Autor: CarminaV

  • La muerte del significado

    La muerte del significado

    El lenguaje ha jugado un papel primordial en nuestra evolución como especie. La capacidad de convertir símbolos en lenguaje y transmitirlos. El lenguaje continuó evolucionando hasta el nacimiento del lenguaje escrito. Gracias a que nuestros antepasados nos transmitieron su conocimiento, pudimos seguir evolucionando sin tener que volver a repetir las mismas experiencias. Otro avance se da con la llegada de la imprenta. Lo que hasta entonces había sido una ardua tarea de copiar de forma manual los libros, gracias a esta, se pudieron reproducir y difundir a gran escala. Y con la llegada de la era digital, el conocimiento está al alcance de todos.

    Cuando la Real Academia Española, RAE se fundó en 1713, nace con el propósito de «fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza». Con esto pretendían que el castellano de Cervantes pudiese ser leído siempre.  Y sí, el castellano ha evolucionado y hay palabras que han caído en desuso, sin embargo, cualquiera puede leer una copia original de El Quijote y comprenderla, si su vocabulario es lo suficientemente amplio.

    Es por ello que el significado real y objetivo de las palabras es importante. Por ejemplo, un gallo es un ave. También hay un tipo de pez que tiene una aleta dorsal en forma de cresta que se llama gallo. Y así se le llama a un hombre fuerte, valiente. Pero por consenso general, un gallo es un ave. La simbología le da al gallo el significado de amanecer, renacer. Pero como la gran mayoría de personas no se comunica de forma simbólica, concentrémonos en el significado objetivo de las palabras.

    Por lo tanto, yo no puedo jugar a cambiarle el significado a las palabras a mi gusto y gracia, simplemente porque me siento ofendida por la connotación que yo creo que esa palabra tiene, o por la connotación que yo le he dado. ¡La fastidiosa tendencia mundial de la corrección política!

    Esta semana un reconocido comunicador, se ofendió por el uso de la palabra «traje típico». ¿Cómo se supone entonces que debo llamarle? ¿En qué momento llamar al traje típico, «típico» se volvió un asunto de racismo y discriminación? ¿Se ofenderá el dulce típico, si le llamo «dulce típico»?

    Considero que esto ya raya en lo absurdo. La lengua no nació para acomodarse a las agendas políticas de sus hablantes. Nació con el objetivo de poder comunicarnos y transmitir nuestro conocimiento. Es imposible predecir la intencionalidad de alguien cuando utiliza una palabra. Es más, si es un verdadero conocedor de nuestro idioma, podrá insultarnos sin que nos demos cuenta. Como dijo Javier Benegas, «La sociedad parece haber roto completamente con el pasado, ya no es capaz de proporcional al individuo una red con un significado común… Lo que cuenta es que cada uno pueda construir una imagen del mundo que le haga sentirse bien». ¿A dónde vamos a ir a parar si cada cual le da el significado que le dé la gana a las palabras? Veo imposible que como sociedad lleguemos a algún entendimiento de esta forma.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 28 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • ¿Racismo o apropiación cultural?

    ¿Racismo o apropiación cultural?

    María Chula se ha convertido en un fenómeno social, algo que comenzó con una denuncia y una disculpa, terminó en un debate social a gran escala. El mismo evidenció el descontento general de la población por la medida de CODISRA en contra la empresaria María Andrea Flores, por considerar el nombre de su empresa «María Chula», como peyorativo y discriminativo en contra de las mujeres indígenas.

    Quienes defienden la postura de CODISRA critican a la población indignada, con la acostumbrada superioridad intelectual que los caracteriza. Como es habitual, hicieron uso de su adornada semántica y citaron a todo filósofo y humanista que valide su postura. Lo traduzco y resumo para ustedes, «Somos racistas por ignorancia, lo hacemos por costumbre. La intención de racismo no cuenta, porque somos racistas y por consiguiente lo hacemos de forma inconsciente». Por lo tanto, ellos, en uso de su superioridad moral e intelectual, nos evidencian nuestras carencias humanas e intelectuales.  Su postura arrogante me recordó a esta frase que leí en el libro «Hombres buenos» de Arturo Pérez-Reverte, «Son parásitos retóricos que se nutren de ellos mismos, intercambiando vanidades y favores».

    Según esta línea de pensamiento, María Andrea Flores, actuó deliberadamente al poner un nombre racista a su empresa. Ella es culpable de racismo, porque al igual que el resto, somos racistas de forma inconsciente. Sin embargo, el guatemalteco no se dejó y en este caso no silenció. Exaltó la voz y está defendiendo no su racismo, sino su identidad cultural. Y he aquí el tema que en lo personal me parece el tema central. El adjetivo «chula, lo» (bonita, bonito), es algo que nos apropiamos culturalmente, que nos define como sociedad, que nos da una identidad. Que vengan a cuestionarnos su significado y nuestra intención, generó indignación y enojo. ¡Nos están robando nuestra identidad!

    CODISRA luego explicó que era el contexto, vender ropa con motivos típicos y utilizar el nombre propio «María» y el adjetivo «chula», lo que es racismo. Curiosamente circuló en redes la imagen de una empresaria indígena cuyo negocio se llama «Chuladas». ¿Qué ironía no? ¿También es racismo? ¿O por ser la propietaria indígena, no aplica?

    ¿Qué sucede si me dirijo a una indígena y le digo «mija»? Otro término muy chapín, que, sacado de contexto, se podría decir que es una expresión racista porque conlleva un paternalismo implícito.

    No voy a negar que en Guatemala existe racismo, lo hay, como lo hay en todos los países del planeta, en mayor o menor grado. Pero este tipo de acciones solo abren más la brecha y ridiculizan un tema que debe ser tratado con seriedad.

    Lo único que van a lograr es que las personas con tal de no meterse en problemas, evadan lo indígena y que como consecuencia se pierda de la cultura.

    Para cuando traten de echar marcha atrás será demasiado tarde y por supuesto que nos acusarán de haber perpetuado un «genocidio cultural», en contra de la cultura indígena.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 21 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • Las redes sociales y los guatemaltecos

    Las redes sociales y los guatemaltecos

    Guatemala es un país pobre, esto no es novedad. Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), la pobreza afecta a un 59.3 % de la población, lo cual es alarmante. Por otro lado, el estudio que realizó el diario El PAÍS por medio el Instituto para la Integración de América Latina (INTAL), dependiente del BID, y la Corporación Latinobarómetro, indica que el 44 % de los guatemaltecos tiene acceso a redes sociales, en su mayoría WhatsApp y Facebook.

    Otro dato interesante que reveló el estudio es que en Latinoamérica el 81% de los jóvenes menores de 24 años están conectados a Facebook, mientras que sólo un 10 % de las personas mayores de 65 años lo están. No cabe duda y todos somos testigos de la penetración que tiene en nuestro país el uso de las redes sociales, inclusive para personas que viven en extrema pobreza. Lo que estos números arrojan, de forma simplificada, es que las personas dejan de comer por utilizar las redes sociales, y por ello el alcance de las mismas es relevante.

    Hay quienes creen que el país se arregla y se decide en Twitter y este estudio nos da la respuesta, ¡no! Tan solo un 13 % en de los usuarios en Latinoamérica utiliza esa red social, siendo Facebook la favorita con un 54 %, seguida por WhatsApp con un 52%.

    Muchos de los perfiles más vocales en Twitter pasan de forma casi desapercibida en Facebook, ¿por qué? Twitter acepta cuentas anónimas que utilizan todo tipo de pseudónimos o nombres falsos y eso los escuda detrás de una imagen que les permite decir cuánto les da la gana, sin afrontar las consecuencias. Por el contrario, Facebook incentiva a que las personas utilicen sus nombres reales, y penaliza a quienes no utilizan su verdadera identidad. Por lo tanto, muchas de estas personas que de forma tan «valiente», atacan y dicen casi cualquier cosa en Twitter, en Facebook se comportan y se manejan en algunos casos, con un perfil bajo y recatado. Saben que su conducta o comentarios podría traerles consecuencias directas. Para tener un perfil público en Facebook, es obligatorio que haya un perfil personal responsable, por lo que cualquier falta o infracción de la página, Facebook sabe quién está detrás. Eso no significa que en Facebook no existan los perfiles falsos, ¡vaya que los hay! Pero cualquiera puede denunciarlos y Facebook los bloquea solicitándoles que comprueben su identidad. En Twitter este procedimiento es mucho más difícil.

    Que la penetración de Facebook sea tan alta tampoco es garantía de que el mensaje llegue exitosamente a una masa crítica. Facebook tiene un complicado sistema de algoritmos que impide que la información llegue a todos los usuarios. La información que se comparte de forma privada en los perfiles, no tiene trascendencia alguna más que en el círculo cercano al usuario. Qué no es poca cosa, pero tampoco tiene la magnitud que muchos quisieran. Lo que es innegable, es que el guatemalteco está conectado con el mundo y ya no es tan fácil manipularlo.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 14 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • Guatemala, el país que premia las malas decisiones

    Guatemala, el país que premia las malas decisiones

    El pasado 3 de julio se vio marcado por la violencia y las críticas sociales. Hablemos en particular sobre el trágico incidente en el Centro Juvenil de Detención Provisional Gaviotas. Lo sucedido generó noticia y con ella las diversas opiniones que nos caracterizan. En Twitter leí lo siguiente: «Cuando leo los comentarios de los guatemaltecos condenando a jóvenes inocentes de esa forma, pierdo toda esperanza en este país».

    Decidí investigar más a fondo el motivo de estas críticas a quienes ejercen su derecho a expresarse libremente. En particular, en los comentarios a las publicaciones en medios de comunicación en las redes sociales.  Si bien, no eran todos, la gran mayoría de comentarios iban dirigidos a críticas a la PDH, y en denominar a estos reclusos asesinos.

    Detengámonos aquí, estoy de acuerdo en que estos jóvenes vienen de ambientes sumidos en la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades. Y también estoy de acuerdo en que deberíamos generar programas que ayuden a atacar el problema antes que se presente. Sin embargo, parece que en este país para demostrar que tenemos calidad humana debemos defender las conductas antisociales y llamar víctimas a los delincuentes.  Déjenme decirles que es lo contrario, a quienes debemos defender y llamar héroes es a los millones de guatemaltecos que, aun viviendo en las mismas circunstancias, optan por hacer lo correcto. Por llevar una vida digna, por estudiar, trabajar y ganarse el sustento diario. Y son ellos las principales víctimas de los antisociales. Considero que estos guatemaltecos tienen más derecho que ningún otro a llamar asesino al pandillero que mató a su padre, a su hermano, a su hijo. Ellos sí saben lo que hablan porque lo ha vivido en carne propia, ¡lo viven a diario! Y al ver muchos de esos perfiles, de los «insensibles que condenan» a los reclusos, veo que son gente de barrio, gente sencilla, gente que decidió llevar una vida digna y ahora son juzgados por expresar sus sentimientos.

    No es falta de humanidad, es cansancio, la gente ya se hartó. ¡Escúchenlos! ¿Y de ahí se preguntan por qué las urnas no reflejan sus ideales y sentimientos? Sucede que en Guatemala la gran mayoría vivimos en burbujas y parecemos focas aplaudiéndonos entre nosotros mismos, lo que nos da una percepción errónea de la realidad nacional. Y no, afuera hay un mundo, una sociedad que clama a gritos y no la estamos escuchando.

    Peor aún, muchos de estos criticones y descontentos, no celebran y mucho menos apoyan la gran labor que grupos como la Biblioteca Bernardo Lemus y la Asociación Los Patojos, por nombrar algunos, están realizando. Estos grupos trabajan sol a sol para atacar muchos de estos problemas, llevando esperanza a sus comunidades, a nuestros niños y jóvenes.

    Dejemos de aplaudir las malas decisiones de algunos y reconozcamos a los verdaderos héroes, esa mayoría de chapines luchadores, que optó por hacer lo correcto y no se dejó vencer por la delincuencia.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 7 de julio de 2017. Puede ver el original acá.

  • La pubertad política

    La pubertad política

    El pasado 27 de junio se anunció en los medios de comunicación la nominación del guatemalteco americano, Luis Arreaga como embajador de los Estados Unidos en nuestro país. Las reacciones en las redes sociales y medios de comunicación no se hicieron esperar.

    La derecha se mostró complacida por la salida del embajador Robinson (aunque, el cambio ya se esperaba), y se mostró entusiasta y positiva por el nombramiento de Arreaga. Por su parte la izquierda también celebró el nombramiento, aduciendo que Arreaga continuará con la agenda política del embajador Robinson.

    En lo personal no se me escapa la ironía de que, en pleno Siglo XXI, para ser exactos, el año 2017, estemos celebrando el colonialismo y la carencia total de soberanía. Sin embargo, no falta el que casi a diario sale culpando a los españoles y a la conquista por todos nuestros males. ¿Se han dado cuenta que los españoles se fueron hace casi 200 años? Ellos no son responsables de lo que hemos hecho y lo que ha sucedido desde entonces. Sin embargo, acá causa furor el nombramiento de un embajador extranjero con total injerencia sobre el territorio nacional. También me parece irónico que, quienes fueron en un principio los defensores de esa «soberanía», sean hoy quienes celebren la injerencia extranjera. «¡Mi Presidente Todd!», se les escucha decir. ¿Dónde queda el orgullo de haber sacado de Guatemala a la United Fruit Company? El Ferrocarril murió con su partida, así como muchos puestos y oportunidades de trabajo. Pero son ellos quienes celebran el nombramiento del nuevo embajador y su posible agenda política. Una agenda política que no conoceremos hasta que tome posesión de su cargo. Ambos grupos han querido leer entre líneas lo que se sabe del nuevo embajador, y cada cual ha sacado conjeturas, a su conveniencia. Considero oportuno convertirse en un observador prudente, no vaya a ser que luego tengan que tragarse sus propias palabras, y recuerden que el Internet no olvida.

    Hace algunos años leí el libro «Bananas, How the United Fruit Company Shaped the World» del escritor Peter Chapman, el libro no me gustó por su falta de objetividad. Pero para quienes incongruentemente defienden la injerencia hoy, y critican la de aquel entonces, les recomiendo su lectura. En lo personal, considero una hipocresía que celebremos de esta forma la injerencia de otro Estado, pero critiquemos lo que hicieron los españoles y la Frutera en su momento. Sin embargo, la diferencia radica en que hoy la injerencia de ese Estado, favorece los intereses de sus defensores, mientras que ni los españoles ni la Frutera lo hicieron. Entonces, el tema no es de soberanía ni de sacar adelante a Guatemala, porque si así fuera, la United Fruit Company nunca debió partir. Es un tema de acomodar intereses personales y agendas políticas.

    Guatemala me recuerda al adolescente que quiere independencia, pero no tiene la madurez para serlo. Seamos honestos, en casi 200 años de vida independiente, aún nos encontramos en plena pubertad política.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 30 de junio de 2017. Puede ver el original acá.

  • La fuerza de la naturaleza

    La fuerza de la naturaleza

    El fin de semana del 18 de junio se vio marcado por la mayor tragedia provocada por un incendio forestal en Portugal. Se registraron al menos 63 víctimas mortales y más de 135 heridos. Las causas del incendio fueron naturales, una tormenta eléctrica seca (sin lluvia) y las altas temperaturas registradas en la zona en los últimos días, provocaron el incendio. Según los reportes, la mayoría de las personas murieron cuando intentaban huir de las llamas en sus vehículos.

    La escena me perturbó mucho, ver los vehículos quemados en la carretera donde sus tripulantes perecieron por las llamas, y fue precisamente esa misma imagen la que trajo a mi memoria otra imagen que me acompañó desde niña, y que debido a estos incendios pude finalmente esclarecer.

    No recuerdo con exactitud qué edad tendría, quizá unos 10 años, es difícil de saber. Vi junto a mi padre, una película sobre la vida de un sobreviviente del Holocausto. La historia de esta persona fue excepcional como lo es la gran mayoría de historias sobre los sobrevivientes del Holocausto. Sin embargo, esta terminaba con una tragedia aún mayor, el protagonista perdía a su mujer y sus cuatro hijos en un incendio forestal. Recuerdo la sensación de impotencia y rabia, ¡no es posible que sobrevivas al Holocausto, y luego pierdas a tu familia por culpa de un incendio forestal!

    Viví con esa última imagen de la película hasta esta semana, cuando la tragedia de Portugal despertó el recuerdo en mi memoria y decidí recurrir al Internet para averiguar si en realidad había visto esa película, si había sido basada en una historia real, o si era producto de mi imaginación.

    La película fue una miniserie de los años ochenta, dirigida por Robert Enrico y protagonizada por el actor Michael York, que narra la vida del escritor Martin Gray. Un judío polaco, superviviente del gueto de Varsovia que logró escapar de Treblinka, servir en el ejército soviético y rehacer su vida como comerciante, para luego casarse con una holandesa. Finalmente, un incendio forestal en la Costa Azul de Francia, en el año 1970, cobró la vida de su esposa y sus cuatro hijos. La tragedia fue lo que lo llevó a escribir en 1971 su autobiografía, junto al escritor francés Max Gallo, «En nombre de todos los míos». El libro vendió más de 30 millones de copias y fue traducido a 26 idiomas. A lo largo de su vida escribió doce libros, volvió a casarse y tuvo 5 hijos, falleció en el año 2016 en Bélgica.

    Lo más impresionante de esta historia es que las 63 víctimas de Portugal, fallecieron de la misma forma que la familia de Gray en el año 1970. En 47 años, y aún con todos los avances tecnológicos que se han dado desde entonces, seguimos siendo incapaces de predecir el curso de la naturaleza. La esposa de Gray huyó del incendio en su automóvil junto a sus hijos para perecer en las llamas, así como sucedió con las víctimas en Pedrogao Grande, a 190 kilómetros en el norte de Lisboa. Es bueno recapacitar que, ante la fuerza de la naturaleza, somos impotentes.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 23 de junio de 2017. Puede ver el original acá.

  • La persona correcta

    La persona correcta

    En países como Guatemala, en el que abundan los bienintencionados que desean hacer cambios profundos, he notado un común denominador, «¡Yo conozco a la persona correcta!».

    Evidentemente sin ciudadanos capaces es imposible llevar a cabo ningún cambio, pero no podemos obsesionarnos con la persona correcta. Los humanos no somos perfectos, miles de veces hemos visto ejemplos de buenos individuos, capaces y con buenas intenciones, que luego de llegar al poder se convierten en monstruos y tiranos. Y en el mejor de los casos, no logran hacer nada de lo que prometieron que harían antes de llegar al poder.

    Para hacer las cosas bien, no solo se necesita tener capacidad y buenas intenciones, se necesita liderazgo, visión, capacidad de delegar, rodearse de un buen equipo y, sobre todo, humildad para reconocer los errores. Como bien dice el dicho, «El camino al infierno está plagado de buenas intenciones». Si con buenas intenciones se cambiara el mundo, seguramente ya seríamos un mundo mejor, la mayoría de personas que conozco tienen buenas intenciones.

    Lo preocupante es ver como esas personas bienintencionadas no dudarían ni un minuto en acabar con las pocas instituciones que aún nos quedan en este país, con tal de llevar al poder «la persona correcta». Y esto sucede en ambos lados de la esfera política nacional. Están obsesionados por que gobierne a la persona correcta.

    Nadie en su sano juicio puede negar que se necesitan reformas y cambios integrales. Y evidentemente mejor liderazgo, pero cambiando la cabeza no se soluciona nada si tenemos un cuerpo débil y enfermo.

    El problema de hablar de instituciones, es que es un tema abstracto. A la buena persona la conozco, me han hablado de él, he almorzado con ella, es amiga de mi hermana, era el mejor de la clase, etc. A la buena institución, la gran mayoría de guatemaltecos no tenemos la capacidad de reconocerla hasta que necesitamos de ella. La buena institución es aquella que garantiza que las cosas funcionarán, independientemente de quién sea la persona correcta.

    El principal problema que se da al buscar a esta persona, es que cada uno de nosotros tenemos una idea distinta de lo que significa ser «la persona correcta». Para una persona enferma y sin recursos será quien le ayude a pagar sus gastos médicos, sin importar que esa persona sea un narcotraficante. Para una persona de izquierda será quien acabe de una vez por todas con el ejército y cuadruplique los impuestos a los empresarios. Para un mercantilista será quien le otorgue más privilegios a él y a sus amigos, para un conservador será quien prohíba la homosexualidad. Para un libertario, será quien reduzca el tamaño del estado, y así sucesivamente. Estos ejemplos, si bien un poco radicales, son tan sólo una mínima muestra de lo que para cada uno de nosotros significa ser la persona correcta. Por lo tanto, que tal si dejamos de buscar a esa persona y nos concentramos en hacer cambios estructurales e institucionales, que no dependan de la persona que llegue al poder.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 16 de junio de 2017. Puede ver el original acá.

  • ¿Tiene límites la comunicación y la libertad de expresión?

    ¿Tiene límites la comunicación y la libertad de expresión?

    Hace unas semanas se hizo pública una imagen de la comediante Kathy Griffin, en la que sostiene en la mano una cabeza decapitada, del presidente estadounidense, Donald Trump. La imagen fue ofensiva para muchos, además de ser de mal gusto.

    Respeto del derecho de Griffin de estar en contra del presidente de los Estados Unidos, y defiendo su derecho a expresarse libremente. Pero otra cosa muy distinta, es exceder ese límite.Se preguntarán ustedes, ¿cuál es el límite? El límite es una línea divisoria muy sutil y poco perceptible. Ese límite lo dicta el sentido común y la razón.

    Es correcto y hasta sano que en una sociedad existan críticas a sus gobernantes y a su forma de gobierno, pero otra muy distinta es llevar esa crítica a extremos que no logran absolutamente nada positivo. Es más, la comediante que era co-presentadora del espectáculo de Año Nuevo, de la cadena de noticias CNN fue despedida, debido a esta fotografía.

    En publicidad es importante llamar la atención, pero no llevada a extremos.

    Es un hecho que si se vive de la vida pública es bueno que ser mencionado con frecuencia, en principio no importa si hablan bien o mal, lo importante es ser mencionado. Las celebridades y los artistas recurren a este método para llamar la atención y para ello generan comportamientos y conductas que dan de qué hablar. El problema es que muchos exceden ese límite y pierden el respeto de su audiencia y se convierten en una caricatura de ellos mismos. Sin embargo, en el mundo del espectáculo nada es duradero ni permanente.

    La comunicación es eficaz cuando nuestro mensaje llega a ser captado, entendido y difundido por quienes son los receptores del mismo. Conductas extremas de ese tipo son como una llamarada de fuego que se extingue rápidamente. «Llamaradas de tusa» como decimos en buen chapín. Fuera de dañar la reputación y credibilidad de la persona, no tienen un impacto a largo plazo.

    En Guatemala es más frecuente que los políticos y los generadores de opinión recurran a esta forma barata de llamar la atención, que los artistas y celebridades. Y digo barata, porque es fácil crear controversia y dar de qué hablar. Lo difícil en nuestro medio es difundir el mensaje y ganarse el respeto y la admiración de los demás.

    El problema es que políticos y generadores de opinión no se han dado cuenta que a un artista es fácil perdonarlo y olvidar, mientras que de ellos esperamos una conducta profesional y ética. ¿No son ellos de quienes dependemos para gobernar el país y estar bien informados?

    La conducta de esta comediante unió a defensores y detractores del presidente Trump al reconocer que este había sido un extremo que no debe ser permitido. Por supuesto que no faltó el que intentó defenderla, argumentando que el pastor extremista, Terry Jones, había ahorcado y quemado una figura del expresidente Obama. Que existan antecedentes de ese tipo de conductas, no justifica las mismas. Es incorrecto en ambos casos.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 2 de junio de 2017. Puede ver el original acá. 

    © Kathy Griffin Donald Trump beheaded head; Photo by Tyler Shields.

  • El anciano y el mar

    El anciano y el mar

    Salgo tan pocas veces de casa que cuando me vi forzado a acompañarla tuve un poco de miedo. Cada vez que salgo de casa es para visitar al doctor y es una experiencia horrible, ¡traumática!

    Pero hoy fue diferente, nos subimos en su vehículo y dimos un largo paseo, también iba Benito, el noble y apestoso perro. No lo soporto, aunque él es cariñoso conmigo. No lo comprendo, me he esmerado en ser grosero con él y él sigue moviendo la cola cada vez que me ve. Supongo que es la edad que me estoy volviendo menos tolerante. No es fácil ser un anciano. Sí, tengo que reconocerlo, no soy el que solía ser.

    Luego de varias horas de camino, aunque en realidad yo iba dormido y no sé cuánto tiempo transcurrió, llegamos a nuestro destino. Un lugar solitario y arenoso, sin embargo, cuando ella abrió la puerta del vehículo sentí el viento en mi rostro. Ese viento que se lleva las penas de la edad, y del encierro. Ese viento que te recuerda que todo es transitorio y todo es pasajero.

    Anochecía, por lo que entramos pronto a la casa. Una casa extraña, no era nuestro hogar, pero ella se veía feliz. Me sirvió un poco de agua, algo de comer y ubicó mis cosas. Luego bajó su equipaje del carro.  Sentí la comida insípida, pero a mi edad ya todo sabe igual, no es como antes, cuando los sabores eran frescos y me llenaban los sentidos.

    Me vio fijamente al rostro y me dijo, —Llevaré a dar un paseo a Benito, tú te quedas en casa, ya es tarde para ti. Mañana saldremos un rato. Pretendí no escuchar, cómo es habitual entre nosotros. Ella se marchó, yo busqué una cama, me acomodé y quedé dormido. Los escuché llegar, pero mostré indiferencia.

    Al día siguiente esperé pacientemente a que ella despertara, la observé durante largo rato. Por suerte Benito no es paciente y de un salto a la cama la despertó para que lo sacara a pasear.

    Me dijo que al regresar me daría algo de comer y se marchó con él.  Decidí dormir otro rato, mi vida y mi soledad no tienen remedio. ¿Se sentirán así todos los ancianos? Antes al menos tenía energía, ahora todo es monotonía, he perdido la paciencia y el interés.

    Cuando regresó preparó un buen desayuno, le dio de comer a Benito y a mí no me fue tan mal, al menos me dio leche tibia, deslactosada porque ella dice que me hace mal tomar leche entera.

    Terminé de comer y fui a buscar el sofá, tenía un olor extraño, quien sabe qué tipo de personas han vivido en esta casa. ¡Qué tipo de animales habrán pasado por acá! También olía a humedad. En fin, me sentí cansado y decidí tomar una siesta.

    Fui interrumpido de mi sueño por ella, quien estaba impaciente por ponerme ese maldito chaleco. No me agradó la idea, pero tampoco pude oponer mucha resistencia.  Salimos, todo era distinto, los sonidos, los olores, los pájaros, ¡los pájaros! Ella me llevaba sujeto. La arena estorbaba mis pasos, Benito corría y ladraba cómo un loco, por suerte no había nadie cerca para que lo escuchara comportarse como un demente.

    Cuando llegamos frente a ese azul inmenso, me dijo —Ese, es el mar. Lo miré profundamente, hacía ruido y la arena tenía olor a pescado, ¡a pescado! Me dio hambre. Yo estoy acostumbrado a la arena con olor a detergente, a mi arena. Insertó una sombrilla en la arena y colocó una toalla. Me puse un poco nervioso, los ruidos y los olores eran demasiado intensos para mí.

    ¡Y sopló, el viento, el viento, sopló! Sentí una libertad que no experimentaba hacía mucho tiempo, me levantaba los cabellos, los bigotes, ¡me sentía libre, y joven nuevamente!

    Ella se tendió sobre la toalla con un libro en la mano, me acerqué a ella, la amaba. Me acurruqué a su lado y ronroneé. Después de todo no es tan malo ser un gato anciano si tienes un hogar y eres amado.

  • Ven y dime cómo vives de Agatha Christie Mallowan

    Ven y dime cómo vives de Agatha Christie Mallowan

    Luego de su divorcio con Archibald Christie, Agatha conoce en 1930 en una excavación en el sitio arqueológico de Ur, a Max Mallowan, un jóven arqueólogo. Contraen matrimonio ese mismo año, convirtiéndose él en su segundo esposo. Christie continuará casada con Max hasta su muerte, en 1976.

    Ella ya era una reconocida escritora al momento de su matrimonio con Mallowan, y decide acompañarlo en varias expediciones arqueológicas a Irak y Siria. Las mismas se ven interrumpidas por la Segunda Guerra Mundial, donde ambos sirven a su país. Ella en la farmacia de un hospital en Londres y él como piloto en África del Norte.

    Este libro nos narra las memorias de esas expediciones a Siria. Christie decide terminar el libro en 1944. El libro se publica por primera vez en noviembre de 1946. Ella sólo publicó dos libros bajo el nombre «Agatha Christie Mallowan», siendo este uno de ellos.

    La genialidad del libro radica en presentarnos cosas ordinarias de una manera extraordinaria, y ahí podemos apreciar la narrativa de esta gran escritora. Cosas tan mundanas como lo es empacar para un viaje de esa magnitud ¡Los libros! Representan para Christie una parte muy importante de lo que se debe empacar para una expedición arqueológica. La compra de un sombrero o las despedidas familiares. Ella nunca pierde el sentido del humor durante la narrativa, que también está plagada de observaciones honestas sobre lo que ve, y vive.

    Vivimos junto a ella el viaje en el Expreso de Oriente, el camino a Alepo, y nos deja saber que, para su esposo, Palmira no representa mayor interés, fue una ciudad romana, por ende «moderna». Ven y dime cómo vives, el título del libro, responde a la interrogante que se hacen los arqueólogos cuando descubren vestigios de lo que fuese una civilización.

    Su honestidad y falta de corrección política la encontramos a lo largo del libro, sin embargo, en este extracto lo ejemplifica a la perfección. Max, su esposo, sale en busca de un chofer que debían contratar, al regresar ella le pregunta si contrató a un buen chofer y este le responde:

    “at any rate he seems stupid, and that is always satisfactory. I ask why, and Max says because he won’t have the brains to be dishonest.”

    Hoy día, pocos se atreverían a decir públicamente que contrataron a alguien porque se veía estúpido y eso es positivo, ya que difícilmente tendrá suficiente cerebro para ser deshonesto.

    Otra cosa que llamó mucho mi atención fue lo dificultoso que fue para ellos conseguir trabajadores para las excavaciones. Los sirios, se sentían complacidos por haber tenido una buena cosecha y no entendían por qué debían trabajar por un salario. Los franceses ofrecieron ayudar y arrestaban al número de trabajadores que necesitaran, pero estos siempre escapaban luego de unos días. Así que Mallowan y su equipo tuvieron que ingeniárselas para convencerlos de trabajar para ellos. Esto lo lograron hablando con las mujeres, a quienes les hicieron ver que, si sus maridos tenían un poco más de dinero disponible, estas disfrutarán de cosas bonitas, como sedas para sus trajes. Christie demuestra una especial admiración por las mujeres kurdas.

    “Working for wages in this out-of-the-way part of the world is an idea that is entirely new. The expedition found itself faced with blank refusal or non-comprehension”

    Cuando Christie termina el libro en 1944, escribe un epílogo muy emotivo, y hace un reconocimiento a las maravillosas personas que conocieron durante sus expediciones, y escribe:

    «For I love that gentle fertile country and its simple people, who know how to laugh and how to enjoy life; who are idle and gay, and who have dignity, good manners, and a great sense of humour, and to whom death is not terrible.»

    Recomiendo este libro con los ojos cerrados, es un libro excepcional.

    Género: autobiografía, memorias, viajes

    Edición Kindle y pasta blanda 205 páginas

    Originalmente publicado en el «Boletín literario» del mes de junio. Puedes leer el boletín aquí, y suscribirte en este enlace.