Etiqueta: redes sociales

  • Ancestrales

    Ancestrales

    Hace unos días grupos de izquierda quisieron usar la carta del racismo con acusaciones falsas para cancelarnos a mí y a mis compañeros de Pulso Republicano de la opinión pública. 

    Es verdad que yo comparé la palabra ancestral con Neandertal, mas no indígena con Neandertal como lo han querido hacer ver. 

    Bajo mi punto de vista es erróneo y hasta peyorativo referirnos a los pueblos indígenas, como “ancestrales”, me explico. 

    La cultura Maya es ancestral, así como lo son las ruinas de sus templos y ciudades, no así quienes conforman hoy los pueblos indígenas de Guatemala. Ellos son personas vivas, no son un pasado “ancestral”, son el presente. 

    Es cada vez más frecuente que les denomine como,“pueblos ancestrales”. Hay personas que se refieren a ellos como “los ancestrales”, lo que me parece a mí, despectivo. ¿Son los indígenas ancestrales? ¡No! Son comunidades actuales con necesidades actuales y sí, con una historia milenaria. Pero lo ancestral es su historia y su cultura, no los guatemaltecos que conforman hoy estas comunidades. 

    No sé con exactitud cuándo comenzaron a llamarles o llamarse así, en la Constitución se les reconoce como pueblos indígenas. Revisando la legislación internacional, tanto en el Convenio 169 de la OIT y en referencias del Banco Mundial también se les llama pueblos indígenas y tribales, no ancestrales, ¿a qué se debe el cambio?, ¿por qué?

    ¿Lo harían para reconocer su historia y su legado? Estoy de acuerdo en que eso es importante, pero para eso se enseña la historia y se continúa con las tradiciones culturales para preservarlas. No se logra nada poniendo etiquetas. 

    Mi argumento es que al llamar ancestrales a los indígenas, se les degrada, ¿por qué? Porque la palabra ancestral se refiere a algo muy lejano y remoto en el tiempo. Ellos no pertenecen al pasado, son parte delpresente y futuro, y no de un pasado lejano, somos todos guatemaltecos. Quizás es por ello que no logramos construir los puentes que se necesitan para que trabajemos todos juntos y forjar la identidad y unidad de país que tanto necesitamos. 

    Me da la impresión de que algunos hasta consideran que es romántico y heróico, mantenerlos rezagados y congelados en el tiempo, como si en vez de personas, los  “pueblos ancestrales” fueran ruinas que no pueden alterarse, solo preservarse. Y olvidan que, como toda civilización humana, el dinamismo, el cambio y el progreso son o deberían de ser, la constante.  

    ¿Por qué no cuestionamos y debatimos esto? No puedo creer que solo a mi se me ocurra cuestionarlo en un arrebato, que lo fue, en un programa radial. ¿Por qué no hablamos de la importancia del significado de las palabras? 

    Las palabras son importantes y por ello la batalla cultural, se está llevado a cabo también en el lenguaje. Existe una apropiación de palabras y alteraciones en su significado original para ideologizarlas e instrumentalizarlas con fines políticos. ¿Es este un ejemplo de ello? 

    No puedo terminar sin reafirmar lo que expresé en la radio, cada cual es libre de decidir cómo desea ser llamado, y lo respeto. Simplemente a mí me parece incorrecto y despectivo que se use ancestral para referirse a los pueblos indígenas, como si su valor sólo fuera histórico y simbólico, como si los pueblos indígenas no estuvieran hoy entre nosotros y no fueran parte del presente de nuestra nación.

    Para escuchar la versión audio, publicado en El Siglo pueden acceder a este enlace.

  • Rumores

    Rumores

    En las ciencias sociales, el rumor presenta una aseveración que es difícil de comprobar y en algunos casos nunca llega a comprobarse, se le conoce como «Teoría del rumor». Allport y Postman, considerados los padres de la psicología del rumor, la definen como, «una proposición específica para creer, que se transmite de persona a persona, por lo general oralmente, sin medios probatorios seguros para demostrarla».

    La mayoría de rumores son falsos, pero conllevan algunos elementos de verdad, que los hace creíbles. En algunas ocasiones resultan verdaderos, y en otras, rumores falsos son responsables de modificar acontecimientos que los convierte en verdades.  En 1944, Robert H. Knapp publicó «La psicología del rumor», dónde analizó miles de rumores que circularon durante la Segunda Guerra Mundial. Él enumera 3 elementos indispensables, para que un rumor sea creíble: 1- Deben ser transmitidos de boca en boca. 2- Proveen información sobre una persona, hecho o condición. 3- Expresan y gratifican las necesidades emocionales de una sociedad. Los rumores, según Knapp también son de 3 clases, A- Los que materializan sueños, reflejan deseos y anhelos de una sociedad. B- Los que inflingen miedo, o cuyo desenlace es motivo de miedo. C- Los que representan una agresión contra un grupo determinado y ponen en riesgo las alianzas en grupos determinados. ¿Les suena familiar?

    El problema principal de los rumores es que pueden desencadenar verdaderas crisis políticas, sociales y económicas. En una sociedad como la nuestra que atraviesa una grave crisis que no hemos sido capaces de superar, somos blanco fácil de estos rumores, que son generados para sembrar caos y manipularnos, obteniendo así el resultado deseado.

    Hablemos de rumores locales. Me gustaría aclarar que son eso: rumores. Si tienen algo verídico no me consta y no estoy validando nada, solo quiero ejemplificar nuestro triste panorama. Los mismos se mencionan repetidamente con algunas variantes. Nótese como la figura del pánico juega un papel primordial en todos ellos:  «Se quieren bajar a Jimmy y a Jafeth para poner a Helen Mack como Presidenta», «Foppa y Hernández Mack van a ser el binomio para las próximas elecciones», «El sector privado financia a SOMOS», «Esto lo hacen para que Guatemala se convierta en una Venezuela», «El país se está militarizando, sacar al Ejército a las calles es una prueba de ello», «Había Militares en la reunión con el Presidente, los militares van a tomar el poder», «Las invasiones de tierras nos van a llevar a una guerra civil», «Ante la crisis se debe convocar a una Asamblea Nacional Constituyente», «Las armas incautadas a los pandilleros provienen de los militares», etc.

    Según el principio de Occam, «La explicación más simple y suficiente es la más probable, más no necesariamente la verdadera».

    El problema con las crisis es que difícilmente podremos predecir el resultado final, y casi siempre se salen de control, sino pregúntenle a Robespierre. Y no olvidemos que la crisis política del 2015 y la victoria de la Plaza, nos dejó como resultado a Jimmy Morales.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 25 de agosto de 2017. Puede ver el original acá.

  • Las redes sociales y los guatemaltecos

    Las redes sociales y los guatemaltecos

    Guatemala es un país pobre, esto no es novedad. Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), la pobreza afecta a un 59.3 % de la población, lo cual es alarmante. Por otro lado, el estudio que realizó el diario El PAÍS por medio el Instituto para la Integración de América Latina (INTAL), dependiente del BID, y la Corporación Latinobarómetro, indica que el 44 % de los guatemaltecos tiene acceso a redes sociales, en su mayoría WhatsApp y Facebook.

    Otro dato interesante que reveló el estudio es que en Latinoamérica el 81% de los jóvenes menores de 24 años están conectados a Facebook, mientras que sólo un 10 % de las personas mayores de 65 años lo están. No cabe duda y todos somos testigos de la penetración que tiene en nuestro país el uso de las redes sociales, inclusive para personas que viven en extrema pobreza. Lo que estos números arrojan, de forma simplificada, es que las personas dejan de comer por utilizar las redes sociales, y por ello el alcance de las mismas es relevante.

    Hay quienes creen que el país se arregla y se decide en Twitter y este estudio nos da la respuesta, ¡no! Tan solo un 13 % en de los usuarios en Latinoamérica utiliza esa red social, siendo Facebook la favorita con un 54 %, seguida por WhatsApp con un 52%.

    Muchos de los perfiles más vocales en Twitter pasan de forma casi desapercibida en Facebook, ¿por qué? Twitter acepta cuentas anónimas que utilizan todo tipo de pseudónimos o nombres falsos y eso los escuda detrás de una imagen que les permite decir cuánto les da la gana, sin afrontar las consecuencias. Por el contrario, Facebook incentiva a que las personas utilicen sus nombres reales, y penaliza a quienes no utilizan su verdadera identidad. Por lo tanto, muchas de estas personas que de forma tan «valiente», atacan y dicen casi cualquier cosa en Twitter, en Facebook se comportan y se manejan en algunos casos, con un perfil bajo y recatado. Saben que su conducta o comentarios podría traerles consecuencias directas. Para tener un perfil público en Facebook, es obligatorio que haya un perfil personal responsable, por lo que cualquier falta o infracción de la página, Facebook sabe quién está detrás. Eso no significa que en Facebook no existan los perfiles falsos, ¡vaya que los hay! Pero cualquiera puede denunciarlos y Facebook los bloquea solicitándoles que comprueben su identidad. En Twitter este procedimiento es mucho más difícil.

    Que la penetración de Facebook sea tan alta tampoco es garantía de que el mensaje llegue exitosamente a una masa crítica. Facebook tiene un complicado sistema de algoritmos que impide que la información llegue a todos los usuarios. La información que se comparte de forma privada en los perfiles, no tiene trascendencia alguna más que en el círculo cercano al usuario. Qué no es poca cosa, pero tampoco tiene la magnitud que muchos quisieran. Lo que es innegable, es que el guatemalteco está conectado con el mundo y ya no es tan fácil manipularlo.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 14 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • Una voz en Navidad

    Una voz en Navidad

    Ella se identifica con los «millennials» y se siente orgullosa de ser una de ellos.

    Aprendió a vivir al máximo sin importar el pasado ni el futuro, —Lo que importa es el hoy —se decía.

    Vivía bajo esa premisa y disfrutaba presumir con el mundo su glamorosa vida compartiendo fotografías en las redes sociales, hasta que se endeudó hasta el cuello y no podía cubrir sus deudas. Hacía algunos meses que había renunciado a su trabajo porque se cansó de su jefe, de los horarios y los reglamentos de la empresa y se convirtió en «freelancer».

    Al verse tan endeudada tuvo que tomar medidas drásticas para evitar problemas legales.

    Llamó a su padre llorando para que le enviara dinero, —así es al inicio papá. Cuando consiga más clientes las cosas van a cambiar, es el precio de ser independiente, —le dijo.  Su padre que la conoce bien, le envió menos la mitad de lo que le había solicitado.

    Como hacen algunos jóvenes que son autodidactas, buscó libros de educación financiera y los leyó todos. Hizo un plan de acción que incluía dejar de comer comida sin gluten, porque esta es más costosa que la que tiene gluten. En realidad no es intolerante al gluten, pero en todas partes decían que es dañino para la salud, así que ella había dejado de comer alimentos con gluten. Canceló su membresía en el gimnasio y se compró una bicicleta. Dejó de salir con sus amigos para evitar gastar en fiestas y comidas. Dejó de comprar ropa y zapatos que no necesitaba y comenzó a cocinar en casa.

    Cuando sus amigos la invitaban siempre ponía como excusa alguna reunión con un cliente o un trabajo atrasado que tenía que entregar. Sus amigos pensaron que se había enredado con un algún tipo casado que la estaba manteniendo, ya que no podían explicar de otra forma su ausencia.

    Pero es el siglo XXI y ella seguía en comunicación con todos sus amigos y familia, chateaba por WhatsApp, por el Messenger de Facebook y hasta por Instagram.  Para mantenerse en forma iba en bicicleta a todas partes y frecuentaba un parque que quedaba lejos de su casa y se sentaba a leer en alguna banca y observar a las personas pasar. Durante el verano aprovechó para tomar alguna clase gratuita de yoga que ofrecían en el parque. Inclusive se detenía a ver a los ancianos jugar al ajedrez. Para ganar más dinero comenzó a prestar sus servicios de diseño en una plataforma global y comenzó a tener clientes provenientes de varios rincones del planeta.

    Como la mayoría del dinero que recibía se le iba en pagar los abonos a la deuda, pagar la renta y los servicios de su pequeño departamento, le quedaba muy poco dinero para comprar comida. Modificó sus hábitos y aprendió a valorar el dinero. Finalmente ponía atención al precio de los alimentos en los anaqueles y, por lo general, compraba lo más económico o buscaba las ofertas.

    Poco a poco su situación financiera fue mejorando. Había logrado ahorrar un poco de dinero y podía darse uno que otro gusto a la hora de comprar los alimentos en el supermercado.

    Cuando llegó diciembre, decidió no ir a casa para no tener que comprar regalos para su familia. También se ausentó de todas las fiestas y reuniones con sus amigos y así no gastar dinero innecesario.

    El veintitrés de diciembre sus amigas más cercanas se reunirían a comer y decidió a última hora llamarlas para ver dónde se encontraban y reunirse con ellas.

    Marcó el teléfono y en pocos segundos respondió su amiga, —¡¿En dónde te habías metido?! ¿Vienes a cenar?, Estamos en el restaurante de Manolo, ¡hola! ¡hola! ¿me escuchas? —preguntó su amiga al no escuchar respuesta.

    Ella lloraba amargamente, cuando trató de responder se dio cuenta que hacía mucho, quizá meses que no había cruzado palabra con nadie. La voz no le respondía, le salía ronca, imperceptible. Finalmente logró responder entre sollozos, —¡Qué gusto me da escucharte! Tengo muchísimas ganas de verlas —y continuó llorando.

    —¿Estás bien? ¿te pasa algo? ¿te dejó ese infeliz que te ha tenido secuestrada de tus amistades, verdad? ¿regresó con la mujer?, dime dónde estás y vamos a buscarte —respondió su amiga preocupada.

    Ella soltó una carcajada entre las lágrimas, —no, no me pasa nada y no he terminado con nadie. ¿De dónde sacaste que yo tenía un novio? Su voz comenzaba a salir de forma normal. En realidad no podré acompañarlas, iré a casa a pasar las navidades con mi familia. Pero regresaré después del Día de Reyes y nos reuniremos, ¿de acuerdo? ¡Tengo mucho que contarte! —le dijo antes de colgar el teléfono.

    Lloró, lloró y lloró desconsoladamente. ¿Cuándo había sido la última vez que había hablado con alguien? Quizá hace un par de meses cuando llevo a reparar su bicicleta. Pero no fue una conversación, solamente cruzó un par de palabras.  Hacía meses que no se sentaba a conversar con nadie. Las redes sociales le habían dado la sensación de no estar sola, pero lo estaba.

    Cuando llegó al día siguiente a casa, su padre abrió la puerta y quedó atónito al verla. —Pensé que no vendrías, ¿Te quedaste sin dinero nuevamente? —dijo.

    Ella lo abrazó y sonrió, —Para nada papá, ya casi pagué todas mis deudas y estoy comenzando a ahorrar un poco de dinero. Sólo quería verlos y pasar las navidades con ustedes.

    El padre tomo su pequeña maleta y la dejó entrar. Ella le dijo —¿Cuéntame la historia del día que conociste a mamá?. Él la miró aún más sorprendido, —¡Pero si tú y tu hermano dicen que les he contado esa historia un centenar de veces! ¿Para qué quieres escucharla nuevamente? —preguntó.

    —Sólo quiero escuchar tu voz en Navidad, dame una copa de vino y me cuentas nuevamente la historia, ¿vale?