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  • Yo, la víctima

    Yo, la víctima

    Ser una víctima está de moda, crear víctimas aún más. El victimismo se ha convertido en la herramienta política de nuestros días. Alcanzamos más poder en la medida que victimizamos a las personas que mejor sirven a nuestros intereses políticos. Tener coraje y ser valiente está mal visto, es más útil ser una víctima.

    Son muchos los que han escrito sobre la victimización, esta se ha convertido en una epidemia en nuestros días. El criminal y el asesino son víctimas de la sociedad, el violador es víctima del abuso que sufrió o de las enfermedades mentales que padece, el pobre es víctima del hambre y la ignorancia, el niño malcriado es víctima del divorcio de los padres o de la hiperactividad, etc., y al final del día las verdaderas víctimas son olvidadas o quedan rezagadas. No les queda otra alternativa que no sea la de aceptar su papel de víctimas.

    En pocas palabras la joven que ha sido violada por un pandillero tendrá que aceptar que, si bien ella fue abusada sexualmente, eso se debe a que el pandillero es una víctima de la sociedad, ¿se dan cuenta la irracionalidad de todo esto? Pero lo escuchamos a diario, lo vemos a diario.

    La agenda de lo políticamente correcto busca precisamente eso, crear una tiranía por medio de la «benevolencia» y olvidan que lo que debe prevalecer es la verdad y la justicia.

    Nos hemos enfocado en justificar las intenciones de las personas y nos olvidamos de que lo que realmente debe importarnos son las acciones. La comisión de un delito ha pasado a segundo plano y ahora la sociedad solo desea saber ¿por qué? y de preferencia etiquetar al criminal como víctima y diagnosticarle algún tipo de trastorno mental si sus acciones no pueden ser justificadas con su entorno social. Pobre de aquel que tenga la osadía de cuestionar a la «víctima», porque inmediatamente es tachado de ser un ser despiadado que no tiene compasión hacia sus semejantes y carece de empatía, por ende, de humanidad. Pero olvidamos que la maldad humana existe, sí como lo leen, existe. Para muchos aceptar la maldad humana es difícil, ya que lo identificamos con una concepción arcaica o una visión religiosa del bien y el mal (Dios y el Diablo), no me refiero a eso, me refiero a la verdadera maldad humana, aquella que no admite justificación, simplemente es.

    Hace algunos años leí el libro del psiquiatra estadounidense M. Scott Peck titulado: “People of The Lie˝, (Gente de la mentira). Y es quizá uno de los libros más impactantes y aterradores que he leído. Y no porque contenga nada terrorífico en el sentido literario, es aterrador porque deja al descubierto a la verdadera maldad humana. Al inicio del libro el autor dice que un psiquiatra debe abstenerse de emitir juicios de valor, sin embargo, indica que se siente obligado a hacerlo y afirma que la maldad humana existe. En el libro nos narra una serie de experiencias que tuvo con pacientes a lo largo de su carrera como psiquiatra y lo peor de todo, es que es fácil para el lector identificar a personas y situaciones similares. La maldad humana dice, no la encontramos en las cárceles, la encontramos en individuos funcionales que cometen actos de maldad que tienen ramificaciones aún mayores que sí dispararan y asesinaran a un grupo de personas. Estas personas siempre esconden sus acciones detrás de la intención. —¡No fue mi intención hacerlo! —exclaman.

    Peck hace la distinción entre enfermedades emocionales o mentales y la maldad. No descarta que hay padecimientos mentales que llevan a individuos a cometer actos de maldad. Describe la maldad como una «ignorancia militante». Están obsesionados con mantener una imagen de honorabilidad que no admite ser cuestionada y por lo general escogen muy bien a sus víctimas. Son individuos queridos por la mayoría y respetados en su comunidad. Sus víctimas son percibidas como personas paranoicas o demasiado sensibles. Estos individuos suelen llegar a alcanzar posiciones de poder y liderazgo en la sociedad.

    El libro de Peck fue publicado en 1983, cuando él lo escribió no podía ni imaginarse en lo que la sociedad se convertiría. Somos una sociedad que vive de la imagen y de la percepción, una sociedad que justifica los actos criminales con tal de alcanzar fines políticos. Cada año un mayor número de personas salen del anonimato para alcanzar sus 5 minutos de fama en las redes sociales, haciendo casi cualquier cosa para obtenerla. Por lo tanto, el peso de la opinión pública —aunque sea el mismo puñado de individuos que trata de dirigir la agenda política—, es muy importante. Y harán lo que sea para no caer en desgracia ante estos ídolos de papel, lo que está generando una tiranía de opinión que no admite cuestionamiento y nos estamos convirtiendo en una sociedad que victimiza los actos criminales. Aprendamos a tener coraje de decir lo que pensamos, disentir no es un delito, por el contrario, es uno de los pilares de una sociedad sana y libre.

    Por lo tanto, si no están de acuerdo con lo que he escrito, recuerden que yo también soy una víctima de la sociedad heteropatriarcal opresora de derecha militarista en la que crecí y no me pueden cuestionar, al contrario, espero su empatía y por supuesto sus comentarios deben ser positivos y alentadores, —sarcasmo—.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 13 de abril de 2018. Puede ver el original acá.

  • Todos somos culpables

    Todos somos culpables

    Los seres humanos tenemos por costumbre culpar a otro de nuestras desgracias. En algunos casos es así, son otras personas las responsables, pero en la gran mayoría de casos somos nosotros quienes nos buscamos nuestros propios males y si vamos más allá, somos los responsables de cómo reaccionamos ante la adversidad y los problemas.

    ¿Cómo pretendo que el gobierno no sea corrupto si yo me robo el cable del vecino? ¿Con que moral me voy a convertir en el paladín de la lucha anticorrupción, si apoyo y victimizo a un grupo organizado de delincuentes que se roba la electricidad en las comunidades? Un delito es un delito y no porque yo simpatizo ideológicamente con uno o con el otro, lo convierte en algo lícito.

    Los etiquetamos de troles o «netcenteros», —la palabrita del momento—, si sus ideas son contrarias a las nuestras. Por el contrario, les llamamos activistas si opinan como nosotros. Y esto se da a nivel nacional e internacional.

    Una mujer, inmigrante, vegana y feminista dispara contra un grupo de empleados inocentes en las oficinas de YouTube y justifican a la mujer porque tenía problemas mentales. Sus acciones son tan criminales como las del chico que disparó recientemente en una escuela en la Florida, sin embargo, los medios de comunicación y los activistas le han dado poca importancia a la noticia, como si el delito no fuese el mismo. En el primero reconocen que era una enferma mental, en el segundo culpan a la poca regulación que hay sobre las armas de fuego. Da la impresión de que hasta para ser criminal hay que estar del lado políticamente correcto. ¡A lo que hemos llegado!

    Hablemos del famoso «Facebookgate», la «filtración» de datos de más de 87 millones usuarios de Facebook. Si bien Cambridge Analytica tomó la información de los usuarios de Facebook, esta no lo hizo a la fuerza sino con el consentimiento del usuario. Porque cada vez que aceptamos una aplicación, les estamos dando permiso a que tome nuestra información, y lo que es peor, la de nuestros contactos. Pero es más fácil decir que fue una conspiración para robar los datos. ¡No hay una conspiración! Simplemente, ahora se comienzan a dar cuenta los usuarios que no hay tal cosa como una red social gratuita, ya que la información de los usuarios es muy valiosa, valiosa en términos de mercadeo, y ahora también se ha convertido en una herramienta valiosa para los políticos. Pero la culpa es nuestra, por cada «me gusta», que damos, por cada aplicación que permitimos que acceda nuestra información de forma voluntaria.

    Es sumamente fácil culpar a otra persona o a las circunstancias de nuestras desgracias y de nuestros errores, y se requiere de mucho valor y madurez emocional para aceptar nuestra responsabilidad. Tristemente, las corrientes políticas, religiosas e ideológicas predominantes no ayudan mucho en el tema, ya que es más fácil responsabilizar al estado o a un ser supremo por nuestra desdicha que afrontar la responsabilidad. Por lo tanto, seguimos esperando con ansias la llegada de un mesías salvador que venga a rescatarnos, en vez de tomar responsabilidad y convertirnos en agentes de cambio.

    Si prestamos atención, veremos que en la mayoría de casos en vez de plantear soluciones objetivas, nos enfocamos en buscar o idolatrar al mesías salvador. Las campañas políticas y el activismo se enfocan en los individuos, no en el cambio de reglas, en las leyes y en las instituciones. Bajo mi punto de vista las cosas no van a cambiar hasta que dejemos de culparnos los unos a los otros y nos demos cuenta de que todos somos culpables.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 6 de abril de 2018. Puede ver el original acá.

  • Los ofendidos

    Los ofendidos

    Si algo caracteriza la época actual son las ofensas, es muy fácil ofender. Las ofensas están siendo llevadas a tal extremo que hasta da la impresión de que a los activistas de determinadas agendas les pagan por ofenderse. Pero no son solo los activistas, es una mayoría creciente de personas sin tolerancia y sentido común que alimentan esta tendencia. En realidad, están en todo su derecho a ofenderse, pero no están en su derecho de querer cambiar a toda una sociedad, sus costumbres, su cultura, su idiosincrasia y hasta su historia, porque a ellos les ofende la sola existencia de alguien que no comparta sus ideales e ideas.

    Esta semana el Museo Metropolitano de Nueva York, publicó en su perfil de Facebook una pintura de la artista Cecilia Beaux (1855–1942), la pintura se titula Ernesta (La niña con su enfermera). En la misma podemos observar a la sobrina de la artista quien para ese entonces 1894, tenía alrededor de 2 años, junto a su nana. La niña se ve de cuerpo entero, mientras que de la nana solo se observa de la cintura para abajo. La nana tiene sujeta la mano de la niña y como indica el museo en su publicación: «La mano de Mattie (el nombre de la enfermera), sirve como un símbolo universal de protección y seguridad». Lo curioso de todo esto fue que las personas no tardaron en mostrar su ofensa ante una obra que fue pintada en siglo XIX, porque la nana sale cortada. Pierden de vista el simbolismo de la mano y, sobre todo, pierden de vista lo hermosa que es la pintura y el contexto histórico en el cual la obra fue creada. ¿Quisiera saber cuántas de estas personas tienen en su foto de perfil una fotografía en donde aparecen con las personas que, sin ser sus padres, les cuidaron cuando eran niños? Las celebridades de hoy en día suben a sus redes sociales fotos de sus hijos y la gran mayoría de estos tienen niñeras, ¿les están reclamando porque no suben la fotografía de los niños con la niñera?

    Photo Maria DeWitt Jesup Fund, 1965 | Ernesta (Child with Nurse) by Cecilia Beaux

    Esto no es la primera vez que sucede y en nuestro medio ocurre constantemente, recordarán ustedes el famoso «María Chula» y otros más recientes. Los cuales prefiero no mencionar en este espacio, para no crear más polémica.

    Hay una línea divisoria, no tan fina, entre causar ofensa y libertad de expresión. Sin embargo, es difícil ejercer una sin la otra. El problema son los extremos a los cuales se está llevando. Por eso para mí las acciones deben ser siempre más importantes que las intenciones. La excusa más común es, ¡no fue mi intención! Cuando en muchos casos es evidente que sí fue la intención. Aun así, debemos enfocarnos en las acciones para evitar caer en la censura moral de las intenciones ajenas. El derecho juzga las acciones, muchas personas han tenido deseos de asesinar a alguien, sin embargo, la ley sólo persigue y juzga a quienes cometen el delito.

    Por lo tanto, en vez de andar censurando a diestra y siniestra, preguntémonos si la acción corresponde a un delito, o si quizá incita a un delito y no es simplemente una persona ejerciendo su derecho a expresarse libremente. Evidentemente lo estoy simplificando, pero creo que es una buena pauta para analizar estas situaciones.

    Ahora bien, cada día es más común escuchar a personas acusar a quienes piensan diferente a ellas y ha aumentado el número de denunciarlos y bloqueos de usuarios en las redes sociales, simplemente porque opinan de forma distinta, y se está saliendo de control.

    Para comenzar no comprendo por qué son tan masoquistas de seguir o tan siquiera leer a quienes les desagradan. Parece ser que lo que buscan es conflicto para demostrar su superioridad moral e intelectual. Y por lo general ocurre lo opuesto, porque esos argumentos difícilmente alcanzan un buen nivel porque nacen del hígado y no dé la razón. El insulto favorito para quien piensa distinto es «trol» o «netcentero», descalificando por completo al individuo por el simple hecho de disentir. Con esto no quiero decir que no existan perfiles falsos, los hay. Pero es imposible que sean todos aquellos a quienes se les acusa diariamente. Pareciera entonces que todos somos un netcenter a los ojos de estos intolerantes.

    Y esto en realidad es una forma de censura, así como censuran los libros y las obras de arte, pretenden censurar todo aquello que les incomoda y a toda persona que ejerza su derecho a expresarse libremente. En vez de respetar la diversidad que tanto aclaman buscan una homogeneidad que está acabando con la individualidad.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 23 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

  • El hombre mediocre y las redes sociales

    El hombre mediocre y las redes sociales

    El sociólogo y médico italo-argentino, José Ingenieros, escribió en 1913 la obra titulada, «El hombre mediocre»El hombre mediocre para Ingenieros es aquel que, «es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente». Otra de las características del hombre mediocre es la envidia, a la cual le tenemos que sumar, la arrogancia, la ignorancia y la soberbia. ¿Les suena familiar? Estoy segura de que esa descripción les recordará al menos a un par de personas, sino más.

    Últimamente he estado bastante alejada de las redes sociales, y me he enfocado en la literatura y la historia. ¿Por qué? Porque todos necesitamos tomarnos un descanso de la mediocridad, sobre todo porque en las redes sociales el hombre mediocre inventa agresiones para justificar su mediocridad, y las últimas semanas han estado plagadas de agresiones en ambos lados del espectro.

    El hombre mediocre inventa agresiones para justificar su mediocridad

    En Estados Unidos, los usuarios de redes sociales han manifestado sentimientos similares, y según lo recientemente publicado por Statista, el 59% de los usuarios podría prescindir del uso de ellas. A esto debemos sumarle la baja en la teleaudiencia que tuvieron eventos populares para los estadounidenses, como lo son los premios Globo de Oro, los Grammy y los mismos Oscar, reportando estos últimos, la audiencia más baja registrada de los últimos años.

    Muchos atribuyen estas bajas al aumento de los servicios de distribución digital de contenido multimedia por medio del Internet, —streaming—. Otros, lo atribuyen a la politización de estos programas. Los televidentes disfrutan de estos espectáculos para entretenerse no para escuchar hablar de política. Para mí que es una mezcla de ambos, y uno complementa al otro. Esté o no de acuerdo con sus puntos de vista, llega el momento que cualquiera se cansa de escuchar lo mismo, una y otra y otra vez. Si a eso le sumamos la facilidad de ver cualquier película o serie por medio de Netflix, o cualquier otro servicio, evidentemente la audiencia pierde el interés en estos programas que solían dominar los ratings de audiencia. Adicional a esto, creo que estos premios no han sabido evolucionar, es agotador escuchar a los ganadores agradecer hasta a su gato por el galardón obtenido.

    Pero ya nos alejamos del tema principal, el hombre mediocre, aunque en realidad Hollywood está plagado de ellos, individuos sin ideas propias que solamente repiten y copian lo que otros hacen y es por ello, que ha decaído tanto la calidad de las películas en los últimos tiempos.

    Sin ir muy lejos, en este espacio comentaba recientemente sobre un individuo que copia tuits ajenos y los transcribe a Facebook como propios. Este encaja perfectamente en la definición de Ingenieros, porque el hombre mediocre no tiene ideas propias, este piensa y repite lo que otros dicen. Esto no significa según Ingenieros que no tenga «talentos», sino que nunca llega a desarrollarlos.

    El hombre mediocre es el «hombre masa» del que nos habla José Ortega y Gasset en su libro, «La rebelión de las masas», que se comienza a publicar en 1929. «Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas «internacionales». Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido por meres idola fori; carece de un «dentro», de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que -sine nobilitate-, snob.»

    No me resta más que recomendarles leer ambos libros, tanto Ingenieros como Ortega y Gasset nos muestran el mal de nuestros días, la mediocridad. Y la abundancia del hombre masa que pulula las redes sociales.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 16 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

  • Feminismo bien entendido

    Feminismo bien entendido

    Ayer se conmemoró el «Día Internacional de la Mujer» y llamó mi atención que una gran mayoría de personas no tenía la menor idea de lo que se conmemoraba y por qué. Para comenzar se conmemora, no se celebra. La primera marcha se realizó en febrero de 1908 y la misma exigía que se establecieran derechos políticos y económicos a favor de la mujer. Se inicia un movimiento en contra de la discriminación hacia las mujeres, una lucha por obtener el derecho al voto, a la educación, el trabajo equitativo y el derecho a ejercer cargos públicos. Victorias que se consiguieron y que hoy damos por sentado gracias a estas pioneras.

    Marcha de sufragistas en Washington en 1913 fotografía Wikimedia Commons

    El 25 de marzo de 1911, tan solo unos días después de que se llevara a cabo la marcha de ese año, ocurre uno de los desastres industriales más grandes de la historia de la ciudad de Nueva York, un incendio en la fábrica, Triangle Shirtwaist, donde fallecieron 146 personas, 123 mujeres y 23 hombres. Las mujeres eran en su mayoría inmigrantes judías e italianas, que trabajaban en esa fábrica textil, la menor de las víctimas tenía 14 años. Desde entonces, el Día de la Mujer, recuerda a esas víctimas. Como ven, no hay nada que celebrar, el 8 de marzo es un día para recordar.

    Movimientos como este, así como tantas luchas aisladas que habían iniciado en el siglo XIX, dan origen al feminismo. Gracias a ellas es que hoy en día podemos como mujeres, estudiar, votar, ejercer cargos públicos, ser propietarias, ser empresarias, profesionales, divorciarnos, casarnos con quien deseemos, heredar, tener la patria potestad de nuestros hijos, administrar nuestros bienes, etc. Las feministas no buscaban privilegios, buscaban una igualdad de hacer y acceder las mismas oportunidades que los hombres. Oportunidades que, hasta ese momento, eran exclusivas de los varones.

    Fotografía Getty Images

    Tristemente muchas mujeres han olvidado la raíz del feminismo, y, por lo tanto, hay muchas que dicen oponerse a la «liberación femenina». Déjenme decirles que es gracias a la liberación femenina, que hoy día tienen voz y libertad para oponerse a ella si así gustan. Aun así, es triste escucharlas decir eso.  Estos comentarios nacen de la ignorancia y la manipulación.

    A las mujeres no se nos enseña por qué nació feminismo y cuáles fueron sus logros. Hoy día la agenda feminista está plagada de misandria, mujeres que odian a los hombres y buscan establecer una agenda basada en privilegios y en mostrar la superioridad de la mujer sobre el hombre. Son mujeres que buscan venganza, no igualdad. Las verdaderas feministas, ¡jamás buscaron eso! Esas mujeres no son feministas, aunque se hagan llamar de esa forma, son hembristas. Pero la única forma de identificarlas es leyendo y estudiando la historia y no bailando vestidas de pajarracos, frente al Congreso de la República. Tampoco se conmemora regalando limas de uñas o invitando a hacer juegos como sucedió en distintas universidades del país. ¡Qué nivel de ignorancia!

    Muchas de las que se autodenominan feministas, son mujeres que no respetan lo que el feminismo buscó originalmente, que fue, la libertad de la mujer de decidir por sí mismas como vivir sus vidas.

    Durante la campaña de Hilary Clinton en el 2016, Madeline Albright, osó decirle a las mujeres que debían apoyar a Clinton por el simple hecho de ser mujeres, y que, «había un lugar especial en el infierno para las mujeres que no se apoyaran entre sí». ¡Eso no es feminismo, es una tiranía! Por el simple hecho de ser mujer no debo de apoyar a otra, e ir en contra de mi ideología, mis principios y mis creencias. El feminismo nació para que la mujer tuviera autodeterminación, no para que estuviera sujeta a la tiranía de unas cuantas.

    Tristemente las mujeres en occidente olvidamos que hace 100 años en muy pocos países existía el sufragio femenino y en Guatemala no es sino hasta 1946 que obtuvimos ese derecho. Preferimos ignorar que, en Arabia Saudita, el Rey permitió que las mujeres manejen un automóvil a finales del 2017, porque a nosotras no se nos ha prohibido jamás hacerlo.

    Reivindiquemos el feminismo, conozcamos su historia y su origen, y no nos dejemos manipular e influenciar por movimientos sociales con trasfondos políticos, porque eso no es feminismo.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 9 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¡Un poco de congruencia!

    ¡Un poco de congruencia!

    Los últimos días han demostrado la poca congruencia que existe en nuestro país. La congruencia crea consistencia y esta a su vez, credibilidad y confianza. ¿Qué es la congruencia? La palabra congruencia deriva del latín congruentia, y según el diccionario es la «coherencia o relación lógica que se establece entre dos o más cosas».

    En el ámbito personal, una persona congruente es aquella que vive y actúa según su escala personal de valores y creencias. Hay una relación entre lo que se piensa, se dice, se hace y se siente. Lo contrario de llevar una vida congruente es lo que se conoce psicológicamente como «Disonancia Cognitiva», y «hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias».

    Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que la mayoría de personas no le dan importancia a la congruencia. Es importante tener presente que la congruencia no es algo que necesariamente genera un beneficio a la sociedad, es un beneficio altamente personal y tampoco está relacionado con la moral. Un asesino puede ser congruente consigo mismo ya que vive según su escala de valores y creencias, por más distorsionadas que estas sean.

    Siento un desconsuelo muy grande al ver cómo algunos individuos en nuestra sociedad han demostrado carecer por completo de congruencia. —No voy a entrar a juzgar la moralidad, la ética y los valores, intentaré mantenerme en el ámbito de la congruencia—.

    No es posible que personas que hasta hace poco criticaban abiertamente a otras por su condición, privilegios y estatus, ahora los reciban con los brazos abiertos tan solo porque sus agendas e intereses coinciden en este momento. —De quienes cambian de bandera y estandarte a su conveniencia, no me voy a tomar la molestia de hablar, estos ya han quedado evidenciados y será la historia y quien los juzgue—.

    Aun así, no deja de asombrarme como alguien que hasta hace poco «luchaba» o más bien criticaba todo lo que estos representan, hoy se sienta a su lado y los recibe con camaradería. ¡Es verdaderamente patético! ¿Tan grande es su necesidad de aceptación? Eso significa que la crítica nunca fue en contra de lo que estos individuos representan, por el contrario, fue una crítica motivada por la envidia. Criticaban por el hecho de no estar en su posición y no pertenecer a su cúpula. Esas alimañas, porque no tengo otra palabra para denominarlos jamás los verán a su altura y ustedes nunca serán sus pares, es bastante ingenuo pensar lo contrario.

    ¿Qué credibilidad pueden tener de ahora en adelante quienes estuvieron dispuestos a pactar con aquellos que representan todo lo que dicen repudiar? ¿Es eso congruente? La otra alternativa es que no hayan sido más que unos charlatanes y es ahora cuando están actuando con congruencia. Y, por lo tanto, nos toca a nosotros cuestionarnos todo lo que estos bufones han dicho y expresado hasta el momento, y darnos cuenta de que hemos vivido engañados.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 3 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

     

  • Innovación, creatividad y plagio

    Innovación, creatividad y plagio

    El día de ayer se conoció la noticia que el director, Guillermo del Toro, ha sido denunciado por plagio, en medio de las votaciones al Oscar, donde su película «La forma del agua», es una de las nominadas. Esta película se ha llevado los principales galardones del cine y se considera una de las principales contendientes para llevarse el Oscar a mejor película. ¿Quién lo demanda? Lo demanda el hijo del fallecido escritor y ganador al premio Pulitzer, Paul Zindel, quien asegura que la obra de Guillermo del Toro utiliza demasiados elementos de la obra que obtuvo el premio Pulitzer en 1971.

    Del Toro asegura que no conocía la obra, y lo mismo indican los estudios Fox quienes son los responsables de la cinta.  Es difícil saber en estos casos la verdad, y lo más probable es que se resuelva en la corte o con un acuerdo entre las partes.

    Adicional a esto también se descubrió recientemente por medio de un software, que William Shakespeare plagió algunas de sus obras del trabajo del escritor George North. Quien escribió un libro a finales del siglo XVI y fue una conocida figura en la corte de la reina Elizabeth I, de Inglaterra. Al parecer Shakespeare no sólo utilizó las mismas palabras de North, sino que las empleó en escenas y contextos similares.

    Ahora bien, ¿qué es el plagio? Según el diccionario de la RAE plagiar significa, «Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias». El plagio es tan antiguo como el ser humano, siempre ha existido y por eso la legislación protege los derechos de autor. Hoy día, que es tan sencillo «copiar y pegar», de un texto ajeno, se da con muchísima frecuencia. Los jóvenes no respetan los derechos de autor y es frecuente escuchar a profesores y catedráticos hablar de este problema tan generalizado en nuestros días.

    Por su parte, Peter Thiel profundiza sobre la innovación y la creatividad en su libro, «De cero a uno». Para Thiel es más fácil copiar que hacer algo nuevo. Algo nuevo sería partir de 0 hasta 1 y copiar iría de 1 a n. Esto no significa necesariamente que copiar sea malo. Pongamos el ejemplo de la televisión, ¿quién la inventó? La respuesta no es tan sencilla porque había al menos unas 50 personas, alrededor del mundo, trabajando en proyectos similares, pero se le atribuye con más frecuencia a 3 inventores, John Logie Baird, Philo Taylor Farnsworth y Charles Francis Jenkins. Sin embargo, no podemos acusar de plagio a empresas como Samsung quienes nos introdujeron a las televisiones inteligentes. Estas empresas partieron de 1 o sea del invento de la televisión, para llevarnos a una versión mejorada de la misma, aun así, parten de una creación existente.  Por otro lado, Steve Jobs nos trae el primer iPod, el cual, si podemos decir con confianza que partió de 0 a 1, al igual que Mark Zuckerberg, con Facebook. Necesitamos de esta creatividad para mover el mundo. Copiar es mucho más fácil que innovar.

    En el tema de las obras literarias, musicales, plásticas etc., es mucho más complejo. Dos escultores pueden estar trabajando en obras similares sin conocer la existencia el uno del otro. Sin embargo, esas fantásticas coincidencias, no constituyen un plagio, si ambas son obras originales de su autor, que quizá por el uso de una técnica o una idea particular, llegaran a hacer creaciones muy similares. Por ello existen hoy en día mecanismos para que estos trabajos puedan ser registrados, porque, así como hay coincidencias, existen muchas personas, dispuestas a copiar y lucrar del trabajo intelectual del ajeno.

    Al final del día es una cuestión de ética. ¿Cuántas veces al día no recibimos cadenas de textos, citas motivacionales, caricaturas, etc., en los cuales no citan al autor? Hace poco tuve conocimiento de un individuo que copia tuits ajenos y los transcribe a Facebook como propios, ¡el colmo! Lo que demuestra no solo una pobreza intelectual muy grande sino una total falta de valores. Tomemos consciencia de esto, ya que creando e innovando es como saldremos adelante.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 23 de febrero de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¿Libre emisión del pensamiento o terrorismo?

    ¿Libre emisión del pensamiento o terrorismo?

    El año pasado escribí en este espacio sobre el proyecto de ley 5254, «Ley de ciberdelincuencia». Hoy deseo hablarles o más bien alertarlos, sobre el proyecto de ley 5239, «Ley contra actos terroristas». La cual pretende llamar terrorista a prácticamente cualquier ciudadano que haga ejercicio a su derecho a la libre emisión del pensamiento.

    En noviembre, cuando esta iniciativa fue presentada, una agrupación campesina se manifestó al respecto, porque dicha ley también llama terroristas a quienes bloquean las carreteras, pero el tema pasó prácticamente desapercibido por la población. Esta semana me hicieron llegar la iniciativa de ley, y es realmente preocupante.  Les copio de forma textual el artículo 24 del proyecto de ley, el subrayado es mío.

    «Articulo 24. Terrorismo cibernético o Ciberterrorismo. Comete este delito quien, con fines económicos, políticos, religiosos, ideológicos, militares, y/o cualquier otro utilice los medios de comunicación, informática, tecnologías de información, electrónica o similar con el objeto de generar, infundir temor, causar alarma, intimidar a la población, o compeler a un Estado o Gobierno u organismo nacional o internacional, causando con ello una violación a la libre voluntad de las personas, será sancionado con prisión de diez a quince años.

     Si con esta acción se intercepta, trasfiere, desvía, causa daño, inutiliza o destruye equipos, programas e información contenida en los mismos será sancionado con pena de prisión de quince a treinta años.

     En la misma forma será sancionado quien programe, distribuya, comercie o tenga en su poder programas encaminados producir los efectos a que se refiere el párrafo anterior.»

    La definición de ciberterrorismo según Wikipedia es la siguiente: «El ciberterrorismo o terrorismo electrónico es el uso de medio de tecnologías de información, comunicación, informática, electrónica o similar con el propósito de generar terror o miedo generalizado en una población, clase dirigente o gobierno, causando con ello una violación a la libre voluntad de las personas. Los fines pueden ser económicos, políticos, o religiosos principalmente».

    Como podrán ver nuestros legisladores, en su definición de «ciberterrorismo», no hicieron más que copiar, y medio editar la definición de Wikipedia. Sin embargo, según esta definición habría primero que definir lo que significa, «generar, infundir temor, causar alarma, intimidar a la población, o compeler a un Estado o Gobierno u organismo nacional o internacional». Ya que para mí esa definición es tan general, que podría convertirse en una herramienta contra la libre expresión del pensamiento. En este país, todos los días sale más de algún analista político a atemorizar a la población, con sus predicciones y análisis políticos, ¿Es eso un acto terrorista? ¡No! Simplemente el analista está ejerciendo su derecho a la libre expresión del pensamiento. ¿Son todos aquellos que critican al Congreso de la República, al MP o a la CICIG terroristas? ¡Por supuesto que no!

    Encontré esta otra definición de Teresa Gil, la cual me parece más acertada: «El ciberterrorismo es la ejecución de un ataque sorpresa por parte de un grupo (o persona) terrorista, extranjero subnacional, con objetivo político, utilizando tecnología informática e Internet para desactivar las infraestructuras electrónicas y físicas de una nación, provocando de este modo la pérdida de servicios críticos, como energía eléctrica, sistemas de emergencia telefónica, sistemas bancarios, Internet y otros muchos». Como podrán ver, hay un abismo entre ambas definiciones. Debemos estar vigilantes y atentos, ya que, si nos descuidamos, corremos el riesgo de convertirnos en terroristas por el simple hecho de opinar y disentir, si a alguien se le ocurre acusarnos de causar terror a los demás al ejercer nuestro derecho a la libre emisión del pensamiento.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 2 de febrero de 2018. Puede ver el original acá.

  • Revolución y educación

    Revolución y educación

    Cada 20 de octubre, conmemoramos la «Revolución del 20 de octubre», llama mi atención que 73 años más tarde, uno de sus principales estandartes, la reforma educativa, sea un fracaso. Da la impresión que las generaciones posteriores de maestros se enfocaron en su logro sindical, en los aumentos salariales, y los pactos colectivos, olvidando la razón primordial de su existencia, educar. Obviamente no voy a generalizar, hay verdaderos maestros que hacen milagros con los pocos recursos que tienen disponibles.

    La revolución del 44 pretendía acabar con la educación dirigida, didáctica rígida y tradicional; la cual continúa. El fracaso de la reforma educativa es tal, que muchos no tienen idea de lo que se celebra el 20 de octubre. Y entre los que sí saben, existe discrepancia al respecto de qué fue lo que sucedió y que se pretendía. No falta quien diga que el presidente Jorge Ubico fue derrocado en la revolución, ignorando por completo la figura de Federico Ponce Vaidez.

    Al momento de la revolución, se identifica la necesidad de una reforma educativa, ¿qué pasó? Quienes que nos interesamos por los métodos educativos modernos identificamos el mismo problema. Y no falta quien diga que el problema de la educación es precisamente que nos alejamos de esa educación didáctica rígida y tradicional. Al contrario, urge que nos deseduquemos del concepto tradicional de educación. Estamos creando autómatas que no saben pensar ni decidir por sí mismos. La semana pasada hablé en este espacio de los nuevos alfabetas analfabetas. Aquellos que leen y escriben, pero no comprenden lo que leen. La educación es un problema muy serio y lo que nos urge es una verdadera «revolución» educativa.

    Regresando al legado perdido de la revolución, me gustaría rescatar el concepto de las «Escuelas tipo federación», ¡qué idea más fascinante! Estas fueron impulsadas por el presidente Juan José Arévalo. De 1945 a 1951 fueron construidas 21 escuelas tipo federación. Su objetivo era educar por medio de un proceso más participativo y creativo, para que los niños comprendieran mejor y a los maestros se les facilitara la tarea de enseñar. Los maestros debían gozar de autonomía dentro del aula. Arquitectónicamente hablando, tenían forma de círculo, media luna o rectángulo. Contaban con espacios administrativos, teatro, espacios para recreo, sanitarios independientes, biblioteca, tienda escolar e inclusive laboratorio.

    Escuela tipo Federación, «José Joaquín Palma» en Ciudad de Guatemala

    El 5 de julio de este año se publicó en el Diario de Centroamérica que el Ministerio de Educación deseaba rescatar estos centros y que había asignado un presupuesto de veinticinco millones de quetzales para tal efecto. Me parece muy bien que inviertan en ello, pero, ¿y la reforma al pensum?, ¿la capacitación a los maestros?, ¿las pruebas de selección y excelencia a los maestros? Me parece que el proyecto escolar del presidente Arévalo valdría la pena ser rescatado, no solamente los edificios. Es curioso que ningún otro presidente construyera este tipo de escuelas y no continuara con el proyecto. A los maestros les digo, ¿qué tal si dejan de celebrar sus logros sindicales y toman conciencia del fracaso educativo del cual son partícipes y responsables?

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 20 de octubre de 2017. Puede ver el original acá.

  • El alfabeta analfabeta

    El alfabeta analfabeta

    Durante muchos siglos la educación fue accesible sólo para unos pocos privilegiados. Dependiendo de la época y la cultura, fue además un privilegio exclusivo para los hombres. A raíz de la Revolución Industrial y el surgimiento de la igualdad de derechos para las mujeres, la educación es ahora accesible para la gran mayoría.

    Según las cifras más recientes del Comité Nacional de Alfabetización, CONALFA, un 87.69 % de las personas mayores de 15 años, saben leer y escribir. Desgraciadamente, nos enfrentamos a un nuevo analfabetismo: la falta de comprensión lectora.

    Los últimos datos de la UNESCO, revelan que más de la mitad de los jóvenes en América Latina no alcanzan los niveles de suficiencia requeridos de comprensión lectora. En pocas palabras, leen y escriben, pero no comprenden lo que leen. Van a la escuela, pero no aprenden. Imagínense el reto que representa para estos jóvenes el haber culminado sus estudios. Haberse graduado con toda la esperanza y el sacrificio de sus padres, y darse cuenta de que no tienen las capacidades mínimas, situándolos en una posición de desventaja.

    El caso de las niñas es aún más preocupante, ya que, Guatemala es el segundo país de la región con peor educación para las niñas. Las niñas en nuestro país, estudian menos que los niños. Muchas niñas deben de trabajar desde muy temprana edad, ayudar en el hogar y cuidar de sus hermanos. Sumado a eso, está el alto índice de matrimonios infantiles y de embarazos. Es aterrador pensar que las niñas que logran superar estos obstáculos con la esperanza de salir del círculo de la pobreza, reciben una educación deficiente.

    La comprensión lectora es esencial. Quien no tiene una comprensión adecuada, no podrá aprender, así de simple. Para cualquier tipo de aprendizaje se debe de comprender, si no se comprende no se aprende.

    Muchos creen que la tecnología es la solución, y sí lo es, siempre y cuando se tengan las competencias mínimas de aprendizaje. La educación ha cambiado, el acceso a la información permite que seamos autodidactas, pero no podemos serlo si no tenemos comprensión lectora. ¿De qué sirve darle una tableta, o un celular con acceso a internet a un joven que no comprende lo que lee? ¡De nada! Lo más probable es que se llenará la cabeza con toda la basura que circula por las redes, ya que no tendrá la capacidad de comprender y analizar por sí mismo. Hoy por hoy, la gran mayoría de personas tiene acceso a la información y triunfa quien sabe sacar mejor provecho de ella.

    ¿Qué podemos hacer? Definitivamente una reforma educativa, pero más que eso, se necesitan maestros capacitados. Es triste pensar que muchos de nuestros maestros tienen tan poca compresión lectora como sus mismos alumnos. Debemos olvidar a los sindicatos y a los pactos colectivos. Hacer pruebas a los maestros y solo aquellos que las superen con excelencia, deberían tener en sus manos la responsabilidad de educar a nuestros niños y jóvenes. Obviamente eso conlleva un trabajo de selección y capacitación de maestros, que no es una tarea fácil y tomará años para su implementación. Pero entre más tiempo dejemos pasar más difícil será solucionarlo. Por lo tanto, la meta no debe ser alfabetizar, sino enseñar a comprender y, por ende, a aprender.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 13 de octubre de 2017. Puede ver el original acá.