido evolucionar, es agotador escuchar a los ganadores agradecer hasta a su gato por el galardón obtenido.

    Pero ya nos alejamos del tema principal, el hombre mediocre, aunque en realidad Hollywood está plagado de ellos, individuos sin ideas propias que solamente repiten y copian lo que otros hacen y es por ello, que ha decaído tanto la calidad de las películas en los últimos tiempos.

    Sin ir muy lejos, en este espacio comentaba recientemente sobre un individuo que copia tuits ajenos y los transcribe a Facebook como propios. Este encaja perfectamente en la definición de Ingenieros, porque el hombre mediocre no tiene ideas propias, este piensa y repite lo que otros dicen. Esto no significa según Ingenieros que no tenga «talentos», sino que nunca llega a desarrollarlos.

    El hombre mediocre es el «hombre masa» del que nos habla José Ortega y Gasset en su libro, «La rebelión de las masas», que se comienza a publicar en 1929. «Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas «internacionales». Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido por meres idola fori; carece de un «dentro», de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que -sine nobilitate-, snob.»

    No me resta más que recomendarles leer ambos libros, tanto Ingenieros como Ortega y Gasset nos muestran el mal de nuestros días, la mediocridad. Y la abundancia del hombre masa que pulula las redes sociales.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 16 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¡Gracias por tanta bondad!

    ¡Gracias por tanta bondad!

    Las cosas más sencillas y los detalles más inesperados son aquellos que nos hacen inmensamente felices.

    Hoy recibí por correo un frasco con arena de la playa Le bois plage en Ré, Francia y unos caramelos de mantequilla y sal, que me los envió una de mis más queridas amigas, Ludy.

    Se preguntarán, ¿por qué arena? Bueno además de libros colecciono arena de diferentes lugares del mundo. Y para mí esos granitos de arena son uno de los obsequios más hermosos y preciados que he recibido.

    Cuando visité Xela con la Ciudad de los Libros hace un par de meses, llegó una chica encantadora que no tenía el gusto de conocer en persona (más que por mi página de Facebook). Ella se llama Melany, y me obsequió una libreta del monumento a la Marimba y un libro de poemas de Vania Vargas (que es una autora guatemalteca nacida en Quetzaltenango).

    Libreta Melany
    Recuerdo que me quedé sin palabras. Fue un gesto maravilloso e inesperado que no olvidaré mientras viva.
    ¡Melany! En la libreta estoy tomando todos los apuntes de los archivos históricos para la novela que estoy escribiendo. ¡Infinitas gracias!

    Y por último, mi gran y querido amigo Tom Coppinger, autor norteamericano que reside en Irlanda, me regaló de forma inesperada una taza de uno de mis ídolos literarios, Edgar Allan Poe.

    Taza Poe

    Es increíble cómo estos pequeños gestos y detalles nos pueden hacer tan felices. Y cómo personas con las cuales no convivimos el día a día, pueden hacer un impacto positivo en nuestras vidas.

    También tengo que mencionar a todos aquellos que de forma cibernética me acompañan todos los días, siguiendo mis publicaciones y haciéndome crecer como persona. Dejando un comentario, una crítica o una broma. ¡Gracias por estar ahí!

    En mi vida he recibido muchas bendiciones y tengo la fortuna de contar con muy buenos amigos, que enriquecen mi vida diariamente.

    Pero son estos pequeños gestos, los que me hacen aterrizar de las distracciones del día a día y darme cuenta que el mundo está lleno de personas bondadosas.

    Para mí unos granitos de arena, unos caramelos de mantequilla, un libro de poemas, una libreta de apuntes, un comentario amable o una taza, valen más que un lingote oro.

    Es el tiempo, la dedicación, y el cariño de las personas que me los han obsequiado lo que les otorga el valor. Y como el valor es algo subjetivo, hoy me siento millonaria, con mis preciadas posesiones.

    No me siento merecedora de tanto cariño, pero lo recibo con eterna gratitud.

    La gratitud es la memoria del corazón. –Jean Baptiste Massieu

  • Mi pasión por leer

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    “Mis libros están siempre a mi disposición, nunca están ocupados”. Marco Tulio Cicerón

    La gente me pregunta por qué amo leer y usualmente respondo ¡leer es mi vida, es mi gran pasión, los libros son maravillosos! Por supuesto que con semejante respuesta los dejo igual o más perdidos que cuando hicieron la pregunta. Es como si te preguntaran por qué amas los tacos y tú respondieras ¡porque son deliciosos, me encantan!

    Por tal motivo, hoy decidí escribir la historia de cómo descubrí el amor por los libros y mi pasión por la lectura.

    Henry David Thoreau dijo: ¡Cuántas veces la lectura de un libro no ha sido la encrucijada que ha cambiado de curso la vida de una persona!

    Soy la hija menor de una familia de 3 hijos (eso no tiene nada de extraordinario), lo extraordinario es que mi hermano mayor me lleva 21 años y el segundo 12. Es correcto, fui una sorpresa inesperada. Como mis padres ya estaban mayores, no tenían mucha paciencia para una niña en casa y por tal motivo crecí entre adultos y fui desde muy temprana edad un adulto en miniatura. Sin embargo, fue algo que forjó mi vida positivamente y hoy lo agradezco.

    Las cenas en mi casa en vez de niños gritando y tirando comida por todas partes, tenían pláticas donde se hablaba de política, de la guerra fría, de Reagan, Thatcher, Fidel Castro y, por supuesto, de toda la crisis política que sufrió Guatemala en esa época.

    Yo no tenía permitido participar en las conversaciones y aunque hubiera podido decir algo, no tenía nada positivo que agregar a la conversación. Así que todos esos años los utilicé para escuchar y aprender, no solo de política sino de cómo interactuaban todos a mi alrededor.

    Sin embargo, estaba sola, muy sola. Habían momentos en que eso me hacía sentir muy triste porque no tenía nadie de mi edad con quien jugar y compartir. El ser humano es un animal de costumbres y a todo se acostumbra, yo aprendí a sacar lo mejor de esta circunstancia.

    Solía jugar sola en el “cuartón”, así le decíamos a una especie bodega bastante grande que había en mi casa y donde yo jugaba “cocinita” con una estufa vieja que ya no funcionaba. En el “cuartón” había además muchos libros, estanterías con libros, cajas con libros, libros por todas partes. Mi papá amaba leer, él hubiese podido leer todo el día, de no ser porque tenía que trabajar; esos eran sus libros.

    Un día cuando ya me había aburrido de jugar, decidí curiosear estas cajas; recuerdo haber visto todo tipo de libros, hasta que me topé con un libro viejo y gastado, con pasta amarilla, donde había un pirata con un perico en el hombro y un niño a su lado: “La Isla del Tesoro”, de Robert Louis Stevenson. Las hojas estaban tan amarillas como la pasta y tenían un olor muy peculiar que llamó aún más mi atención. Al pasar las hojas, vi que era un libro con muy pocas ilustraciones, pero cuando llegaba a ellas, me daba más curiosidad seguir ojeándolo. Así que sin pensarlo dos veces, tomé el libro a escondidas (me sentía como si estaba haciendo algo ilícito) y lo llevé a mi cuarto, donde comencé a leerlo.

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    He de decir que me costó mucho leerlo, yo tendría unos 10 u 11 años en ese entonces (y sí, en mi tiempo las niñas de esa edad, aún jugábamos y no pretendíamos ser adultos como son los niños de ahora, ¡que tristeza que se ha perdido la niñez!), recuerdo que tardé mucho en leerlo porque perdía la concentración y tenía que volver a leer cada página al menos un par de veces, pero la historia me intrigaba y quería leer más. En el colegio no nos inculcaban el hábito de la lectura y los libros que nos obligaban a leer eran uno más aburrido que el otro.

    La historia de este niño y el pirata me encantó, mientras leía olvidé mi soledad, viajé a un mundo maravilloso, donde había piratas, tabernas, viajes en barco, islas lejanas y tesoros escondidos.  Se convirtió en el primer libro que terminé.

    Al terminarlo lo regresé a la caja y busqué otro, como eran los libros de mi padre, no habían muchos para mi edad, así que comencé a leer uno que se llamaba “Volcanes y Terremotos” y desde entonces tengo una fascinación por los grandes terremotos y las erupciones volcánicas más memorables de la historia. No descansé hasta que logré conocer Pompeya y todo gracias a este libro.

    Mi siguiente libro fue “Los Misterios del Antiguo Egipto” y en la biblioteca del colegio, comencé a buscar libros y descubrí las historias de Enid Blyton en sus series de libros “El Club de los Cinco” y “El Club de los Siete Secretos”. Estos eran libros más apropiados para mi edad, ansiaba ir de vacaciones con los Cinco y descubrir misterios con los Siete.

    De esta forma los libros se convirtieron en mis mejores amigos, mis cómplices, vivimos innumerables aventuras juntos y nunca más me sentí sola.

    Cuando cumplí 13 años mi hermano me regaló “Drácula, padre e hijo”, de Claude Klotz. Era la primera vez que alguien me regalaba un libro y me hizo infinitamente feliz. Desde entonces nada me hace más feliz que recibir un libro como regalo.

    En la adolescencia, los libros me salvaron. Como toda adolescente me sentía incomprendida, pero llegó a mi vida “Juan Salvador Gaviota”, de Richard Bach. Me sentí muy identificada con “Juan Salvador”, al punto de que mi vida cambió para bien, aprendí que “es bueno ser diferente”.

    Hoy no puedo imaginar mi vida sin libros, mi casa está repleta de ellos.

    De los libros he aprendido historia, política, economía, ciencia, psicología, sexo, etc. Ciertos libros me han enseñado a ser una mejor persona o ayudado a salir de crisis personales. Me he enamorado, he reído, he llorado, he vivido muchas vidas, visitado muchos países, viajado por el espacio y al centro de la tierra. También he descubierto mundos maravillosos, peleado con dragones y orcos. Conquisté Asia al lado de Alejandro Magno, viví el romance de Julio César con Cleopatra, aprendí sobre la estrategia Militar de Napoleón y los horrores de los campos de concentración en la segunda guerra mundial.

    Descubrir la pasión por leer es una de las mejores cosas que me han sucedido. Mi vida es mejor porque los libros forman parte de ella y no puedo imaginarme sin un libro en la mano.

    “Un lector vive mil vidas antes de morir. El hombre que nunca lee vive solo una vida” George RR Martin

    “Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma” Cicerón

    Edición por Adelaida Loukota
    Fotografía de André Schrei
  • La mujer invisible

    La mujer invisible

    Charles Dickens es uno de mis autores favoritos, no solo por su narrativa sino por la fuerza de sus mensajes morales. En una sociedad como la actual, es refrescante leer historias como Nicholas Nickleby, La Pequeña Dorrit, Historia de dos Ciudades, Un Cuento de Navidad, etc. Donde el honor, la moral y la familia, así como algunos temas de sensibilidad social, son el argumento central de sus obras. Dickens es el principal autor de la época Victoriana, y fue considerado una autoridad moral en su época.

    No puedo expresarles con palabras mi sorpresa, cuando descubrí que Dickens dejó a su esposa luego de 22 años de matrimonio por una actriz británica 27 años menor que él, Ellen (Nelly) Ternan. Deshizo su hogar, y se llevó con él a sus hijos. Solo el mayor, Charley, se reveló ante esta situación.

    La Mujer Invisible es el título del libro de la autora británica Claire Tomalin que será llevada a la pantalla grande por Ralph Fiennes, quien dirige y actúa en la cinta; y cuyo reparto incluye a Felicity Jones, Kristin Scott Thomas, Michelle Fairley y Tom Hollander. La película se estrenará en los próximos meses. En su libro, Tomalin Narra la historia del romance entre Charles Dickens y Nelly Ternan.

    Descubrir lo ocurrido con Dickens me hizo reflexionar mucho no solo porque él es uno de mis autores favoritos, sino porque una experiencia que he sufrido personalmente. Luego de una relación de 4 años, mi novio me dejó por una mujer 22 años menor que él.

    ¿Que hace que un hombre mayor se interese en una mujer menor? ¿Que hace que una mujer menor se interese en un hombre mayor?

    La primera pregunta creo que es más sencilla de responder: juventud, jovialidad, belleza, inocencia, además de alimentar el orgullo y el ego del hombre. Sin embargo, no podemos descartar que exista la posibilidad de encontrar el amor verdadero, o alguien que comparta los mismos intereses, y la relación se base en admiración y apoyo mutuo; como considero que fue lo que ocurrió entre Dickens y Ternan.

    En el caso de las mujeres, lo considero un poco más complejo. La sociedad de hoy en día juzga ese tipo de relaciones no olvidemos que en la antigüedad, la unión normal era entre un hombre maduro y una mujer muy joven – atribuyéndole una causa económica: “ella está con ese viejo porque tiene dinero”. Yo agregaría que además de éxito, poder y dinero, es también un tema de admiración.

    Definitivamente, un hombre que ya se ha realizado en su vida profesional o que se encuentra en la cúspide de su carrera, es mucho más interesante y atractivo, ya que demuestra más seguridad en sí mismo. No podemos negar tampoco nuestra naturaleza animal: sin lugar a dudas, el macho alfa es el líder de la manada. De igual forma, es probable encontrar el amor, independientemente de la diferencia de edad.

    Entre los académicos o las personas más intelectuales, este tipo de relación es mucho más común y mucho más aceptada socialmente, ya que no hay nada tan atractivo (al menos para mi) como la conexión intelectual con alguien, sin descartar la atracción física y la química. Y considero que estas constituyen un tipo de relación muy sólida, pero son las menos frecuentes.

    Las relaciones en las que existe una diferencia grande de edad, por lo general, suelen ser poco duraderas. La diferencia de edad es un reto muy grande, si bien al inicio puede haber mucho interés y ser una relación muy pasional, con el paso de los años, suelen ser muy difíciles de sostener. La cúspide sexual de una mujer se da alrededor de los 40 años edad, y si el hombre es 15 o más años mayor, el hombre ya se encontrará en su declive. Esto no significa que no puedan tener una vida sexual plena; sin embargo, para muchas mujeres puede llegar a ser un problema. Afecta también la vida social: a medida que pasan los años, perdemos el interés en ciertas actividades sociales y esperamos una vida más hogareña y tranquila, y si la mujer es mucho menor, esto puede ser un factor de aburrimiento, monotonía, desmotivación y pérdida de interés.

    En el Caso de Dickens y Ternan, luego de leer el fascinante libro de la señora Tomalin, me atrevería a decir que fue una relación basada en intereses mutuos. Compartieron una conexión intelectual muy profunda y un amor muy intenso. Ella era una actriz, y no olvidemos que aunque las actrices no eran bien vistas por la sociedad, gozaban de ciertas libertades que las mujeres de la época Victoriana no tenían; algunos consideran que esas libertades equivaldrían a las de una mujer de finales del siglo XX. Es sabido que Catherine, esposa de Dickens, no compartía los intereses de su esposo. Mientras que Ternan era conocida por sus intereses intelectuales y políticos.

    Estoy ansiosa por ver como Ralph Fiennes personifica a Dickens en esta película, y como logra transmitirnos la esencia de este romance desde su rol de director. Vale la pena mencionar que la ex esposa de Fiennes, Francesca Annis, es 17 años mayor que él. ¿Que llevaría a Fiennes a interesarse en esta trama? Mi teoría es que Fiennes, quien reconoce no haber leído mucho a Dickens antes de realizar el film, se “enamoró” de esta historia de amor y quiso llevarla a la pantalla grande.

    Luego de la muerte de Dickens, Nelly Ternan se casó con un hombre 12 años menor que ella. ¿Interesante, no creen?

    Este artículo fue originalmente publicado en el PanAm Post, puede ver el artículo original aquí