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  • Guatemala, el país que premia las malas decisiones

    Guatemala, el país que premia las malas decisiones

    El pasado 3 de julio se vio marcado por la violencia y las críticas sociales. Hablemos en particular sobre el trágico incidente en el Centro Juvenil de Detención Provisional Gaviotas. Lo sucedido generó noticia y con ella las diversas opiniones que nos caracterizan. En Twitter leí lo siguiente: «Cuando leo los comentarios de los guatemaltecos condenando a jóvenes inocentes de esa forma, pierdo toda esperanza en este país».

    Decidí investigar más a fondo el motivo de estas críticas a quienes ejercen su derecho a expresarse libremente. En particular, en los comentarios a las publicaciones en medios de comunicación en las redes sociales.  Si bien, no eran todos, la gran mayoría de comentarios iban dirigidos a críticas a la PDH, y en denominar a estos reclusos asesinos.

    Detengámonos aquí, estoy de acuerdo en que estos jóvenes vienen de ambientes sumidos en la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades. Y también estoy de acuerdo en que deberíamos generar programas que ayuden a atacar el problema antes que se presente. Sin embargo, parece que en este país para demostrar que tenemos calidad humana debemos defender las conductas antisociales y llamar víctimas a los delincuentes.  Déjenme decirles que es lo contrario, a quienes debemos defender y llamar héroes es a los millones de guatemaltecos que, aun viviendo en las mismas circunstancias, optan por hacer lo correcto. Por llevar una vida digna, por estudiar, trabajar y ganarse el sustento diario. Y son ellos las principales víctimas de los antisociales. Considero que estos guatemaltecos tienen más derecho que ningún otro a llamar asesino al pandillero que mató a su padre, a su hermano, a su hijo. Ellos sí saben lo que hablan porque lo ha vivido en carne propia, ¡lo viven a diario! Y al ver muchos de esos perfiles, de los «insensibles que condenan» a los reclusos, veo que son gente de barrio, gente sencilla, gente que decidió llevar una vida digna y ahora son juzgados por expresar sus sentimientos.

    No es falta de humanidad, es cansancio, la gente ya se hartó. ¡Escúchenlos! ¿Y de ahí se preguntan por qué las urnas no reflejan sus ideales y sentimientos? Sucede que en Guatemala la gran mayoría vivimos en burbujas y parecemos focas aplaudiéndonos entre nosotros mismos, lo que nos da una percepción errónea de la realidad nacional. Y no, afuera hay un mundo, una sociedad que clama a gritos y no la estamos escuchando.

    Peor aún, muchos de estos criticones y descontentos, no celebran y mucho menos apoyan la gran labor que grupos como la Biblioteca Bernardo Lemus y la Asociación Los Patojos, por nombrar algunos, están realizando. Estos grupos trabajan sol a sol para atacar muchos de estos problemas, llevando esperanza a sus comunidades, a nuestros niños y jóvenes.

    Dejemos de aplaudir las malas decisiones de algunos y reconozcamos a los verdaderos héroes, esa mayoría de chapines luchadores, que optó por hacer lo correcto y no se dejó vencer por la delincuencia.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 7 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • La hora nalga

    La hora nalga

    La hora nalga es una hora de tiempo perdido en el trabajo sin hacer nada, pero es una hora remunerada.

    Me atrevería a afirmar que una gran mayoría de personas hemos experimentado una hora nalga.

    Les pongo un ejemplo, son las tres de la tarde y ya terminamos todo lo que había que hacer por el día, sin embargo no podemos irnos hasta que sea la hora de salida que es a las cinco. Durante esas dos horas nos quedamos sentados en nuestro puesto de trabajo haciendo horas nalga. La mayoría de personas ocupa esta hora nalga navegando las redes sociales, hablando y chateando por teléfono o bien ocupándose de asuntos personales.

    Hace 30 años, la hora nalga era mucho menos común. La tecnología no había avanzado y había mucho más trabajo que hacer, la mecanografía, la correspondencia, los libros de contabilidad, las actas de las empresas, los documentos de investigación, los inventarios e inclusive, el monitoreo de medios, eran un trabajo básicamente manual. Por supuesto que se ayudaban de máquinas de escribir, sumadoras, papel pasante, máquinas de esténcil etc., pero no habían computadoras personales y no existían los programas de oficina que nos facilitan diariamente la vida. Las empresas no contaban con internet y mucho menos con la maravillosa “nube” o Google Drive. Eso hacía que necesitáramos mucho más tiempo y horas de trabajo. Hoy en día y gracias a la tecnología, el trabajo se ha simplificado y acortado.

    Por esta razón, quedan más espacios libres durante el día. Sin embargo, ni los jefes ni los empleados son capaces de hacer algo al respecto. La gran mayoría nos limitamos a cumplir con el horario laboral establecido y llenarlo con horas nalga.

    Esta comprobado que el período de atención continua del cerebro humano es de aproximadamente 90 minutos, luego de ese período el cerebro necesita una pausa. Es irreal pensar que alguien pasará 8 horas consecutivas 100% concentrado en su trabajo, sin buscar algún tipo de distracción. La distracción se hará aún mayor, si la empresa carece de organización.

    La legislación guatemalteca establece una jornada laboral que no puede exceder de ocho horas diarias, ni de un total de cuarenta y ocho horas semanales. La misma se creó con el ánimo de proteger al trabajador para que no trabaje más de ocho horas diarias. En ningún lugar dice que debe de ser de ocho horas diarias, pero es la costumbre. La legislación laboral guatemalteca necesita una reforma urgente en el tema del trabajo por tiempo parcial para poder incorporar al mercado laboral a personas que por razones personales o de estudio no pueden cumplir con una jornada completa de 8 horas, que también serviría para modernizar a la empresa y eliminar las horas nalga.

    Las horas nalgas son más frecuentes en aquellas empresas que tienen poca organización, donde los jefes están siempre ausentes o no tienen ningún tipo de control sobre sus empleados. “Para obtener una hora nalga necesitas mezclar una hora de tiempo muerto mas un jefe mediocre”.

    Si implementamos un trabajo con base a objetivos y productividad, las horas nalgas se reducen significativamente y el desempeño aumenta. Sin embargo para eso, la empresa debe modernizarse.

    Empresas como Google, Yahoo, Netflix, y Virgin, por mencionar las más conocidas ya han dado un paso hacia la modernidad. Los empleados disponen de mucho más tiempo libre para tomar una siesta, leer, hacer deporte, asistir a citas, médicas, hacer trámites o simplemente pasar más tiempo con sus seres queridos o sus mascotas; inclusive cuentan con vacaciones ilimitadas. Dentro de las oficinas de trabajo han hecho cambios estructurales y se ha implementado otra cultura laboral: una cultura laboral con base en la productividad y no al tiempo. De esta forma también premiamos la eficacia del trabajador, si este ya cumplió sus objetivos y sus metas no tiene porque permanecer sentado en una silla haciendo horas nalgas innecesarias.

    Conozco de algunas empresas en Latinoamérica que han comenzado a instalar gimnasios para sus empleados y se de otras más progresistas que están dándole a sus empleados un día a la semana para que trabajen desde casa por medio tiempo y tengan la tarde libre. En otras, los jefes han establecido horas durante la semana donde le dan flexibilidad a sus empleados para tomar cursos por internet, o pueden tomar capacitaciones promovidas por la misma empresa.

    Aceptar estos cambios y sobre todo reconocer que las horas nalga existen no es tarea fácil. Estoy segura de que la mayoría de jefes y empresarios que lean este artículo se sentirán molestos por el mismo. Sin embargo, negar la existencia de las horas nalga es el primer error. ¡Acéptenlo, son parte de la empresa moderna! Como ya lo mencioné anteriormente, la legislación laboral no beneficia a nadie, si un jefe decide comenzar a darle una tarde libre a sus empleados y más adelante decide no hacerlo más, la legislación laboral lo puede obligar a continuar haciéndolo porque se tomaría como un beneficio adquirido y a él no le conviene, por lo tanto prefiere no implementarlo y continuar pagando las horas nalga que no benefician a nadie, es más, desmotivan al trabajador eficiente.

    En la mayoría de las empresas de nuestro país los horarios son rigurosos. Si llegas 15 minutos tarde, no falta quien te vea llegar con cara de odio y luego le va con el chisme al jefe. Por supuesto que poco les importa si te quedas hasta las ocho de la noche trabajando, que no tomes tu hora de almuerzo o que tu jefe te haya hecho trabajar durante el fin de semana. Para ellos el estricto cumplimiento del horario es más importante que ser productivo y cumplir con tus obligaciones. No importa si durante tus ocho horas te pasaste metido en Facebook siguiendo con morbo las publicaciones de tus amigos. Lo importante es que llegaste puntual y te fuiste puntual. ¡Que mediocridad!

    El ambiente laboral está tan corrompido que ni siquiera es permitido que saques un libro y te pongas a leer, eso envía el mensaje de que eres un perezoso y no tienes nada más que hacer.

    Hay actividades laborales que por su propia naturaleza no las podemos cambiar. Un ejemplo es el de el agente de seguridad. Sin embargo tener a alguien parado en la puerta no garantiza la seguridad, la seguridad es integral y conlleva otros factores. El comercio, por ejemplo, es una de las actividades más sacrificadas en cuanto a horarios. Aunque no llegue ningún cliente, debes permanecer ahí. Los empleados de los restaurantes, servicios médicos y hospitalarios son casos similares.

    Otro fenómeno interesante que se adapta a la empresa moderna es el de las oficinas virtuales. Todos los empleados trabajan desde su casa, hacen conferencias por internet para darle seguimiento y pueden alquilar oficinas virtuales si necesitan tener reuniones con clientes.

    Hay también una nueva oferta y demanda laboral que es la de las asistentes virtuales, que son personas que contratas por internet para realizar tareas específicas. Esto ha sido una fuente de trabajo importante sobre todo para mujeres que por razones personales han optado por dejar de trabajar para pasar más tiempo con sus hijos, pero que están capacitadas.

    La tecnología es una herramienta que bien utilizada nos puede generar una calidad de vida superior. Sin embargo, mientras la legislación laboral no cambie y las horas nalga continúen siendo un tabú. Y tanto jefes como empleados no comprendamos que el mundo de hace 50 años ya no es el mismo que es hoy, ¡se modernizó! Y que el trabajo también debe de modernizarse; las empresas seguirán pagando horas nalga y los empleados seguirán cobrándolas .

    ¡Gracias por leer y comentar! Estoy segura que sus experiencias personales serán muy enriquecedoras para la discusión de este tema.

    Gracias a Guillermo Durán por la fantástica ilustración. Si desean conocer más sobre su trabajo lo pueden seguir en su página de Facebook.