Congruencia

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La palabra congruencia deriva del latín congruentia, y según el diccionario es la “coherencia o relación lógica que se establece entre dos o más cosas”.

 En el ámbito personal, una persona congruente es aquella que vive y actúa según su escala personal de valores y creencias. Hay una relación entre lo que se piensa, se dice, se hace y se siente.

Lo contrario de llevar una vida congruente es lo que se conoce psicológicamente como “Disonancia Cognitiva”, y “hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias” [1]

¿Por qué es importante ser congruente?  Porque solo de esta forma lograremos ser felices y viviremos en armonía con nosotros mismos, así de simple.

Desgraciadamente vivimos en una sociedad donde la mayoría de personas no le dan importancia a la congruencia. Es importante tener presente que la congruencia no es algo que necesariamente genera un beneficio a la sociedad, es un beneficio altamente personal. La congruencia tampoco es necesariamente moral. Un asesino puede ser congruente consigo mismo, ya que vive según sus valores y creencias.

Otro ejemplo sería el de la persona que es altamente religiosa, y lleva una vida con las exigencias y rigor que su religión le exige. Sin embargo, podría ser una persona inflexible, con poca tolerancia y que no acepta a las personas que no actúan, piensan o son como ella. Por lo tanto genera pensamientos, sentimientos y reacciones adversas en contra de estas personas que no comparten sus creencias. Esta persona, por más que rece, y siga todos los ritos relacionados con su religión, le será difícil alcanzar la paz consigo misma y no está siendo congruente con lo que deberían de ser los valores de una persona practicante.**

Aquí se me viene a la mente la canción de Ricardo Arjona Jesus es Verbo no Sustantivo, que dice en una de sus estrofas: “De mi barrio la mas religiosa era doña Carlota hablaba de amor al prójimo y me pincho cien pelotas”

Sería congruente, si en vez de sentir rencor o adversidad hacia estas personas que no son como él o ella, practicara las enseñanzas de su fé, y simplemente las aceptara tal y como son.  Si desea ayudarles, podría hacerlo elevando sus oraciones o enviando pensamientos positivos de amor y respeto hacia ellos.

Por supuesto no puedo dejar de lado a los políticos, estos son los seres más incongruentes que conozco, y no se quedan atrás los votantes que año tras año se creen las promesas electorales para luego sentirse defraudados.

Muchos hemos criticado la hipocresía de de la política estadounidense. Los Estados Unidos es una sociedad altamente liberal, donde el consumo de la marihuana, el aborto y el matrimonio homosexual son permitidos en varios Estados, temas que aún son un tabú en una sociedad como la nuestra.

Sin embargo, los políticos en Estados Unidos deben comportarse con total honorabilidad o son obligados a renunciar a sus cargos, y pedir disculpas públicamente cuando son descubiertos en actos de corrupción, teniendo relaciones extramatrimoniales etc.

¿Por qué? ¿Serán unos hipócritas que manejan el doble estándar? La respuesta debería de ser sí y no. Claro que hay un doble estándar, pero también es un acto congruente, porque no podemos confiar en una persona que sea incongruente consigo misma. Si te has vendido ante el electorado como una persona íntegra y honorable más vale que lo seas y actúes de conformidad. Esa incongruencia genera una falta de credibilidad y sobre todo falta de confianza. Adicionalmente el electorado no debe de ser necesariamente congruente para exigir congruencia de sus gobernantes. Recordemos que que hay una diferencia entre lo que es esfera pública y esfera privada. El político pertenece a la esfera pública y esta sujeto al escrutinio.

Volviendo a nuestro entorno, somos incongruentes porque esperamos tener un país mejor, ¡Una Guatemala mejor! pero votamos por el político más fanfarrón que obviamente no va a cumplir sus promesas electorales. Lo sabemos, pero igual “queremos creer”. Estamos siendo incongruentes, porque no estamos actuando acorde con lo que pensamos, queremos y sabemos.

Decidí escribir sobre la congruencia porque últimamente me he visto rodeada de situaciones que me han hecho meditar mucho sobre este tema, tanto en situaciones laborales como personales.

He visto amigos que desean una relación de pareja estable y feliz con una persona que sea su par. Como diría Ayn Rand, tu par es la representación física de tu escala de principios y valores en otra persona, “cuando el amor es una integración consciente de razón y emoción, de mente y de valores, entonces y solo entonces es la mayor recompensa en la vida de un  hombre”.[2]

Desgraciadamente muchos la sacrifican por miedo a la soledad, y se ven envueltos en relaciones que carecen de congruencia.

Lo que les puedo decir con total honestidad es que nunca he sido más feliz que en aquellos momentos en los que logro tener total congruencia entre lo que deseo, anhelo, siento y creo y hago.

Desgraciadamente, es un estado difícil de mantener, pero debería ser nuestro ideal máximo si deseamos alcanzar nuestros sueños, paz interior y felicidad.

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Disonancia_cognitiva

[2] Ayn Rand El Manifiesto Romántico 1966

** En este ejemplo me refiero a los valores y principios del cristianismo.

*** Gracias Marta Yolanda, Majo, Gloria, Diego y Santiago por sus valiosos aportes, gracias a ustedes mi vida es más congruente.

Escritora independiente, columnista, bibliófila y entrevistadora del programa A las 8:45 por Canal Antigua.

2 Comments

  1. Felicidades por este artículo Carmina! Muy bien dicho!
    Creo que el peligro más grande de los incongruentes es que no se dan cuenta que lo están siendo y son los mejores en buscar excusas y justificaciones ante los cuestionamientos que surgen cuando les preguntan «y que onda?»

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