Categoría: Educación

  • Feminismo bien entendido

    Feminismo bien entendido

    Ayer se conmemoró el «Día Internacional de la Mujer» y llamó mi atención que una gran mayoría de personas no tenía la menor idea de lo que se conmemoraba y por qué. Para comenzar se conmemora, no se celebra. La primera marcha se realizó en febrero de 1908 y la misma exigía que se establecieran derechos políticos y económicos a favor de la mujer. Se inicia un movimiento en contra de la discriminación hacia las mujeres, una lucha por obtener el derecho al voto, a la educación, el trabajo equitativo y el derecho a ejercer cargos públicos. Victorias que se consiguieron y que hoy damos por sentado gracias a estas pioneras.

    Marcha de sufragistas en Washington en 1913 fotografía Wikimedia Commons

    El 25 de marzo de 1911, tan solo unos días después de que se llevara a cabo la marcha de ese año, ocurre uno de los desastres industriales más grandes de la historia de la ciudad de Nueva York, un incendio en la fábrica, Triangle Shirtwaist, donde fallecieron 146 personas, 123 mujeres y 23 hombres. Las mujeres eran en su mayoría inmigrantes judías e italianas, que trabajaban en esa fábrica textil, la menor de las víctimas tenía 14 años. Desde entonces, el Día de la Mujer, recuerda a esas víctimas. Como ven, no hay nada que celebrar, el 8 de marzo es un día para recordar.

    Movimientos como este, así como tantas luchas aisladas que habían iniciado en el siglo XIX, dan origen al feminismo. Gracias a ellas es que hoy en día podemos como mujeres, estudiar, votar, ejercer cargos públicos, ser propietarias, ser empresarias, profesionales, divorciarnos, casarnos con quien deseemos, heredar, tener la patria potestad de nuestros hijos, administrar nuestros bienes, etc. Las feministas no buscaban privilegios, buscaban una igualdad de hacer y acceder las mismas oportunidades que los hombres. Oportunidades que, hasta ese momento, eran exclusivas de los varones.

    Fotografía Getty Images

    Tristemente muchas mujeres han olvidado la raíz del feminismo, y, por lo tanto, hay muchas que dicen oponerse a la «liberación femenina». Déjenme decirles que es gracias a la liberación femenina, que hoy día tienen voz y libertad para oponerse a ella si así gustan. Aun así, es triste escucharlas decir eso.  Estos comentarios nacen de la ignorancia y la manipulación.

    A las mujeres no se nos enseña por qué nació feminismo y cuáles fueron sus logros. Hoy día la agenda feminista está plagada de misandria, mujeres que odian a los hombres y buscan establecer una agenda basada en privilegios y en mostrar la superioridad de la mujer sobre el hombre. Son mujeres que buscan venganza, no igualdad. Las verdaderas feministas, ¡jamás buscaron eso! Esas mujeres no son feministas, aunque se hagan llamar de esa forma, son hembristas. Pero la única forma de identificarlas es leyendo y estudiando la historia y no bailando vestidas de pajarracos, frente al Congreso de la República. Tampoco se conmemora regalando limas de uñas o invitando a hacer juegos como sucedió en distintas universidades del país. ¡Qué nivel de ignorancia!

    Muchas de las que se autodenominan feministas, son mujeres que no respetan lo que el feminismo buscó originalmente, que fue, la libertad de la mujer de decidir por sí mismas como vivir sus vidas.

    Durante la campaña de Hilary Clinton en el 2016, Madeline Albright, osó decirle a las mujeres que debían apoyar a Clinton por el simple hecho de ser mujeres, y que, «había un lugar especial en el infierno para las mujeres que no se apoyaran entre sí». ¡Eso no es feminismo, es una tiranía! Por el simple hecho de ser mujer no debo de apoyar a otra, e ir en contra de mi ideología, mis principios y mis creencias. El feminismo nació para que la mujer tuviera autodeterminación, no para que estuviera sujeta a la tiranía de unas cuantas.

    Tristemente las mujeres en occidente olvidamos que hace 100 años en muy pocos países existía el sufragio femenino y en Guatemala no es sino hasta 1946 que obtuvimos ese derecho. Preferimos ignorar que, en Arabia Saudita, el Rey permitió que las mujeres manejen un automóvil a finales del 2017, porque a nosotras no se nos ha prohibido jamás hacerlo.

    Reivindiquemos el feminismo, conozcamos su historia y su origen, y no nos dejemos manipular e influenciar por movimientos sociales con trasfondos políticos, porque eso no es feminismo.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario El Siglo, el 9 de marzo de 2018. Puede ver el original acá.

  • Revolución y educación

    Revolución y educación

    Cada 20 de octubre, conmemoramos la «Revolución del 20 de octubre», llama mi atención que 73 años más tarde, uno de sus principales estandartes, la reforma educativa, sea un fracaso. Da la impresión que las generaciones posteriores de maestros se enfocaron en su logro sindical, en los aumentos salariales, y los pactos colectivos, olvidando la razón primordial de su existencia, educar. Obviamente no voy a generalizar, hay verdaderos maestros que hacen milagros con los pocos recursos que tienen disponibles.

    La revolución del 44 pretendía acabar con la educación dirigida, didáctica rígida y tradicional; la cual continúa. El fracaso de la reforma educativa es tal, que muchos no tienen idea de lo que se celebra el 20 de octubre. Y entre los que sí saben, existe discrepancia al respecto de qué fue lo que sucedió y que se pretendía. No falta quien diga que el presidente Jorge Ubico fue derrocado en la revolución, ignorando por completo la figura de Federico Ponce Vaidez.

    Al momento de la revolución, se identifica la necesidad de una reforma educativa, ¿qué pasó? Quienes que nos interesamos por los métodos educativos modernos identificamos el mismo problema. Y no falta quien diga que el problema de la educación es precisamente que nos alejamos de esa educación didáctica rígida y tradicional. Al contrario, urge que nos deseduquemos del concepto tradicional de educación. Estamos creando autómatas que no saben pensar ni decidir por sí mismos. La semana pasada hablé en este espacio de los nuevos alfabetas analfabetas. Aquellos que leen y escriben, pero no comprenden lo que leen. La educación es un problema muy serio y lo que nos urge es una verdadera «revolución» educativa.

    Regresando al legado perdido de la revolución, me gustaría rescatar el concepto de las «Escuelas tipo federación», ¡qué idea más fascinante! Estas fueron impulsadas por el presidente Juan José Arévalo. De 1945 a 1951 fueron construidas 21 escuelas tipo federación. Su objetivo era educar por medio de un proceso más participativo y creativo, para que los niños comprendieran mejor y a los maestros se les facilitara la tarea de enseñar. Los maestros debían gozar de autonomía dentro del aula. Arquitectónicamente hablando, tenían forma de círculo, media luna o rectángulo. Contaban con espacios administrativos, teatro, espacios para recreo, sanitarios independientes, biblioteca, tienda escolar e inclusive laboratorio.

    Escuela tipo Federación, «José Joaquín Palma» en Ciudad de Guatemala

    El 5 de julio de este año se publicó en el Diario de Centroamérica que el Ministerio de Educación deseaba rescatar estos centros y que había asignado un presupuesto de veinticinco millones de quetzales para tal efecto. Me parece muy bien que inviertan en ello, pero, ¿y la reforma al pensum?, ¿la capacitación a los maestros?, ¿las pruebas de selección y excelencia a los maestros? Me parece que el proyecto escolar del presidente Arévalo valdría la pena ser rescatado, no solamente los edificios. Es curioso que ningún otro presidente construyera este tipo de escuelas y no continuara con el proyecto. A los maestros les digo, ¿qué tal si dejan de celebrar sus logros sindicales y toman conciencia del fracaso educativo del cual son partícipes y responsables?

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 20 de octubre de 2017. Puede ver el original acá.

  • El alfabeta analfabeta

    El alfabeta analfabeta

    Durante muchos siglos la educación fue accesible sólo para unos pocos privilegiados. Dependiendo de la época y la cultura, fue además un privilegio exclusivo para los hombres. A raíz de la Revolución Industrial y el surgimiento de la igualdad de derechos para las mujeres, la educación es ahora accesible para la gran mayoría.

    Según las cifras más recientes del Comité Nacional de Alfabetización, CONALFA, un 87.69 % de las personas mayores de 15 años, saben leer y escribir. Desgraciadamente, nos enfrentamos a un nuevo analfabetismo: la falta de comprensión lectora.

    Los últimos datos de la UNESCO, revelan que más de la mitad de los jóvenes en América Latina no alcanzan los niveles de suficiencia requeridos de comprensión lectora. En pocas palabras, leen y escriben, pero no comprenden lo que leen. Van a la escuela, pero no aprenden. Imagínense el reto que representa para estos jóvenes el haber culminado sus estudios. Haberse graduado con toda la esperanza y el sacrificio de sus padres, y darse cuenta de que no tienen las capacidades mínimas, situándolos en una posición de desventaja.

    El caso de las niñas es aún más preocupante, ya que, Guatemala es el segundo país de la región con peor educación para las niñas. Las niñas en nuestro país, estudian menos que los niños. Muchas niñas deben de trabajar desde muy temprana edad, ayudar en el hogar y cuidar de sus hermanos. Sumado a eso, está el alto índice de matrimonios infantiles y de embarazos. Es aterrador pensar que las niñas que logran superar estos obstáculos con la esperanza de salir del círculo de la pobreza, reciben una educación deficiente.

    La comprensión lectora es esencial. Quien no tiene una comprensión adecuada, no podrá aprender, así de simple. Para cualquier tipo de aprendizaje se debe de comprender, si no se comprende no se aprende.

    Muchos creen que la tecnología es la solución, y sí lo es, siempre y cuando se tengan las competencias mínimas de aprendizaje. La educación ha cambiado, el acceso a la información permite que seamos autodidactas, pero no podemos serlo si no tenemos comprensión lectora. ¿De qué sirve darle una tableta, o un celular con acceso a internet a un joven que no comprende lo que lee? ¡De nada! Lo más probable es que se llenará la cabeza con toda la basura que circula por las redes, ya que no tendrá la capacidad de comprender y analizar por sí mismo. Hoy por hoy, la gran mayoría de personas tiene acceso a la información y triunfa quien sabe sacar mejor provecho de ella.

    ¿Qué podemos hacer? Definitivamente una reforma educativa, pero más que eso, se necesitan maestros capacitados. Es triste pensar que muchos de nuestros maestros tienen tan poca compresión lectora como sus mismos alumnos. Debemos olvidar a los sindicatos y a los pactos colectivos. Hacer pruebas a los maestros y solo aquellos que las superen con excelencia, deberían tener en sus manos la responsabilidad de educar a nuestros niños y jóvenes. Obviamente eso conlleva un trabajo de selección y capacitación de maestros, que no es una tarea fácil y tomará años para su implementación. Pero entre más tiempo dejemos pasar más difícil será solucionarlo. Por lo tanto, la meta no debe ser alfabetizar, sino enseñar a comprender y, por ende, a aprender.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 13 de octubre de 2017. Puede ver el original acá.

  • ¿En qué colegio estudiaste?

    ¿En qué colegio estudiaste?

    Esta es una pregunta que me han hecho de forma recurrente a lo largo de mi vida. Cuando era más joven, era algo que tomaba con naturalidad. Pero a mi edad, no se me escapa la ironía. Primero, porque ya no soy ninguna jovencita, y segundo, porque los logros y fracasos en mi haber, poco o nada tienen que ver con el colegio donde cursé mis estudios primarios y secundarios.

    Por supuesto que esto es un tema social. Las personas preguntan con la finalidad de etiquetarte, de saber de qué tipo de familia vienes, descubrir si tienen amistades en común, e intentar establecer tus valores y principios, y obviamente, tu estrato social. Lo curioso de todo esto es que el lugar donde estudié habla más de mis padres que de mi misma.

    Son los padres quienes deciden y costean el lugar donde estudian sus hijos. Los más religiosos envían a sus hijos a escuelas religiosas. Pero eso no impide que el hijo el día de mañana sea ateo o bien no tenga ningún tipo de creencias. Padres con más poder adquisitivo envían a sus hijos a escuelas más caras, pero esto tampoco garantiza el éxito y mucho menos la solvencia económica de sus hijos. Hay, además, muchos colegios que otorgan becas a estudiantes de escasos recursos. También hay múltiples ejemplos de quienes estudian en escuelas públicas que se convierten en profesionales exitosos, asisten a las mejores universidades por sus propios méritos y crean nuevas fortunas. Por lo que me parece absurdo venir a etiquetarlos por el lugar donde cursaron sus estudios secundarios. ¡Es irrelevante!

    Hace poco un amigo me comentó que había ido al médico y que le había parecido un excelente profesional. Para luego comentarme de que colegio se había graduado dicho médico. Me hizo demasiada gracia, ¿acaso en los colegios hay facultad de medicina? Cuando le rebatí, me dio la respuesta esperada, —porque así sabemos qué tipo de personas son y qué amigos tenemos en común—. ¿Qué pasa si el médico en cuestión se hubiese graduado de una escuela rural mixta, cuyo nombre y ubicación le era desconocida, le restaría méritos? ¿Y si aún graduado de esa escuela, logró una beca en la facultad de medicina de la Universidad Johns Hopkins? ¿No tiene eso más mérito y es una mejor carta de presentación?

    Si pensamos en personalidades de los últimos 20 años, Elon Musk, J.K. Rowling, Nelson Mandela, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Steve Jobs, por nombrar algunos. Lo primero que se nos viene a la mente no es la escuela de dónde se graduaron. Sino sus logros y méritos como individuos, como transformaron el mundo. No es igual con las universidades, estas cobran cierta relevancia en la vida profesional, aunque en muchos casos tampoco significa nada, «Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo otorga», y hay quienes ni siquiera cursaron la universidad y aun así son exitosos.

    Por mi parte, prefiero valorar y juzgar a las personas por quienes son, por sus acciones, méritos y fracasos, presentes y pasados; y no por circunstancias familiares y sociales del pasado, que no dependían de ellos.

    Este artículo de fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 18 de agosto de 2017. Puede ver el original acá.

  • El aprendizaje

    El aprendizaje

    Hace unos días encontré a una conocida, ella iba con sus hijas y habían ido al cine a ver «Guardianes de la Galaxia 2». Le pregunté, —¿qué tal está la película? En realidad, yo no tenía el menor interés, pero es el tipo de cosas que uno pregunta por cortesía o hipocresía, no sé.  Ella me indicó que le gustó y sus hijas asintieron afirmativamente.  Para mi sorpresa, se dirigió a sus hijas y les preguntó, —A ver niñas, ¿cuál fue el aprendizaje que sacaron de la película? Una de las hijas es adolescente y la otra quizá tenga unos diez u once años. La hija mayor giro los ojos hacia arriba y no dijo nada, la pequeña en cambio, muy vivaz respondió, —A veces buscamos cosas en otros lugares que en realidad siempre hemos tenido a nuestro lado.  Me pareció un excelente comentario, y aunque yo no he visto la película, la madre y la hermana mayor asintieron. Ahí terminó el encuentro y cada cual siguió su camino.

    Aunque pareciera un encuentro casual, me dejó con un mal sabor de boca. ¿Por qué tiene que haber un proceso de aprendizaje consciente al ver una película de Marvel? Sobre todo, si esa película es «Guardianes de la Galaxia 2» ¿Por qué esa madre tiene que pensar que todo tiene un aprendizaje consciente? ¿No podemos disfrutar de una película por simple entretenimiento?

    Me explico, desde que nacemos estamos aprendiendo y no terminamos de aprender hasta el último día de nuestra existencia. Pero una cosa es la instrucción formal, la consciente y otra muy distinta la vivencial. La que nos da la experiencia, la vida, los errores.

    No me parece correcto atormentar a los niños con este tipo de preguntas, una cosa es preguntarles si les gustó la película y ¿por qué? o cuál fue su parte favorita, etc. Y otra muy distinta es robarles el placer del entretenimiento para que nos digan que aprendieron. Las personas más exitosas son aquellas que nunca terminan de aprender, las que aman el conocimiento, pero pocas de ellas, pensarán que una película de ese tipo les dejará un aprendizaje formal. La función de ese tipo de películas es entretener, no educar. No me quiero imaginar, las preguntas que les hará a sus hijas cuando leen un libro, ¡con razón de adultos no quieren leer ni la etiqueta de la pasta dental!

    Yo me autodenomino una bibliófila, algunos me dirán ratón de biblioteca, pero les soy honesta, hay libros que no me dejan absolutamente nada, los leo por entretenimiento, porque disfruto su lectura, mas no con el ánimo de aprender. Evidentemente, siempre aprendemos algo de un libro, por ejemplo, el uso correcto del lenguaje, si está bien escrito y editado. O la experiencia de no volver a leer a ese escritor o ese género. El valor a largo plazo es muy alto, pero si yo viera la lectura como aprendizaje, seguramente no leería nada.

    El ser humano, y en especial los niños necesitan distraerse, aprender mediante el juego y la diversión, e inclusive el aburrimiento. No los torturemos de esa forma para pretender ser padres modelo.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 19 de mayo de 2017. Puede ver el original acá

  • ¿Educación pública o educación privada?

    ¿Educación pública o educación privada?

    Después de la salud y la seguridad, me atrevería a decir, que la educación es uno de los temas que más preocupa a los guatemaltecos.

    Para que la educación pública funcione, se necesita hacer una reforma educativa integral. El sistema es deficiente, corrupto y es utilizado por los políticos de turno y líderes sindicales para enriquecerse, y manipular la agenda política.

    Sin embargo, hay varios países en dónde la educación pública funciona, Finlandia es para mí el mejor ejemplo.

    ¿Podría Guatemala aspirar a una educación pública como la de Finlandia? Difícilmente, ya que el éxito finlandés no radica exclusivamente en el modelo y en la forma que el gobierno la administra. Radica en sus habitantes, es un tema cultural más que político. Ser maestro conlleva un prestigio social. Solo los mejores alumnos del bachillerato pueden optar a la prueba nacional de selectividad, que sólo el 10% aprueba. La carrera universitaria de docencia tiene una duración de cinco años. Ahí aprenden pedagogía, psicología de la educación, didáctica, etc. Y se toman en cuenta aptitudes cómo la empatía, la comunicación y la capacidad social. En pocas palabras, sólo los mejores y los más capacitados llegan a convertirse en maestros. Sumado a esto, el método educativo finlandés es uno de los más innovadores. Son conscientes que el niño también aprende cuando juega y se divierte. Se les enseña a aprender, y sobre todo a razonar y utilizar el pensamiento crítico y analítico.

    Por otro lado, tenemos la educación privada en nuestro país, que, debido a la ineficiencia estatal, hace que cada día sea mayor el número de padres que hacen el esfuerzo de inscribir a sus hijos en colegios privados. Lastimosamente, muchos de estos centros educativos piensan más en el negocio que les representa, que en la educación de sus estudiantes. Más de alguna vez hemos escuchado a alguien decir, «hay que poner un colegio porque es un buen negocio».

    Los pocos colegios que buscan la excelencia y han decidido innovar, han sufrido, en algunos casos, críticas severas por parte de los mismos padres de familia. Quienes aún consideran que una buena educación consiste en dejar muchas tareas y enseñar mucha matemática e inglés. Por la importancia que le damos en este país a la matemática, cualquiera pensaría que somos la Meca de Latinoamérica en ciencia y tecnología, cuando la mayoría no sabe las tablas de multiplicar. La educación bilingüe me parece muy importante, pero muchos de estos jóvenes que hablan inglés, no pueden tan siquiera redactar una carta sin errores gramaticales y ortográficos en español, y desconocen la historia nacional. La matemática es importante, pero la investigación en nuestro país es casi inexistente. El pensamiento crítico, ni se enseña ni se estimula. La lectoescritura tiene poca o ninguna relevancia. Entonces, el problema por el momento no es quien provee la educación, sino que como sociedad no priorizamos la educación, por mucho que de ella nos quejemos.

    Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario Siglo.21, el 7 de abril de 2017.  Puede ver el original acá