Categoría: Actualidad

  • Los ofendidos

    Los ofendidos

    Si algo caracteriza la época actual son las ofensas, es muy fácil ofender. Las ofensas están siendo llevadas a tal extremo que hasta da la impresión de que a los activistas de determinadas agendas les pagan por ofenderse. Pero no son solo los activistas, es una mayoría creciente de personas sin tolerancia y sentido común que alimentan esta tendencia. En realidad, están en todo su derecho a ofenderse, pero no están en su derecho de querer cambiar a toda una sociedad, sus costumbres, su cultura, su idiosincrasia y hasta su historia, porque a ellos les ofende la sola existencia de alguien que no comparta sus ideales e ideas.

    Esta semana el Museo Metropolitano de Nueva York, publicó en su perfil de Facebook una pintura de la artista Cecilia Beaux (1855–1942), la pintura se titula Ernesta (La niña con su enfermera). En la misma podemos observar a la sobrina de la artista quien para ese entonces 1894, tenía alrededor de 2 años, junto a su nana. La niña se ve de cuerpo entero, mientras que de la nana solo se observa de la cintura para abajo. La nana tiene sujeta la mano de la niña y como indica el museo en su publicación: «La mano de Mattie (el nombre de la enfermera), sirve como un símbolo universal de protección y seguridad». Lo curioso de todo esto fue que las personas no tardaron en mostrar su ofensa ante una obra que fue pintada en siglo XIX, porque la nana sale cortada. Pierden de vista el simbolismo de la mano y, sobre todo, pierden de vista lo hermosa que es la pintura y el contexto histórico en el cual la obra fue creada. ¿Quisiera saber cuántas de estas personas tienen en su foto de perfil una fotografía en donde aparecen con las personas que, sin ser sus padres, les cuidaron cuando eran niños? Las celebridades de hoy en día suben a sus redes sociales fotos de sus hijos y la gran mayoría de estos tienen niñeras, ¿les están reclamando porque no suben la fotografía de los niños con la niñera?

    Photo Maria DeWitt Jesup Fund, 1965 | Ernesta (Child with Nurse) by Cecilia Beaux

    Esto no es la primera vez que sucede y en nuestro medio ocurre constantemente, recordarán ustedes el famoso «María Chula» y otros más recientes. Los cuales prefiero no mencionar en este espacio, para no crear más polémica.

    Hay una línea divisoria, no tan fina, entre causar ofensa y libertad de expresión. Sin embargo, es difícil ejercer una sin la otra. El problema son los extremos a los cuales se está llevando. Por eso para mí las acciones deben ser siempre más importantes que las intenciones. La excusa más común es, ¡no fue mi intención! Cuando en muchos casos es evidente que sí fue la intención. Aun así, debemos enfocarnos en las acciones para evitar caer en la censura moral de las intenciones ajenas. El derecho juzga las acciones, muchas personas han tenido deseos de asesinar a alguien, sin embargo, la ley sólo persigue y juzga a quienes cometen el delito.

    Por lo tanto, en vez de andar censurando a diestra y siniestra, preguntémonos si la acción corresponde a un delito, o si quizá incita a un delito y no es simplemente una persona ejerciendo su derecho a expresarse libremente. Evidentemente lo estoy simplificando, pero creo que es una buena pauta para analizar estas situaciones.

    Ahora bien, cada día es más común escuchar a personas acusar a quienes piensan diferente a ellas y ha aumentado el número de denunciarlos y bloqueos de usuarios en las redes sociales, simplemente porque opinan de forma distinta, y se está saliendo de control.

    Para comenzar no comprendo por qué son tan masoquistas de seguir o tan siquiera leer a quienes les desagradan. Parece ser que lo que buscan es conflicto para demostrar su superioridad moral e intelectual. Y por lo general ocurre lo opuesto, porque esos argumentos difícilmente alcanzan un buen nivel porque nacen del hígado y no dé la razón. El insulto favorito para quien piensa distinto es «trol» o «netcentero», descalificando por completo al individuo por el simple hecho de disentir. Con esto no quiero decir que no existan perfiles falsos, los hay. Pero es imposible que sean todos aquellos a quienes se les acusa diariamente. Pareciera entonces que todos somos un netcenter a los ojos de estos intolerantes.

    Y esto en realidad es una forma de censura, así como censuran los libros y las obras de arte, pretenden censurar todo aquello que les incomoda y a toda persona que ejerza su derecho a expresarse libremente. En vez de respetar la diversidad que tanto aclaman buscan una homogeneidad que está acabando con la individualidad.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 23 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

  • El hombre mediocre y las redes sociales

    El hombre mediocre y las redes sociales

    El sociólogo y médico italo-argentino, José Ingenieros, escribió en 1913 la obra titulada, «El hombre mediocre».  El hombre mediocre para Ingenieros es aquel que, «es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente». Otra de las características del hombre mediocre es la envidia, a la cual le tenemos que sumar, la arrogancia, la ignorancia y la soberbia. ¿Les suena familiar? Estoy segura de que esa descripción les recordará al menos a un par de personas, sino más.

    Últimamente he estado bastante alejada de las redes sociales, y me he enfocado en la literatura y la historia. ¿Por qué? Porque todos necesitamos tomarnos un descanso de la mediocridad, sobre todo porque en las redes sociales el hombre mediocre inventa agresiones para justificar su mediocridad, y las últimas semanas han estado plagadas de agresiones en ambos lados del espectro.

    El hombre mediocre inventa agresiones para justificar su mediocridad

    En Estados Unidos, los usuarios de redes sociales han manifestado sentimientos similares, y según lo recientemente publicado por Statista, el 59% de los usuarios podría prescindir del uso de ellas. A esto debemos sumarle la baja en la teleaudiencia que tuvieron eventos populares para los estadounidenses, como lo son los premios Globo de Oro, los Grammy y los mismos Oscar, reportando estos últimos, la audiencia más baja registrada de los últimos años.

    Muchos atribuyen estas bajas al aumento de los servicios de distribución digital de contenido multimedia por medio del Internet, —streaming—. Otros, lo atribuyen a la politización de estos programas. Los televidentes disfrutan de estos espectáculos para entretenerse no para escuchar hablar de política. Para mí que es una mezcla de ambos, y uno complementa al otro. Esté o no de acuerdo con sus puntos de vista, llega el momento que cualquiera se cansa de escuchar lo mismo, una y otra y otra vez. Si a eso le sumamos la facilidad de ver cualquier película o serie por medio de Netflix, o cualquier otro servicio, evidentemente la audiencia pierde el interés en estos programas que solían dominar los ratings de audiencia. Adicional a esto, creo que estos premios no han sabido evolucionar, es agotador escuchar a los ganadores agradecer hasta a su gato por el galardón obtenido.

    Pero ya nos alejamos del tema principal, el hombre mediocre, aunque en realidad Hollywood está plagado de ellos, individuos sin ideas propias que solamente repiten y copian lo que otros hacen y es por ello, que ha decaído tanto la calidad de las películas en los últimos tiempos.

    Sin ir muy lejos, en este espacio comentaba recientemente sobre un individuo que copia tuits ajenos y los transcribe a Facebook como propios. Este encaja perfectamente en la definición de Ingenieros, porque el hombre mediocre no tiene ideas propias, este piensa y repite lo que otros dicen. Esto no significa según Ingenieros que no tenga «talentos», sino que nunca llega a desarrollarlos.

    El hombre mediocre es el «hombre masa» del que nos habla José Ortega y Gasset en su libro, «La rebelión de las masas», que se comienza a publicar en 1929. «Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas «internacionales». Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido por meres idola fori; carece de un «dentro», de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que -sine nobilitate-, snob.»

    No me resta más que recomendarles leer ambos libros, tanto Ingenieros como Ortega y Gasset nos muestran el mal de nuestros días, la mediocridad. Y la abundancia del hombre masa que pulula las redes sociales.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 16 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

  • Innovación, creatividad y plagio

    Innovación, creatividad y plagio

    El día de ayer se conoció la noticia que el director, Guillermo del Toro, ha sido denunciado por plagio, en medio de las votaciones al Oscar, donde su película «La forma del agua», es una de las nominadas. Esta película se ha llevado los principales galardones del cine y se considera una de las principales contendientes para llevarse el Oscar a mejor película. ¿Quién lo demanda? Lo demanda el hijo del fallecido escritor y ganador al premio Pulitzer, Paul Zindel, quien asegura que la obra de Guillermo del Toro utiliza demasiados elementos de la obra que obtuvo el premio Pulitzer en 1971.

    Del Toro asegura que no conocía la obra, y lo mismo indican los estudios Fox quienes son los responsables de la cinta.  Es difícil saber en estos casos la verdad, y lo más probable es que se resuelva en la corte o con un acuerdo entre las partes.

    Adicional a esto también se descubrió recientemente por medio de un software, que William Shakespeare plagió algunas de sus obras del trabajo del escritor George North. Quien escribió un libro a finales del siglo XVI y fue una conocida figura en la corte de la reina Elizabeth I, de Inglaterra. Al parecer Shakespeare no sólo utilizó las mismas palabras de North, sino que las empleó en escenas y contextos similares.

    Ahora bien, ¿qué es el plagio? Según el diccionario de la RAE plagiar significa, «Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias». El plagio es tan antiguo como el ser humano, siempre ha existido y por eso la legislación protege los derechos de autor. Hoy día, que es tan sencillo «copiar y pegar», de un texto ajeno, se da con muchísima frecuencia. Los jóvenes no respetan los derechos de autor y es frecuente escuchar a profesores y catedráticos hablar de este problema tan generalizado en nuestros días.

    Por su parte, Peter Thiel profundiza sobre la innovación y la creatividad en su libro, «De cero a uno». Para Thiel es más fácil copiar que hacer algo nuevo. Algo nuevo sería partir de 0 hasta 1 y copiar iría de 1 a n. Esto no significa necesariamente que copiar sea malo. Pongamos el ejemplo de la televisión, ¿quién la inventó? La respuesta no es tan sencilla porque había al menos unas 50 personas, alrededor del mundo, trabajando en proyectos similares, pero se le atribuye con más frecuencia a 3 inventores, John Logie Baird, Philo Taylor Farnsworth y Charles Francis Jenkins. Sin embargo, no podemos acusar de plagio a empresas como Samsung quienes nos introdujeron a las televisiones inteligentes. Estas empresas partieron de 1 o sea del invento de la televisión, para llevarnos a una versión mejorada de la misma, aun así, parten de una creación existente.  Por otro lado, Steve Jobs nos trae el primer iPod, el cual, si podemos decir con confianza que partió de 0 a 1, al igual que Mark Zuckerberg, con Facebook. Necesitamos de esta creatividad para mover el mundo. Copiar es mucho más fácil que innovar.

    En el tema de las obras literarias, musicales, plásticas etc., es mucho más complejo. Dos escultores pueden estar trabajando en obras similares sin conocer la existencia el uno del otro. Sin embargo, esas fantásticas coincidencias, no constituyen un plagio, si ambas son obras originales de su autor, que quizá por el uso de una técnica o una idea particular, llegaran a hacer creaciones muy similares. Por ello existen hoy en día mecanismos para que estos trabajos puedan ser registrados, porque, así como hay coincidencias, existen muchas personas, dispuestas a copiar y lucrar del trabajo intelectual del ajeno.

    Al final del día es una cuestión de ética. ¿Cuántas veces al día no recibimos cadenas de textos, citas motivacionales, caricaturas, etc., en los cuales no citan al autor? Hace poco tuve conocimiento de un individuo que copia tuits ajenos y los transcribe a Facebook como propios, ¡el colmo! Lo que demuestra no solo una pobreza intelectual muy grande sino una total falta de valores. Tomemos consciencia de esto, ya que creando e innovando es como saldremos adelante.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 23 de febrero de 2018. Puede ver el original acá.

  • ¡¿Hasta cuándo?!

    ¡¿Hasta cuándo?!

    ¿Cuánto tiempo más vamos a poder sostener esta crisis de ingobernabilidad?, ¿cuándo podremos comenzar a trabajar en una agenda conjunta de país, sin crear divisiones? Ahora le tocó el turno al alcalde capitalino, ¡esto ya parece el juego de las sillas musicales!

    Hasta ayer, las cosas venían encaminadas. Finalmente se había abierto el debate para las reformas a la Ley Electoral, varios tanques de pensamiento presentaron propuestas, la comisión del Congreso de la República encargada de las reformas a la LEPP, estaba trabajando y el Tribunal Supremo Electoral también trabajaba en una propuesta de ley. Daba gusto ver como el debate nacional se había volcado en una agenda común. Quizá faltaba mucho para ponernos de acuerdo en los detalles específicos de las reformas, pero la mayoría de personas lo veíamos como un respiro, un paso al futuro; y hoy, yo sólo veo un retroceso. Esto pareciera confirmar que sólo se busca desestabilizar al país e impedir que hagamos las reformas a la LEPP, para evitar llegar a elecciones.

    No me mal entiendan, la lucha contra la corrupción es algo que tenemos que hacer, caiga quien caiga. Pero, muchos de estos procesos se están llevando de forma descuidada, hay problemas con los plazos, las pruebas, los testigos, etc. Es absurdo que los detenidos el día de ayer, tengan que esperar en prisión por 12 días para tener la primera declaración. La ley estipula en el artículo 87 del Código Procesal Penal, que deben de tener la primera declaración dentro de las primeras 24 horas luego de ser detenidos. Pero, como los presentaron ante el juez, este se da el lujo de fijar la audiencia para el 17 de octubre, cubriéndose las espaldas con una «huisachada», como decimos en buen chapín. Sean o no culpables, tienen derecho al debido proceso. Es más, en Guatemala no existe la figura de la prisión provisional, existe la prisión preventiva cuando ya se está ligado a proceso. Pero como estos detenidos aún no lo están, significa que estarán en prisión por 12 días de forma ilegal. Por supuesto, no faltará quien diga que estoy defendiendo a los sindicados, ¡no, defiendo el imperio de la ley y el debido proceso! Desgraciadamente, en los casos políticos esta medida se ha venido usando y nadie ha hecho nada al respecto, pero es una grave violación a la ley y a los derechos humanos del sindicado.

    Y ahora, le han dado a Arzú el perfecto «Casus belli». «Casus belli», es una expresión latina que se utiliza en nuestros días en Derecho Internacional, aunque sus usos pueden ser muy amplios. En este contexto significa que el alcalde tiene la excusa perfecta para declararle la «guerra» abiertamente a Iván Velásquez y Thelma Aldana, debido al antejuicio interpuesto en su contra. Por lo tanto, regresamos al enfrentamiento político. Arzú, a diferencia de Morales, es un experto en política, es un veterano, para bien o para mal.

    Como consecuencia, las urgentes reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos tendrán que esperar. Todo indica que a los actores políticos poco les importa, unos quieren mantenerse en el poder y los otros quieren violar las instituciones y la constitución a como dé lugar, para poder instaurar al gobierno que les plazca. Mientras tanto, los ciudadanos seguiremos esperando y aguantando, porque esto ya se volvió una prueba de resistencia. ¡¿Hasta cuándo?!

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 6 de octubre de 2017. Puede ver el original acá.

  • Patria

    Patria

    El diccionario de la Real Academia Española, define «patria» como: 1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. 2. f. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido. En Guatemala, da la impresión que el único significado que se aplica a nuestra «patria», es el segundo.

    Cada día la división se hace más sensible, el ambiente está tan denso que se podría cortar con una daga. Hay crisis en todos los sectores, muchos piden a gritos una refundación del Estado de Guatemala. A mí esto último se me hace un poco irónico, ya que para que exista un estado primero debe haber una patria integrada por, «vínculos jurídicos, históricos y afectivos». Lo que termina convirtiéndose en un círculo vicioso del cual, cada vez me siento más pesimista que podamos salir.

    ¿Por qué es esto? Difícil decirlo con certeza, estoy segura de que cada cual tendrá una teoría distinta, les diré la mía. Tristemente en este país cada grupo o sector sólo busca su propio beneficio. Se llenan la boca de palabras bonitas y se golpean el pecho pidiendo unidad nacional, cuando son los primeros en crear divisiones. Piden igualdad, pero tienen un concepto muy particular de la igualdad. Desean una igualdad excluyente. Piden una reivindicación por las injusticias cometidas hacia su grupo, sin darse cuenta de que muchas de las cosas que solicitan traerán como consecuencia, que se cometan injusticias en contra de otros.  Los mercantilistas son iguales, se agrupan y agremian, hacen seminarios, foros y demás, solicitando que este país se unifique, pero no dan el primer paso que sería renunciar a sus beneficios. ¿Y por qué habrían de hacerlo? ¿Acaso los otros grupos harán lo mismo? ¡Por supuesto que no!, acá falta voluntad política real. La guerrilla firmó la paz, pero no dejan la persecución, resarcimiento le llaman. ¿Para cuándo creen ustedes que terminaremos con eso y podremos seguir adelante? Yo no digo que no se hayan cometido injusticias y no haya víctimas verdaderas. Pero cada día se evidencia más que lo único que buscan es venganza. Y no es lo mismo justicia que venganza.

    La injerencia extranjera es la guinda del pastel ¿Qué tanto les importa Guatemala? ¿Nunca se lo han preguntado? No es que seamos un país rico en recursos naturales que ellos quieran explotar. Tampoco nos colonizaron para decir que están expiando culpas. Claro que tenemos una ubicación privilegiada y tener el control sobre nuestro país es un tema geopolítico. Pero, para poder tener control geopolítico necesitan estabilidad y gracias a su injerencia, estamos bien lejos de lograrla.

    Ojalá llegara el día en que tengamos una verdadera patria y seamos todos guatemaltecos, representantes de un país unido por tantas cosas bellas que tenemos en común. Un pasado del cual nos sintamos orgullosos, un futuro que todos ayudemos a forjar. Un país que deje por un lado las etiquetas. Por ahora pareciera que lo que nos une, es la división y el conflicto.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 4 de agosto de 2017. Puede ver el original acá.

  • Las redes sociales y los guatemaltecos

    Las redes sociales y los guatemaltecos

    Guatemala es un país pobre, esto no es novedad. Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), la pobreza afecta a un 59.3 % de la población, lo cual es alarmante. Por otro lado, el estudio que realizó el diario El PAÍS por medio el Instituto para la Integración de América Latina (INTAL), dependiente del BID, y la Corporación Latinobarómetro, indica que el 44 % de los guatemaltecos tiene acceso a redes sociales, en su mayoría WhatsApp y Facebook.

    Otro dato interesante que reveló el estudio es que en Latinoamérica el 81% de los jóvenes menores de 24 años están conectados a Facebook, mientras que sólo un 10 % de las personas mayores de 65 años lo están. No cabe duda y todos somos testigos de la penetración que tiene en nuestro país el uso de las redes sociales, inclusive para personas que viven en extrema pobreza. Lo que estos números arrojan, de forma simplificada, es que las personas dejan de comer por utilizar las redes sociales, y por ello el alcance de las mismas es relevante.

    Hay quienes creen que el país se arregla y se decide en Twitter y este estudio nos da la respuesta, ¡no! Tan solo un 13 % en de los usuarios en Latinoamérica utiliza esa red social, siendo Facebook la favorita con un 54 %, seguida por WhatsApp con un 52%.

    Muchos de los perfiles más vocales en Twitter pasan de forma casi desapercibida en Facebook, ¿por qué? Twitter acepta cuentas anónimas que utilizan todo tipo de pseudónimos o nombres falsos y eso los escuda detrás de una imagen que les permite decir cuánto les da la gana, sin afrontar las consecuencias. Por el contrario, Facebook incentiva a que las personas utilicen sus nombres reales, y penaliza a quienes no utilizan su verdadera identidad. Por lo tanto, muchas de estas personas que de forma tan «valiente», atacan y dicen casi cualquier cosa en Twitter, en Facebook se comportan y se manejan en algunos casos, con un perfil bajo y recatado. Saben que su conducta o comentarios podría traerles consecuencias directas. Para tener un perfil público en Facebook, es obligatorio que haya un perfil personal responsable, por lo que cualquier falta o infracción de la página, Facebook sabe quién está detrás. Eso no significa que en Facebook no existan los perfiles falsos, ¡vaya que los hay! Pero cualquiera puede denunciarlos y Facebook los bloquea solicitándoles que comprueben su identidad. En Twitter este procedimiento es mucho más difícil.

    Que la penetración de Facebook sea tan alta tampoco es garantía de que el mensaje llegue exitosamente a una masa crítica. Facebook tiene un complicado sistema de algoritmos que impide que la información llegue a todos los usuarios. La información que se comparte de forma privada en los perfiles, no tiene trascendencia alguna más que en el círculo cercano al usuario. Qué no es poca cosa, pero tampoco tiene la magnitud que muchos quisieran. Lo que es innegable, es que el guatemalteco está conectado con el mundo y ya no es tan fácil manipularlo.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 14 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • Guatemala, el país que premia las malas decisiones

    Guatemala, el país que premia las malas decisiones

    El pasado 3 de julio se vio marcado por la violencia y las críticas sociales. Hablemos en particular sobre el trágico incidente en el Centro Juvenil de Detención Provisional Gaviotas. Lo sucedido generó noticia y con ella las diversas opiniones que nos caracterizan. En Twitter leí lo siguiente: «Cuando leo los comentarios de los guatemaltecos condenando a jóvenes inocentes de esa forma, pierdo toda esperanza en este país».

    Decidí investigar más a fondo el motivo de estas críticas a quienes ejercen su derecho a expresarse libremente. En particular, en los comentarios a las publicaciones en medios de comunicación en las redes sociales.  Si bien, no eran todos, la gran mayoría de comentarios iban dirigidos a críticas a la PDH, y en denominar a estos reclusos asesinos.

    Detengámonos aquí, estoy de acuerdo en que estos jóvenes vienen de ambientes sumidos en la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades. Y también estoy de acuerdo en que deberíamos generar programas que ayuden a atacar el problema antes que se presente. Sin embargo, parece que en este país para demostrar que tenemos calidad humana debemos defender las conductas antisociales y llamar víctimas a los delincuentes.  Déjenme decirles que es lo contrario, a quienes debemos defender y llamar héroes es a los millones de guatemaltecos que, aun viviendo en las mismas circunstancias, optan por hacer lo correcto. Por llevar una vida digna, por estudiar, trabajar y ganarse el sustento diario. Y son ellos las principales víctimas de los antisociales. Considero que estos guatemaltecos tienen más derecho que ningún otro a llamar asesino al pandillero que mató a su padre, a su hermano, a su hijo. Ellos sí saben lo que hablan porque lo ha vivido en carne propia, ¡lo viven a diario! Y al ver muchos de esos perfiles, de los «insensibles que condenan» a los reclusos, veo que son gente de barrio, gente sencilla, gente que decidió llevar una vida digna y ahora son juzgados por expresar sus sentimientos.

    No es falta de humanidad, es cansancio, la gente ya se hartó. ¡Escúchenlos! ¿Y de ahí se preguntan por qué las urnas no reflejan sus ideales y sentimientos? Sucede que en Guatemala la gran mayoría vivimos en burbujas y parecemos focas aplaudiéndonos entre nosotros mismos, lo que nos da una percepción errónea de la realidad nacional. Y no, afuera hay un mundo, una sociedad que clama a gritos y no la estamos escuchando.

    Peor aún, muchos de estos criticones y descontentos, no celebran y mucho menos apoyan la gran labor que grupos como la Biblioteca Bernardo Lemus y la Asociación Los Patojos, por nombrar algunos, están realizando. Estos grupos trabajan sol a sol para atacar muchos de estos problemas, llevando esperanza a sus comunidades, a nuestros niños y jóvenes.

    Dejemos de aplaudir las malas decisiones de algunos y reconozcamos a los verdaderos héroes, esa mayoría de chapines luchadores, que optó por hacer lo correcto y no se dejó vencer por la delincuencia.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 7 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • La pubertad política

    La pubertad política

    El pasado 27 de junio se anunció en los medios de comunicación la nominación del guatemalteco americano, Luis Arreaga como embajador de los Estados Unidos en nuestro país. Las reacciones en las redes sociales y medios de comunicación no se hicieron esperar.

    La derecha se mostró complacida por la salida del embajador Robinson (aunque, el cambio ya se esperaba), y se mostró entusiasta y positiva por el nombramiento de Arreaga. Por su parte la izquierda también celebró el nombramiento, aduciendo que Arreaga continuará con la agenda política del embajador Robinson.

    En lo personal no se me escapa la ironía de que, en pleno Siglo XXI, para ser exactos, el año 2017, estemos celebrando el colonialismo y la carencia total de soberanía. Sin embargo, no falta el que casi a diario sale culpando a los españoles y a la conquista por todos nuestros males. ¿Se han dado cuenta que los españoles se fueron hace casi 200 años? Ellos no son responsables de lo que hemos hecho y lo que ha sucedido desde entonces. Sin embargo, acá causa furor el nombramiento de un embajador extranjero con total injerencia sobre el territorio nacional. También me parece irónico que, quienes fueron en un principio los defensores de esa «soberanía», sean hoy quienes celebren la injerencia extranjera. «¡Mi Presidente Todd!», se les escucha decir. ¿Dónde queda el orgullo de haber sacado de Guatemala a la United Fruit Company? El Ferrocarril murió con su partida, así como muchos puestos y oportunidades de trabajo. Pero son ellos quienes celebran el nombramiento del nuevo embajador y su posible agenda política. Una agenda política que no conoceremos hasta que tome posesión de su cargo. Ambos grupos han querido leer entre líneas lo que se sabe del nuevo embajador, y cada cual ha sacado conjeturas, a su conveniencia. Considero oportuno convertirse en un observador prudente, no vaya a ser que luego tengan que tragarse sus propias palabras, y recuerden que el Internet no olvida.

    Hace algunos años leí el libro «Bananas, How the United Fruit Company Shaped the World» del escritor Peter Chapman, el libro no me gustó por su falta de objetividad. Pero para quienes incongruentemente defienden la injerencia hoy, y critican la de aquel entonces, les recomiendo su lectura. En lo personal, considero una hipocresía que celebremos de esta forma la injerencia de otro Estado, pero critiquemos lo que hicieron los españoles y la Frutera en su momento. Sin embargo, la diferencia radica en que hoy la injerencia de ese Estado, favorece los intereses de sus defensores, mientras que ni los españoles ni la Frutera lo hicieron. Entonces, el tema no es de soberanía ni de sacar adelante a Guatemala, porque si así fuera, la United Fruit Company nunca debió partir. Es un tema de acomodar intereses personales y agendas políticas.

    Guatemala me recuerda al adolescente que quiere independencia, pero no tiene la madurez para serlo. Seamos honestos, en casi 200 años de vida independiente, aún nos encontramos en plena pubertad política.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 30 de junio de 2017. Puede ver el original acá.

  • La fuerza de la naturaleza

    La fuerza de la naturaleza

    El fin de semana del 18 de junio se vio marcado por la mayor tragedia provocada por un incendio forestal en Portugal. Se registraron al menos 63 víctimas mortales y más de 135 heridos. Las causas del incendio fueron naturales, una tormenta eléctrica seca (sin lluvia) y las altas temperaturas registradas en la zona en los últimos días, provocaron el incendio. Según los reportes, la mayoría de las personas murieron cuando intentaban huir de las llamas en sus vehículos.

    La escena me perturbó mucho, ver los vehículos quemados en la carretera donde sus tripulantes perecieron por las llamas, y fue precisamente esa misma imagen la que trajo a mi memoria otra imagen que me acompañó desde niña, y que debido a estos incendios pude finalmente esclarecer.

    No recuerdo con exactitud qué edad tendría, quizá unos 10 años, es difícil de saber. Vi junto a mi padre, una película sobre la vida de un sobreviviente del Holocausto. La historia de esta persona fue excepcional como lo es la gran mayoría de historias sobre los sobrevivientes del Holocausto. Sin embargo, esta terminaba con una tragedia aún mayor, el protagonista perdía a su mujer y sus cuatro hijos en un incendio forestal. Recuerdo la sensación de impotencia y rabia, ¡no es posible que sobrevivas al Holocausto, y luego pierdas a tu familia por culpa de un incendio forestal!

    Viví con esa última imagen de la película hasta esta semana, cuando la tragedia de Portugal despertó el recuerdo en mi memoria y decidí recurrir al Internet para averiguar si en realidad había visto esa película, si había sido basada en una historia real, o si era producto de mi imaginación.

    La película fue una miniserie de los años ochenta, dirigida por Robert Enrico y protagonizada por el actor Michael York, que narra la vida del escritor Martin Gray. Un judío polaco, superviviente del gueto de Varsovia que logró escapar de Treblinka, servir en el ejército soviético y rehacer su vida como comerciante, para luego casarse con una holandesa. Finalmente, un incendio forestal en la Costa Azul de Francia, en el año 1970, cobró la vida de su esposa y sus cuatro hijos. La tragedia fue lo que lo llevó a escribir en 1971 su autobiografía, junto al escritor francés Max Gallo, «En nombre de todos los míos». El libro vendió más de 30 millones de copias y fue traducido a 26 idiomas. A lo largo de su vida escribió doce libros, volvió a casarse y tuvo 5 hijos, falleció en el año 2016 en Bélgica.

    Lo más impresionante de esta historia es que las 63 víctimas de Portugal, fallecieron de la misma forma que la familia de Gray en el año 1970. En 47 años, y aún con todos los avances tecnológicos que se han dado desde entonces, seguimos siendo incapaces de predecir el curso de la naturaleza. La esposa de Gray huyó del incendio en su automóvil junto a sus hijos para perecer en las llamas, así como sucedió con las víctimas en Pedrogao Grande, a 190 kilómetros en el norte de Lisboa. Es bueno recapacitar que, ante la fuerza de la naturaleza, somos impotentes.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 23 de junio de 2017. Puede ver el original acá.