Evolución

 

De niño solía ser muy miedoso. La abuela tenía por costumbre contarnos todo tipo de historias y leyendas de terror. Mi hermano mayor se las llevaba de valiente, pero yo sabía que por las noches dormía con un rosario debajo de la almohada.

Yo le tenía miedo a los hombres lobo, a los vampiros, a la llorona, a la mujer de blanco, y sobre todo, ¡a las gárgolas! Lo reconozco, es un miedo poco común, pero tiene una explicación. Cierta noche papá se encontraba viendo una película en la cual tomaban vida, y durante años tuve pesadillas con ellas.

Luego llegó la adolescencia. Esa época en la que nos volvemos temerarios, y creemos que somos invencibles. Le perdí el miedo a todo, o más bien eso aparentaba. En realidad temía no ser aceptado por mi grupo de amigos y que la chica de mis sueños me rechazara. ¡La juventud!

Al llegar a la edad adulta tenía miedo de estudiar la carrera equivocada, no conseguir el trabajo de mis sueños y no conocer a mi alma gemela. Mi compañera de aventuras en la vida.

Hoy tengo casi cuarenta años y nunca pensé podría llegar a tener tanto miedo.

Temo por mi hija cuando leo en las noticias que secuestraron a una niña de doce años, y cuando descubren a una red de trata de blancas.

Temo cuando leo que los fundamentalistas islámicos han cometido otro crimen, otro atentado. Temo por mi hijo cuando veo lo que sucedió en Bataclan, ¿Podrán los jóvenes ir a un concierto y no temer por su vida?

Tengo miedo a fracasar. Temo no obtener ese ascenso en el trabajo, y que mi mujer me deje por un hombre que no se esté quedando calvo y que sea un profesional exitoso.

Temo ser un mal padre y que mis hijos no sean felices. Me da miedo consentirlos demasiado y que crezcan siendo unos buenos para nada. Pero a su vez, temo ser demasiado estricto  y que de mayores resientan que no fui afectuoso con ellos.

¡Temo decir lo que pienso! Si digo que mi jefe es un cretino, que lo es, dirán que le tengo envidia.

Temo decir que el estado debe proveer salud y educación, porque dirán que soy un socialista o un progre. Temo decir que el estado no está para mantener holgazanes y que los sindicatos son corruptos, porque dirán que soy un fascista de derechas.

Temo decir que estoy orgulloso de ser hombre porque me dirán homofóbico y machista.

Temo decir la verdad porque dirán que soy poco cortés.

Temo quedarme sin empleo y no poder mantener a mi familia. Deseo ser un emprendedor, pero tengo miedo a fracasar.

Hoy desearía temerle a los vampiros, a la llorona y a los castigos de mamá. A ese monstruo que sale debajo de la cama por la noche y a dormir con las luces apagadas.

Supongo que en unos años le tendré miedo a la muerte, a morir solo y a perder a mis seres queridos. A descubrir en el recuento de la vida que fracasé y qué no hice aquellas cosas que tanto anhelé.

El miedo es parte de la vida. El miedo evoluciona, el miedo cambia, como cambia la vida misma.

El ser humano que no tenga miedo, no es humano. Pero al miedo debemos obsérvalo de cerca como se observa a un a un enemigo y aprender a llevarlo a nuestro lado como a un buen amigo.

Escritora independiente, columnista, bibliófila y entrevistadora del programa A las 8:45 por Canal Antigua.

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