Categoría: Guatemala

  • Taparle el ojo al macho

    Taparle el ojo al macho

    El 17 de mayo se llevó a cabo el foro-conversatorio: «Trabajo doméstico de mujeres indígenas en Guatemala, la interseccionalidad de las discriminaciones por clase, sexo y etnia», presentado por la Organización Internacional del Trabajo —OIT— y CARE

    Vamos por partes, para comenzar la última parte del título del conversatorio «interseccionalidad de las discriminaciones por clase, sexo y etnia», nos deja ver que lo último que les preocupa es el trabajo, es un foro sobre la discriminación. ¿Tiene eso algo de malo? Por supuesto que no, pero me molesta que mezclen una cosa con la otra. Claro que hay discriminación en el trabajo, pero el hecho de que se enfoquen exclusivamente en el trabajo de la mujer indígena ya de por sí está discriminando al resto de la población del país, comenzando por los hombres indígenas. Es más, me atrevería a decir que el hombre indígena con relación al trabajo doméstico sufre más discriminación que la mujer indígena. ¿Cuántos de ustedes contratarían a un hombre indígena para el trabajo doméstico en casa? De por sí a una mujer le da aprensión recibir a un trabajador en su casa, sea indígena o no. ¿Cuántas mujeres no nos sentimos intranquilas cuando llega un desconocido a casa, sea el electricista, el técnico del cable, un albañil, etc.? Se podría decir que eso ya es una discriminación y es lo más normal del mundo, es un instinto de preservación al estar alerta ante la presencia de un extraño.

     

    Segundo, el evento identificó como la causa y el origen de esta discriminación al patriarcado y la herencia colonial ¡seguimos culpando a los españoles que se fueron de acá hace 196 años! Sin embargo, se les pasó por alto el factor cultural de las comunidades indígenas —porque ojo, el foro-conversatorio era exclusivamente sobre las mujeres indígenas—, ya que son ellos mismos los que discriminan y denigran a la mujer indígena. Quienes las condenan a una vida de servilismo, son sus propios padres y su comunidad. Pero como en este país hablar mal de los grupos indígenas te convierte automáticamente en un racista, entonces nadie dice nada y les dejan pasar esas prácticas aberrantes como lo son el matrimonio infantil. El año pasado, Estéfany Pérez Miranda, de 15 años, originaria de Joyabaj, Quiché, denunció como los matrimonios son acordados entre las partes cuando las niñas tienen entre 4 y 5 años y que cuando cumplen los 14 o 15 años y son consideradas en capacidad de casarse y tener hijos se llevan a cabo los matrimonios. Si bien la ley prohibió desde agosto del año pasado los matrimonios a menores de 18 años, eso no significa que no sigan ocurriendo en la práctica, simplemente ahora las menores y sus hijos menores quedan desprotegidas ante la ley. Y el problema no es la ley, son sus prácticas «ancestrales» de las cuales los españoles tampoco son culpables. Y recordemos también que muchas de las menores que buscan trabajo como domésticas, son enviadas a las ciudades por sus propios padres. 

    Tercero, por lo tanto, el foro-conversatorio debió centrarse en la educación y la capacitación de la mujer indígena, que es a mi criterio la raíz del problema. Si la mujer indígena estudia y se capacita querrá optar a mejores oportunidades de trabajo y no tendrá que ser una empleada doméstica. Esto es una verdad para todas las mujeres en nuestro país. Tristemente, Guatemala es el segundo país de la región con peor educación para las niñas. Las niñas en nuestro país estudian menos que los niños. Muchas niñas deben de trabajar desde muy temprana edad, ayudar en el hogar y cuidar de sus hermanos. Sumado a eso, está el alto índice de matrimonios infantiles y de embarazos. Es aterrador pensar que las niñas que logran superar estos obstáculos con la esperanza de salir del círculo de la pobreza reciben una educación deficiente. 

     

    Estas mujeres trabajan como domésticas porque no están capacitadas para hacer nada más, es una triste realidad. Por supuesto que las condiciones deben mejorar, pero no van a mejorar mientras sean las mismas familias las que envían a sus hijas menores a trabajar exponiéndolas al abuso y a condiciones de trabajo poco deseables. Si se pretende equiparar el salario, las empleadas deben estar capacitadas, si es a eso a lo que van a dedicarse, pero muchas de ellas llegan a sus trabajos sin tan siquiera saber como limpiar de forma adecuada y no digamos realizar tareas más específicas y complejas. 

    Nuevamente, quiero recalcar que es este es un problema de educación. Me parece que hay más racismo y discriminación en el hecho de que no puedan ser educadas para poder optar a un mejor empleo y, por ende, a mejores condiciones de vida. Estos “foros” solo pretenden «taparle el ojo la macho», para buscar culpables en vez de solucionar el problema desde la raíz y justificar la ratificación del Convenio 189.  

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 18 de mayo de 2018. Puede ver el original acá.

     

  • ¿Qué está pasando?

    ¿Qué está pasando?

    Nuestro país está completamente dividido y hay tantas facciones que desean hacerse del poder que es difícil saber lo que en realidad sucede. La guerra por la desinformación ha alcanzando niveles irracionales, por lo que es muy distinguir entre lo que es verdad y lo que es manipulación. Por ejemplo, si circula el rumor de que el presidente va a pedir la expulsión de la CICIG y al mismo tiempo circulará el rumor de que se está fraguando un golpe de estado técnico contra el presidente Morales. Salen ambos grupos a gritar golpe de estado, y al final no pasa absolutamente nada. No eran más que rumores por parte de unos y otros.

    Hoy tenemos una nueva Fiscal General, la era de Thelma Aldana termina e inicia la de Consuelo Porras. La mayoría nos preguntamos, ¿qué va a suceder? Los comentarios que he escuchado sobre ella y su equipo son favorables. Todos esperamos que continúe la lucha contra la impunidad, pero más que nada, esperamos que actúe con apego a las leyes del país, al estado de derecho, a la Constitución Política de la República, y que actúe con equidad sin prestarse a juegos y presiones políticas.

    Tan pronto se dio el anuncio de su nombramiento, comenzaron a circular las opiniones encontradas, unos la felicitaban mientras que otros ya la llamaban la «fiscal de la impunidad». ¿Qué les pasa? Podemos darle al menos el beneficio de la duda, esperar un poco para poder ver cómo será su mandado y que acciones tomará antes de comenzar con las opiniones. Con esto no quiero decir que no estemos facultados para opinar. Pero una cosa muy distinta es opinar y otra aseverar, y el problema es que acá se la pasan aseverando demasiadas cosas, las cuales en su mayoría han terminado siendo falsas, creando caos y confusión entre la población.

    Versa el refrán «cuando el río truena, piedras lleva», por lo que no dudo que exista algo detrás de los rumores, tristemente la línea divisoria entre la verdad y la manipulación se hace cada día más delgada y cuesta mucho saber lo que está sucediendo. Lo más triste es ver como muchos individuos y analistas que tienen sobre sus hombros la responsabilidad de ser objetivos se prestan a un juego tan sucio.  Justo ayer comparaba los comentarios de varios de ellos y están prácticamente calcados los unos de los otros, todos enfocados en la misma agenda y en la misma dirección. Y son estos manipuladores de la verdad los primeros que salen a hablar de libertad de expresión y no dudan en llamar «netcenter», a quien opine lo contrario o a quienes los cuestionan.

    ¡Basta ya! Aprendamos a opinar aclarando que es una opinión, no aseveremos nada a menos que estemos completamente seguros de que es verdad y, sobre todo, no nos prestemos a propagar rumores. Bien podríamos dejar de compartir todo lo que nos llega por WhatsApp, analizarlo y leerlo con calma antes de que lo demos por un hecho. El problema principal de los rumores es que pueden desencadenar verdaderas crisis políticas, sociales y económicas. En una sociedad como la nuestra que atraviesa una grave crisis que no hemos sido capaces de superar, somos un blanco fácil de estos rumores que son generados para sembrar caos y manipularnos, obteniendo así el resultado deseado.

    La responsabilidad de preservar la verdad de la información es de cada uno de nosotros, aprendamos a discernir entre la verdad, una opinión y una manipulación, pero, sobre todo, no nos prestemos a ese juego burdo de quienes manipulan la opinión para conseguir sus propios fines porque sino nunca sabremos con certeza, qué está pasando.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 4 de mayo de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¿Libre emisión del pensamiento o terrorismo?

    ¿Libre emisión del pensamiento o terrorismo?

    El año pasado escribí en este espacio sobre el proyecto de ley 5254, «Ley de ciberdelincuencia». Hoy deseo hablarles o más bien alertarlos, sobre el proyecto de ley 5239, «Ley contra actos terroristas». La cual pretende llamar terrorista a prácticamente cualquier ciudadano que haga ejercicio a su derecho a la libre emisión del pensamiento.

    En noviembre, cuando esta iniciativa fue presentada, una agrupación campesina se manifestó al respecto, porque dicha ley también llama terroristas a quienes bloquean las carreteras, pero el tema pasó prácticamente desapercibido por la población. Esta semana me hicieron llegar la iniciativa de ley, y es realmente preocupante.  Les copio de forma textual el artículo 24 del proyecto de ley, el subrayado es mío.

    «Articulo 24. Terrorismo cibernético o Ciberterrorismo. Comete este delito quien, con fines económicos, políticos, religiosos, ideológicos, militares, y/o cualquier otro utilice los medios de comunicación, informática, tecnologías de información, electrónica o similar con el objeto de generar, infundir temor, causar alarma, intimidar a la población, o compeler a un Estado o Gobierno u organismo nacional o internacional, causando con ello una violación a la libre voluntad de las personas, será sancionado con prisión de diez a quince años.

     Si con esta acción se intercepta, trasfiere, desvía, causa daño, inutiliza o destruye equipos, programas e información contenida en los mismos será sancionado con pena de prisión de quince a treinta años.

     En la misma forma será sancionado quien programe, distribuya, comercie o tenga en su poder programas encaminados producir los efectos a que se refiere el párrafo anterior.»

    La definición de ciberterrorismo según Wikipedia es la siguiente: «El ciberterrorismo o terrorismo electrónico es el uso de medio de tecnologías de información, comunicación, informática, electrónica o similar con el propósito de generar terror o miedo generalizado en una población, clase dirigente o gobierno, causando con ello una violación a la libre voluntad de las personas. Los fines pueden ser económicos, políticos, o religiosos principalmente».

    Como podrán ver nuestros legisladores, en su definición de «ciberterrorismo», no hicieron más que copiar, y medio editar la definición de Wikipedia. Sin embargo, según esta definición habría primero que definir lo que significa, «generar, infundir temor, causar alarma, intimidar a la población, o compeler a un Estado o Gobierno u organismo nacional o internacional». Ya que para mí esa definición es tan general, que podría convertirse en una herramienta contra la libre expresión del pensamiento. En este país, todos los días sale más de algún analista político a atemorizar a la población, con sus predicciones y análisis políticos, ¿Es eso un acto terrorista? ¡No! Simplemente el analista está ejerciendo su derecho a la libre expresión del pensamiento. ¿Son todos aquellos que critican al Congreso de la República, al MP o a la CICIG terroristas? ¡Por supuesto que no!

    Encontré esta otra definición de Teresa Gil, la cual me parece más acertada: «El ciberterrorismo es la ejecución de un ataque sorpresa por parte de un grupo (o persona) terrorista, extranjero subnacional, con objetivo político, utilizando tecnología informática e Internet para desactivar las infraestructuras electrónicas y físicas de una nación, provocando de este modo la pérdida de servicios críticos, como energía eléctrica, sistemas de emergencia telefónica, sistemas bancarios, Internet y otros muchos». Como podrán ver, hay un abismo entre ambas definiciones. Debemos estar vigilantes y atentos, ya que, si nos descuidamos, corremos el riesgo de convertirnos en terroristas por el simple hecho de opinar y disentir, si a alguien se le ocurre acusarnos de causar terror a los demás al ejercer nuestro derecho a la libre emisión del pensamiento.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 2 de febrero de 2018. Puede ver el original acá.

  • Revolución y educación

    Revolución y educación

    Cada 20 de octubre, conmemoramos la «Revolución del 20 de octubre», llama mi atención que 73 años más tarde, uno de sus principales estandartes, la reforma educativa, sea un fracaso. Da la impresión que las generaciones posteriores de maestros se enfocaron en su logro sindical, en los aumentos salariales, y los pactos colectivos, olvidando la razón primordial de su existencia, educar. Obviamente no voy a generalizar, hay verdaderos maestros que hacen milagros con los pocos recursos que tienen disponibles.

    La revolución del 44 pretendía acabar con la educación dirigida, didáctica rígida y tradicional; la cual continúa. El fracaso de la reforma educativa es tal, que muchos no tienen idea de lo que se celebra el 20 de octubre. Y entre los que sí saben, existe discrepancia al respecto de qué fue lo que sucedió y que se pretendía. No falta quien diga que el presidente Jorge Ubico fue derrocado en la revolución, ignorando por completo la figura de Federico Ponce Vaidez.

    Al momento de la revolución, se identifica la necesidad de una reforma educativa, ¿qué pasó? Quienes que nos interesamos por los métodos educativos modernos identificamos el mismo problema. Y no falta quien diga que el problema de la educación es precisamente que nos alejamos de esa educación didáctica rígida y tradicional. Al contrario, urge que nos deseduquemos del concepto tradicional de educación. Estamos creando autómatas que no saben pensar ni decidir por sí mismos. La semana pasada hablé en este espacio de los nuevos alfabetas analfabetas. Aquellos que leen y escriben, pero no comprenden lo que leen. La educación es un problema muy serio y lo que nos urge es una verdadera «revolución» educativa.

    Regresando al legado perdido de la revolución, me gustaría rescatar el concepto de las «Escuelas tipo federación», ¡qué idea más fascinante! Estas fueron impulsadas por el presidente Juan José Arévalo. De 1945 a 1951 fueron construidas 21 escuelas tipo federación. Su objetivo era educar por medio de un proceso más participativo y creativo, para que los niños comprendieran mejor y a los maestros se les facilitara la tarea de enseñar. Los maestros debían gozar de autonomía dentro del aula. Arquitectónicamente hablando, tenían forma de círculo, media luna o rectángulo. Contaban con espacios administrativos, teatro, espacios para recreo, sanitarios independientes, biblioteca, tienda escolar e inclusive laboratorio.

    Escuela tipo Federación, «José Joaquín Palma» en Ciudad de Guatemala

    El 5 de julio de este año se publicó en el Diario de Centroamérica que el Ministerio de Educación deseaba rescatar estos centros y que había asignado un presupuesto de veinticinco millones de quetzales para tal efecto. Me parece muy bien que inviertan en ello, pero, ¿y la reforma al pensum?, ¿la capacitación a los maestros?, ¿las pruebas de selección y excelencia a los maestros? Me parece que el proyecto escolar del presidente Arévalo valdría la pena ser rescatado, no solamente los edificios. Es curioso que ningún otro presidente construyera este tipo de escuelas y no continuara con el proyecto. A los maestros les digo, ¿qué tal si dejan de celebrar sus logros sindicales y toman conciencia del fracaso educativo del cual son partícipes y responsables?

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 20 de octubre de 2017. Puede ver el original acá.

  • El alfabeta analfabeta

    El alfabeta analfabeta

    Durante muchos siglos la educación fue accesible sólo para unos pocos privilegiados. Dependiendo de la época y la cultura, fue además un privilegio exclusivo para los hombres. A raíz de la Revolución Industrial y el surgimiento de la igualdad de derechos para las mujeres, la educación es ahora accesible para la gran mayoría.

    Según las cifras más recientes del Comité Nacional de Alfabetización, CONALFA, un 87.69 % de las personas mayores de 15 años, saben leer y escribir. Desgraciadamente, nos enfrentamos a un nuevo analfabetismo: la falta de comprensión lectora.

    Los últimos datos de la UNESCO, revelan que más de la mitad de los jóvenes en América Latina no alcanzan los niveles de suficiencia requeridos de comprensión lectora. En pocas palabras, leen y escriben, pero no comprenden lo que leen. Van a la escuela, pero no aprenden. Imagínense el reto que representa para estos jóvenes el haber culminado sus estudios. Haberse graduado con toda la esperanza y el sacrificio de sus padres, y darse cuenta de que no tienen las capacidades mínimas, situándolos en una posición de desventaja.

    El caso de las niñas es aún más preocupante, ya que, Guatemala es el segundo país de la región con peor educación para las niñas. Las niñas en nuestro país, estudian menos que los niños. Muchas niñas deben de trabajar desde muy temprana edad, ayudar en el hogar y cuidar de sus hermanos. Sumado a eso, está el alto índice de matrimonios infantiles y de embarazos. Es aterrador pensar que las niñas que logran superar estos obstáculos con la esperanza de salir del círculo de la pobreza, reciben una educación deficiente.

    La comprensión lectora es esencial. Quien no tiene una comprensión adecuada, no podrá aprender, así de simple. Para cualquier tipo de aprendizaje se debe de comprender, si no se comprende no se aprende.

    Muchos creen que la tecnología es la solución, y sí lo es, siempre y cuando se tengan las competencias mínimas de aprendizaje. La educación ha cambiado, el acceso a la información permite que seamos autodidactas, pero no podemos serlo si no tenemos comprensión lectora. ¿De qué sirve darle una tableta, o un celular con acceso a internet a un joven que no comprende lo que lee? ¡De nada! Lo más probable es que se llenará la cabeza con toda la basura que circula por las redes, ya que no tendrá la capacidad de comprender y analizar por sí mismo. Hoy por hoy, la gran mayoría de personas tiene acceso a la información y triunfa quien sabe sacar mejor provecho de ella.

    ¿Qué podemos hacer? Definitivamente una reforma educativa, pero más que eso, se necesitan maestros capacitados. Es triste pensar que muchos de nuestros maestros tienen tan poca compresión lectora como sus mismos alumnos. Debemos olvidar a los sindicatos y a los pactos colectivos. Hacer pruebas a los maestros y solo aquellos que las superen con excelencia, deberían tener en sus manos la responsabilidad de educar a nuestros niños y jóvenes. Obviamente eso conlleva un trabajo de selección y capacitación de maestros, que no es una tarea fácil y tomará años para su implementación. Pero entre más tiempo dejemos pasar más difícil será solucionarlo. Por lo tanto, la meta no debe ser alfabetizar, sino enseñar a comprender y, por ende, a aprender.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 13 de octubre de 2017. Puede ver el original acá.

  • ¡¿Hasta cuándo?!

    ¡¿Hasta cuándo?!

    ¿Cuánto tiempo más vamos a poder sostener esta crisis de ingobernabilidad?, ¿cuándo podremos comenzar a trabajar en una agenda conjunta de país, sin crear divisiones? Ahora le tocó el turno al alcalde capitalino, ¡esto ya parece el juego de las sillas musicales!

    Hasta ayer, las cosas venían encaminadas. Finalmente se había abierto el debate para las reformas a la Ley Electoral, varios tanques de pensamiento presentaron propuestas, la comisión del Congreso de la República encargada de las reformas a la LEPP, estaba trabajando y el Tribunal Supremo Electoral también trabajaba en una propuesta de ley. Daba gusto ver como el debate nacional se había volcado en una agenda común. Quizá faltaba mucho para ponernos de acuerdo en los detalles específicos de las reformas, pero la mayoría de personas lo veíamos como un respiro, un paso al futuro; y hoy, yo sólo veo un retroceso. Esto pareciera confirmar que sólo se busca desestabilizar al país e impedir que hagamos las reformas a la LEPP, para evitar llegar a elecciones.

    No me mal entiendan, la lucha contra la corrupción es algo que tenemos que hacer, caiga quien caiga. Pero, muchos de estos procesos se están llevando de forma descuidada, hay problemas con los plazos, las pruebas, los testigos, etc. Es absurdo que los detenidos el día de ayer, tengan que esperar en prisión por 12 días para tener la primera declaración. La ley estipula en el artículo 87 del Código Procesal Penal, que deben de tener la primera declaración dentro de las primeras 24 horas luego de ser detenidos. Pero, como los presentaron ante el juez, este se da el lujo de fijar la audiencia para el 17 de octubre, cubriéndose las espaldas con una «huisachada», como decimos en buen chapín. Sean o no culpables, tienen derecho al debido proceso. Es más, en Guatemala no existe la figura de la prisión provisional, existe la prisión preventiva cuando ya se está ligado a proceso. Pero como estos detenidos aún no lo están, significa que estarán en prisión por 12 días de forma ilegal. Por supuesto, no faltará quien diga que estoy defendiendo a los sindicados, ¡no, defiendo el imperio de la ley y el debido proceso! Desgraciadamente, en los casos políticos esta medida se ha venido usando y nadie ha hecho nada al respecto, pero es una grave violación a la ley y a los derechos humanos del sindicado.

    Y ahora, le han dado a Arzú el perfecto «Casus belli». «Casus belli», es una expresión latina que se utiliza en nuestros días en Derecho Internacional, aunque sus usos pueden ser muy amplios. En este contexto significa que el alcalde tiene la excusa perfecta para declararle la «guerra» abiertamente a Iván Velásquez y Thelma Aldana, debido al antejuicio interpuesto en su contra. Por lo tanto, regresamos al enfrentamiento político. Arzú, a diferencia de Morales, es un experto en política, es un veterano, para bien o para mal.

    Como consecuencia, las urgentes reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos tendrán que esperar. Todo indica que a los actores políticos poco les importa, unos quieren mantenerse en el poder y los otros quieren violar las instituciones y la constitución a como dé lugar, para poder instaurar al gobierno que les plazca. Mientras tanto, los ciudadanos seguiremos esperando y aguantando, porque esto ya se volvió una prueba de resistencia. ¡¿Hasta cuándo?!

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 6 de octubre de 2017. Puede ver el original acá.

  • Destruir el pasado

    Destruir el pasado

    Cada día se impone con más fuerza la corriente que busca destruir el pasado, con el pretexto de la reivindicación. Se busca anular aquello que nos incomoda. Hay una célebre frase que se le atribuye a Nicolás Avellaneda, que versa, «Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla (tomada de Cicerón)».  Algunos historiadores, niegan esta afirmación, y estoy parcialmente de acuerdo. La historia nunca se repite igual, es imposible. Hitler, Stalin, Torquemada, Genghis Khan, etc., ya están muertos. Pero eso no impide que otros peores o mejores que ellos estén por venir. Y por ello, es importante estudiar la historia. Mas no aquella historia que se acomoda a la ideología y a la agenda política. Sino más bien, la historia que presenta ambos lados de la moneda, con lo bueno, lo malo y lo feo.

    El documental “Under The Sun del cineasta Vitaly Mansky. Nos muestra cómo la propaganda oficial en Corea del Norte es creada y como los niños estudian la versión oficial de la historia. Lo irónico, es que en el mundo occidental está sucediendo lo mismo y sin la necesidad de tener un dictador como Kim Jong-un. La tecnología nos permite tener acceso tanto a las versiones oficiales como a las no oficiales, podemos por nosotros, mismos analizar los hechos narrados por distintos interlocutores y sacar nuestras propias conclusiones. Tristemente, muchos prefieren seguir la versión que no los incomoda, aquella que valida sus creencias, sin importar cuál sea la verdad.

    Desde los incidentes ocurridos en Charlottesville, en los Estados Unidos, ha comenzado una campaña para la destrucción de las estatuas confederadas, la misma se está extendiendo a todo aquello que es políticamente incorrecto. Como sucedió con la estatua de Fray Junípero Serra, que apareció decapitada en Santa Bárbara, California, por genocida. Lo que ignoran quienes la destruyeron es que este fraile luchó por los derechos de los indios. Daesh hace exactamente lo mismo en cada territorio que ocupa, y eso ya nos costó a la civilización occidental la destrucción de la ciudad romana de Palmira y tantos otros tesoros que son parte la historia de la humanidad, nuestra humanidad. Ilusamente creen que están haciendo historia, al destruirla.

    En Guatemala, vamos por el mismo camino y no es que tengamos muchas estatuas para derribar, pero se está intentando cambiar la historia. Como lo está evidenciando la crítica al cineasta guatemalteco, Kenneth Müller, por motivo de su nueva película, «Septiembre: un llanto en silencio». La película narra lo ocurrido a su familia. Específicamente el terrible atentado terrorista perpetrado por la guerrilla el 5 de septiembre de 1980, cuando hicieron estallar bombas en diferentes puntos de la capital, incluyendo el Parque Central. A Müller se le acusa de atacar a la guerrilla y defender al ejército, pero él dice una gran verdad, «la historia que cuentan a los jóvenes es de las atrocidades que cometió el ejército y obvian las que cometió la guerrilla». Aprendamos a vivir con la historia, con la que nos gusta y con la que no, y sólo así podremos evitar que se den las mismas condiciones para que suceda algo similar o peor.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 29 de septiembre de 2017. Puede ver el original acá.

  • ¿Cómo y quién?

    ¿Cómo y quién?

    Hay una célebre frase de Simón Rodríguez que dice, «Enseñen los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el porqué de lo que se les mande hacer; se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, no a la costumbre como los estúpidos». Yo crecí en una generación en la que se nos enseñó que cuestionar era malo. Hoy tengo claro que respetar y cuestionar son dos cosas muy distintas. El respeto es importante, pero una sociedad que no cuestiona, está destinada al fracaso.

    ¿Cómo y quién?, son preguntas que hacemos con frecuencia, me cuesta trabajo comprender por qué no es lo primero que se nos viene a la cabeza cuando hablamos de Guatemala. No sé ustedes, pero yo estoy cansada de escuchar a los bienintencionados hacer castillos en el aire, expresar pensamientos orientados al deseo, no a la realidad. Ya no quiero más ambigüedad, quiero respuestas y soluciones. Estoy harta de la desinformación y el enfrentamiento. Sólo díganme, ¿cómo vamos a solucionar esta crisis y quién tiene el liderazgo? ¿Cuántas de las personas que se manifestaron el miércoles lo tienen claro?

    Hace unos días pregunté, ¿de renunciar los 107 diputados, quien los reemplazaría? La respuesta me la dieron una periodista y un abogado, «los siguientes en los listados». Eso me dejó más tranquila. Lo que aún no me responde nadie es, ¿cómo vamos a sacar a los 107? Si ellos no renuncian de forma voluntaria, dicen que vienen los procesos por los casos Odebrecht y Transurbano. Pero esto no afecta a los 107, por ahí estiman que son alrededor de 50. Ahora bien, ¿cuánto tiempo le va a llevar al MP y a la CICIG hacer esto? Lo pregunto porque Otto Pérez y Roxana Baldetti siguen sin ser condenados y Sinibaldi y Archila continúan prófugos. Creo que mis preguntas son justificadas.

    Una activista me respondió que se iba a instalar, en vez del congreso, «una asamblea rural y popular». Cuando pregunté, ¿quién la instala?, ¿cómo se conforma y bajo qué criterio?, me respondió que no sabía. Igualmente, ilusoria es la propuesta de la politóloga que propone despedir aproximadamente al 80% de los empleados públicos, más no dice que va a hacer de un día para otro con cientos de miles de desempleados, cómo va a evitar que colapse la economía, ni propone cómo va a reinsertarlos a la fuerza laboral. Es muy fácil tener sueños de opio, pero ejecutar e implementar es mucho más complejo.

    Luego están los que proponen sacar al presidente y vicepresidente. He preguntado en repetidas ocasiones, ¿quién va a sustituirlos?, y sigo esperando una respuesta. Me dicen que hay líderes y buenos candidatos. Pero no me dicen nombres. Yo no tengo cinco años para creer en Santa Claus y en cuentos de hadas. ¿Me pueden responder quién los sustituye, quienes son esos posibles reemplazos, sus nombres? ¡Por supuesto que no me lo van a decir! Les da miedo decirlo en voz alta, y me temo que el remedio vaya a resultar peor que la enfermedad.

    Creo que la mayoría estamos de acuerdo en que las reformas a la Ley Electoral son prioritarias, pero, ¿cómo lograremos consenso y quiénes dejarán sus intereses particulares para lograr esos consensos?

    Mientras tanto, seguiré preguntando, ¿cómo y quién?, y si desean tomar un consejo no solicitado, ustedes también deberían hacerlo.

    Imagen cortesía de Ryan McGuire.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 22 de septiembre de 2017. Puede ver el original acá.

  • ¿Ley bozal o de ciberdelincuencia?

    ¿Ley bozal o de ciberdelincuencia?

    En una República, es un deber ciudadano el permanecer alerta ante las posibles amenazas y por ello, me siento obligada a prevenirlos sobre la iniciativa de ley 5254 —Ley de ciberdelincuencia—, presentada por el diputado José Rodrigo Valladares Guillén y compañía. La iniciativa ya cuenta con un dictamen favorable, según lo informó el diputado Valladares Guillén el día martes, en su cuenta de Twitter.

    La ley de ciberdelincuencia tiene sus orígenes en el «Convenio de Budapest», o «Convenio sobre ciberdelincuencia», el cuál es el primer tratado internacional que estipula los delitos informáticos y de Internet. Busca que los países que se suscriban al tratado, aprueben legislaciones que tipifiquen estos delitos.  Guatemala solicitó su adhesión al convenio en abril del año 2016, habiendo recibido una respuesta favorable. Sin embargo, para poder suscribirse, Guatemala debe aprobar esta legislación.

    Ahora bien, una cosa es buscar la tipificación de delitos de Internet, como los relacionados a derechos de autor, pornografía infantil, seguridad de sistemas informáticos, protección de datos, delitos de odio, atentados contra la seguridad en la web, etc., y otra muy distinta, es querer limitar el derecho a la libre emisión del pensamiento y la privacidad de los ciudadanos.

    El artículo 14, pone en peligro el «hacking ético», dejándolo a merced de la ley, ya que debe pasar un proceso jurídico que puede poner en riesgo la protección de los sistemas. El hacking ético es aquel que realiza un experto certificado, quien pone a prueba un sistema con la intención de encontrar vulnerabilidades, y luego proponer soluciones para evitar que se ponga en riesgo a la empresa y la información privada de sus clientes. El problema es que tal artículo prohíbe la posesión de software para hacking específicamente, por lo que los expertos certificados que hacen uso del mismo, estarían violando la ley.

    La nueva legislación también menciona lo siguiente, que, curiosamente, no forma parte del Convenio de Budapest:

    «Artículo 18. Acoso por medios cibernéticos. Comete delito de acoso por medios cibernéticos a quien, de forma deliberada, sin autoridad o excediendo de la que posea, sin permiso o consentimiento legalmente reconocido, y de forma recurrente o repetitiva, acosare a una persona, mediante ataques personales o divulgación de información confidencial o falsa, por medio de sistemas informáticos o cualquier medio de comunicación electrónico y se le impondrá pena de prisión de uno a dos años y pena de multa de uno a doscientos salarios mínimos para actividades no agrícolas.»

    En pocas palabras, expresar su opinión puede ser considerado un delito, si de esa forma lo interpreta el ofendido. Imagínense si el ofendido es el presidente, un ministro o un diputado. ¡Nos estarían limitando el derecho a fiscalizar las actuaciones de nuestros gobernantes y representantes!

    El artículo 20, relativo al aseguramiento de datos, indica que, mediante la orden de una autoridad competente, una empresa o individuo debe de poner a disposición los datos requeridos. Me llama la atención que dice «autoridad competente» y no «juez», como lo indica el artículo 28. Lo que me hace suponer que cualquier burócrata que tenga competencia, podría arbitrariamente, solicitar esta información sin que medie la orden de un juez. Acá también debemos de tomar en cuenta que mucha de la información se almacena en servidores en EE. UU, lo que significa que para poder entregar esa información se deben accionar mecanismos internacionales para conseguirla y puede crear problemas de jurisdicción.

    En contraste, todos los avances en Internet se han logrado gracias a su carácter subversivo, que rompe paradigmas, y que muchas veces desafía la soberanía internacional.

    En resumen, los legisladores se están valiendo de una legislación que es necesaria implementar, para ponernos un bozal y privarnos de nuestro derecho a la libre expresión. ¿Lo vamos a permitir?

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 15 de septiembre de 2017. Puede ver el original acá.

  • Hablar en círculos

    Hablar en círculos

    Los guatemaltecos hablamos en círculos. Hablar en círculos es pasar horas discutiendo algo con alguien, para llegar al mismo lugar donde se comenzó. Tristemente no sólo estamos hablando en círculos, le estamos hablando al mismo círculo.

    Los argumentos son tan débiles que podrían utilizarse tanto por un grupo, como por el otro. Les pondré dos ejemplos que encontré en Twitter:

    «Los libertarios no quieren que EE.UU., intervenga en Guatemala a través de la CICIG, pero si quieren que intervenga militarmente en Venezuela. Imbéciles», si le damos la vuelta al argumento se lee: «Los socialistas no quieren que EE.UU., intervenga militarmente en Venezuela, pero si quieren que la CICIG intervenga en Guatemala. Imbéciles».

    Segundo ejemplo: «Si confiamos en las instituciones y no en las personas, no debiese preocupar si Jimmy Morales renuncia, el organismo Ejecutivo, continuaría.», ahora invirtámoslo, «Si confiamos en las instituciones y no en las personas, no debiese preocupar si Iván Velásquez renuncia, la CICIG continuaría.»

    En ambos ejemplos, vemos argumentos vacíos, no nos dicen nada y, aun así, reciben eco entre quienes piensan igual que ellos. Y como no estamos discutiendo más que en círculos (salvo algunas excepciones), no llegamos a conocer cómo piensa en realidad la contraparte.

    Visité las páginas de Facebook de varios medios de comunicación, agrupaciones y figuras públicas. En las publicaciones de contenido, era evidente que la gran mayoría no había leído. Comentaban a favor o en contra, pero era extraño encontrar comentarios relacionados al tema. Las críticas se limitaban a insultos, etiquetando a la persona, sin mencionar el contenido para iniciar un debate real sobre los puntos de discrepancia. Era aplaudido y felicitado por quienes piensan de forma similar, nuevamente sin argumentos que sustenten su apoyo. Y esto nos lleva al siguiente problema. Aquí muy pocos leen y menos aún comprenden lo que leen.

    Por andarle buscando tres pies al gato, no comprenden lo que el interlocutor quiere decir. Se toman muy a pecho eso de aprender a leer entre líneas, pero se saltaron la parte donde primero había que aprender a leer y comprender lo que se lee.  La única forma de leer entre líneas es leyendo a todos por igual, evaluando y valorando lo que se lee por medio del uso de la razón. Si no, es un simple adoctrinamiento donde exclusivamente leo aquello que reafirma mis puntos de vista, pero me pierdo el panorama, general, global.

    Y, por último, se ha puesto de moda sacar la banderita y etiquetarse, de forma que hay un linchamiento para quienes no se están manifestando. La presión podrá ser fuerte, pero recordemos que la persona al final del día es libre de pensar y opinar como se le venga en gana, y luego eso se ve reflejado en las urnas. Insultar, presionar y etiquetar, tampoco es argumentar, y la mejor forma de defender una posición cuando no se tienen argumentos, es hablando en círculos. ¿Qué tal si mejor nos informamos antes de formarnos un criterio?, y así aprenderemos a tener una discusión en vez buscar tener la razón.

    Imagen cortesía de Ryan McGuire.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 1 de septiembre de 2017. Puede ver el original acá.